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Conserva de bonito casera


Me encanta ésta época del año en que el bonito está a un precio estupendo y se puede comprar entero para conservar.
Suelo pedir en la pescadería que lo limpien y corten en rodajas de cinco cm de alto. La ventresca también limpia, y si lo voy a usar enseguida que le retiren la piel amarilla que la recubre, así me ahorro labor.

Ingredientes
Una olla grande
Bonito (el mío pesaba 7,500)
2 puerros
3 zanahorias
2 cebollas
2 hojas de laurel
2 varas de apio
3 cucharadas de sal gruesa
un ramillete pequeño de tomillo y orégano fresco
Para envasar
3 litros de aceite de oliva (yo usé Abril)
pimienta en grano, roja y negra

Se colocan en la olla todos los ingredientes. Cuando hierve se agregan las rodajas de bonito. La ventresca se cocina aparte.
Desde el momento que vuelve a hervir se calculan unos veinte minutos. El tiempo varía según el tamaño del bonito.
Una señal clara es que la carne se despega un pelín de la espina.
Retiramos con cuidado a una bandeja y dejamos enfriar.
Volvemos a hervir el caldo e introducimos la ventresca. Con diez minutos ya está lista para retirar.

Cuando el bonito aun está tibio es más sencillo quitar espinas, pieles y sangacho.
Pero yo ayer estaba muerta así que lo seguí limpiando hoy y ningún problema.(fundamental un cuchillo de hoja fina y bien afilado)
Básicamente cada rodaja, queda en cuatro trozos, dos más grandes y dos más pequeños, suelo usar los más grandes para la parte externa del bote y los pequeños para el centro

Esterilizamos los botes y los dejamos secar completamente.
Comenzamos a colocar los trozos en los botes de vidrio, más o menos hasta unos mm por debajo del comienzo de la rosca, presionando para que no queden muchos espacios.
En cada bote coloco un grano de pimienta roja y negra.

Se cubre con aceite.
Me ayudo con un pincho de brocheta para perforar algún trozo que no permite que el aceite llegue hasta abajo y se deja reposar algunas horas.
No se cierra sin antes comprobar que el aceite cubra un par de mm por encima del bonito. De asomar algún trozo por encima del aceite, la conserva se puede estropear.
Revisar bien las tapas (principalmente si son reutilizadas) que no tengan muescas, cortes o restos de óxido o comida.
Suelo hervirlas antes de usarlas y tapo los botes con ellas aún tibias.
Se colocan en la olla grande con paños en medio de los botes para que no choquen entre ellos y se deja hervir 30 m.
Se dejan enfriar en la misma olla y se retiran colocando los botes boca abajo por lo menos una semana.

Para la ventresca necesitaremos un bote o dos, más altos ya que lo ideal es conservarla entera y es aconsejable hacer el vacío aparte.

Todo el sangacho (la carne roja del centro) y los trocitos que saco de limpiar los trozos los reservo para un paté a la naranja.

Mermelada de calabacín

Ante la abundancia de calabacín, ando buscando mil formas de aprovechar. En éstos días haré canelones, lasagna, tartas, conservas y mermelada!
La verdad que cuando vi la receta en mi adorado «Les Recettes de nos Grand-Mères de Nicole Thepaut, salté de alegría.
Y ante el resultado, aun más.
Si os gusta la mermelada de cualquier fruta, con tropezones, usar el calabacín con piel, sino pelar, o en su defecto pasar por el pisapuré, luego de que la mermelada esté lista.
Yo le he dejado la piel y las semillas
Y la textura es muy agradable, claro que el calabacín estaba recién arrancado 🙂

Aquí va

2,500 kg de calabacín cortado en daditos.
700 g de azúcar moreno
2 manzanas verdes en daditos
Zumo de un limón
1 cucharadita de jengibre en polvo.

Se pone a hervir todo junto a fuego fuerte los primeros diez minutos y luego durante cuarenta minutos a fuego medio.
Suelta mucho líquido, pero a medida que se hace la mermelada, se reduce.
El tiempo no es exacto porque depende de si el calabacín es más duro o más tierno.
Id probando.
Luego siguiendo el procedimiento de siempre, la he envasado al vacío, para que dure todo el año.
Vale para desayunos y para acompañar carnes frías.

