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Placeres baratos

Publicado por Sole el 22 Sep 2010 en Italia, Mis viajes, Uruguay

Aunque tal vez debería decir económicos. Mas que nada por esa cosa despectiva que casi siempre conlleva una palabra tan sonora. Pero económico tiene mas que ver con lo que exige poco gasto, y tampoco se trata de eso.
Pero menos aún puedo adjetivar caro en su acepción “que excede mucho del valor o estimación regular”, porque creo que si hubiera que pagar por ello, nunca seriamos justos.
Asi que me quito el resquemor de educación cristiana y dejo lisa y llanamente de título, placer.
Gusto del pequeño, mediano y gran placer. Lo disfruto sin más. Sin cuestionarme si me lo he ganado o no.
En la cocina tengo una pizarra donde voy escribiendo frases de vez en cuando, en la ilustración simil años 50 que la encabeza, una mujer se quita el delantal y grita :”one more job to do and it’s gin and tonic time”
No es que me tome siempre un gin tonic, de hecho cuando me regalo entre cacerolas algo distinto a una copa de vino, suele ser un martini, pero lo que importa es la pausa, el momento en que los labios saben a silencio en medio del líquido fresco. Es entonces cuando uno sin tener explicación o motivo aparente, cierra los ojos, suspira y se deleita.
Suele venir una imágen, generalmente de un placer anterior, o a veces de uno soñado y en el regodeo, uno alarga los minutos.
En agosto, la noche de llegar a Sicilia, tuve la suerte de vivir uno de esos momentos que al pasar los años recuerdas en el borde de la lengua y llevas a pasear por el corazón.
Algo que comenzó con una huída en busca de silencio, se transformó en una joya.
Carlos Caillabet en su libro “Un pañuelo rojo en la memoria” habla en un texto precioso, sobre los placeres que por ahora son gratuitos, que no baratos. De vivirlos antes que alguien los privatice.

Dormir por la noche en el camping era casi una tarea titánica, asi que cansados huimos a la playa, donde desde hace horas no hay nadie.
No recuerdo los años que hacía que no dormía con el cielo como techo.
De fondo las olas del mar eran el arrullo necesario para que los párpados se quedaran lentamente cerrados. El siroco daba pausa y traía suave brisa, por momentos fresca por momentos tibia.
Fue en el verano de mis doce años la última vez, ahora lo recuerdo. Verano de todos los primos en casa de la abuela. Verano de viento norte que a todos nos traía “abombados”.Un círculo de catres y dentro una suerte de cama de diez colchones en el suelo, donde los niños, unos con los pies para un lado y otros para el otro dormíamos vigilados por las tías y los tíos.
Las primas mayores tardábamos un poco en conciliar la dormidera, perdidas en sueños de primeros amores, mirábamos el firmamento oteando una estrella fugaz que nos concediera deseos.
Los paraísos, esos árboles de sombra fragante y generosa, abanicaban el aire. A la derecha, los montes de Haedo vigilaban.
En Catania, varios veranos (cuantos!) mas tarde, el Mediterráneo era un paraíso y el Etna a la izquierda era vigilado.

 
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Ciencia Ficción made in Uruguay- Un ataque de Robots

Publicado por Sole el 11 Nov 2009 en Diario, Uruguay


Federico Alvarez tardó 6 meses, se gastó 300 dólares, enredó a seis personas mas para el trabajo en 3D y 50 extras para las escenas de pánico por 18 de julio.
Los gigantes atravesando el Miguelete, la Ancap, la batalla de los Pucará, la Torre de las Comunicaciones, el Palacio salvo y la Intendencia volando por los aires!
Excelente trabajo que ojalá tenga continuidad y un buen guión. Uruguay tiene muchas historias reales que podrían ser ciencia ficción.
Vía Gago desde Freeway

 
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Día de luto para la memoria

Publicado por Sole el 26 Oct 2009 en Diario, Uruguay


Ha triunfado el “no fue conmigo” ha triunfado el bajar las persianas, cerrar las cortinas, tapar los oídos, las boca y los ojos a lo que pasaba alrededor. En ésta madrugada, intentaba seguir por la red (lamentable cobertura que merece otro post) y fui testigo muda y asombrada de los resultados.
Uruguay tenía elecciones, y además dos plesbicitos, uno para permitir el voto a los uruguayos del mundo, y otro para derogar la ley que dejaba impunes a los torturadores y asesinos de la dictadura militar de los setenta.
Ésta última, era para mi, la votación mas importante. El que esos canallas, paguen por fin sus crímenes. En que esos chacales de la sonrisa de misa encubridora, de actos de escuela con desfile, de día de reyes con regalos, por fin entraran entre rejas. No para sufrir lo que sus víctimas, sino para liberarnos a los demas de su insana presencia en el mundo de los libres.
Porque lo que ellos hicieron, no se puede olvidar ni perdonar. No hay pretexto, justificación o disculpa posible.
Quien desnuda a una persona, por dentro y por fuera y la somete a las mas profundas humillaciones, violaciones y deleznables dolores, no merece el olvido, como si de una falta leve se tratara.
Porque detrás de los aullidos de dolor, de las gargantas ahogadas en barriles de excremento, de la sangre, de las picanas eléctricas, de las uñas arrancadas con tenazas, de los potros, de las cuchillas que se clavaban en los intestinos o las ratas que se metían en úteros, hay nombres. De hombres y mujeres, hay nombres, hay caras, hay miradas que se nublaron por siempre.
Hay mentes que no soportaron y se perdieron, hay vidas que se secaron. Hay personas que aunque retomaron su vida y su lucha, tienen una Estigia en el alma por siempre.
Por todos ellos y todas ellas, había que tener memoria. Por las abuelas y madres que pasearon y pasean las fotos de sus hijos y de sus nietos, de sus hijas y de sus nietas, había que decir basta.
Por la Tota Quinteros que se murió sin saber de Elena, por Zelmar, por el Toba, por amigos como Perla o Pacho o Jorge o Carlos o tantos con los que lloré escuchando un día sus relatos.
Porque no puede haber ni perdon ni olvido, para manos tan ensangrentadas que hoy andarán por las calles del país y te saludarán y me saludaran y nos dejarán a todos manchados.
Porque aunque creamos que lo que pasó es solo cosa de unos pocos miles, lo que ha pasado éste domingo es cosa de todos los desmemoriados.
A las familias de desaparecidos y torturados, a los desaparecidos y torturados un abrazo desde la vergüenza. A redoblar esfuerzos. Ustedes son maestros en el arte de la lucha y la templanza.

Nota: Durante la Dictadura Militar, el Plan Cóndor, se dedicó a perseguir a los uruguayos por gran parte de América Latina y de llevarlos a cárceles clandestinas de Uruguay. Decenas de miles fueron torturados salvajemente. Decenas murieron, en las salas de tortura y en años posteriores por las secuelas. 210 uruguayos, permanecen desparacidos.
Fuente- SERPAJ

 
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Exhibición de Los narradores del Caraguatá

Publicado por Sole el 6 Oct 2009 en Diario, Uruguay

Mañana 7 de octubre en el Salón de Actos Instituto de Estudos Galegos Padre Sarmiento
San Roque,2. Santiago de Compostela se proyectará éste documental.

Un film elaborado en el marco de los proyectos de cooperación científica que el LaPa – CSIC mantiene con Uruguay desde hace varios años.
Documental que refleja las visiones de los pobladores locales acerca de los Cerritos de Indios de Tacuarembó (Uruguay) y las articula con la vida actual de estas zonas rurales. Proyecta distintas voces sobre el pasado, la historia nacional y patrimonios ausentes. Se trata de una expresión artística construida a partir de una investigación arqueológica y antropológica. Es el reflejo de las relaciones culturales con el territorio a partir de nuevos procesos de empoderamiento del patrimonio local, vinculados a los problemas del despoblamiento rural. El documental invita a pensar desde otro lugar, emergiendo voces que no entraron en la construcción de la identidad oficial nacional.

PROGRAMA
20:00 – 21:00 h Presentación y proyección del documental
21:00 – 21:30 h Debate
21:30 h Brindis

La entrada libre.

 
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Plan Ceibal. Sembrando igualdad en Uruguay

Publicado por Sole el 1 Oct 2009 en Diario, Uruguay

Hace unos días leía un artículo de La Nación, que me llenaba de orgullo y alegría de ver que en en el país donde nací se hacía realidad una de las frases de Artigas mas repetida “Sean los orientales tan ilustrados como valientes”, se cumplía en cada uno de los alumnos y maestros.

Hoy en medio de una campaña electoral encarnizada y manipulada por una derecha que quiere volver al poder, un ex presidente que robó y vació las arcas del estado se atreve a hablar en contra de un sistema único en el mundo.
Un sistema que Tabaré a presentado en EE.UU y que muchos países quieren imitar.
Como decía otro artículo que leía hace unos meses: “tenía que ser un médico el que diera con la vacuna contra la epidemia”
La enfermedad, la ignorancia, el antídoto, un ordenador y conexión a internet para todos los escolares del país.
Drexler, le pone voz a la emoción.

Vía Brétemas

 
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Un puente de flores hasta Salto

Publicado por Sole el 1 Ago 2009 en Diario, Uruguay


No hay consuelo cuando el dolor llega a través de una línea de teléfono. Solo quien vive con el corazón partido, afectos de un lado y del otro del mundo. Sabe de que hablo. Esas llamadas que llegan a horas extrañas y esa voz que del otro lado, intentando hacerte el trago menos amargo, te da noticias que uno no quiere oír. Noticias que cuesta creer.
Ayer le pasó eso a Sergio, mi compatriota de Alpes franceses.
Imagino su dolor, esa confusión que a uno le invade cuando cuelgas, ese no saber en que dirección sacar las lágrimas que te vienen al cuerpo cuando te dicen que tu madre ya no sonreirá en tus regresos. Que ya no habrá mate con ella, ni paseo por el río, ni recorrido por la memoria diaria.
Cuando estás lejos, cuando no hay ni avión, ni tecnologías, ni nada que te ponga al lado de una tumba, a tiempo para un adiós, la despedida es mas larga, duele mas, el vacio es mas intangible, casi irreal. Pero está y uno carga con él con una leve esperanza en fondo, de que no sea cierto.
Desde aqui, quiero ayudar para que Sergio esté mas cerca de su madre, quiero construir un puente enorme y por el que se pueda correr rápido y dejar asi en las manos de Estela un ramo inmenso de flores. Una manera de que su corazón se pueda despedir.
Aqui va la mia.
Aqui hay otra.

 
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Isla de Lobos- Un sueño cumplido

Publicado por Sole el 26 Jun 2009 en Diario, Mis viajes, Uruguay


La Isla de Lobos es un parque Nacional que se ubica en una isla de 46 há, frente a Punta del Este. Visitarla había sido desde siempre un sueño. Normalmente mis fotos de naturaleza las publico en el Blog de AXENA, pero esta vez no me resito a enseñaros algunas. Si quieren leer sobre la parte “tecnica” de estos preciosos animales, vayan al blog.
Mientras termino de retornar a casa, les dejo estas imágenes.





















 
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Ceremonias de conversación

Publicado por Sole el 18 Jun 2009 en Diario, Epicúrea, Uruguay


Hay gente que me pregunta muchas veces, que tiene que ver mi pasión por la gastronomía y el hecho de ser cuentacuentos. ¿Cómo es que relaciono ambas? Muy sencillo, como alguien que siempre anda a la busca y captura de historias, leyendas y mitos de tradición oral (resumiendo mucho que no es día de tesis) me he dado cuenta que mientras se cocinó a fuego lento, en las casas se contó historias. Mientras las cocinas fueron reducto de vida cotidiana, los cuentos circularon de boca a oído. Pero con los años el espacio mínimo que nuestras hipotecas pueden pagar para el espacio culinario ha espantado a todos de ese lugar sagrado, que a duras penas hoy deja sitio a dos que se ponen codo con codo. Si a eso se le suma el hecho de que salvo algún cuento “Hormiga” de Juan Ramón, poco se puede contar entre el momento de encender el microondas y el clinc de ya está listo, tenemos así, un magro menú en palabras y en nutrición.
Salimos pues por la vida a comer fuera. En los dos sentidos. Los cuentacuentos en cierta medida nos transformamos en restaurantes donde la gente va a que le cocinen a fuego lento el alma, con historias y palabras que las prisas cotidianas nos dejan a dieta.
Tenemos así cuenteros burguer, fastgood, de comida casera, étnicos, tradicionales, de nueva cocina, que aparecen en guías con estrellas, algunos con mantel y copas finas, otros con papel a cuadros y vasos de vidrio grueso.
Con algunos pasa como cuando llegas a casa algún domingo y el aroma conocido te anida en tibiezas, otros te provocan e invitan a meterte en nuevos sabores. Los hay que preparan la misma receta, pero les sale tan bien que uno vuelve a ellos como a ese restaurante donde llevas a tus padres o a tus suegros, con la tranquilidad de que “no falla”. Están los que improvisan menús y son fantásticos alquimistas de los sabores. Los que te hacen relamer de gusto, casi chuparte los dedos, los que te dejan con hambre, los que empalagan, los ácidos refrescantes…y mas y mas sabores.
La mise en place de los cocineros es como nuestra preparación, se elige el producto, se le prueba, se le analiza, se le elabora y cuando se lleva a la mesa, así como nosotros estamos al borde del escenario, ellos están en la ventanita de cocina intentando leer en la cara del comensal, que pasa por sus sentidos.
Hay un momento mágico, cuando el sabor de lo que comes invade tu lengua, y baja por la garganta, dejando un mmmm por el paladar, la punta de los dedos, el iris del ojo y un silencio!
Con el cuento bien contado pasa igual, quien escucha pone a nuestra disposición su oído para que se lo salseemos, su corazón para condimentar y se deja hacer a la temperatura que requiera la receta y como se dice por el Río de la Plata, el público queda “adobadito como pal horno”
Estos días por la tierra de mis raíces me he reencontrado con dos ceremonias culinarias de las que aun permiten “aderezar” cuentos. El asado y el mate.
El mate, ésta suerte de regalo que los guaraníes nos han dejado, ésta calabacita tibia que pasa de mano en mano, que ceba el mas experto, el que sabe amontonar la yerba para un lado y girar la bombilla en el sentido justo para que a cada giro, haya un sabor nuevo.
Y entre mate y mate, la palabra se hace lenta, tiene la pausa del sorbo. La frase queda en la mitad, para chupar lento de la bombilla y el círculo de gente que tienes alrededor, no se pone a hablar de otra cosa, espera, sabe que la vida necesita la sabia del agua, un agua verde de los árboles que nos rodean. Cuando se escucha el ffsshht! del final, la frase sigue y el aire contenido en todos los pulmones sale lento y se sigue la rueda.
Así empieza la mañana del asado, a eso de las 10, se junta leña, se pone sobre la larga mesa improvisada con varias mesas de distintas alturas y coloridos manteles, los platos, los cubiertos, la sal, el adobo, el chimichurri, los morrones, la cebolla, las papas y los chorizos y si habrá parrillada, las tripas rellenas, los chinchulines, las mollejas, los riñones, las ubres. El asado lleva ya desde hace horas o desde la noche anterior a veces, con algunos ajos y ramitas de perejil “oreando”
