El Conventillo

Posted by Sole on Sep 3, 2010 in Uncategorized |


Mediomundo montevideano

De pequeña mi padre me solía llevar a escondidas de mi madre, a visitar unos parientes. Me gustaba tanto ir, que aprendí a mentir muy bien, cuando al volver a casa Beatricita interrogaba.
Ibamos al Mediomundo y esa sola palabra despertaba en mi, mariposas de colores. Allí vi por primera vez templar los tamboriles, todos acostados en el suelo, formando un sol alrededor de la fogata. Allí escuché mis primeras historias del Tutú Marambá.Allí bailé mis primeros candombes.
Cuando años mas tarde, como buena estudiante del Río de la Plata me leí las obras de Florencio Sánchez, al memorizar el Desalojo, o El Conventillo para representar las obras en el taller de teatro, no podía evitar imaginar los diálogos con otras pieles muy distintas a las que hablaba el autor. Para Florencio, el Conventillo era territorio de italianos, casi todos napolitanos o piamonteses que llegaban a Montevideo y se hacinaban en grandes casas o Petit Hoteles venidos a menos. Para el autor y para la realidad, ya que por aquel entonces el Uruguay recibía barcos llenos de italianos que huían de sus asoladas tierras para labrarse un futuro, para hacerse la América. Eran los gringos.
Las antiguas habitaciones, enormes y de altos techos que otrora cobijaran a una dama, a una pareja o a un elegante caballero, ahora reunían en el mismo espacio y con divisiones imposibles hechas con cortinas, sábanas viejas o nada, la intimidad de padres, hijos, tíos, sobrinos, nietos y abuelos.
En invierno se calentaban todos alrededor de un mísero brasero que enrarecía el ambiente y enturbiaba bronquios, en verano, el tamaño les lanzaba a las calles, a las ventanas, a los balcones desconchados, donde se instalaban sillas de tres patas o colchones de lana.
La ropa se colgaba donde se podía. Casi siempre hacia la calle. Las peleas estaban a la orden del día y por cualquier cosa se sacaba el facón y había cortes y gritos.
Viendo Nápoles , entendí aquel Montevideo, aquel Buenos Aires, tan lleno de gentes que hablaban en cocoliche, aquella lengua mezcla de italiano y español. Una horda de mujeres que lavaban en piletas de hormigón, de niños que vendían periódicos, los famosos canillitas que voceaban la actualidad en las esquinas, de hombres que hombreaban en el puerto, o se iban al campo, mapa inmenso que florecía generoso en las manos rudas de aquellos tanos que dejaron en el paisito, sus comidas, sus costumbres, su sangre.

Conventillo de comienzos de siglo

1 Comment

andi.es
Nov 17, 2010 at 11:12 pm

barrio sur casas pintadas, de colores diferentes, hoy entré a tu conventillo…lindos recuerdos me evocó esto


 

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