jersey

Siempre que llega el frío, y este fin de semana se ha venido con ganas, siento la imperiosa necesidad de tejer. Si, de sentir en mis manos la tibieza de la lana. Ver como mi regazo se puebla de mangas, que luego tendran brazo, espaldas que pararan vientos, cuellos que calentaran la mañana.
Rebusqué en los armarios y aparecieron mis gordas agujas, en mi cabeza vislumbré un poncho. Corto, asi se llevan este año. Pero la verdad que los años le han hecho un hueco a las enseñanzas de doña Elena y tengo algunas dudas. Asi que me fui a mi actual fuente de información. Internet. Con sorpresa me encontré conque hoy en día se considera al tejido «un arte», menor, pero arte. Encontré páginas enteras con catálogos sobre estos nuevos artistas, «herederos de viejas tradiciones». Me he enterado pues, que mi abuela, mis tías y seguramente todas las mujeres de sus familias, han osado tejer sin pasar por el rito «mayajuru». O han construido abrigos para mucha gente sin saber «las conecciones entre el tejido y la masonería». O que estaban profanando el rito sagrado de los waunana o que para coger las agujas primero hay que encomendarse a «manegumba», la diosa de los nudos mágicos.
Vamos! que yo sabía que mi abuela hacía maravillas con las agujas y unos ovillos de lana, pero que estaba a un nivel celestial, ni soñarlo!
Ahora valoraré mas aquellos jerseys (buzos o pulóveres como decimos por mi tierra) de miles de colores, herencia de cuanto ovillito anduviera por la vuelta. Como en un puchero se mezlaban lanas finas para sacar una gorda que abrigara mas. Todos mis primos y yo, semejabamos trozos de arco iris, con aquellos abrigos gordos, con punto ocho, con cuello alto y bolsillo canguro, donde ademas de meter las manos, guardabamos alguna galleta María, figuritas de Heidi y algún anilloregalodenoviecito de los chicles «PLOC».
Como gorriones alborotábamos la calle, cuando pasaba el manicero. Saltaban nuestras narices coloradas, pero no había frio.

Pero así como quedaron atras esos años, se ve que ha quedado atras el hábito de tejer. Una página tenía mas de treinta mensajes de mujeres que querían tejer a sus bebes por nacer, unos escarpines, pedían ayuda. Pero nadie recordaba muy bien como hacerlos, asi que recomendaba la administradora del sitio que compraran la revista «El arte de tejer».(que en la librería esta agotada hace mucho)
Es que dedicar tiempo para hacer un abrigo a quien quieres, es un arte. El arte de dedicar tus dedos durante horas a guardar caricias que luego, día a día como cuentagotas, rodaran por el cuerpo del portador de la prenda.
Bendito sea el frio que permite abrigarte en el calor del cariño.
Alegres las horas que uno entrecruza las lanas, con los sueños por venir. Si tejer es un arte, haré mi poncho y tu jersey con la certeza de expresarme libremente. En cada nudo depositaré un beso, en cada lazada un retorno. Para que el calor de mi amor te cuide este invierno

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