A raíz de mi artículo en Nós, y dada la inquietud generada, procedo a redactar el siguiente manual ( breve y básico) para poder distinguir con claridad los signos de evolución o involución en nuestras bragas.
Doy por descontado que mis lectoras no entran en esa fantasiosa categoría de mujeres que les arrancan las bragas con los dientes y que el deterioro de vuestras prendas es el natural del uso.
Menciono lo de los dientes porque aunque tal vez en algún momento tuve la remota fantasía de que me las quitaran así, con lo que cuesta en dinero y en tiempo, encontrar una braga buena, la descarté. No es cosa de romperla en un contubernio pasional. Hay técnicas sabrosas y variadas para proceder a su desalojo sin tener que destrozarlas, con el consiguiente beneficio de poder ser reutilizada, valor que está en alza en estos tiempos de reciclaje.
Pero queridas amigas y amigos, vayamos al tema de la consulta, ¿en que momento las bragas nuevas pasan al lado del cajón de las bragas viejas?
Según la prenda, el proceso puede ser difuso, sorpresivo o largo.

Difuso-Son esas que llevas un tiempo usando y que te gustan como te sientan, lo cómodas que son, la textura, los elásticos que ajustan pero no marcan…sin embargo un día te las pones y el color está más claro de lo que recuerdas, de hecho si tienen algún estampado ya no es tan nítido, la tela se abolsa por delante o por detrás y en el probador hiperiluminado de la tienda, parecen más un saco de patatas que tus adoradas bombachitas. Te preguntas porqué se ven así ,si no hace tanto que las compraste y además las trataste bien. Sin embargo, ya están en la categoría de “no las puedo llevar al médico” y eso es definitivo, pasan al otro lado del cajón.

Sorpresivo- Rompen sin aviso, cambian de color gracias a otra prenda de la lavadora o en el afán de quitar alguna mancha, te pasas con la lejía o el jabón lagarto y de nueva pasa a vieja en un solo día.

Largo- Son esas bragas que usas una y otra vez, mantienen color, forma, tacto, elasticidad. Son inagotables, el tiempo no pasa por ellas y te hacen sentir que por ti tampoco. Valen para usar con faldas, con pantalones, con leggins y hasta son sexis con ese punto pin-up de llegar hasta el ombligo cubriendo de alegría tu barriguita. Y no salieron caras, porque las compraste en ese puesto del mercadillo que consigue ropa de liquidaciones de comercios de toda la vida.
¿Que más se les puede pedir?
Que te entren siempre. Y pasen a servir en otros derroteros.
Ellas que fueron la alegría de un fin de semana, pasan a ser el relax en el sofá, cuando precisas la bolsita de agua caliente en los ovarios o para aplastar culo en la silla mientras estudias para las oposiciones durante horas.
Esas bragas merecen estar al centro del cajón y siempre a mano cubriendo los tangas y esas bragas de diseños extraños que compraste para una ocasión y no volviste a ponerte y que no tiras, porque nunca se sabe.

Si os parece muy complicado mi manual, hay un método infalible de mi señora madre.¿ Cuando las lavas, están en condiciones de ser colgadas a la vista de todo dios, o las pones en ese lado del tendal que se camufla con cosas más grandes? Si te da apuro enseñarlas, son viejas.
Aunque como decía mi tía Celina, la viejas pueden dar mucho gusto, nunca hay que descartarlas.
Ilustración del libro de @AmaiaArrazola «Sin bragas en el cajón»

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