Cada vez que abrimos el buzón, recibimos cariñosas misivas de nuestro banco, Hacienda, seguridad Social, tarjetas de crédito, promociones, recibos del gas, el agua o la luz, mas una serie de folletos sobre viajes, colchones u odontólogos, pero rara, muy rara vez llega un mensjae personal, como mucho el Corte Inglés deseándote Feliz Cumpleaños o el alcalde un nuevo Año, ah y en mi barrio, el Párroco reparte bendiciones. Pero no suele haber mas.
Cuando vi en el buzón un comunicado del cartero de que debía pasar por la oficina a recoger un envío, marché a la lista de recados, agregando el “pasar por correos” como una tarea más.
Grande fue mi sorpresa al recibir una caja grande.
Soy curiosa, asi que sobre que entré al coche no lo pude resistir, abrí el paquete.
El papel que envolvía, antológico y dentro algo precioso que me hizo emocionar hasta las lágrimas.
Un sobre negro, una hoja de papel grueso, una caligrafía de nota. Los motivos, los porqués, dan igual.
Ni Manuel ni yo creemos ser merecedores de semejante regalo por el sencillo hecho de hacer lo que nos gusta.
Recibir a los amigos y mostrarles “nuestra” Galicia.
Pero amantes de los libros como somos, no podemos mas que abrazarnos y abrazar éste libro y aceptarlo con el mismo regocijo conque nos ha sido obsequiado.
Una edición de 1913 de El Practicón, Tratado completo de Cocina al alcance de todos y Aprovechamiento de Sobras que contiene las fórmulas propias y exclusivas del autor para la confección de caldos, sopas, potajes, salsas, guisados, entradas, asados, fritos,entremeses, postres y pastelería,y algunas buenas recetas de aficionados doctos y maestros cocineros antiguos y modernos con un APENDICE que comprende el arte para el mejor aprovechamiento de las sobras, las reglas para el servicio de una mesa y el modo de trinchar y comer los manjares, por ANGEL MURO
Doble alegría, un libro y una carta “a mano”. El día luce con sol, dentro y fuera de mi corazón.
Amigo Luis, ésta es tu casa, gracias, gracias.
Cada mujer, de la raza, edad o religión que sea,
tendrá derecho a expresar libremente sus ideas,
a decidir el rumbo de sus días:
madre, artista, maestra, guerrillera.
Cada mujer, de la raza, edad o religión que sea,
arrojará al seno de la tierra la culpa,
los estigmas, para que ya no haya cenicientas.
Cada mujer, de la raza, edad o religión que sea,
celebrará la vida en una fiesta eterna,
libre de elegir su compañía
alivianándose de cargas y exigencias.
Cada mujer, de la raza, edad o religión que sea,
gozará del derecho pleno
a disponer gozosamente de su cuerpo
que dejará de una vez
y para siempre
de ser carga o mercancía
para transformarse
en cuerda vibrante, en diapasón,
en dulce manantial o impetuosa ola marina.
Cada mujer, de la raza, edad o religión que sea,
dispondrá del derecho inalienable a cantar cada día,
a enhebrar gotas de rocío en los rayos del sol,
a caminar descalza, a detenerse en cada plaza o cada esquina
sin urgencias de reloj
a enarbolar el estandarte de la vida.
Había una vez una rana que quería ser una Rana auténtica, y todos los días se esforzaba en ello.
Al principio se compró un espejo en el que se miraba largamente buscando su ansiada autenticidad. Unas veces parecía encontrarla y otras no, según el humor de ese día o de la hora, hasta que se cansó de esto y guardó el espejo en un baúl.
Por fin pensó que la única forma de conocer su propio valor estaba en la opinión de la gente, y comenzó a peinarse y a vestirse y a desvestirse (cuando no le quedaba otro recurso) para saber si los demás la aprobaban y reconocían que era una Rana auténtica.
Un día observó que lo que más admiraban de ella era su cuerpo, especialmente sus piernas, de manera que se dedicó a hacer sentadillas y a saltar para tener unas ancas cada vez mejores, y sentía que todos la aplaudían.
Y así seguía haciendo esfuerzos hasta que, dispuesta a cualquier cosa para lograr que la consideraran una Rana auténtica, se dejaba arrancar las ancas, y los otros se las comían, y ella todavía alcanzaba a oír con amargura cuando decían que qué buena rana, que parecía pollo.
Mucho se ha escrito ya, sobre lo que Ferrán Adriá dijo en el Fórum, pero no me voy a quedar con las ganas de compartir con vosotros algo que pocos pudimos compartir.
