Cuando te metes por las calles de Nápoles entre los miles de olores, emerge uno que cual sedal de pesca te engancha y te lleva a destino. Generalmente un puesto callejero o una Pizzería-Friggitoría.
Nosotros emergimos a codazos dentro de la de Matteo (la Antica).
Gago ya había dado cuenta el día anterior de un Arancine y quería mas.
Para los amigos de Garum y Abastos 2.0 que siempre estan preocupados por platos originales para servir sus delicattessen, creo que de la manera de servir en éste abarrotado local podeís sacar algo…

Menudo servicio!
Jamie Oliver (suele inspirar nuestros viajes a Italia) cuenta que probó la pizza frita en Chianti, donde le contaron que era la mas antigua de todas, en otro libro, me encuentro que es propia de Apulia y los Napolitanos dicen que es suya. Lo que he podido comprobar es que se prepara de diferentes maneras según la zona. Manuel se tomó una Panzotto en Sorbillo, del estilo tradicional, la que es cerrada, con todos los ingredientes dentro. DELICIOSA!!!
En Matteo, nos inclinamos por probar toda una cata de fritos. Algunos mas sabrosos que otros.
Básicamente son croquetas de arroz, de coliflor, de acelga, con calabaza o con carne. Cuando baje un poco la temperatura pongo las recetas.

Ya en casa he preparado la pizza frita abierta, una manera mas sencilla y menos calórica, pero con un resultado sorprendente, la masa queda ligera y sabrosísima con el sabor del aceite.
Para prepararla hay que hacer la masa de pizza normal y tener lista la salsa de tomate, queso mozzarella y una serie de ingredientes para jugar con distintos sabores. Yo utilicé calabacín, quesos de cabra y gorgonzola, albahaca, huevo, alcaparras, jamón y anchoas.
La variante con la pizza normal es que se hacen óvalos medianos, se fríen 30 segundos de cada lado en una sartén con aceite caliente ( yo usé de oliva) y luego se colocan en una bandeja de horno. Se le ponen por encima la salsa de tomate y los distintos ingredientes.
Cuando el queso burbujea y la masa se ve doradita, están listas.
La receta mas al detalle la dejo en mis Fogones.

Publicado por Sole el 1 Sep 2010 en
Italia,
Mis viajes
Continuación del día 3
Para quien tenga curiosidad, tenemos el record de montar la tienda en 20 minutos y es una de cuatro plazas, con antesala, varas, anclajes y divisiones, nada de quichuas voladoras.
Por no hablar de la mesa, sillas, copas, cacharrería de cocina, colchón inflable, velas, alfombra y diez etc, que, muy bien lo de ir de camping para ahorrar, pero de acampada fashion, que para eso estuvimos hace años en un camping de Languedoc pasando vergüenza con nuestras butacas de tres duros, mirando a los franceses y toda su armaméntistica piquinil. A partir de ahí cada año incorporamos detalles que nos hacen confortable la estadía… y cargar mas el coche.
Vamos a Nápoles en un tren increíblemente grafitado. Entero. Pero asi también están las estaciones. Algunas se vislumbran bellas debajo de tanto aerosol.
Nápoles es lo que dicen y mas.

Es terrible, caótica, insegura, sucia, bulliciosa y tremendamente bella, perdida entre contenedores, motos, banderas, ropa tendida y mil cosas más.
Sales de la estación de tren y te da un soponcio!
Miles de personas se mueven vertiginosamente para vender melones, ropa, gafas, discos, cuerpos, collares o juguetes chinos, en el medio de la calle!

Otros revuelven las bolsas de basura que ordenados ciudadanos dejan por la plaza. El viento arrastra ropa, calzado, álbumes de decoración, muestrarios de alfombras.
Cruzar es un desafío a la lógica, preguntarle a un carabinieri, por una oficina de turismo, es vana tarea, está mas ocupado en pedirle la documentación a un individuo de dudoso aspecto y coche con matrícula borrada. El único mapa visible está por encima de las cabezas de cinco hombres que discuten acaloradamente alrededor de una nevera sucia, llena de hielo, frutas y latas de bebidas. Dos policías intentan meter baza, pero desisten y siguen su camino entre hojas de periódico que vuelan y se meten en las ruedas de las vespas.
No me atrevo a sacar la Nikon, me parece una invitación que no desdeñaría mas de uno.
Me apoyo en la muleta y al mejor estilo Samantha Jhonnes, cruzo la calle amenazando ( y les juro que lo hubiera hecho) con pegar en el primer capó que se me pusiera a tiro.
Me desespero, veo encuadres fotográficos cada cinco pasos, Gago, intenta orientarse, pero el olor a perfume, a cocina, las bocinas, y los llantos que llegan desde las ventanas, te hacen sentir en un remolino.
No hay sitio en las aceras, hay sillas, vendedores, basura, chulos negros de traje oscuro y camisa roja con tristes mujeres que consiguen clientes en base a la mala uva con que te miran. ¡A ver quien les dice que no!
Intentamos llegar a la Catedral y cojo la Lumix de Gago, la Nikon sigue aferrada a mi espalda, me importa un pimiento el seguro que tiene, si me la quitan al principio del viaje, el día antes de ir a Pompeya, me da algo.
De la Catedral huímos espantados de tanto cura, el peligro real estaba allí. Asi que nos metemos de cabeza por calles que huelen a frito, a hierbas, a pan.

Y uno se relaja como en falda ancha, se libera y empieza a entender.
Cada calle es un muestrario de palacios venidos a menos, cada uno de ellos sería un monumento en nuestras ciudades, pero en Italia, ya no hay presupuesto para tanto bien de interés cultural. Y asi se mantienen en pie, a fuerza de tendales, carteles y decenas de familias que llenan las antiguas habitaciones de dos personas o una, con abuelas, madres, nietas y aledaños.
Nápoles brota su corazón a la calle y ahí palpita, con risas, gritos, ruegos (el amor aquí es un pedido impositivo en cada graffitti) canciones, motores.

Los niños inundan las calles, en bicicleta, en MOTO, de la mano de sus madres o abrazados a los amigos. Cualquiera los regaña, son de toda la calle. Desaparecen por vericuetos, asoman a las ventanas, ríen, reciben tirones de pelo y vuelven con el balón a la calle porque todos sueñan ser Diego. Vi casi tantas fotos del Padre Pío como de Maradona.
Lo imagino cómodo aquí, en su paso olímpico por el Nápoles. Hay un poco del Retiro, del conventillo, del puerto.
Y asi, empezó en mi viaje, mi metaviaje, mi alterindividualis, mi reconocimiento adeneístico. Cada día fui y vine del Río de la Plata a sabores, ruidos, olores de ésta Italia del sur que me enamoró.
Nota:al segundo día luego de pasear por el Museo Arqueológico saqué la Nikon, asi que hay fotos mezcladas, se nota en la calidad de imágen, pero me apetecía mostrarlas

















Publicado por Sole el 31 Ago 2010 en
Italia,
Mis viajes

Día 3
Por la mañana temprano recorremos Ostia. Un antiguo puerto romano que las aguas del Tíber cubrió de limo durante siglos, lo que ha hecho que la ciudad se conserve de manera increíble.
Habiendo dentro del recorrido una zona que se llama “Castrum” y otra que se llama “Horreum”, Gago se tira de cabeza.
La calzada está impecable y a ambos lados de la calle puedes fácilmente reconstruir en tu cabeza el funcionamiento de la ciudad. Edificios administrativos, mercados, plazas, cementerios, almacenes de grano, tabernas y pisos! Si, casas de cuatro plantas, subdivididas en pisos, donde vivían familias enteras.
Se conservan mosaicos bellísimos. Y me asombra verlos llenos de tierra, hojas, ramas de pino y hasta hierbas a veces.

No llegamos hasta el final de yacimiento. Mi pie luego de horas ya pide a gritos un stop.
Renuentes marchamos hacia el camping de Pompeya. Han dicho que no reservan, que hay muchas plazas, sin embargo al llegar sobre las 2 de la tarde, solo quedan 2, una mala y otra peor. Lo bueno, es que el Camping Espartacus (aquí todo tiene nombre ciclópeo) está a 50 m de las ruinas y a 150 del tren.
Lo cual es muy bueno, porque no queremos llevar el coche a Nápoles, no somos de creer en todo lo que se dice sobre los sitios hasta no ver, pero el padre de Manuel ha andado por aquí embarcado y lo ha repetido varias veces, así que luego de montar la tienda. Allá que nos vamos.
Mas fotos de Ostia dentro del post
Lee más…
Publicado por Sole el 31 Ago 2010 en
Italia,
Mis viajes
Día 2
Todo el día en el ferry. Dormimos en butacas pulman, pese al precio ya no habían camarotes. El salón de las butacas, es horrendo, una suerte de aula de colegio con pantallas de tv, gente que entra y sale, una extraña luz violácea oscuro y el aire acondicionado, muy bajo. Menos mal que ya teníamos experiencia de otros ferrys y nos habíamos bajado un saco de dormir, libros y toallas para la piscina. Las butacas chillan al mínimo movimiento. Nada que ver con las butacas de primera de cualquier tren de casa. Cuesta dormir, el pie duele horrores. Me preocupa. El personal del barco es casi todo hindú o coreano. Te llevas unos sustos tremendos, porque vayas donde vayas hay unos ojos oscuros mirándote. Es lo único que mueven, son estatuas de cera con ojos giratorios, me dan ganas de gritar “naufragio” a ver como reaccionan.
Desayunamos con el mar como horizonte eterno. Nos tumbamos al sol a leer.Amodorrrados, somos testigos de una batalla inusual. Los chicos valencianos instalan su alegría en la terraza, al lado de la piscina. Frente a la cafetería que reboza de gente. Hasta ese momento si había música, no se percibía. Fueron arrancar éstos a tocar sus cumbias (porque eran cumbieros y rumberos a morir) cuando desde la barra comenzó un ataque frontal de “bacalao enlatado”
La gente se decantaba por el directo dando la espalda a los alaridos de la cafetería, todos menos una señora, que cuando paraba un sonido, se giraba para bailar del otro lado. Supongo que era suiza.

Estoy leyendo un libro de Pompeya (horroroso) mi cabeza no puede con más datos. Quiero leer algo donde perderme o imaginar cosas.
Entramos a Puerto Torres en Cerdeña. Dejamos y subimos pasajeros.
Seguimos viaje por el estrecho entre Cerdeña y La Córsica. Vemos los preciosos acantilados de Bonifaccio. ¡Que viaje mas bonito aquel, hace ya cinco años! Islas pequeñas y veleros. Cielo alto y mar de un azul eléctrico.

Sobre las 7 llegamos a Civitavecchia.
Cogemos el coche lleno de sal y nos dirigimos al hotel Park Antic de Ostia.
Cenamos en un restaurante al lado del hotel (Il Bajnieri) nuestra primera caprese del viaje y una pizza de fiori de zuca, gorgonzola y mozarella (adoro la flor de calabaza, perdida entre queso fundido) Se olvidan de la segunda, una especial de la casa, que nunca sabremos que tiene, porque es muy tarde , pedimos pannacotta y tiramisú. Acabamos el vino blanco y a dormir. Mañana toca madrugar.

Publicado por Sole el 31 Ago 2010 en
Italia,
Mis viajes

Un mapa que resume el recorrido de éste viaje.7800 km en 20 días.
Santiago de Compostela, Zaragoza, Barcelona, (ferry) Civitavechia,Ostia, Pompeya, Nápoles, Vesuvio, Amalfi, Praiano, Ravello, Mareno Calabro, Messina, Catania, Taormina, Calatabiano, Etna, Siracusa, Ragusa, Ibla, Agrigento, Licata,Segesta, Erice, Palermo, Monreale, Pompeya (de nuevo), Gaiole in Chianti, Lucca, La Tourbié, Nice, Narbonna,Gruissan, Carcassonne, Roncesvalles, Logroño, Santiago de Compostela.
Día 1
Hemos atravesado España para coger el Ferry que nos lleva a Civitavecchia (Roma)
Es 5 de agosto. Hemos dormido en Zaragoza, en casa de Chus y hoy con calma hemos llegado al puerto. El ferry es de la empresa Grimaldi, pero toda la zona de embarque es roja y blanca con letreros de ACCIONA.
Hay coches franceses, españoles, italianos.
Mucho argelino y marroquí a los que la policía pide documentación y revisa el coche. Es increíble lo que pueden llegar a cargar (neveras, muebles, bicicletas, inodoros y varias personas)
He olvidado mi pasaporte, traigo mi DNI, pero siendo extranjera a veces no basta con tener el permiso de residencia en regla. Esperemos que no se acabe mi viaje antes de salir.
Llevo muchos, muchos años soñando con ir a Sicilia, tanto he soñado, que aunque el pie me mata de dolor, con la muleta en ristre aquí voy.
Dudamos mucho sobre si dejábamos el viaje como estaba previsto, o cambiábamos todo. Pero teniendo en cuenta que me duele igual, en casa que fuera, mejor arrastrar el pie por el Valle de los Templos que por la sala de Boqueixón.
Está nublado y una brisa refresca el ambiente.
Aun hay que esperar un poco. Mientras leo sobre el “Alto Rango dinámico HDR” a ver si en éste viaje hago alguna cosa bonita.
Un grupo de música valenciano, de vacaciones a Roma, ameniza la espera, tienen una alegría contagiosa. A poco mucha gente les hace palmas y fotos.

