Debía una visita a Conchita. Suelo pasar por su tienda, ya sea para comprar vinos o alguna de su delicatessen, o simplemente para charlar un ratito.
Desde que fotografié su cocina modernista para la Exposición, hablamos además de lo orgullosa que está de ver «retratada» su cocina en un libro.
Su marido, cuando llegué, me dijo que estaba en la cafeteríia de al lado.
Ahí estaba ella con una amiga, pidió un té para mi y me presentó.
Pilar tiene ojos de cielo tempranero, el cabello plateado y una prestancia que asombra en sus 88 años.
Chaqueta chanel, bolso fino, dedos enjoyados con delicadeza, pendientes como lágrimas.
Sonriendo me dice que soy muy guapa

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