Petroglifos

Los petroglifos son esa lengua de piedra que solo se puede «escuchar» a determinadas horas del día. Es como si durmiera un territorio mágico, que despierta y cuenta cosas a veces incomprensibles sobre el lugar por el que caminamos. No es exacto, pero hay muchas posibilidades de disfrutar de ésta lengua antigua, cuando el sol se va escondiendo y pasa por sobre las piedras con suave caricia. O puede ser por la noche, con la ayuda de una luz artificial que revela en medio de la oscuridad lo que celosamente se esconde. Incluso alguna vez, la lluvia deslizándose por los surcos que alguna mano trazó hace miles de años es la tinta que nos deja leer.
Y así aparecen misteriosos espirales, guerreros, espadas, pisadas, animales…
Gusto particularmente de ésta ceremonia. La de hacerme pequeña y jugar con la luz para desentrañar historias en el granito.
Hay ejemplos maravillosos por toda Galicia, pero hoy quiero invitaros a los que estan muy cerca, en Santiago.
La gente del colectivo A Rula, hace un trabajo fantástico, poniendo en valor un patrimonio invalorable que en muchos casos está en peligro.
Nada preserva más que el amor por algo. Así que aprovechen el verano y en vez de ir a un centro comercial o de entregar el móvil o la tablet a los niños, impriman mapas, y salgan a buscar el tesoro que se esconde tan cerca.
Hemos estado por allí muchas veces, incluso en una de las exposiciones del Fotofórum, colgué una fotografía de un petroglifo de ésta zona.
He ido por la noche, y por el día.
Pero nos quedaba por ver una pequeña maravilla, la única representación naturalista que hay en Compostela. Ciervos astados, caballos, alguna figura humana cabalgando…
Ley de Murphy se nubló al llegar, así que tocará ir de nuevo, para tomar unas buenas fotos.

Realmente es un paseo precioso.
En el blog de A Rula podeis disfrutar de los Petroglifos da Pedra da Loba. Aquí os dejo un detalle que tomé pese a la mala luz. Y dos de mis favoritos, la Moura de Villestro y el petroglifo do Valado
https://www.facebook.com/ColectivoARula/
https://colectivoarula.wordpress.com/category/loba/

San Martiño de Mondoñedo

Como por encanto llegamos a San Martiño de Mondoñedo, una de las catedrales más antiguas de España, en una mañana de sol. Un cielo azul, precioso era el marco incomparable a éste lugar donde se cruzan las leyendas y la realidad.
La reina Urraca I ltraslada la sede episcopal desde éste lugar a Vallibria, la actual Mondoñedo, pero la catedral permanece en su promontorio señorial y majestuosa.
Única.
Parece que el obispo bretón Maeloc anduvo por aquí, en lo que fue el Monasterio Máximo, pero de todas las historias la
que siempre me enamoró y que creo fue de las primeras que conté, está la del obispo Gonzalo.
La mezcla de vikingos, ataques, miedo y magia (algunos dirían milagro) son ingredientes maravillosos para un cuento en el que ando trabajando y que a ver si éste verano de tiempos raros me deja terminar.
De alguna manera se completa, años después, un camino que comencé a andar entre toxos y silvas.
Para que nos entendamos, en ésta casa se puede hablar, a nivel de intereses históricos, de diferentes épocas.
Tiempos todos que condicionan nuestro accionar.
Y ojo, que culo inquieto como somos, cada época significa solo la pincelada gruesa de nuestros intereses, por debajo y por encima, siguen conviviendo mil cosas más que nos atraen y a las que dedicamos tiempo con pasión.