En fila, metemos el coche en la boca enorme de las bodegas del ferry. Diez plantas.
Perdí la cuenta de los vehículos que entran, mas de 200, mas camiones inmensos, decenas de motos y mucha gente en bus.
Cuesta creer que ésta mole flote.
Dejamos el puerto de Barcelona, entre barcos que entran y salen y grúas inmensas entre miles de contenedores.

Publicado por Sole el 4 Ago 2010 en
Diario,
Mis viajes

Un año mas.
Botiquín (ibuprofeno,aloe,fungusol,tiritas, gasas,frenadol, antidiarreico,cremas, repelente) DAR LA PASTILLA A CLOE! Llevarla acasa de los “abuelos”
Neceseres. Velas, cerillas, mechero. Esponja fregar,jabón líquido.
Cacharros para cocina: bol,cacerola,sarten,vasos,copas(para los vinosricos),espátula de madera,tabla de picar,platos,coitelos,tenedores,cullers,sacacorchos.
Condimentos,molinillo,sal,aceite,aliño chulé.
Lámpara,linterna,PILAS,hornillo.
Martillo,maza,alicate. Tienda,clavas nuevas.
Cama,sacos,edredón o algo para poner debajo.
Mi almohadita.
Pirripichi de la sombrilla.
Sillas
Mantelitos,servilletas, papel higiénico. Cuchillo filoso.
Plancha (para la ropa guapa del la cena pijilla),churro, papeles sobre Aquitania, Périgord, Loira.
GPS, cámaras,electronica en gral (cargadores,móviles que solo se encenderán una vez al día o cada dos)
Mochila ropa Manuel, maleta ropa mía.
Llaves a vecina.
Dejar a mano regadera y comida y arena de Cloe.
No olvidar el jamón de la nevera y el agua fresca (se me va a olvidar seguro)
Música para horas de viaje.
Libros.Libros.
Tá, está todo. Cierra.
Espera,pongo el cartel.
“Cerrado por vacaciones”
iupiiiii.
Publicado por Sole el 31 Jul 2010 en
Diario

Cuando la palabra Internacional era la más grande de mi vocabulario visual, la usaba con gusto, cada vez que me preguntaban por mi abuela.
Y no mentía cuando lo decía. Tal vez si un poquito, al decir que era mi abuela. Ya que no era solo mía. Era de todo el barrio.
Pero quienes más estábamos en su casa éramos nosotras. Mi madre y yo. A veces mi padre para repararle algo que no funcionaba.
Nada de lo que se cocinaba en casa dejaba de tener un aparte para la abuela Rosa.
Redonda, toda ella. Cara y cuerpo. Blanca, muy blanca, de ojos azules tan claros que a veces se perdían en sus pestañas. Siempre riendo.
Adoraba meternos entre sus pechos y sumergirnos allí en un vaivén de reencuentro, que olía a naftalina y a flor ajada.
Saltaba a la comba con los chiquillos del barrio, pese a las amenazas de mi madre, de que no la cuidaría si se rompía un hueso.
Nunca estaba con las vecinas en sus tertulias de escoba o de mate dulce a la tarde. Ella siempre estaba con los niños. Transformaba trozos de tela en mares por donde navegaban historias de amor extrañas o hijos que no volvían. Pero lo que más me gustaba era cuando jugábamos al Circo. Allí uníamos varios trozos de sedas de colores, que colgábamos de la lámpara o de la escalera y allí debajo, se levantaba el circo más maravilloso del mundo.
Ella había sido trapecista. Famosa. Decenas de carteles decoraban su sala. Tenía cajones llenos de programas de mano y álbumes de fotos inmensos, negros con papel de seda por encima donde aparecía ella delgada y con unos trajes que a mi madre escandalizaban y a mí me atraían como el oro.
Corregía mis posturas de presentadora, mis voces de anuncio, mis giros torpes, mis puntillas enclenques.
Mis peluches se transformaban en indómitos leones, la colcha en improvisada pista, las muñecas en entusiasta público.
Los brazos regordetes de la abuela Rosa mutaban en sierpes que se torneaban en sogas, para explicarme como subir, trepar y colgar con gracia y sin peligro.
Como había tenido un amor tragafuegos, me enseño los rudimentos para no quemarme. Y también los tiros de dagas, sin dañarte pese a llevar los ojos vendados ya que bastaba con concentrarte y sentir el aire como zumbaba a tu lado para salir indemne.
No tuvimos suerte con el equilibrio, solo pudimos colgar una soga de árbol a árbol del parque que se caía por el medio. No éramos capaces de lograr la tensión adecuada.
Así que me entrenaba en lo alto de los muros. Por allí y a dos metros del suelo, el mundo era un abismo por donde yo caminaba, un pie delante y el otro con la punta perfectamente alineada detrás.
Papel crepé, de cigarrillo o celofán completaban los atuendos de los ensayos.
Pero el día de la presentación, llegaba a tocar un sueño.
Una vez cada cierto tiempo, no sabría precisar cuánto, aun tenía los pocos años que miden los segundos en eternidades, íbamos a una habitación que estaba “arriba”. Por una escalera empinada subíamos a buscar cosas en el baúl.
Un arcón de madera, rústico, sin grandes correajes ni detalles de lujo, madera descolorida y maltratada por los rincones. Un gran candado, colgaba cerrado de una de las anillas, pendía inútil ya que no cerraba nada.
La abuela abría el baúl y dentro flotaban los tules de sus trajes, a mi me quedaban grandes y a ella pequeños. Pero ambas suspirábamos por ellos.
Con cuidado elegía alguna capa corta o apliques de plumas y lentejuelas y colocaba en mi cabeza un halo de escenario.
Uno era un tulipán azul, de tul y seda verde, con hojas bordadas que dormían sobre la breve falda, otro era de sol y luna, según de qué lado le miraras. Los había rojos como el fuego o blancos como la espuma. Cada uno de ellos era de un número olvidado ya por el ´público.
Así que los repetía con sus dedos, en el aire, para que yo fuera la memoria de ellos.
Durante años me persiguió el recuerdo de sus lágrimas en la vereda cuando nos fuimos de la capital.
Un año más tarde, mis padres se fueron durante tres días. No volvieron solos, traían el baúl.
La abuela Rosa, quiso que yo lo tuviera. Entre las bolsas de tela, reposaban todos sus trajes, unos cuantos carteles y un álbum que debíamos entregar a su hijo. Un hijo que no apareció ni en el entierro ni en el funeral.
Años más tarde, le busqué. Me dijo que su madre había sido lavandera, que se había ido del pueblo tras un carromato. ¿Trapecista? No, la-van-de-ra.
Ante su “que quiere”, le di el aviso. Quise contarle de sus años sola, de sus viajes, de sus éxitos. Pero su silencio incrédulo, fue una barrera infranqueable.
Me despedí, dejándole el álbum donde su madre brillaba bajo los focos, con luz propia.
Gesto del que me arrepiento siempre.
Con los años, los trajes fueron siguiendo derroteros extraños, hoy solo queda el baúl, que mi madre utiliza para guardar las mantas y edredones de cuando “viene gente”.
Mirando “Carnivale” la recordé inmediatamente. La abuela Rosa, mi abuela trapecista. Mi abuela cuna, refugio, sueño al vuelo. Mi abuela de las bambalinas, las tazas de arroz con leche, las galletas María de bolsillo, las zapatillas bordadas, los rizos blancos, las manos fuertes, las risa largas, las palabras olvidadas, la que fue tras un sueño, la que me puso una red para volar en calma.
Aun me queda contar de mi abuela india, de mi abuela la que no fue y de mi abuela verdadera. Pero eso, en otra madrugada de insomnio.
Publicado por Sole el 26 Jul 2010 en
Diario,
Miradas,
Mis barrios

De un naufragio, aun con señales, conservo un libro de una editorial que supo regalarme joyas. Colihue, colección Los Fileteados.
Historia de amor en 25 sonetos, de Mauricio Rosencof.
Durante años he ido desgranando de memoria éstos versos que un día salieron de una cárcel uruguaya en los dobladillos de las camisas que se iban a lavar.
Fueron escritos en papel de liar cigarrillos.
Y asi hay que leerlos, como un beso robado en el filo de la hora prudente. Susurrando, con cosquillas en la punta de los dedos y urgencia en la mirada.
Escenario:-atardecer de un barrio de casitas bajas, jardines perfumados, portales en penumbras y vecinas escondidas tras las persianas.
Mística
Los domingos de mañana me embriagaba
contemplando su místico ritual.
Iba a misa con su tía, muy puntual,
cuando el tañir de “Tierra Santa” las llamaba.
Bajo la mantilla su rostro irradiaba
la mas pura beatitud angelical,
contrastando el movimiento sensual
que al Adams de menta lánguida le daba.
Antes que anocheciera solíamos pasear
en un clima muy ceremonioso;
y casi casi me costaba tutear
aquel ser santificado y misterioso
que por la mañana iba a rezar
y por la tarde, me volvía religioso
Publicado por Sole el 25 Jul 2010 en
Diario

