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Alegrías

Publicado por Sole el 22 May 2018 en Diario

Leo prevenciones, precauciones, prohibiciones, prejuicios, postjuicios, ausencia total de ponerse en el lugar del otro aunque sea un ratito y doy una vuelta por el barrio buscando una estampa que me reconcilie con esa parte optimista y entonces me cruzo con los ojitos juguetones de un abuelo que abre la bolsa de tela bordada y muerde la codia, el codito del pan y lo saborea lento mientras sus pasos pequeños y rápidos se llevan su sonrisa pícara. Esa que me regaló haciéndome cómplice. Y entonces la fotocopiadora ya no suena a máquina sino a primavera, esa que hoy a la tarde con Vivaldi de la mano llevaremos a la sala infantil del hospital. No se si mi estómago necesita pan, pero mi corazón, que bailotea con una melodía de las Oshun, sí que necesita hincar el diente en corteza tibia. Y la niebla desaparece y como en la maravillosa foto de Willy Ronis, la acera es una autopista por donde la alegría simple, se perfuma de pan.

 
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Enciclopedia

Publicado por Sole el 20 May 2018 en Diario, Mis libros

“Con agua y jabón se intenta eliminar de las piedras el persistente olor a naturaleza que, insistentemente, se mantiene aún después de un largo viaje en tren, de la subida en el moderno ascensor y de la llegada al nuevo apartamento.
Con esta compra amenazamos con empezar una nueva vida-debes recordártelo-,pero ese olor a bosque que tiene la piedra nos tranquiliza, exigiendo la brusca y justa reducción de las expectativas.”
Gonçalo Tavares. Enciclopedia. Xórdica Ediciones

 
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Cuando el verano era azul

Publicado por Sole el 14 May 2018 en Diario

Cuando las tardes eran un campito inmenso, que terminaba su existencia con la puesta del sol, la televisión era cosa de una hora delante de la pantalla y una semana en la memoria.
En el barrio no todo el mundo tenía tele y mucho menos en colores, esa rareza quedaba para unos pocos.
Así que el salón pasaba a ser territorio compartido y entre vascolet, risas y un poco de bizcochuelo casero, pastaflora o tortas fritas, la platea se armaba en un plis plás.
Los más pequeños, sobre los regazos de los más mayores y así se optimizaba el lugar y se apañaba cariño, que de eso, nunca se va sobrado.
Tampoco es que la programación fuera muy extensa, la infantil, la que pasaba la censura de mi madre, más bien escasa.
Así que el año que todo el mundo, pequeños medianos y mayores nos enganchamos a Verano Azul, las semanas se alargaron en la espera de cada nuevo episodio.
La veranitis corrió por el barrio y nos puso a todos a silbar.
Nos enamoramos alternativamente de Pancho y de Javi y como quien no quiere la cosa, nos asomamos a despertares de la piel, casi que a la vez.
Cuando un beso era un no saber que hacer con la boca, plastificamos una foto de Javi y lo tuvimos de sparring a la sombra de las madreselvas, una tarde entera.
Cuando años mas tarde compartimos representante, casi muero de vergüenza al saludarle en un cruce de ciudades él a un teatro y yo a otro.
Solo me perdí un capítulo, el de La Burbuja, que gracias a youtube vi mucho años después.
La culpa fue del entusiasmo conque jugábamos al escondite.
Ya hacía muchos años que el juego estaba instalado, así que buscar lugares que no conocieran los demás era tarea casi imposible. Hasta el año que Juan el carpintero amplió el negocio y a la tradicional hechura de muebles, se sumó la de ataúdes.
Con su hija nos metimos dentro de uno que estaba casi terminado, allí nos morimos de risa un rato, y contamos los minutos y los pasos cada vez que sentíamos que alguien se acercaba.
Finalmente los demás se cansaron de buscar y se fueron a otro juego.
Pero una cosa era entrar en el ataúd y otra muy distinta salir.
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Carne nada más… y todo a menos