El estar cerca, el ver como ese día era para él un día diferente.
Mirarle entre bambalinas era ver un hombre demasiado consciente de que cualquier cosa que dijera ese día iba a ser publicado, y en el mejor de los casos, publicado tal cual lo dijera.
Los fotógrafos agolpados en primera fila, bromeaban sobre la posibilidad de que algun día podamos pillar a Adriá sin la cara de Ansón por alli cerca. Pero mientras la gente le hablaba, la mirada del genio estaba lejos, las manos se hundían en los bolsillos y generaban un oscilar inquieto.
Sobre que entró al escenario, puso al público en pie, generando uno de los momentos mas emotivos del Fórum, no habló de él, habló a la esencia de todos los que alli estábamos y que se notó que mas de uno cruzaba los dedos para que lo que Adriá decía nunca sucediera en su casa. Todo el mundo alli se unió en un aplauso enorme por la cocina de Mugaritz que ardiera hace poco y en la gente había humedad en la mirada, como también había en la de Adriá.
Me gustó su arremangarse para salir adelante, su propuesta de lucha continua, su inquietud a la hora de buscar.
Su ponencia giró en torno a platos que tomamos en el menú que le habíamos probado en noviembre, pero a cada paso, nacía una idea, abría un proyecto. Por ejemplo el de los productos que hoy en día tenemos y que no aparecen en el Libro de Escoffier, me semeja a una gran enciclopedia gastronómica del siglo XXI.
Por momentos se frustra de ver todo lo que tiene que contar y le recrimina a Pep que porqué los cocineros no tienen en el Fórum, como cuando empezó, cinco horas de ponencia y deja caer que solo (en el futuro) irá a eventos donde le dejen hablar un día entero.
Corremos hacia sala de prensa al acabar, ya están alli instaladas las televisoras nacionales y del extranjero.
Las cámaras casi no entran.
Me siento en primera fila.
Ferrán tiene en sus manos un papel doblado en cuatro, lo estudia y relee. Aclara antes de empezar que todo lo que va a decir está en la web, que espera que todo el mundo constate lo dicho.
En ese momento, cuando dice la palabra futuro, comienza a granizar. Le pregunta a Iglesias si “eso es normal” a lo que éste responde que no y una mirada de casi ruego al techo.
Somos testigos de como explica la extraña desición, extraña como todo lo de El Bulli, de transformar el restaurante en una fundación.
Explica que cada paso dado es en post de la Creatividad. El espíritu de El Bulli estará en ello, en crear un escenario para pensar. Para enseñar a pensar, no a cocinar. Se lamenta de como con él no hicieron eso y cree que es el momento de ayudar a los jóvenes, de reflexionar para hacer un buen trabajo. De poner a disposición de 25 jóvenes cada año, a lo mejor de la profesión, pero también de las artes, de la música, de todo lo que signifique crear.
Para quienes piensan que detrás hay algun interés egoista, le suelta una risilla:
-Sería mas sencillo irnos a Maldivas.
Supongo que si, porque solo imaginar el rompecabezas que será coordinar ese espacio, me agoto, pero aparece una vez mas el motor Adriá. Ese motor es la alegría, la felicidad de hacer una cocina que no sea un drama.
Es abrir un sitio activo donde la creatividad ganará a la producción.
Sin disimulos Adriá habla de como han sido revolucionarios, pero que desde que no han publicado libros, nadie ha inventado nada, solo imitado lo que ya estaba y le preocupa eso, y quiere de alguna manera (ya que se siente en parte responsable) ser impulsor de nuevos pensamientos, ideas, descubrimientos.
Ya no serán el restaurante número uno, será El Bulli un lugar para crear. El comedor y la cocina, quedan tal cual, pero parte de la terraza será un espacio de cine.
Frente a las dudas económicas, vuelve a reir:
-Parte de los fondos son de Juli y míos, si tuviéramos problemas de dinero, ¿haríamos una fundación?
Le miro hablar y muero de envidia.
¿Quién de nosotros, de los que trabajamos creando (da igual el ámbito) no soñamos mas de una vez con tiempo para pensar, para crear, para reinventarnos? y el miedo o la comodidad, o las facturas, nos impiden hacer un borrón y cuenta nueva.
Hay quien ve extrañas intenciones, yo solo veo la generosidad de alguien que se preocupa por la descompensación entre el talento creativo y la capacidad de crear. Entre la posibilidad de copiar o de inventar.
