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Ombligo

Publicado por Sole el 1 Abr 2018 en Cuentos

Cuentan que debo la salud de mi ombligo a un árbol.
Parece que pasaban los días y el meollo no caía y ya andaban tías y vecinas preocupadas por esa parte de la anatomía que auguraba hernias, deformaciones y varios males, si no lo resolvíamos bien.
Mi padre consultó con su madre, la india que lo crió, no la que lo mandó a los galpones y ésta le dio el nombre de una señora que tenía buena fama de curandera y allá que me llevaron.
Cuentan que dibujó mi pie en la corteza de un árbol nuevo. Luego giró conmigo alrededor tres veces recitando un verso que solo ella sabía.
Así durante tres días.
En el último mi padre tuvo que plantar un árbol en la casa de ésta señora y cuando llegamos a nuestro hogar , al cambiarme el pañal y levantar el ombliguero, el asunto estaba resuelto.
El árbol con mi huella, durante los tres días, se fue secando, hasta morir.
Siempre he sentido una mezcla de gratitud y culpa cuando me miro el ombligo, e intento consolarme, pensando que el que plantó mi padre, aun hoy crece lozano.
Lo cierto es que incluso hoy, que ando con el corazón alborotado de tantos abrazos, cuentos, prisas, risas, necesité un rato en la carretera. Un alto.
Me desvié por una senda y dejé que mi mano se deslizara lenta por la corteza que empieza a reventar de primavera.
Y una vez más comprobé que por más años que pase, sigo en deuda, porque mi respirar entero se lo debo a los árboles.
Eso y el mirarme poco el ombligo.
Buena noche, buen soñar.

 
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Viernes Santo

Publicado por Sole el 31 Mar 2018 en Cuentos, Diario, Una historia

Quizás leer el Sostiene Pereira que Pierre-Henry Gomont ha creado para Astiberri, no es la mejor idea en un viernes, donde como decía mi abuela, los diablos andan sueltos.
Se mezclan en mi cabeza aquellas mañanas de casa en silencio, con el estruendo de la lluvia de hoy en los tejados de Santiago.
Será que igual que en mis recuerdos, la casa huele a bacalao con porotos y arroz.
Nunca me puse a corroborar si lo que mi abuela decía, pasaba en otras casas, al fin y al cabo eran tiempos en que el mundo era tan grande como el portón de la casa dejaba que fuera, pero lo cierto es que el viernes santo generaba en mi un miedo atroz.
Nos tenían prohibido barrer el patio o la casa, porque los diablos, eran los dueños del mundo ese día.
Yo que siempre fui de imaginación desbordante, veía detrás de cada maceta, árbol o piedra un tipejo de cola ensortijada que me haría alguna maldad.
Pero todos los sustos se me iban del cuerpo cuando anunciaban la comida.
Así como no me gustaba nada el olor del bacalao que inundaba todo el aire, en el plato me sumaba a la legión de la Mama.
La segunda suegra que tuvo mi madre.
Era diabética, así que la comida se la regateaban bastante. Un par de veces al año le dejaban romper la estricta dieta , una de ellas era con al arroz con bacalao del viernes de semana santa. Y una naranja de postre, al sol con el pañuelo en la cabeza para evitar resfriados.
Mientras le servías su frase era “poquito que no se vuelque” y luego se dedicaba con devoción a la cuchara.
Recuerdo un año, en que la Mama se ausentó de la mesa. La empezamos a buscar y grande fue nuestra sorpresa cuando la vimos con sus ochenta largos, dando saltos en el patio.
Cuando le preguntamos que hacía, con sus ojitos pequeños de arrugas explicó que estaba haciendo sitio para que le entrara otro poquito.
Nosotros aprovechamos las risas para escaparnos a las fiestas, que en mi ciudad natal, la semana no es santa sino de la cerveza, pese a las protestas de los beatos que se escandalizan por los conciertos y litros de alcohol que se vende.
También le llamamos semana de turismo, pero a mi madre no le gustaba que le llamáramos así. En una semana de esas, en que todo el mundo dejaba la capital para ir a algún sitio, sonó el teléfono y avisaron que el camión donde iba mi hermano y más gente del pueblo de mis abuelos a un partido de futbol, había tenido un accidente.
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Ayuno para iluminar mentes

Publicado por Sole el 27 Mar 2018 en Diario, Italia, Lo dije en Facebook

Desde hace un tiempo ronda en mi cabeza la historia de Viterbo, así que en ésta semana tan significativa que algunos organismos públicos ponen la bandera a media asta, os la voy a contar.
Corria el año 1271, tres años antes el papa Clemente IV había muerto en el Duomo de la pequeña ciudad de Viterbo y tal como mandaban las leyes, allí mismo se había reunido la plana mayor eclesiástica para nombrar la nueva autoridad.
Cada cardenal, con su séquito, sus sirvientes, curas, doctores etc, inundaron la localidad siendo mantenidos a cuerpo de rey por los feligreses, que inicialmente solo pensaron en lo importante que sería eso para su historia, pero al ver que los días pasaban, comenzaron a preocuparse.
Lo cierto es que el asunto iba para largo y el único humo que salía de las chimeneas, era el negro del no acuerdo, o el de las deliciosas viandas que los prelados disfrutaban entre conversaciones y debates.
La situación estaba en punto muerto, nadie se ponía de acuerdo en un nombre, ni mucho menos en la senda que transitaría el nuevo período.
Los prelados estaban radicalmente divididos entre güelfos y gibelinos (los primeros partidarios del papado para gobernar los territorios italianos y los segundos del Sacro Imperio Romano Germánico)
Y para liar aun más el asunto de Viterbo, también estaban irreconciliablemente divididos entre una facción francesa y otra italiana lo que no quería decir dos nombres y dos rumbos, sino que todo se reducía a que cada quien tenía su candidato, su línea de pensamiento y por supuesto la quería imponer sobre los demás como la correcta.
Los galos trataban de favorecer los intereses de Carlos de Anjou, rey de Sicilia y hermano de Luis IX de Francia, que trataba de consolidar su imperio mediterráneo (finalmente desbaratado por su gran enemigo geoestratégico, el Reino de Aragón). Conseguir colocar a un partidario en Roma era un claro punto a favor, y por eso se les conocía bajo el epígrafe Pars caroli (Partido carolino).
Los otros cardenales se oponían radicalmente formando el Pars Imperii (Partido del Imperio), porque preferían quedar bajo la influencia del Sacro Imperio, de manera que se identificaba también con los gibelinos. Así, se fueron sucediendo propuestas de unos que tumbaban los otros y viceversa.
Mientras tanto los habitantes de Viterbo y la región, veían como diezmaban sus cosechas, sus arcas y su paciencia.
Necesitaban una solución porque muchos de ellos tenían que volver a trabajar sus tierras, pero ya no sabían cual sería el régimen en el que tocaría vivir, ergo tributar.
Hartos tomaron una solución inaudita. Ya que nadie parecía hacer caso de sus protestas, por iniciativa popular dirigida por el prefecto local, llevaron a la curia al palacio episcopal -que había sido reconvertido en palacio papal- y la dejaron “clausi cum clave” (es decir, encerrada bajo llave), alimentada sólo con pan y agua hasta que tomaran una decisión. Y para ayudarles a aclarar las ideas, les quitaron el techo y las camas, les redujeron los sirvientes y les suspendieron los sueldos y les explicaron amablemente que o dialogaban y llegaban a una solución o de ahí no salía ni Cristo (esto lo digo yo ya imaginando el cansancio de los viterbenses que 34 meses son muchos meses de dios)
Y aunque al principio protestaron y se acusaron mutuamente, las inclemencias del tiempo y el magro alimento, que los campesinos conocían tan bien pero ellos no, hizo mella.
Solo así se explica que eligieran a Teobaldo Visconti, que ni siquiera era cura, y que en esa época estaba más interesado en sus conversaciones con Marco Polo y sus tíos que iban camino de Asia que en los líos de franceses y romanos.
Teobaldo pasó a llamarse Gregorio X y en los pocos años que estuvo, soltó buenas perlas.
Es el responsable de que Alfonso X el Sabio no llegara al trono imperial, de una de las Cruzadas más desgraciadas, y del sistema “Ubi periculum maius” que consiste en disminuir la ración de comida de los participantes en el cónclave para que las decisiones sean rápidas y pensadas para el bienestar de los fieles.
Así que mis señores, mis señoras, aqui la menda se va a tomar unos días de ayuno informativo que para el otro, seguirá el ejemplo de aquel cura del Ulla que solo comía lo que salía del río.
Patos, lacones, cabritos, terneras, salmones, merluzas, bicas y tinto de ribeiro que su ama arrojaba de madrugada y pescaba al romper el día.
Sed felices que de dar la tabarra siempre hay alguien que se encarga.

 
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Precioso!

Publicado por Sole el 26 Feb 2018 en Cuentos

 
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Navarra- desde el aire

Publicado por Sole el 22 Feb 2018 en Diario, Miradas, Mis viajes, Navarra

Desde hace años, soy muda admiradora de los trabajos que otros Nikonistas, suben mes a mes a los foros. Nunca me he atrevido a compartir nada, pero aprendo un montón.