Publicado por Sole el 7 May 2018 en Diario

Carne, nada más y todo a menos.
En la prehistoria de mi vida, tres hombres, un célebre actor, un escritor premiado y un director debaten a los postres en que momento empieza a oler mal una mujer. El actor dice que después de los 30 el escritor que a los 18. El director, supongo que por estar yo presente, calla.
En la historia de mi vida:
Hace siete días. Verbena a 1500 metros de altura en un pueblo donde el número de hombres solteros, preocupa a los mayores. Tanto que fletan un autobús de esos de mujeres para que se emparejen con los lugareños. La mujer que lo cuenta comenta como la cosa más normal del mundo, el resultado:-Pobrecicos míos, les hubieras visto la cara, cuando empezaron a bajar, todas en la cuarentena con apenas un par de horas de uso!
Hace cinco días. Entran decenas de adolescentes al teatro, converso con los profesores sobre los capítulos del Quijote que conocen los alumnos, pasan delante de nosotros tres chicos discutiendo de ésta guisa:-No es no, pero puede ser si, que a las tías les mola mogollón decir no, pero es si.
Hace cuatro días. Comentando con un compañero, culto, sensible, nada machista a merda de la sentencia de La Manada, me decía con toda buena intención:- y tu ya puedes andar tranquila de noche por la calle, pero imagina todas las chavalas?
De triste común denominador, el concepto mujer-carne.
Carne joven que huele bien, carne joven que se reproduce, carne que no sabe lo que quiere y tiene que decidir otro por ella, carne que ya no es apetecible y puede andar por la calle de noche que ya no es violable.
Y en dos de éstas anécdotas hay un fondo de cierta buena intención, en una de devolver la vida a un pueblo, en la otra de tranquilizarte. Pero ahí está el problema, yo no quiero caminar tranquila por las noches, porque ya tengo una edad, quiero que podamos caminar todas, sin importar los años que tienes, ni el aspecto que gastas.
Un pueblo no vuelve a la vida porque lleguen mozas sanas y robustas a parir niños y a cuidar casa y hombres solteros.
Tenemos un problema grave en una sociedad que por un lado te ve peligrosa como trabajadora si estas en edad de parir, pero te descarta si ya no tienes edad fértil. Rozamos la enfermedad mental si un chaval de 16 años entiende que el no, puede ser un si; si otro viola y mata una mujer que da un paseo a pleno día y acusa a su padre, si un grupo de hombres comenta en el bar que hay que andar con ojo a la hora de ligar porque una tía (no su actitud) les puede llevar a la ruina.
Como much@s de vosotr@s llevo diez días en shock, con un sabor metálico en la boca que me amarga todo lo que como, bebo o digo.
Y lo siento por aquell@s que éstos días me dicen que hay que pasar página, porque ésta página de la historia, está mojada, empapada de lágrimas de rabia, frustración y dolor. Y pesa, pesa tanto que no consigo disfrutar de éste sol que por fin ha venido.
Yo que renazco cada vez que toco la tierra, empecé la huerta, el jardín y no fue como otras veces. No hallé consuelo, no sentí como cada año que mi centro vuelve a su centro con el olor de la hierba recién cortada, de la tierra recién abierta.
Hoy me duelen los dedos, éstos que la artritis está deformando, de tantas raíces muertas, de tantas hojas secas que arranqué éste fin de semana. Necesitaba, necesito, sacarme de dentro toda ésta angustia. Arranqué con rabia cada mala hierba, como si en ese gesto arrancara, tanto mal.
Decía el jueves negro de la sentencia, Tamara Montero, “estamos solas, pueden hacer con nosotras lo que quieran” y lloré con sus palabras.
A la noche en la manifestación, sentí que no, que somos muchas, pero con el correr de los días, veo que somos muchas, pero no suficientes. Que tenemos que ser más. Que no alcanza con salir a gritar en la calle, que igual va siendo hora de poner, como se dice en Uruguay, toda la carne en el asador. Porque si como carne nos tratan, carnívoras toca ser. Hay quien dice que no hay que ir a los San Fermines, pues no vayamos, y si hace falta, éste verano desaparezcamos de todas las verbenas, fiestas, saraos donde gastamos, dejamos nuestro dinerito, nuestros impuestos, nuestro aporte.
Dejemos de comprar una semana entera, un mes, lo que haga falta, démonos de baja de la seguridad social un mes, no compremos esos vestidos, zapatos o lo que sea, que supuestamente provocan a los hombres a ser bestias… Que nos maten o violen, parece no importar, pues a dar donde duele, en sus números.
Hacía años que no decía el monólogo de la pastora Marcela, como el otro día en el teatro, nunca sentí tan necesario como el viernes a la tarde, contar O libro dos porcos de Anthony Browne, porque aunque haya que repetirlo millones de veces, el camino sigue estando en la educación. Aunque reconozco que estos días, y espero que se me pase, el cuerpo me pide arrancar de raíz unas cuantas malas hierbas.
Por si acaso ayer, me coroné de maios, por ésto de ir espantando males, que no soy de caracter oscuro, pero éstos días señores, más vale que no me toquen, porque ando que muerdo. No se si me entienden?
Buen lunes.