En tiempos en que la cocina es un valor socio económico, una desición asi solo la puede tomar quien tiene una cabeza que va muchos años por delante de lo que hoy sucede.
En unos años releeré éste post y hablamos de lo que haya sucedido.
Foto de Santiago Siete, donde según Luis, Adriá me está cantando una copla. Por lo emocionada que estoy seguro que si!
Cómo en los circos, cuando a pedido del público se cuelga el cartel de “dos semanas mas” asi estamos en la Expo. Ao Pé do lar que cerraba sus puertas éste domingo, sigue hasta el 21 de marzo.
En quince días pasaron casi 5300 personas, sin contar las mas de 300 de la inauguración y los niños de las mañanas. Felices, colgamos el cartel de “continuamos.
Alli los esperamos en el Museo do Pobo, para compartir historias como la de Juan y Emérita.
Cuando llegamos a la aldea de Meixide, el día era claro y de cielos altos, Pena Trevinca tenía nieve arriba y brillaba.
El frío cortaba los dedos y rápidamente sobrino y tía nos invitaron a la “parva”. Una suerte de almuerzo a base de chorizo, castañas y aguardiente.
La señora Emérita movía el brazo con energía, una suerte de golpe de abajo hacia arriba que hacía danzar las castañas en un sonido hipnótico.
Las anécdotas, las risas y los recuerdos, llegaron de inmediato.
Tiempos de fríos largos y noches que se venían temprano. Caminos que había que surcar con miedo y con prisa.
Ante la mención de la palabra “lobo” un silencio y un alivio de “ya ahora casi ni hay”
Con torpeza al principio recibíamos las instrucciones de Juan, una rodaja de chorizo, por arriba la castaña asada y un trago de orujo. Y de veras que el cuerpo entraba en calor.
El calor de reunirse alrededor de un fuego, para seguir hilando historias.
Tengo centenas de fotos que procesar, decenas de hitorias que contar y pocos minutos.
La vorágine de acontecimientos, todos buenos, me lleva. No me quejo, me gusta y disfruto e intento aprender de tantas cosas que suceden.
Pero la Caja de los Hilos ha cumplido años, seis para ser mas exactos y no los pude celebrar, en las prisas que andaba. Y eso no está bien, celebrar es siempre algo que no hay que olvidar. celebrar que estamos vivos, que nos encontramos, que nos perdemos. Celebrar que latimos, que soñamos.
Que tenem,os días de sol y días grises.
Por eso, en el minuto previo a que el temporal cayera sobre la playa, me quedé mirando las hierbas que brotan entre la arena y pensé que bueno que aun el viento llega, que bueno que lo veo y lo cuento, que bueno que en ésta caja ya somos tantas hebras que no se pueden contar.
En un año en que los sueños se van perfilando en realidad, en que se ve que tantos años no son en vano, siento la necesidad de invitar a todos a mirar como baten las olas, como nos besan y como nos esperan para otro nuevo tiempo.
Gracias amigos por ser parte de ésto.
Ya está aqui! Desde ayer las calles de Santiago de Compostela, son un hormiguero de gente que vive y disfruta el Fórum Gastronómico 2010.
Ayer, una serie de Catas con maridaje, Talleres infantiles, Tours gastronómicos, concursos de Pulpeiras y compras guiadas con cocineros y posterior elaboración, fueron el pistoletazo de salida.
Hoy nos trasladamos a AMIO y desde alli viviremos a través diferentes salas, variadas demostraciones de decenas de cocineros llegados a nuestra ciudad.
Una oportunidad para no perderse.
Recomiendo particularmente el Taller de Carlos Parra en la sala Cunqueiro, a las 11,30, el taller de Repostería monacal que impartirá la Hermana Elizabeth del Monasterio de Ferreira de Pantón a las 16 en la Sala Picadillo y a las 19 “nuestras cocineras” de Ao Pé do Lar, de la mano de Miguel Vila, presentarán las recetas recuperadas para la Exposición.
Pero la cosa no acaba alli, Fórum niños, y la Gastronovena, son algunas de las actividades a destacar. En diferentes bares de la Zona Vieja, los cocineros del Grupo NOVE, se unirán a los fogones de hosteleros de “los de toda la vida”.
Un largo y precioso día por delante.
A disfrutar!.
Los diccionarios no se ponen de acuerdo sobre el orígen de la palabra disfraz, no obstante, apuntan con preferencia al verbo frezar como su más probable origen. Corominas, el gran lexicólogo, dedica tres páginas de su diccionario etimológico a argumentar y documentar esta tesis. Según Corominas, la forma original de esta palabra fue desfrezar, y si no deriva, por lo menos tiene que ver con el catalán desfressar. Quitar huellas, borrar señales, filosofando “ocultar quien eres”.
