Allo e aceite.Una IV Xantanza muy bien aderezada

En los casi cuatro años de este blog, en varias ocasiones he narrado alguna historia o reflexión enredada en los aromas de algún pastel, de algún dulce casero, de algún guiso. Tal vez porque mi abuela creía que cada momento de la vida debía llevar un olor, un sabor, un color, para ser mejor recordado, o porque habría que sumarle mi fascinación por ese espacio de la casa donde se gestaba casi sin darte cuenta tu personalidad futura, tus creencias, tus pasiones.
Aun cuando nunca mas saborees lo que unas arrugadas manos prepararon en una enorme olla de latón, la línea azul que se dibujaba en tu memoria gustativa queda ahí para hacer, que aun pasados mil años, a lo largo de todos los platos que pruebes se trace otra línea de vida culinaria que se entrecruza con ella, poniéndose a veces en un extremo o acariciándola otras.
Leía hoy a la tarde una joyita que ya comentaré, “Vacas, su dignificación sexual y gastronómica” de Flavio Morganti y en la introducción hace referencia a sus 7 años, con su primo, corriendo entre vacas, esperando que pastaran, para luego coger la leche fresca y batirla, sintiendo en las manos la tibieza y recibiendo como recompensa una suave espuma que les cubría los dedos. En la cocina de Morganti, uno puede encontrar en casi todos sus platos esa felicidad, esa suavidad, esa tarde de campo…
Pero a lo que quería llegar, Pablo Romero, iba para médico, algo que seguramente a sus padres, trabajadores incansables en un restaurante de Corcubión, una preciosa villa marinera,les llenaba de orgullo.
Pero algo me dice que esas tardes de infancia viendo a su abuela amasando la harina de maíz para hacer esas gloriosas empanadas, el aroma seductor del rustrido, de mejillones o berberechos, el laurel dando vida , el ajo dorándose en aceite, el unto que anidaba filloas o la bolsa de tela arcón del pan que sería doradas torrijas, le dieron el “rapaz que estas facendo?” y sus pasos universitarios se perdieron por la ría mas alta de las Rias Baixas y allí se encontró en su salsa, entre las vendedoras de la plaza con su grelos y quesos, con los puestos de lubinas y mariscos y lo que era una afición que le guardaba en la emoción todos los sabores aprehendidos en su infancia afloraron.

Esas emociones que le rodearon, cobran vida en cada uno de sus platos, desde sus ya muy alabadas croquetas de choco y de bacalao, su impecable zamburiña con mayonesa de soja, la cigala con boletus que se disputaban el puesto unos a la otra, una cola de lumbrigante excelente con el arroz caldosito, un xurelo con pisto de cantarellus (que fue para mi lo menos logrado) una pescada (merluza) deliciosa de la que me comí hasta los grelos de buena que estaba ( es que como gallega adoptiva aun no pillo la pasión grelil) y unas fazulas (carrilleras) que haciendo honor a la época del año venían acompañadas de castañas.
A los postres una mouse de queso y membrillo, que no me gustó, pero eso es un rollo personal, el postre estaba muy bien logrado y es una forma muy agiornada de presentar el tradicional Martin Fierro del Rio de la Plata o el queixo con marmelo gallego y finalmente una fastuosa torrija con un suavísimo helado de vainilla.
Todo regado con Zarate Tras da Viña 2004 y Algueira Barrica 2005, dos gallegos muy buenos que abrieron el camino a un Moscato de Ochoa muy agradable.
Y al igual que en esas fiestas familiares, donde la madre o la abuela aparecían desde la cocina restregándose las manos en el delantal y ofreciendo alguna cosita mas, sabedoras de que nadie aceptaría porque habían traído comida para un batallón, así mismito entró Pablo.
Con timidez, pero sonrosado de orgullo al ver a quince individuos que entre risas, bromas, anécdotas y fotos, fotos, fotos, llevaban cinco horas comiendo en inocultable felicidad, se sentó a la mesa a conversar. Él era el responsable directo del éxito de la IV Xantanza, la del aniversario.
Pasados ya varios días, aun perdura en mi, la sensación de haber ido a comer a un Restaurante que te hace sentir aquellos olores especiales que solo aparecían en tu casa, cuando había fiesta, la diferencia es que en «Allo y Aceite» la fiesta de la cocina esta todos los días abierta al público y yo no se si él lo ha visto, pero seguro que al terminar la jornada , en sus manos hay una suave y tibia espuma. La de haber traído a nuestros días, los sabores del mercado con el vestuario de domingo.

Mas opiniones
Gourmet de Provincias, Capítulo 0, Laconada, Outra vaca no millo, Colineta, Pantagruel, De Pinchos

Al revés por una vez.