 
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23 de abril Día del Libro

Publicado por Sole el 23 Abr 2018 en Cuentos, Diario, Mis libros, Uruguay

La señora Mary no era precisamente guapa, sus enormes ojos verdes, eran más enormes detrás de sus gafas.
Cuando te miraba, te hacía una radiografía completa.
Llegué a creer que era capaz de detectar restos de polvo en tus rodillas o de vascolet de chocolate en tus dedos, cuando desde detrás del mostrador te pedía el carnet de la Biblioteca y mientras fruncía los labios te daba permiso para entrar en su reino.
Metros y metros de pasillos con libros y más libros. Aunque las estanterías llegaban al suelo, desde el mostrador y sin cámaras de seguridad, sabía perfectamente si estabas en la zona de los libros de tu edad o te habías colado en la que “no te correspondía”
Yo tenía el carné número 41 y mi tarjeta de socia se llenaba con rapidez.
Desde el día que con poco más de tres años, aprendí a leer en aquel libro de portada celeste y blanca “Maracaná, gloria de un pueblo” no había parado de decodificar todo lo que se me pasaba por delante.
Y Mary, mi bibliotecaria, fue un faro de luz firme en aquel deambular maravilloso.
Mi padre me llevaba dos veces a la semana.
En el trayecto de ida a la biblioteca, poníamos puntos a nuestras lecturas, a la vuelta, cargados de páginas desconocidas nos adelantábamos a la aventura con absoluta alegría en disparatadas hipótesis que luego la lectura desmontaba.
Mientras yo decidía que llevar, mi padre intercambiaba comentarios de libros con la señora Mary, y así descubrí su belleza. Su rostro se transformaba al hablar de libros.
Su voz danzaba, sus manos aleteaban en el futuro.
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Cripta Monasterio de Leyre

Publicado por Sole el 15 Abr 2018 en Diario, Mis viajes, Navarra

Parece ser que a Virila, le traía por el camino de la amargura el asunto de la vida eterna en el cielo. No me he podido enterar que cosa exactamente , pero lo cierto es que el hombre no hallaba solaz ni caminando por la preciosa sierra de Leyre.
A un lado de la cripta románica, tenía el abad un pasillo de arcos robustos que lo conducían hasta la salida sur del monasterio y desde allí se perdía por los campos y sus pesares. Un día escuchando un ruiseñor, se quedó embelezado y el tiempo se le fue en suspiros.
Al regresar no le conocía nadie, ni él conocía a quienes le salían al paso, solo las piedras de la cripta seguían siendo las mismas. Ese bosque de columnas que fueron levantadas para sostener la iglesia allá por el siglo IX. El problema era que habían pasado 300 años del paseo con el ruiseñor.
Donde estuvo, no se sabe.
Dicen las crónicas que se adaptó perfectamente y así vivió hasta el fin de sus días.
Tengo para mi pensar que tal y como somos las personas, es lógico que aunque pasaran tres siglos, no encontrara diferencias, porque visto lo que vemos, la estupidez y la sinrazón humana es de lo poco eterno que vemos por aquí.
Y así vamos soltando armas químicas sobre inocentes, machacando al diferente, idiotizándonos como si hubiera otra oportunidad mañana.
Será que era en abril el ritmo tibio, o la cabeza que me anda furrulando raro que no me importaría dar un paseo para saltar en el tiempo. Aunque menudo chasco si a la vuelta siguen los mismos dando la tabarra.
Es que hay xentiña que resiste más que el románico de Leyre, hecho en piedra caliza con cuarzo y hierro.
Por si no conocen, para que vayan y vean lo que yo he visto.
Cripta románica-Monasterio de Leyre-Navarra

 
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Puente de Arnuide

Publicado por Sole el 9 Abr 2018 en Galicia, Mis viajes

Andaba yo acompañando a Gago en su teima de romanos, digo suya porque a mi o por cosas de las matinée de los domingos o de los leones devora mártires que sufrí en la catequesis, como que no me son simpáticos.
Me refiero a los romanos que hace 2000 años se patearon Europa caminando de sandalias, capas al viento y cascos dorados, no de los de ahora que con Sorrentino a la cabeza me caen muy bien.
Que digo yo que aquellos, desapercibidos no pasarían con toda esa hojalata reflejando por lo alto de los montes.
Lo cierto es que con la de cosas maravillosamente fotografiables de éste país, a Gago se le ha dado por pedirme imposibles. Que si la foto de la decumana o de la porta sinistra, que si el terraplén o el foso… Y todo hay que decirlo hay que echarle mucho ojo para detectar como éste toxo se eleva treinta cm sobre el otro y como la castra evidencia la curva de la torre :O
Yo le digo sí y disparo en raw que luego algo siempre sale.
Que no imaginen unos Aquas Querquenis con sus muros y saunas y valetudinarium, no, son campamentos de paso, de esos que si quedó una tachuela, ya hay una fiesta.
Así que para compensar intenta siempre que en medio haya algo que me entretenga.
Y así estoy con éste puente de Arnuide o Penadiz, que cruza el río Arnoia perteneciente a la ruta romana XVIII de Antonino. El que se conserva en la actualidad es un puente medieval. Y así os lo cuento para que quede constancia y si por ahí van, vean lo que yo vi.
Que bonito, estaba, y si es en romería allá por agosto, supongo que mejor.
Hala hacia Dorneda que en la Biblioteca hoy recibimos a los bebés.

 
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Ermita de Santa Comba-Covas

Publicado por Sole el 7 Abr 2018 en Diario, Galicia, Mis viajes

Cuenta la leyenda que Santa Comba antes de ser santa era bruja. No he podido saber si para bien o para mal, pero lo cierto es que un día por iluminación divina, acompañada de su hijo San Silvestre, llegó en una barca de piedra hasta “Ila do Medio ” y allí en el antiguo castro se instaló para pedir perdón por sus actos.
Hay quien dice que ella hizo levantar la ermita allá por el siglo XII, aunque otra leyenda dice que la ermita, fue levantada por los marineros que corriendo peligro sus vidas contra los peligrosos acantilados, al encomendarse a ella y salvarse, mandaron construir la iglesia.
Como sea a día de hoy quienes han llegado hasta la Ermita han visto la barca de piedra, con la que todo santo o santa que se precie, llega a destino,dormida entre las hierbas.

La marea estaba alta y la escalera por la que se llega a la ermita está rota y no andaba con cuerpo como para colgarme de una cuerda, así que me deleité con la inmensa playa.
Un paisaje maravilloso, con la música del mar contra la arena y las rocas.
En la parroquia de Covas (San Martiño) lugar de Covarradeiras Ferrol.

