Té de amigas

Posted by Sole on Jul 23, 2015 in Diario |

Llega el cartero y entrega un paquete atado con cordel y con una etiqueta que comienza “Ilustríssima Senhora”. El nombre que aparece como remitente, me hace sonreír. Es Luisa, la Luisa de Lisboa. La conocí en Guadalajara hace unos años, integraba un grupo de portuguesas entusiastas del Maratón. Sus cabellos tan blancos, sus ojos claros y su andar ágil atraían la mirada. Años más tarde quedé a dormir en su casa, en Estoril. Recorrí encantada sus porcelanas, sus copitas de oporto, sus libros en distintos idiomas, sus obras de arte. Éste año al volver a Terra Incognita, volví a dormir allí. Noche a noche zigzagueamos a velocidad increíble por las calles olissiponas. Me despertaba por las mañanas con música clásica y una mesa, con fruta, tarta de pollo, queso fresco y conversación pausada. Despacio comenzamos a transitar por los caminos de la otra, amores, maridos, viajes. Delante de mis ojos pasaron casas grandes, aldeas, continentes. Sus ojos solo se empañaron recordando a esa hija que marchó antes de tiempo. Cuando le conté que buscaba un té que me gustaba mucho, no dudó en parar en cada tienda que pillábamos de camino al centro. Increíblemente, no conocía el té de hierba mate tostada.
Cuando hice las fotos para el libro de Gastronomía Conventual, me encontré en el convento de Monforte una serie de extraños cacharros, al preguntar, me dijeron que eran del tiempo en que las monjas tostaban hierba mate para vender en Portugal. Meses después en una tienda cerca del elevador de Santa Justa, enocntré el mentado té y me traje un buen paquete. Acabadas las existencias, me prometí que en este viaje reponía existencias. Sin embargo, no dimos con él. Había sitios en que ni le conocían. Ya de regreso, andando por la huerta, atando tomates y recortando flores amarillas, sonó el teléfono, del otro lado la alegre voz de Luisa, que había puesto en movimiento su curiosidad y luego de marcharme se había ido de tiendas hasta que dio con mi “chá” Me avisó que tardaría unos días, porque sus jóvenes 76 años se iban a Alentejo al festival de jazz que organiza su hijo (temblé visualizandola con su coche a la velocidad-Luisa).
Ahora, aqui a mi lado, tengo mi taza favorita entre las manos, cierro los ojos y me dejo inundar por el aroma que me lleva de viaje desde una sala de convento, a una tienda repleta de latas con etiquetas blancas, al balcón de Estoril que se asoma al Atlántico, ese mar que me deposita entera en el recuerdo de una cocina de leña donde ardía la olla en que mi abuela preparaba el mate cocido de las tardes de verano. Querida Luisa, me has regalado horas de viajes por el mundo de los recuerdos mas dulces. Y eso es impagable. No sabes el abrazo que estoy ensayando, para cuando te vea.

Luisa en un Consultorio de cuentos. Fotografia de Antonio Flor

Reply

Copyright © 2018 La Caja de los Hilos All rights reserved. Theme by Laptop Geek.