Cada grupo trajo sus cosas, sus platos y cubiertos. El método de traslado es riguroso, se apilan platos, encima cubiertos y un paño de cocina envuelve todo anudando fuerte por arriba.
“El asador” va arrimado leñas a un fuego recién encendido donde ya la “tropera” calienta el agua para el mate. Alguien saca una botellita de arazá, o de caña con pitanga. Pa entonar la garganta que hace frío.
Y entre mate y mate se conversa, de la vida, de los que estamos, de los que ya no estamos. Hay risas, hay lágrimas. Alguien dice algún verso por Benedetti que ya no está.
Hora y media más tarde, ya estamos todos. A un costado del fuego, analizando la dirección del viento, se coloca la parrilla y un hierro largo con una vuelta en el extremo sirve para ir arrastrando brasas debajo. Se distribuye por la parrilla la carne, el asado de tiras por un lado, el vacío que se suele poner para los niños por ser más tierno, las achuras y chorizos por otro y en cordón las verduras, las papas y algún boniato o zapallo se tiran a las cenizas, con cáscara, para que se hagan al calor.
No faltan las bromas sobre la pericia del catador de vientos que sugirió la parrilla en un sitio y el viento manda el humo para otro lado, generalmente para donde están los que toman mate.
Los viejos se sientan en un lado y los gurises agarran troncos pequeños y se les sientan alrededor a pedir cuentos. Cuando se aburren corren al campito con una pelota.
Los mayores sonreímos porque son los mismos cuentos que ya escuchamos hace tiempo.
Los primeros chorizos sirven para una picadita, una tabla con pan en trocitos y rodajitas, pasea una y otra vez por la rueda. El mate sigue pasando de mano en mano pero ya aparece algún que otro vaso de vino.
Una y otra vez se agregan brasas bajo la parrilla desde el fuego que chisporrotea.
La gracita de la carne hace ruiditos en las brasas y el aroma inunda el patio.
A eso de las dos llegan los “amanecidos”, los adolescentes de la familia que anduvieron de baile “que anoche era sábado” se acercan con ojos como líneas, besan a los abuelos, aguantan las bromas y se dirigen impertérritos a la única botella de Coca-cola que hay para los niños.
Las madres apartan trozos de carne, jugosos y van picando para los bebés.
Todos recordamos la época que mi abuela se quedaba con varios de nosotros, llorosos cortadores de dientes que solo nos calmábamos con una tira de carne que la abuela cortaba sabiamente con un nervio por dentro y luego de darle un toque de plancha en la cocina a leña nos daba como chupete a todos.
-Y ninguno tiene colesterol-suele acotar alguien entre risas.
Finalmente, todos a la mesa, en mi casa por lo menos, nunca hubo mesa” para niños”, que se sienten aquí decía mi abuela, así aprenden. Y aprendíamos.
A poco de estar todos servidos, surge una voz que grita “un aplauso pal asador”. Se aplaude, se brinda, se ríe, se discute, si alguien saca la política, alguna tía dice que con vino y cuchillo de eso no se habla.
Ensalada de frutas o pasteles de dulce de membrillo, llegan para el postre.
La mesa se subdivide en grupos que conversan de a ratos hacia un lado de a ratos hacia otro.
Las horas pasan lentas, algún soltero marcha sobre las cinco entre las chanzas de cuando la traes y se sigue conversando chiquito. Se habla al corazón. Y mientras el sol baja, la emoción danza. Cada cual recoge sus cosas entre las últimas bromas y las promesas del siguiente asado.
Ahora hay que organizarlos con tiempo, es difícil hacer coincidir a todo el mundo con un día entero libre. Pero todos lo intentan. Casi sin saberlo hacen el esfuerzo de mantener viva una tradición, que no solo alimenta la tripa, sino que nutre la cabeza y el corazón con las palabras de tu gente y de tu tierra.
Y mientras estas ceremonias sigan la palabra sigue anidada. Aderezada, saboreada, cocinada, convidada. Alimento vivo.