Los días pasan y de repente creyendo aún que estamos por las Navidades, te das cuenta que ya acaban los carnavales, cuando ves que a tu lado la gente pasa disfrazada y tu, con el atuendo de siempre.
Subíamos la Rúa de Entremuros, estrecha como tantas de la zona vieja de Santiago, cuando la barredora municipal, ocupando todo el ancho, nos obligó a meternos en un bar que alli se abría salvador.
Fuera quedaba el frío, seguramente espantado por la música y el humo que reinaba dentro.
El lugar semeja lleno, sin embargo tras sortear el bullicioso grupo de la entrada, vemos que la parte de mesas, está casi vacía.
Un ron tostado en la mano y la conversación sigue en el punto que con Quico quedamos la última vez. Es lo bueno de hablar con los amigos de verdad, da igual el tiempo transcurrido entre encuentros, la charla sigue desde la coma donde quedó.
De repente las vemos, su solemnidad nos impacta, ambas, estan frente a frente, perfectas en su rol, hablan en voz baja y gesticulan lo justo, semejan una escena de Alicia en el pais de los Espejos.
Pido su permiso para hacer una foto y me responde la princesa rubia:
-Claro, total, no somos nosotras.
Y siguen en su papel.
Por unas horas, estas dos amigas vuelven a los tiempos en que niños asumíamos un rol y lo defendíamos contra viento y marea.
Por unas horas, no son ni estudiantes, u oficinistas, o peluqueras o vete a saber qué, son una diabla y una princesa que beben pomelo con algun alcohol del que quita culpas y aviva alegrías prohibidas.
Lo toman en serio, con la responsabilidad de disfrutar durante un tiempo de ser algo diferente, de borrar señales, de no dejar huellas.
Porque el mañana si importa, su estampa se quedó en mi memoria.
Hace mas o menos unas treinta horas, mi corazón estuvo a prueba.
Hacía mucho, mucho tiempo que no latía tan fuerte.
Inaugurar la exposición era para Manuel, para mi y para todo el equipo de personas que estan detrás, ver la primera mirada, la primera reacción, oír el primer comentario.
Y ese cosquilleo nos ponía alas en los pies el viernes a la tarde.
Como artista que soy, tengo cábalas que me indican que algo va a estar bien. Creo en los gestos, creo en esos abrecaminos que iluminan.
Cuando me llamó Esperanza, avisándome que llegaba y corrimos con el personal del Museo a recibirles, tuve el primero. Con el paso firme de sus 82 años bajó del coche Neira Vilas y me sonrió con calma, detrás bajó Avelino Pousa Antelo que desde sus 96 años rescató su sonrisa mas galante y me pasó de la mano de Esperanza unas hermosas camelias blancas.
De la oscuridad del parque, de donde venía de dar un paseo, llegó el alcalde, viendo que estaba en el borde de una antigua fuente, evitando que alguno de los recién llegados cayera dentro, se puso a mi lado sonriendo “ahora estas de guardia de tráfico? dijo y entre risas entramos todos al museo.
Dentro ya había un hormiguero de personas, quienes habían sido fotografiadas en sus lareiras y cocinas, me saludaban con cariño. Todos guapísimos, de peluquería y estreno luciendo sus mejores galas. Un día de fiesta. Parecían niños, nerviosos esperando el momento de ver como “habían quedado” y yo también lo estaba, anhelando que se sintieran a gusto, que se sintieran lindos, lindos al verse allí, en las paredes colgados.
Una camelia, fue hacia mi pecho y la otra a la solapa de Manuel. Al subir, veo con alegría y desesperación que ya no hay casi sitio en uno y otro lado del claustro, la gente comienza a llenar también la escalera.
En primera fila, ya está don Isaac Diaz Pardo, presidente del Patronato del Museo, el doctor García Alén y la querida Helena Villar. Una parte importantísima de la cultura y la literatura gallega nos estan acompañando. Y eso que hay quien aun cree que las cocinas no son arte, que la gastronomía no puede ser un hecho cultural de nivel.
Miro por encima del mar de cabezas y sonrío al ver tantas caras conocidas y sonrío también a decenas que no conozco.
