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Fue en 1961.El Real Madrid enfrentaba en su cancha, al Atlético de Madrid.
No bien comenzó el partido, Ferenc Puskas metió un gol bis, como había hecho Zizinho en el Mundial del 50. El atacante húngaro del Real Madrid ejecuto una falta, al borde del área, y la pelota entró. Pero el árbitro se acercó a Puskas, que festejaba con los brazos en alto:
-Lo lamento-se disculpó, pero yo no había pitado.
Y Puskas,Cañoncito pum, volvió a tirar. Disparó de zurda, como antes, y la pelota hizo exactamente el mismo recorrido: pasó como bola de cañón sobre las mismas cabezas de los mismos jugadores de la barrera y se coló, como el gol anulado, por el ángulo izquierdo de la meta de Madinabeytia, que saltó igual que antes y no pudo, como antes, ni rozarla.

Eduardo Galeano
El futbol a sol y a sombra

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