 
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Danzando entre espumas

Publicado por Sole el 12 Jun 2009 en Diario, Mis viajes, Uruguay


Foto Erick
Hoy a salido el sol otra vez. Y su aparición en el cielo, trajo aparejada la rápida presencia de las mujeres en la pileta.
Cuando en América Latina dices eso, no te refieres a mujeres en bañador que disfrutarán de un merecido descanso al lado de una piscina. Aquí la pileta, es el piletón. Es sinónimo de fajina, de trabajo duro. He conocido muchas mujeres que se han dejado la espalda en la pileta, encorvadas durante horas, lavando la ropa de familias ricas de la ciudad, y eso las que tenían una “mejora” las había que lavaban con una tabla en el río y acarreaban en su cabeza los atados de ropa limpia.
A mí me ha tocado pileta hoy. Hay lavarropas, pero se suele dejar para cuando hay mucha ropa o “la luz” y “el agua” están más barata.
Para mi madre y muchas mujeres de su generación lavar a mano es algo necesario para el espíritu, la máquina es demasiado bonita para esos menesteres. A ella le luce más con la carpetita que le ha tejido y el helecho.
Al comenzar, ya ni recordaba de qué lado había que ponerse, pero no en vano he lavado a mano en mi vida más tiempo que con una máquina, así que acomodé la cadera a la altura de la paleta de fregar, rocié de jabón en polvo la ropa y abrí la canilla. La fuerza del chorro comenzó a crear montañas de espuma.
Y aparecieron entre ellas otras mañanas de invierno, las terribles mañanas en que la ropa dejada a blanquear desde el día anterior, tenía una capa de hielo por encima.
Mi cadera estaba bastante más lejos, es mas creo que a los 10 años una no tiene caderas. Un cajón de coca cola me ayudaba a llegar a la altura y allí las lágrimas derretían el agua helada. Odiaba lavar, odiaba esas sábanas enormes que el miedo de la noche anterior había mojado.
Odiaba el castigo de lavar todo antes de ir a la escuela. Odiaba la vergüenza de que los vecinos me vieran allí tan temprano, odiaba el colchón al aire, el picor de los sabañones.
No debo ser personita de odios, porque en medio de toda la desbocada palabrería interna, la espuma se transformaba en un vestido, largo y blanco. El que llevaría en mis 15. Todas mis compañeras de clase ya tenían a sus padres ahorrando para ese día y las madres guardando revistas con modelos.
En mi casa no se hablaba de eso, cuando alguna vez se mencionó, se me dejó bien en claro que alguien que tenía que lavar las sábanas tan temprano y casi todos los días, no podía ni soñar con la puesta de largo de una señorita.
El enojo me salvaba otra vez entre refriegas de ropa. Imaginaba que no era ropa, que era pan, que ese estirar y recoger de la mano derecha, mientras la izquierda apretaba el extremo, era una masa dulce, a la que pondría uvas pasas y unos trozos de naranja abrillantada y unas cáscaras de limón y trenzaría la masa, así, así como torneaba la sábana y así como la enroscaba en mi brazo, así enroscaría la masa en una tortera grande.
Pero la masa-sábana cuando llegaba a la soga era la vela del barco de Emilio Salgari que se abría, y se extendía y me llevaba lejos a buscar un príncipe azul que me regalaría un vestido y entraría conmigo al baile, más guapo que cualquiera de los de mi clase, más guapo que todos los del barrio, que Tino de los Parchís y giraríamos mucho, mucho, tanto como yo giraba con la sábana mojada a mi alrededor. Así que el baile siempre terminaba, no a las 12 sino cuando caía en mi cara un chorro de agua fría.
Con los ojos bajos miraba a mí alrededor, y si algún vecino andaba por el fondo de su casa, echaba a correr puerta adentro, me ponía la túnica, agarraba el portafolio y corría calle arriba hacia la escuela.
Hoy he lavado, hoy he soñado, hoy he bailado y aunque hay 9554 km entre nosotros, bailando conmigo, estabas tú.

 
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El cementerio viejo

Publicado por Sole el 10 Jun 2009 en Diario, Miradas, Uruguay


La “gimnasia” cuando dabas el salto de la escuela al liceo, era en la Plaza de Deportes. Eso implicó en mis tempranos 12 años unas horas de libertad entre ómnibus y ómnibus que me devolvía al barrio después de clase.
La rutina era comprar unos “carasucias” en la panadería de la esquina. Saludar a Gaspar Masa, el profesor de la escuela que vivía a la vuelta y que siempre repetía lo crecidas que estábamos y lo chiquitas que éramos cuando él nos daba clases y después meternos al cementerio.
Para nosotros era el Cementerio Viejo, para los profesores el Monumento a la Perpetuidad.

