Tarazona II

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Al salir de la función decidimos ver un poco de esta preciosa ciudad mudéjar.
La indicación era seguir el río. Siguiendo la lógica de que en todas las dobles vías el carril de la derecha es para ir y el de la izquierda para venir. Nos metimos…en dirección prohibida. De frente un coche. De la guardia civil. La mejor sonrisa (era guapo el chico, no era solo por evitar la multa) nos reparó una agradable sorpresa.
-¿A la plaza vieja de toros? Giren! Sigannos que las llevamos.
¡Guiadas por la guardia civil, que amablemente se despidio al dejarnos sanas y salvas en el aparcamiento del casco histórico!
Es una plaza, restaurada, hermosa, que desde el comienzo ha estado habitada.
Las sábanas a cuadros le daban el toque de realidad. De vida. Dentro, si te parabas en el centro, tenías la sensación de que el cierzo te traía al oído, los runrunes de los abanicos y los fru-fru de las faldas, mientras alli, tal vez en ese mismo sitio, una mirada clavada a tiempo, se transformaba en la eternidad efímera de la gloria de una oreja.
Luego el viento volvio a soplar y los aplausos se perdieron por la judería, o se dormían en misa en la catedral.

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