Que tal si este año los árboles no se trasforman en libros y los libros si, se transforman en árboles.
Basta con juntar unos cuantos de los libros que andan por casa y hacer una preciosura navideña cargada de buenas letras.
En mi casa siempre se montó el árbol el 8 de diciembre.
Asi que aqui está uno que es muy mío. Ya contaré que títulos hay.
Pero de seguro que todos podríamos hacer uno,ya sea con los «que hago con estos libros que vienen de regalo con los periódicos,iniciando una colección que casi nadie sigue» o con los que durante este año te han emocionado,gustado,hecho pensar,reír,etc.
Asi que después del Corte inglés,después del Ayuntamiento,llego yo montando mi árbol,sin luces que consuman y con mucho aporte nutriente mental.

“Los maridos son un estado de ánimo”Angeles Mastretta.

«Julia Corzas era pálida como un canario, inconsciente como un gorrión, necia como un pájaro carpintero, concentrada como lechuza, incansable como si fuera un colibrí. Tan distintas alas en la misma mujer daban una criatura atractiva y volátil, empeñada en decir que sólo ambicionaba estarse quieta», así describe la escritora mexicana Ángeles Mastretta a la narradora de su más reciente obra ‘Maridos’.

Aunque ya no viven juntos, Julia se encuentra cada tanto con su tercer marido para jugar una partida de ajedrez y conversar. Nunca hablan de su relación, pues mientras ambos mueven las fichas del tablero ella se dedica a contarle historias de amor, abandono, olvido, traición y desamor de otras mujeres.

La escritora cuenta que «Maridos» era inicialmente una novela en la que tres amigas se contaban lo que les ocurría con sus parejas, pero a medida que escribía se dio cuenta de que cada una era un universo y que, de estar unidas en una sola historia, habría tenido que darle prioridad a alguna. Y decidió separarlas.

A las mujeres que se pasean por las páginas de «Maridos» las une también la búsqueda permanente de la felicidad. Y aunque esto podría parecer poco novedoso, lo que hace diferentes y destacadas a estas historias es la forma en que le dan la vuelta a situaciones específicas para que estas no opaquen todo el resto de sus vidas. Puede que algunas dejen correr sus lágrimas, pero luego, entre amigas, se valen de la ironía para devolverse a sí mismas la alegría de vivir.

Ese es, entre muchos otros, el relato de Clemencia, quien le pide «a dos hermanas que son sus amigas íntimas que la lleven a un viaje que planean por Italia y España». Allí, entre góndolas y «spaghetti» «se reían de sí mismas siguiendo los consejos de la única monja que algo les enseñó en la escuela: la risa cura y el que se cura resuelve».

Abro la puerta para compartir tres relatos muy breves. El resto,como en la publicidad… en las mejores librerías y bibliotecas.

Flora


«Una de dos»

Lucía miró a su marido dormitar en un sillón. Despertaba a ratos, la miraba y sonreía como desde otro mundo. En una de esas pestañadas ella le dijo con toda suavidad:
-¿Sabes? Cuando uno de los dos se muera yo me voy a ir a Italia.

«Asi»

Se durmieron asi, en la lentitud de las horas que uno pasa como si ya hubieran pasado. Las horas repetidas, anónimas, las horas como tantas, las aburridas horas que un día echaremos de menos.

«Nostalgia»

Cristina llevaba cinco años viuda:Su amiga la veía recomponerse poco a poco,pero aun la veía triste muchas tardesy se empeñaba en presentarle hombres distintos de los que ella siempre encontraba aburridos y tontos.
-Si no los quieres para que escriban una tesis. ¿No extrañas el sexo?
-¿El sexo?-dijo Cristina-.Eso, mira, se te olvida. Caminas, haces yoga, te masturbas. Pero la conversación. ¿Cómo construyes veinticinco años de conversación?. Eso no se suple.Para eso no hay remedio.

Aires de otoño

Larga semana de prisas, carreteras, plazos de proyectos, clases en el nuevo curso de fotografía…
El sábado es la ventana que se abre para liberar las tensiones, bajar la pantagruélica comida de hace una semana y seguir aprendiendo los miles de puntos de mi nueva cámara.
La lluvia de la noche anterior y que aun persistía en la carretera, mientras nos acercábamos al punto de inicio de nuestra ruta, San Xurxo de Sacos, en Cotobade, Pontevedra nos hacía temer que el paseo se podía «aguar». Pero al llegar al área de la Ermita donde empieza el camino, el sol se asomaba tibiamente entre los castiñeiros.

Nada mejor que caminar sin pensar,solo sintiendo.
Abriendo los oídos al crujido de las hojas secas

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