Por aquel entonces, paseábamos sin ningún interés histórico por sus tumbas, mas por el punto macabro de intentar ver algún hueso , que por que allí estuvieran enterrados los héroes y propulsores de la ciudad.
Las tumbas estaban invadidas de hierbas y los árboles crecían de manera desmesurada.
No se puede decir que fuera un abandono, sino más bien la falta total de interés de unas autoridades que estaban más preocupadas por construir estadios y velódromos gigantescos, que por velar por una parte de la historia. Los jardineros municipales pasaban por allí, pero muy de tarde en tarde.

Nos sentábamos sobre las lápidas y más de una vez vislumbramos cráneos y huesos que los vándalos por la noche dejaban fuera, luego de rebuscar una vez más por si quedaba algún anillo o joya entre los difuntos.
Surgía siempre la leyenda de un anillo que alguien robó de un dedo de novia y que desde entonces esa novia, dolida aparecía a todos los hombres jóvenes de la ciudad para preguntarles por él o quedarse con el que llevaban, arrastrando a su tumba, no solo anillos sino dedos.
Se contaba también una historia que años más tarde le escuche a Domingo Chinchilla, un cuentero valenciano. La historia de la mujer que bailaba toda la noche, que era acompañada por el galán que solícito le dejaba su abrigo y que cuando iba a buscarlo al día siguiente, en la dirección donde la había dejado, le contestaban que esa mujer había muerto hacía años, que si no lo creía fuera al cementerio. El hombre iba y allí estaba ella, con la mirada perdida, unas flores en la mano y a sus pies la chaqueta que había abrigado esos hombros.

Todos acababan riendo, pero a mi esas historias me sobrecogían, caminaba entre los panteones intentando seguir el rastro de tanto mármol llegado de Italia.
Imaginaba las frases del filósofo al que le construyeron un sabio sobre su tumba, o que enfermedad curaba la receta en piedra de la tumba del médico, o los secretos que escondían las tumbas de los masones. Reconozco que tenía y tengo predilección por éstas frente a las tumbas cristianas. Me embobaba mirando sus pupilas inertes, sus dedos lánguidos. Los símbolos esotéricos, las escrituras talladas, las alegorías, los ángeles del dolor, la muerte, el tiempo, la templanza, la fe, la caridad, la esperanza; columnas tronchadas y objetos quebrados que simbolizan particularidades de las personas sepultadas.

Había una lápida dedicada a un niño que había muerto a los 14 años, dos meses y tres días que me hacía erizar. Me imaginaba muriendo a esa misma edad, llegué a contar los días y a ponerme frente a la tumba cuando calculé que tenía el mismo tiempo que él. Me parecía la más romántica de las muertes, encontrarte en el mas allá con alguien de tu edad, que la tenía y no.
Mil veces soñé con tener esas hermosas narices, esos torneados brazos, esos portes.

Los años pasaron, los vándalos pintaron y destrozaron mucho. La Intendencia está restaurando el que hoy es un Monumento Histórico, no en vano recoge obras de Giovanni del Vechio, Santo Sacommano, Juan Azzarini, José Livni, Francisco Poncini entre otros.

Hoy, como casi toda esta semana, amaneció con niebla. Marché hacia allí sabiendo que las cosas son muy distintas . Los jacarandás, robles, fresnos, palmeras, espumillas, magnolios, cipreses y pinos están podados, cuidados y dan cobijo a las tumbas al lado de caminos de piedras rojas, dibujados con precisión. Los andamios cubren la clásica fachada un pórtico de estilo greco–romano con columnas corintias que sostienen un pesado capitel, coronado por un ángel.
Hoy está recobrando su esplendor, éste hermoso testigo de la Heroica.

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