 
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Ombligo

Publicado por Sole el 1 Abr 2018 en Cuentos

Cuentan que debo la salud de mi ombligo a un árbol.
Parece que pasaban los días y el meollo no caía y ya andaban tías y vecinas preocupadas por esa parte de la anatomía que auguraba hernias, deformaciones y varios males, si no lo resolvíamos bien.
Mi padre consultó con su madre, la india que lo crió, no la que lo mandó a los galpones y ésta le dio el nombre de una señora que tenía buena fama de curandera y allá que me llevaron.
Cuentan que dibujó mi pie en la corteza de un árbol nuevo. Luego giró conmigo alrededor tres veces recitando un verso que solo ella sabía.
Así durante tres días.
En el último mi padre tuvo que plantar un árbol en la casa de ésta señora y cuando llegamos a nuestro hogar , al cambiarme el pañal y levantar el ombliguero, el asunto estaba resuelto.
El árbol con mi huella, durante los tres días, se fue secando, hasta morir.
Siempre he sentido una mezcla de gratitud y culpa cuando me miro el ombligo, e intento consolarme, pensando que el que plantó mi padre, aun hoy crece lozano.
Lo cierto es que incluso hoy, que ando con el corazón alborotado de tantos abrazos, cuentos, prisas, risas, necesité un rato en la carretera. Un alto.
Me desvié por una senda y dejé que mi mano se deslizara lenta por la corteza que empieza a reventar de primavera.
Y una vez más comprobé que por más años que pase, sigo en deuda, porque mi respirar entero se lo debo a los árboles.
Eso y el mirarme poco el ombligo.
Buena noche, buen soñar.

 
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Viernes Santo

Publicado por Sole el 31 Mar 2018 en Cuentos, Diario, Una historia

Quizás leer el Sostiene Pereira que Pierre-Henry Gomont ha creado para Astiberri, no es la mejor idea en un viernes, donde como decía mi abuela, los diablos andan sueltos.
Se mezclan en mi cabeza aquellas mañanas de casa en silencio, con el estruendo de la lluvia de hoy en los tejados de Santiago.
Será que igual que en mis recuerdos, la casa huele a bacalao con porotos y arroz.
Nunca me puse a corroborar si lo que mi abuela decía, pasaba en otras casas, al fin y al cabo eran tiempos en que el mundo era tan grande como el portón de la casa dejaba que fuera, pero lo cierto es que el viernes santo generaba en mi un miedo atroz.
Nos tenían prohibido barrer el patio o la casa, porque los diablos, eran los dueños del mundo ese día.
Yo que siempre fui de imaginación desbordante, veía detrás de cada maceta, árbol o piedra un tipejo de cola ensortijada que me haría alguna maldad.
Pero todos los sustos se me iban del cuerpo cuando anunciaban la comida.
Así como no me gustaba nada el olor del bacalao que inundaba todo el aire, en el plato me sumaba a la legión de la Mama.
La segunda suegra que tuvo mi madre.
Era diabética, así que la comida se la regateaban bastante. Un par de veces al año le dejaban romper la estricta dieta , una de ellas era con al arroz con bacalao del viernes de semana santa. Y una naranja de postre, al sol con el pañuelo en la cabeza para evitar resfriados.
Mientras le servías su frase era “poquito que no se vuelque” y luego se dedicaba con devoción a la cuchara.
Recuerdo un año, en que la Mama se ausentó de la mesa. La empezamos a buscar y grande fue nuestra sorpresa cuando la vimos con sus ochenta largos, dando saltos en el patio.
Cuando le preguntamos que hacía, con sus ojitos pequeños de arrugas explicó que estaba haciendo sitio para que le entrara otro poquito.
Nosotros aprovechamos las risas para escaparnos a las fiestas, que en mi ciudad natal, la semana no es santa sino de la cerveza, pese a las protestas de los beatos que se escandalizan por los conciertos y litros de alcohol que se vende.
También le llamamos semana de turismo, pero a mi madre no le gustaba que le llamáramos así. En una semana de esas, en que todo el mundo dejaba la capital para ir a algún sitio, sonó el teléfono y avisaron que el camión donde iba mi hermano y más gente del pueblo de mis abuelos a un partido de futbol, había tenido un accidente.
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