Pero la cosa se puede dividir en:
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Nado, Iván Domínguez por fin en sus fogones

Tengo en mi memoria, muchos momentos imborrables, compartidos con Iván, de reír y de llorar. De alegría de emoción y también de alguna tristeza.
Pero si algo aprendí de él, fue la constancia.
En mañanas de fotografía en Casa Marcelo, me volví exigente conmigo misma.
Mejor dicho, no me sentí culpable con esa teima mía de querer mejorar siempre.
Con Iván era sencillo, porque nunca le vi una muestra de cansancio a la hora de repetir una y otra vez, un plato o una foto, si el resultado no nos gustaba.
No había límites, en tiempos en que todo el boom de la gastronomía empezaba, soñamos y se nos fue la pinza muchas veces.
Aún recuerdo la cara de la policía local cuando nos vieron colgados sobre una fuente de la Zona Vieja de Compostela, porque nos gustaba el chorro fresco y firme que agitaba las anémonas de un plato. O las quemaduras con nitrógeno para conseguir un efecto o las risas cuando algo quedaba como nos gustaba.
Y siempre la misma pregunta ¿para cuando tu restaurante?
La respuesta ha llegado ahora, con NADO, un local precioso en A Coruña. El Atlántico dentro, en la decoración y en los platos.
Y Galicia, su tierra, éste lugar del mundo con ventanas enormes al mar.
Comer en Nado es una celebración. No se la pierdan.
Gago y yo ya lo hemos celebrado.
En tiempos de consignas, de mensajes pseudo moralistas, de cocina espejo, puro ego y cristal, se agradece su «vuelta», su mirada limpia sobre un producto fantástico y por sobre todo su buen hacer, esa mano sensible para presentar al comensal, comida, rica, sabrosa, de esa que te hace suspirar, reír y compartir con la persona que amas.
Deseo de corazón toda la suerte del mundo, para alguien que se ha pasado toda la vida trabajando y soñando.
Es tu hora Iván.
Adelante siempre.

Mi madre si que sabía ordenar…

Porque en los tiempos de mi madre no había Netflix, que la Marie Kondo ésta queda para la risa al lado del sistema de orden de mi progenitora.
Mujer que al igual que muchas cuando entraba en el cuarto de los hijos iba arramblando con cualquier cosa que le pareciera mugre. Léase restos de comida, papeles con corazones o ropa.
Me río yo de las siete categorías de la chica ésta, mi madre te dividía en decente o indecente según el grado de limpieza que demostrabas en tu ropa y aspecto personal, ya ni te digo en el de los armarios.
¿Qué cómo me sé lo de las categorías? pues porque me vi un capítulo, que no es cosa de criticar sin fundamento.
No sé que me pone más de los nervios, si la eterna paz que manifiesta o que se despida de cada camiseta.
Porque además ya os digo yo, que su método, claro que te deja todo ordenado, tirando, así cualquiera!
Dejando solo treinta libros. Ilusa!! Tengo sobre mi mesa de noche 38 pendientes.
Lo mejor es como llora la gente al pensar con los ojos cerrados sobre «qué es su casa».
Que de verdad nos merecemos la extinción si para darnos cuenta que la casa es más que un lugar donde dormir, comer o hacer lo que quiera que haga cada uno en su morada, tiene que haber un programa de TV que nos ilumine.
Vivimos tan locos con hipotecas, horarios, trabajos que muchas veces no nos hacen felices (si lo tenemos) que no somos capaces de ver que el desorden no es solo cosa de la casa, tiene que ver con el «des-orden» de nuestras vidas.
Es cierto que ha quien acumula por demás, pero yo que soy de las de tener un abrigo que me dura años, faldas y blusas antológicas, ese sistema de solo tener en el armario la ropa de la temporada, no me va. Básicamente porque hay años que igual no compro nada. Que solo cojo lo que necesito.
Le doy la razón con lo de quedarte con esa ropa que te hace feliz. Por cómoda, porque te la tejió alguien que quieres, porque te recuerda un día especial.
Pero el resto del método…quien lo compre para estar a buenas consigo mismo, que me lo cuente!
Yo creo que tenía razón mi abuela cuando decía:- el que anda cagado, ahí donde vaya se lleva la mierda.
Que tener los armarios y la sala impecable para luego no hablar con tu gente y conectarte al televisor para aprender a como ser feliz, me parece a mi, una tontería de las buenas.
Que se venga a mi casa, que ya no tiene muro libre de tantos libros, que se venga a ver lo que es mi colección de entradas a Museos del mundo, de carteles de obras donde he actuado, los cacharros llenos de piedras de los caminos por donde voy pisando, las fotos, la colección de cajas, los caramelos, las velas, la tabla de planchar, Cloe y sus pelos y Gago y yo estomballaos en el sofá muertos de risa.
A ver como le explica eso la traductora.
Ilustra Katjee Vermeire

