Mi abuela que no era muy creyente, me pido un día que cuando ella muriera, al pasar por una iglesia, de vez en cuando, tampoco era cosa de derrochar, le prendiera alguna vela. No tanto por fe, sino porque a ella siempre le gustó ver por donde pisaba. En éste fin de semana de disfraces, calabazas, gente a favor, gente en contra, he prendido velas por todos mis difuntos. Triste, ha sido ver que cada año son mas, constatar de repente que uno tiene tantos afectos, de los de verdad, del otro lado de la niebla, deja un pozo extraño en el cuerpo. Una suerte de buraco por aquí a la izquierda… Me está haciendo falta un roncito, voy a ello, señoras y señores, buenas noches.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *