Memoria chiquita

Posted by Sole on Jul 2, 2016 in Diario |

Mi infancia tiene una imagen imborrable, una mesa larga, compuesta por muchas mesas traídas de distintos comedores. Cada una de ellas con su mantel y sus platos y sus cubiertos y sus vasos. Lo de las copas no era conocido por mi tierra aquellos años. Una mesa irregular que reunía decenas de tíos, tías, primos y allegados.
Recuerdo pasear mi mirada a todo lo largo, intentando entender cada conversación, risa, cuchicheo, entrelazamiento de manos, abrazos, coscorrones…
Luego tocaba fregar, en el piletón. Las ollas de agua caliente y la barra de jabón Bao que se afinaba en la infinidad de loza usada para la celebración.
Cada prima mayor era la encargada de ir apilando y clasificando platos y cubiertos para que cada quien se llevara lo suyo a casa.
Así hacíamos las fiestas, de cada pueblo un paisano, decía mi abuela.
De cada casa lo mejor diría yo.
Ayer a la mañana al sol, fui relavando los platos que en la madrugada del cumpleaños de Manuel, “enjuagaron” Avelino, Miguel y Elixio a golpe de manguera, risas y fairy.
Platos con flores, con figuras, rojos, blancos, azules, de borde liso o irregular.
Pero algo llamó mi atención, unos platos de pirex, naranja.
Alguien, creo que Eixil, me preguntó por ellos durante la cena.
Cuando compramos la casa, nos la encontramos tal y como la dejara el señor mayor que allí vivía y que había fallecido pocos meses antes. Algunos familiares, habían llevado nevera, televisor, calentador de agua y unas tuberías de cobre. Los cajones estaban revueltos, pero en los armarios, la ropa, las medicinas, las fotos, estaban ahí.
En la palleira las herramientas y en la cocina los platos, las ollas, el aceite, la sal, el azúcar. Un paquete de arroz mediado, un bote con garbanzos y unas galletas.
Nadie recogió lo que “no tenía valor”
No conocí al señor Elías, pero ahora levanto un sueño donde en algún momento él tuvo los suyos.
Cavo la huerta con sus herramientas y he mantenido sus fresas y sus parras.
Metí en bolsas su ropa, su colchón, sus libretas de pagos a la funeraria, en silencio. Y llevamos todo a un punto limpio, en silencio.
Guardé en un cajón, algunas fotos, un reloj sin pulsera y un pequeño rosario. Incluso una nota a lápiz en la pared, que reza, canal 32- Discovery
Y sus platos estos que ahora llamarían vintage, han estado de fiesta en la mesa larga que se armó el otro día para celebrar la vida de Gago.
A veces ando por la casa y tengo la sensación de que está a la sombra, con su bastón, dando el visto bueno al corte de la hierba, o al crecimiento de los tomates.
Nadie me cuenta mucho de él, parece que era un solitario, sin embargo al ver sus platos mezclados con los de Pilar, los míos, los de Tere, tuve la sensación de que ahora le gusta como se ve su casa.
Que disfruta viéndonos leer, cantar, sembrar, amasar
Debajo de una piedra, detrás de un cabecero de cama, un día encontré un puñado de viejas pesetas, su tesorito. Ahí sigue, como sigue, quiero creer su vida, un poco más. Vivimos mientras nos recuerdan, nos hablan, nos piensan.
Me gusta pensar que esa memoria chiquita que tenemos todos, en forma de cosas cotidianas que nos identifican, late, cuando dejo correr el agua fresca del manantial de la casa.
Esa agua que ha lavado todos los platos que compartimos con alegría hace unos días.

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