Fin de semana

Creo que la palabra que mejor ilustra este fin de semana es: apacible.
Ha sido un viaje, sin prisas, sabiendo de antemano que llovería todo el tiempo. Pero paraguas y gabardinas, nos hicieron los paseos muy llevaderos.
Llegamos a Ámsterdam sobre el mediodía del viernes, el hotel estaba a 300 metros de la estación de trenes así, que en dos minutos nos pusimos allí.
Desarmamos maletas y con la guía en la mano nos perdimos por canales, callejuelas y bicicletas. Comimos y cenamos de maravilla. Comida egipcia, india, francesa, holandesa (que buena la sopa). Los precios más o menos igual que por aquí, salvo el vino, que se pasan dos pueblos, tienen las marcas francesas o españolas, mediocres a precio de ultra bueno.
Andar por las calles es una delicia, aunque hay que tener mucho cuidado con los tranvías, se escucha mejor el “Rin” de las bicicletas que su deslizar por las vías.
Las visitas obligadas, la casa de Ana Frank, el museo de Van Gogh, el Rijksmuseum, la casa de Rembrandt, la Wag y la Foam, donde había una exposición de la Wordl Press Photo en su 50º, etc, etc.
Ver la Lechera de Vemeer, La ronda de noche de Rembrandt o cuadros de Van Gogh pintados en sitios que habíamos visto el año pasado en Francia, fue toda una experiencia. Me encanto la forma de animación del museo para crios ,con alegría y entusiasmo, pero en silencio corrían de cuadro a cuadro para rellenar la guía infantil.
El hecho de que la ciudad sea una herradura de calles alrededor del puerto hace que con frecuencia te topes con rincones inesperados y sorprendentes y siempre paseas por calles donde cada casa es un muestrario de decoración.
La calle Nes, la de los teatros, uno al lado de otro ,los coffee shop con sus vaharadas de maría y hachis, el barrio rojo, herencia de un puerto pletórico de rudos marineros, con sus escaparates llenos de chicas ofreciendo sus servicios y de manera tan normal en la planta superior viejecitas de cuento mirando la tele.
Las casas todas, lucían unas bibliotecas envidiables. Cada calle es un catálogo de decoración.
Muchos se han ido a vivir a sus barcos en los canales, verdaderas urbanizaciones acuáticas, con jardines, patios y todo.
Y las bicicletas merecen un capítulo aparte. Ejecutivo/as bien vestido/as. Madres o padres con niños delante en carricoches o en sillines. Parejas con uno de ellos en el asiento trasero. Paraguas oscilando en una mano. Bicicletas decoradas, con accesorios infantiles en el manillar o flores o cintas o carteles. En el aire se nota que no hay polución.
En definitiva, cuatro días en una ciudad, amable, bonita, tolerante, libre

15 comentarios sobre “Fin de semana”

  1. Que bien que bonito debe ser, que ganas tengo de que lleguen mis vacaciones y poder disfrutar de momentos asi por Berlín. saludos y gracias por tus animos y la visita a mi blog

  2. Que bien que bonito debe ser, que ganas tengo de que lleguen mis vacaciones y poder disfrutar de momentos asi por Berlín. saludos y gracias por tus animos y la visita a mi blog

  3. Que bien que bonito debe ser, que ganas tengo de que lleguen mis vacaciones y poder disfrutar de momentos asi por Berlín. saludos y gracias por tus animos y la visita a mi blog

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *