Mántaras

Me gusta recorrer el mundo, leyendo en sus horizontes. Es maravilloso ver como la tierra guarda los registros, buenos y malos de los hombres y mujeres que la hemos caminado durante miles de años.
Cuando naces en un país, cuya historia oficial reconocida, no pasa de doscientos años (por suerte eso va cambiando) te embelesa cuando vives en otro lugar del mundo donde puedes ver las señales de vida o de muerte de varios siglos atrás.
Tengo particular devoción por petroglifos y mámoas. De petroglifos ya hablaremos otro día.
Pero las mámoas, las tumbas megalíticas que asoman entre el verde, dibujando otro paisaje en el paisaje natural, me fascinan.
Las hay violadas y saqueadas, las que les han plantado eucaliptos encima y las que permanecen mostrando su perfil en el territorio.
Por eso cuando el otro día nos acercamos a Mántara en Ferrol, para ver éstas que hoy les muestro volví encantada.
Para que el gusto fuera completo, hay una ermita románica preciosa. Y alrededor, las tumbas, y en medio del prado, cual límite entre el día y la noche, la muerte y la vida, un menhir por donde el sol marca su ritmo.
Me encanta el título que Gago puso al post «Mántaras: Alí onde se cruzan os mortos e o sol»
Acérquense por ahí un día. Vale la pena.

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