Ahora que ando procesando las fotos de Navarra, encuentro el trabajo de un fotógrafo Txema Ortiz de Pamplona que seguro van a disfrutar mucho.

 
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Irati: Una selva imaginada.

Publicado por Sole el 10 Feb 2018 en Diario, Mis viajes, Navarra


Cuando hace años me puse a estudiar fotografía, encontraba una y otra vez, cursos y artículos enteros sobre la Selva de Irati.
Bosque de referencia para fotógrafos, que cada otoño peregrinaban al santuario de las hojas doradas.
Pero el trabajo marca mis días y he podido por fin ir a Irati…en invierno.


Al llegar a Ochagavía, nos encontramos conque la nieve no permitía seguir por carretera al punto donde queríamos empezar la ruta.
En la oficina nos explicaron que salvo con raquetas a la Estación megalítica de Azpegi, no llegábamos ni de broma.
Pero raudo y veloz el guía nos informó del sendero que salía del pueblo, el antiguo sendero a la montaña, por el que podíamos transitar sin problemas y disfrutar de la selva con más luz que en en otras zonas.
Allá que nos fuimos.

Primero nos sorprendió la cantidad de buxos que hay por las laderas, teniendo en cuenta que Irati fue plantada en su momento, reconozco mi ignorancia, creía que era natural, igual pasó lo mismo con éstos enormes setos, tan antiguos que sus ramas son como brazos recubiertos de musgo y nieve.
Los troncos grises de las hayas emergen entre rojos y musgo.


Y así vamos como en esas películas mudas que los objetos pasan por tu lado, iguales, a una velocidad que llega un momento que ves como una cortina que danza con el aire.
Un grupo de jóvenes entusiastas nos adelantan, y celebramos un hecho que lamentablemente no vemos en las rutas de senderismo de Galicia.
En la ermita de Muskilda, hacemos un alto. Ermita que según cuentan las leyendas, es utilizada, por las brujas para sus akelarres. Cerca de su fuente un refugio de la guerra, nos recuerda lo cerca que estamos de la frontera.

Bajamos entre pinales y vemos a los lejos las montañas completamente nevadas.
Igual habrá que ir en otoño, pero al terminar la ruta, y no me mal interpreten , guardé la cámara pensando, es bonito, pero como mis bosques gallegos….

Buen sábado, voy a por ellos.

 
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Cerco de Artajona

Publicado por Sole el 6 Feb 2018 en Diario, Mis viajes, Navarra

Cuando rodaron Robin y Mariana con Sean Connery y Audrey Hepburn, los vecinos de Artajona, se subieron por los muros, no solo para curiosear, sino también para ser extras en el “Condado de Nottingham”. Hoy se recuerda ese rodaje, con una placa que te invita a visualizar algunas escenas y fotos de la película.
Y la verdad que el pueblo entero, bien puede ser protagonista de una película que cuente su historia.
Nosotros empezamos la vista en un yacimiento arqueológico que está en un monte cercano.
Dos dólmenes conocidos como el “Portillo de Enériz” y “La Mina”.
Están en un enclave magnífico y con la luz de la mañana entrando por la puerta tallada en la roca, la piedra es una paleta de amarillos. Marco García Quintela (te imaginamos midiendo el sol ahí)
Desde la puerta de Eneriz, en línea recta se puede ver al fondo, pequeñito el Cerco de Artajona.
Unos metros más arriba, se sube serpenteando entre pinos hasta la otra mámoa, también magnifica.


Al bajar, la tierra está roja de las hojas secas de la vid, y la hierba, alta, baila con el viento frío, que me corta la piel de las mejillas.
Artajona recorta su perfil desafiante.
No es difícil imaginar esa colina, ocupada desde tiempos de los romanos, codiciada por unos y otros. Esta inmensa muralla, conocida como el Cerco, no fue levantada en vano, su robustez persuadió a mas de uno de atacarla.

El Cerco se levantó en el año 1085, siendo terminado veinticinco años después.
A mediado del siglo XII, Artajona llegó a ser un pequeño reino. El rey García V “El Restaurador” entregó Artajona como regalo de bodas a su esposa Urraca y cuando su hija Blanca se caso con Sancho III de Castilla la ciudad fue un enclave castellano en el Reino de Pamplona.
Más adelante Sancho VI el Sabio lo reintegró a la corona de Navarra. El pequeño reino incluía también Larraga, Cabror, Miranda de Arga y Olite.
En el interior del cerco, quedan en pie dos de los tres arcos por los que se accedía a la ciudad y una de sus iglesias más antiguas, la de San Cernin o San Saturnino de Pamplona.


