La casa encendida

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Ultima función, en agosto, antes de las vacaciones. La casa encendida, en Madrid.Hermosísimo complejo cultural. De esos que uno sueña, que nuestros compatriotas, puedan tener. Esta foto es del comienzo, cuando sin anestesia, saludo y explico que ya que la crítica especializada pasa de mi yo fotografío a los públicos y los critico. Observen, cliqueen encima para ver mas claro, la cantidad de manos en la barbilla o que se pierden por la sien, tratando de ocultar la sensación de «ostras! en que loquero me metí».
Pero ellos y yo, como siempre luego de estar en confianza, compartimos sentires y decires. Nos reímos juntos y nos emocionamos. Yo sentía desde el escenario como cada historia entraba en cada rincón, como se acomodaba y como nos comunicábamos. Ese hilo mágico, del que he hablado otras veces, estaba allí. En la sala, las amigas de Palique y nuevos amigos, que inundaron mi casilla de correos con palabras tan bonitas.
No me den las gracias, repartánlas entre ustedes, por hacerse un hueco, un espacio, un nido, para las palabras que acarician.

La sombra del viento

Estas vacaciones me han regalado muchas alegrias los libros. Venía de una etapa en la que solo encontraba cosas que me gustaban, en autores o ediciones ya ultra conocidas. Un poco harta de los «nuevos». De toda esta serie de títulos que solo porque los escriben personas que tienen una condición social, política o sexual, hasta ahora marginada, ya les daba la orla de buen libro. Por suerte uno en la vida tiene que rectificar conceptos. Y no me sonrojo al decir que me di de narices con un monton de títulos que me llevaron de un tirón a la querida etapa de leer compulsivamente, por placer, no «posibletextoparasercontado».
Hay varios, Hanif Kureishi, «El buda de los suburbios» y «El cuerpo», Paula Carballeira, «A era de Lázaro»,Sam Shepard, «El gran sueño del paraíso», Arto Paasilinna, «El molinero aullador»,Michel Houellebecq, «Plataforma» y 576 páginas para perderse en «La sombra del viento» de Carlos Ruiz Zafón.
Llegó a atraparme de tal manera que leía en la rendija de luz que dejaba colar la ventana del hotel, para no despertar a Manuel.
Me pareció fantástico que alguien sin meter misterios del santo grial de los cojones o caballeros o sábanas santas o vidas ocultas de geishas o mujeres que bailan con lobos puede atrapar, envolver.Y vender, yo he comprado la 39ª edicion.A mi alrededor brillaba el sol, pero en mi cabeza la niebla me llevaba al cementerio de los libros olvidados. Me perdía en viejas fuentes rotas, o sentía la madera del mostrador de la librería, o me probaba un sombrero o me enamoraba irremesiblemente de una sombra. Me embrujó, por suerte.

Volver a empezar…

Y no lo digo con tono melodramático, ni mucho menos. Lo canto al ritmo del single del Corte Ingles, que al fin y al cabo es quien tiene nuestro calendario oficial. Voy por la casa tratando de encontrar un rincón donde entre, otra estantería para poner mas libros. Cambio el panel de notas,saco los viejos posit. (Horroriza ver que algunos fueron escritos hace meses, pero la mente los tiene aqui a la vuelta) Me replanteo metas.
Es que lo raro para mi de todo esto es que es otro año sin serlo.
Me explico nací en un país donde las Navidades coinciden con la finalización del curso escolar y comienzan las vacaciones de verano. Entonces cuando arranco el nuevo año, arranca todo. Pero este recalentar motores en setiembre me desconcierta. Tengo la sensación de tener dos años en el mismo.
Para mi, aun setiembre es sinónomo de primavera.
Pero como a todo se adapta uno, aqui estoy, clasificando papeles, desechando publicaciones que guardé para leer y no he leído, cupones de suscripciones, que nunca llené, cursos a los que nunca me apunté y restaurantes a los que nunca iré ni les pediré por teléfono nada. Ese serie de»porsiacaso», que cuando desaparecen oxigenan nuestro hogar y nuestro espíritu…para volver a llenarlos.
De hecho en mi buzón hay un catálogo que si envío me regalan…