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Blanca primavera

Aprovechando la Semana Santa, nos hemos ido a Asturias, al Parque Natural de Redes.
Buscábamos sol, como agua de mayo. Y menos mal que estamos en crisis, porque todos los viajes que vimos (desde hace meses) eran de precios disparatados o estaban agotados.
La opción mas barata, carretera, casa de turismo rural y senderismo.
Mochilas con objetivos, trípode y mil cacharros.
Ya soñaba con fotos de primavera.
Y aqui están, éstas son

Si señores y señoras, todo nevado. Blanca y dulce primavera!
Tal vez porque leo «La elegancia del erizo» y toda yo está impregnada de aire oriental, al igual que Paloma y Renée, decido imaginar que no es nieve, que son blancas flores de cerezos, que en realidad estoy en el Jerte.
Pero nada, una gota enorme de agua helada, avisa que el sol que aparece entre las nubes, nos regalará una sinfonía de aguas.
Y así es. Las gotas palpitan y repican entre las hojas, las ramas, los troncos, las fuentes.
Suenan a madera y a seda rota de hojas secas.

Decenas de riachuelos descienden por las laderas. Mirar hacia arriba es una clase de geometría que te lleva a ver octaedros, dodecaedros en cada rama decorada de nieve.
La melodía es simple, pero de tan vital, imprescindible. Una gota es un renacer. Una gota es un lavar lo de antes para estar nuevo para los meses que vienen.

Las hayas hacen filigranas de estructuras.

Mirar hacia el cielo entre redes de cristal.


Al final del camino, la Cascada del Tabayón del Mongallu. El acorde final de todas las gotas que han caído por el camino.
Cae desde 60 metros. A lo lejos la vemos como una onda de cabello blanco, sobre mas blanco. Una vista casi única.
Los ojos se agrandan para recorrer tanta belleza.
A nuestro alrededor las montañas, crujen y se desperezan al sol.
Entre el hielo, hay flores que tímidamente avisan que ya les llega la hora.
Porque siempre es asi, aunque hay quien quiera mantener el invierno siempre, la primavera, el renacer, siempre dicen presente. No hay que olvidarlo. Ya es abril.