Hoy mi padre cumpliría años. Y es raro. Hace tantos años que no esta a mi lado! Si hago cuentas, en mi vida, él lleva mas años muerto, que vivo.
Sin embargo nunca se ha ido. De tanto hablar de él, ya casi no se si hablo de verdad de él o del papá que con los años me hice.
Cada cierto tiempo me obligo a recordar las cosas tal cual fueron. Para no perderlo. Siento que en mi familia solo yo pienso en él. Alguien me dijo hace muchos años que los muertos no se van del todo mientras alguien los recuerde.
Basilio Marcelo, asi lo llamaron. No se muy bien quien. No fue un niño querido. Su vida era la señal de una mentira que había que esconder. Asi que lo criaron otras personas. Y la vida. Y el campo. Donde descubrió, según el me contaba que todo tenía su sitio, era cuestion de encontrarlo. Y el lo encontró. Yo llegué a su vida, luego de muchos amores y de muchas historias, con los años algunos amigos me han armado el rompecabezas, pero cuando llegué, siempre me lo decía, el tubo la certeza de que su vida había valido la pena.
Y eso me marcado a fuego. Eso y su amor por los libros. Mis ultimos recuerdos se llenan de palabras. Solíamos levantarnos temprano, recogíamos la caja de pesca, pasábamos por la biblioteca, donde la señora Mary, suspiraba por él y nos ibamos al río. Alli tirabamos los cordeles, como pretexto y nos sumergíamos en la pesca que mas nos gustaba, la de la mejor historia. Si yo ganaba, me regalaba un «ricardito», si él ganaba yo debía recitar a Zorrilla. Un Zorrilla muy personal, porque la mitad de los versos me los inventaba y aunque mi padre lo sabía, me dejaba, para “mantener calentitas las neuronas”.
Tocaba la armónica al atardecer, se sentaba siempre en una butaca roja y yo a su lado en un banquito de patas cruzadas que me había hecho él.
Recuerdo un bañador a rayas verdes y blancas y su mano grande en mi barriga para que aprendiera a nadar. Y como me pelaba duraznos, porque la piel me daba alergia. Y las madrugadas de invierno, compartíamos el churrasco de hígado con cebollas (costumbre que le había quedado de su juventud de peón de campo) él se iba al trabajo y yo volvía a la cama, siempre con algun cuento que se me enredaba en los sueños.Una mañana su mano grande, soltó el mate y agarró su cabeza. La pared era azul. Recuerdo verla en el triángulo de luz que quedaba en su antebrazo. Luego solo gritos y una vecina que nos llevó a mi hermana y a mi. Días sin saber nada mas que lo que podías robar a los susurros. Y una mañana envolví el dolor mas grande en la cortina del baño de mi vecina. Allí me quedé por horas, prometiéndole a dios, cualquier cosa, con tal de que me trajera a mi papá. Ahí supe que había que mandar a dios al cajón de papa noel y los reyes magos. Nunca más lo vi. Dijeron que murió. Mi madre quemó todas sus fotos. Alguien dijo que la casa de mi padre, no era nuestra, sino de su verdadera mujer. Y entonces se terminaron los cuentos. Hubo que caminar mucho. Pero yo nunca dejé de hablar de él, incluso en secreto. En uno de esos andares, años mas tarde, ya adulta una mujer me dió una foto, la única que tengo, me dijo que en sus años mozos su hermana había noviado con mi padre. Algo en sus ojos me dijo que había sido ella, pero callé.
Es uno de mis tesoros, tu allí tan guapo de traje oscuro y sombrero. Por eso hoy diré tu nombre bien fuerte y encenderé una vela, para que estés donde estes, sepas que aqui está tu niña, contando tus cuentos

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