La actual iglesia, tiene el recio aspecto de una fortaleza y sustituyó a la románica anterior, cuando la población creció y la ciudad tuvo que guarecerse varias veces de ataques de otros reinos.
La techumbre de la nave ( Beráchico) es la original, las lajas de piedra descansan directamente sobre la bóveda, recubriendo su forma y permitiendo así la comunicación rápida con cualquier punto del paseo de ronda y la acumulación de las aguas que caen por las gárgolas a un canal de piedra y de este al aljibe existente bajo el pavimento del último cuerpo del templo.

Lo mejor es hacer la visita a los tejados, pero por lo que vimos la oficina de turismo no funciona en invierno :(
Al rodear la iglesia, se puede ver su campanario, que fue mazmorra en algunas épocas y una preciosista portada gótica que rompe la sobriedad del templo.
Entre hojas y flores talladas, se narra el martirio de San Cernin, que no se postró ante el signo pagano del toro y fue arrastrado por el animal hasta morir. Y también aparecen Felipe el Hermoso y Juana de Navarra dando las gracias por la expulsión del demonio pagano de las tierras del Languedoc y Navarra. Hazaña que también se le adjudica a San Sadurnino. Todo ésto celebrado por músicos y danzantes.
Paseamos por toda la muralla viendo como están trabajando en una aldea con la supervisión de un arqueólogo que mira trozo a trozo con detalle. Gago se hace el sueco por ahí cerca a ver si ve algo, pero el tiempo pasa y toca seguir a Olite.

 
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Departamento 20

Publicado por Sole el 2 Feb 2018 en Diario

Hace unos días me entrevistaron del Programa Departamento 20 de Radio Uruguay. La vieja Radio Sodre.
Aqui os dejo el enlace por si la quieren escuchar.

 
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Joyas medievales de la Llanada Alavesa- Iglesia de San Martín de Tours en Gazeo

Publicado por Sole el 22 Ene 2018 en Diario, Mis viajes, Navarra

Llegamos a Gazeo, aparcamos al lado de una fuente de la que sale una agua helada. Detrás tiene un grafiti inmenso de una mujer trabajando. (cuando no?)

Caminamos hacia la iglesia, que data del siglo XIII y que conserva un ábside románico, arcos y una ventanilla preciosa atrapada en el alero de la construcción.
La iglesia está en pleno transito del Camino de Santiago Vía de Bayona, un camino que más adelante se une con el que viene de Roncesvalles.

Pero lo destacable de ésta iglesia es lo que se descubrió hace ya años detrás del retablo. Retablo que se conserva en trozos, decorando el interior.

Lo que sorprende es la cúpula interior.
Los frescos que la cubren son impresionantes.
Pensados para una época donde pocos sabían leer, si recorres de un lado al otro el espacio.Aprenderás con claridad todo el catecismo.

Por lo menos lo que tiene que ver con lo que hay que hacer para ser buen o mal cristiano.

Así vemos a Cristo reinante, con una corona que por error el restaurador le puso en la cabeza, ya que hoy se sabe que es la paloma del espíritu santo.

Vemos la procesión de pecadores camino de un impresionante Leviatán.
La caldera de Pedro Botero, echando humo literalmente.

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Joyas Medievales de la Llanada Alavesa- Iglesia de Santa María de la Asunción de Alaitza

Publicado por Sole el 21 Ene 2018 en Diario, Mis viajes, Navarra

Cuando llegamos a la iglesia que motivó el viaje, comienza a nevar.
Ésta iglesia del siglo XIII, por fuera, no anticipa nada de lo que te encuentras dentro.
Al entrar, se nos abre la boca, inevitablemente-
Manuel y yo, sin haberlo hablado, teníamos la certeza, no se si por las fotos vistas en prensa, de que las pinturas estarían elevadas, a una distancia muy superior.
Sin embargo, están casi que al alcance.

De la mano, que no de la comprensión.

Se han realizado encuentros de especialistas, se ha escrito mucho, pero lo cierto es que éstas pinturas, tienes mas conjeturas que certezas.

Yo no soy experta, así que mientras Gago y Ander, intercambian teorías, datos, y curiosidades, yo saco mi 105 y empiezo a disfrutar como una enana.

Las pinturas en su conjunto, narran de forma sorprendente una serie de hechos que poco o nada tienen que ver con los habituales símbolos o estampas religiosas de las iglesias.

Verdaderas batallas , saqueos, duelos, sitios…

Al centro, una mota, de libro, con sus arqueros y ballesteros. Cada soldado interactúa o dispara a un soldado que le responde desde fuera.
Es vibrante la acción, casi se puede escuchar el fragor de la batalla.


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