Luego, lo normal en éstas circunstancias, las palabras de autoridades, los agradecimientos, los planes para el futuro de éste trabajo. Oímos con regocijo, de parte de Carlos Vila, gerente de Galicia Calidade la voluntad de que Ao Pé do Lar no solo esté en Santiago sino que recorra mas ciudades.
Reímos con ternura y respeto, ante las palabras de don Isaac, que reflexiona sobre lo que pensará la gente cuando vea las lareiras y la sonrisa se vuelve carcajada ante su “como les gusta comer a éstos gallegos!”
Me emocioné hasta las lágrimas con las palabras de Manuel, cuando agradeció a cada uno de los miembros del equipo su dedicación amorosa a éste proyecto, él dice que nosotros fuimos mas que necesarios, yo creo que él ha sido imprescindible, como buen cápitan nos marcó el rumbo, sorteó escollos, resistió embates y nos ha traído a puerto. Y eso hizo que el trabajo de los demás fuera mas sencillo, es fácil, navegar cuando el timón lo lleva alguien que sabe la ruta.
Una de las cosas que tuvimos como premisa al comenzar éste trabajo era que queríamos mostrar el interior de las cocinas gallegas desde una mirada respetuosa, exenta de todo folklorismo y con mucha admiración y sentimiento. Queríamos recrear la vida normal, y descubrimos que en cada imágen la gente ríe, la gente está alegre. Tan alegres como si ese fuera su destino.
Y fue inevitable en ese momento, mientras abrazaba a unos y otros, mientras les veía correr por los pasillos en pos de la receta 5 o la 2, mientras se hacían fotos al lado de “su” foto, mientras me “regañaban”, porque había que haber quitado tal cacharro, o puesto una planta, fue inevitable, digo, pensar en unos versos de don Mario Benedetti, “defender la alegría como una trinchera,
defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias ”
Estábamos en el Museo do Pobo Galego y no imagino mejor sitio para albergar, los sentimientos, las emociones que alli se vivían. Con los ojos húmedos, la hija de la señora Otilia me decía, mi mamá está en el Museo do Pobo!como quien dice, el recinto donde late la cultura del gallego.
En el Fórum Gastronómico, se le pregunta a la gente cuando fue la última vez que tuvieron maripositas en el estómago, la señora Lola, ojos negros brillando me decía apretándo fuerte mi mano “teño unha cousa aqui no peito de ver o lagar tan bonito na foto” y con el practicismo de una madre gallega, buscando solución a ese sentimiendo agregó rápido “tes que vir a casa a comer las filloas e che fago mais contos de eses que che gustan”
El espacio se nos quedó pequeño, no solo por la cantidad de gente que duplicaba lo previsto en las estimaciones mas optimistas, sino porque había algo que ocupaba mas espacio, y eso era el sentimiento y la emoción que nos embargaba a todos y nos hacía fundirnos en abrazos largos.
Al despedirnos, los hacíamos con alegría, porque ésto no hace mas que empezar.
Miña casiña, meu lar,
¡cantas onciñas
de ouro me vals!
Rosalía, resumía en este verso precioso, lo que es para un gallego su hogar, algo que va mas allá de dinero, sino que es el resúmen de las vidas de sus antepasados y de sus descendientes, es la memoria y el sentir que se perpetúan en la lumbre que se enciende y que mantiene viva la identidad de un pueblo. Y mientras esté encendido un fuego, y a su lado un pote con caldo, habrá penas, pero en esa rueda siempre vuelve la alegría compartida.
La camelia de esa noche duerme entra las páginas del libro de la exposición, entre la lareira de Esperanza y la señora Fina.
Mientras cocinamos a fuego lento, contamos historias, trabajamos, jugamos, hacemos vida al lado del hogar.
Cada uno de nosotros tiene un recuerdo, una emoción, una anécdota de alguna cocina de su vida.
Esos recuerdos se recopilan en la exposición, al final, mediante un sencillo mecanismo de “Encender-apagar” cada uno de los visitantes, nos puede contar “su lareira”, su cocina de hierro, de butano, hornillo, microndas,etc. Hay regalos de Viña Costeira para quien participe.
Todos podemos ser parte de Ao Pé do lar!
Muchas gracias a Xurxo, Javier, Esperanza, Manuel, Avelino, Noa, Vicente, Álex e Lorena , por su colaboración, para ser la muestra que les anime a “contar”
Las fotografías de éste blog, salvo mención expresa son de Sole Felloza. Los bodegones de restaurantes son todos realizados en directo, sin iluminación y en tiempo real. Las imágenes de naturaleza, son fruto de los pateos por el monte.
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