La Catedral al llegar sobre 21,30.
Por cuestiones del trabajo, tenemos la suerte de poder ver los fuegos desde enfrente. Algo que algunos años hacemos, ya que poder estar en las ventanas con los fuegos estallando delante de tus ojos es algo realmente hermoso de ver.Pero éste año, había algo diferente en el aire. Y nunca mejor dicho, ya que revoloteaba un helicóptero, se multiplicaban los guardias y todas las calles de Santiago estaban colapsadas por vehículos antidisturbios. Es que por ser año Santo, el Rey y la Reina estaban en Santiago ayer (bueno, aun andan)
El que mas el que menos, desde el bedel, al camarero, desde diputados, a empresarios, desde curas a obispos, todos entrábamos a Raxoi, por un pasillito flanqueado de fotógrafos, cámaras y controles de invitación.
A los lados las señoras mirándo hacia nuestras caras para detectar famosos y criticar modelitos. A Gago, que iba guapísimo con su camisa de lino blanca y su pantalón haciendo juego en azul, le increparon las del público por la chaqueta. Y eso que yo iba divina de la muerte con mi modelito de Adolfo Domínguez (coja, pero guapa) Al entrar, la cosa se dividía. Nosotros cogimos hacia nuestra izquierda. Aun el catering no había empezado asi que corrimos a buscar mi ubicación favorita. Los ventanales que dan a la cornisa. Desde alli, la vista es fantástica y me permite sentarme cómodamente sobre el mar de cabezas que llenan la plaza.
Los mas entusiasta cantaban y bailaban canciones religiosas con ritmo de samba y los mas “monárquicos” llamaban a Juan Carlos para que saliera al balcón.

El momento fue la llegada de un francotirador que avisó que no nos podríamos sentar en la ventanas (como siempre) porque si la gente de abajo nos veía se iban a preocupar pensando que habrían francotiradores en los techos (sic) Luego de pedir una vez mas la documentación marchó. 

No han sido los mejores fuegos que tengo visto. Es mas el despliegue de imágenes proyectadas hablan a las claras de un desconocimiento bastante grande de cuales son los verdaderos símbolos de Galicia. Es triste reducirlo solo a vieiras, pulpo (si, apareció un pulpo gigante proyectado sobre la fachada) a los símbolos del zodíaco y a decenas y decenas de santos.
Hubo momentos bonitos, que emocionaron principalmente a los peregrinos que abarrotaban la plaza. Una compostela completa, el mapa del camino, bosques, riachuelos, claustros reconocibles. Pero entender que unas mujeres vestidas con el traje típico y unos gaiteros que asomaron por las ventanas de la catedral era ya Galicia, me parece caer siempre en clichés. Daba la sensación, con tanta proyección de manuscritos y símbolos copernicianos que la proyección estaba elavorada por el autor del Código da Vinci o un fans de Paulo Coelho. Cierto es que después de los errores del año pasado, no era nada fácil pensar que hacer éste año. Esta vez no hubo problemas técnicos, pero para mi, falló la narración.
Como tuve la suerte de estar ahí dejo aqui algunas fotos, como son muchas el resto irán a un álbum en flickr y en facebook. Quien quiera ver. Que pase por ahí.






Publicado por Sole el 23 Jul 2010 en
Diario
Y dormir sintiendo el fresco de la noche que enfría la piel. Y mirar al trasluz los dibujos que hacen los poros jugando con la luna. Y respirar no muy fuerte, para que las estrellas no titilen y dejar que entre despacito el olor de las lilas en flor.
Y sentir que sueñas viajando, viajas soñando.
Y pasar la mano por esas leves arruguitas que aparecen donde no quieres y sentir que está tibia, mientras te da un pequeño escalofrío y entonces, esa colcha que empujaste en revoltijo a tus pies, es cobijo y solo dejas fuera, porque te gusta, porque aun se ve bonito, la curva del hombro. Y mientras te despides de esa imágen te adormilas. Y por la mañana, eres nuevo.