El año que Baltasar vivió en mi casa

Llegaron los Reyes, llegaron los Reyes! gritamos mi hermana y yo, corriendo por la casa, con el cuerpo lleno de emoción.
Habíamos mirado debajo del árbol y allí, sobre nuestros zapatos recién lustrados, teníamos un regalo para cada una.
Aún no eran las nueve pero el sol ya alborotaba las cigarras y el pasillo era una senda de líneas doradas que se enredaba en nuestras piernas.
Por experiencia ya sabíamos que en días así, mis padres estarían bajo la sombra del paraíso, tomando mate.
Fuimos a buscarlos para poder abrir los regalos juntos.
Adoraba la sensación de salir del túnel en penumbras que era la casa, al estallido de luz del patio en esos eneros calurosos del norte del país.
Me detuve en ese segundo de ceguera. Y ahí comenzó uno de los mejores años de mi vida.
Mi hermana lo vio primero y yo me di contra su espalda al retomar mi carrera.
Mis padres no estaban solos, con ellos, tomando mate y comiendo pan dulce estaba…Baltasar!
Nos miramos dudando. Pero seguía allí.
Era tal y como yo lo había imaginado, era tal como mi hermana lo había dibujado en la carta.
Negro, muy negro, negro azul!
Su lengua era roja.
Y sus ojos parecían dos caramelos de miel en un tazón de nata.
Lo miramos hipnotizadas, sin saber que decir.
Llevaba una camisa azul cielo y un pantalón arremangado en la pierna derecha hasta la rodilla.
Su cabeza estaba rodeada de una mata de pelo ensortijado negro y plateado.
Ante nuestra asombro, mi padre preguntó riendo:
-¿Les comió la lengua un ratón? Saluden a Baltasar. Tuvo un accidente anoche al repartir los regalos y ya iba el pobre tan dolorido que le hemos dicho que se quede unos días aquí que seguramente ustedes lo van a cuidar muy bien.
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Tharros y más cosas- Recorriendo Cerdeña

Y llegaron los fenicios!
Bueno en realidad el segundo día en Cerdeña fue un viaje por las antiguas civilizaciones.
Temprano salimos en procura de una iglesia paleocristiana. Gago sabía que en éste viaje me iba a meter romanos por un tubo, y sabedor de mi animadversión por los imperialistas, fue matizando el programa con otras épocas.
Pero lo de leirear (perderse por caminos detrás de un cartel que nos llama la atención) es algo que se nos da bien en Galicia y extranjero.
Un letrero anuncia que estamos en la tierra de los Gigantes de Parma, ante nuestra curiosidad san google nos informa y allá que agregamos otro destino al día.
En el camino descubrimos sin querer otra joya, San Salvattore en Cabras.

Por fuera una aldea de aquellas italianas que se usaban para los Spaghetti western, en medio de una plaza polvorienta, una capilla muy sencilla que dentro esconde un tesoro que ni promocionan o explican en casi ningún lugar.
Un santuario milenario que a lo largo del tiempo recibió cultos paganos que protegieran a los marinos. Los muros llenos de dibujos griegos, fenicios, romanos, musulmanes, todos pidiendo por su vida y sus naves, cuando se adentraban en aguas desconocidas.

Dos vecinas, rezan y conversan, mientras vigilan a los visitantes.
Todas las casas tienen delante bancos de piedra que seguramente al caer el sol, son testigos de charlas amenas.
Cuando llegamos a Tharros, el mar verde azulado pide a gritos un chapuzón, pero aun a riesgo de freírnos los sesos con el calor que hace, nos metemos al yacimiento.


Primero visitamos una preciosa iglesia paleocristiana, San Giovanni di Sinis (siglos VI-VII)
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