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Sueño profundo

Publicado por Sole el 11 Nov 2012 en Uncategorized

Llueve otra vez, no hay mejor paraguas que tus brazos para dormir hasta la hora indecente en que el sol ya es muy tarde en otro día.
Ilustración de Gabriel Pacheco.
Buenas noches

 
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Intento

Publicado por Sole el 29 May 2012 en Uncategorized

“Il faudrait essayer d’être heureux, ne serait-ce que pour donner l’exemple”
Jacques prévert.

 
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A mano

Publicado por Sole el 29 Dic 2011 en Uncategorized


Arte en papel de Su Blackwell
Me encanta conducir de noche, ese no saber que hay exactamente a pocos metros de mí, en la carretera, me invento mundos, vidas, ciudades, caminos.
Solo una cinta negra y el halo de luz de los faros del coche, de fondo, alguna voz que me emociona y así, me cuento historias a mi misma.
El asiento de al lado es un recopilatorio de afectos, los caramelos, la música, los objetos, los mapas, los apuntes, una bufanda, unas gafas, un termo de café, una flor, un cordel.
Y así de copiloto, me llevo a los amigos y amigas, el abrazo del hasta pronto, el llama cuando llegues.
Y el viaje se completa cuando en una carretera pequeña, la luna dibuja una muesca en el cielo y al girar una curva, el cansancio pide un rato de sueño.
Y cuando digo sueño me refiero a soñar, a esos minutos de la mente vagando por mundos increíbles.
Sueño mucho, sueño en colores, sueño cosas raras, inverosímiles, en otras épocas, en otras dimensiones. Soy yo y a veces soy otras personas. Soy persona y a veces cosas.
Me sueño a veces sobre un árbol, y mi vida entera brotando en cada hoja.
Me sueño tren atravesando el mundo.
Sombrilla llevada por el viento.
Luz dorada en medio del bosque.
Sueño un mundo de letras donde no encuentro las palabras adecuadas.
Y así soñando, hago tantos y tantos km, que no entiendo la pregunta:-¿No te cansas?
¿Cómo cansarse de buscar un sueño?

 
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Moments by Everynone

Publicado por Sole el 26 Dic 2011 en Uncategorized

Al fin y al cabo, de eso se trata.

 
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Instantes congelados II

Publicado por Sole el 12 Dic 2011 en Uncategorized

Mon amie
Permítame llamarle así, porque desde que sus palabras aparecieron en mi vida así la siento.
No la voy a cansar con tonterías ni desvíos propios de quienes tenemos tiempo de sobra. Voy a ir al grano como se dice.
Tengo 75 casi 76 años, pero he descubierto una ventana maravillosa al mundo.
De pequeña pasaba horas en la de mi casa, intentando ver más allá de la cerca, más allá de las vides, más allá de los árboles que rodeaban el río.
Sabía que más lejos estaba el mar, casi podía olerlo, casi podía verlo. Y si cerraba los ojos, como en una fotografía de esas de ahora, digitales, me aparecía la playa donde jugaba en verano.
Después llegó el tiempo de las ventanas cerradas, tapiadas, cubiertas con maderos y con cualquier material que pudiera protegernos.
Por entre las escasas rendijas me asomaba y veía el jardín transformado en huerta de patatas, las vides en oscuro rincón de secretos, los galpones de labranza en zona prohibida, donde algunas noches veía luces fugaces.
Y luego llegó el momento de estar en silencio, bajo tierra conteniendo el aire para que mi madre no se enfadara o mi tía no me tirara del pelo, años me parecía a mí que tardaban los motores de los aviones que pasaban.
Aun hoy, a veces sueño con esos días sin luz, con el polvo en los labios, ese sabor amargo de la sopa que mi madre inventaba con magia.
La Tata Yolanda se murió de pena después de una carta con muchos sellos.
La escuché llorar bajito en su habitación vacía, mucho rato, luego el silencio, luego los motores en el cielo y el correr a esconderse.
Mi madre cerró la puerta de la vieja bodega donde nos escondíamos y unas horas después cuando pasó todo y salimos nos dimos cuenta que el silencio era más grande, porque la Tata Yolanda no estaba. Dormía en su habitación, o eso nos dijeron a los niños, pero yo me di cuenta que estaba lejos, donde el Tonton Conrad.
Bueno, que terrible, he dicho que iba al grano y me he sumergido en recuerdos, le estoy hablando de cosas que pasaron hace tanto tiempo.
Lo que quiero decirle, es que desde hace unos meses , en el pueblo al lado del mar donde paso mi vejez con calma, me he apuntado a uno de éstos cursos de los ayuntamientos, para aprender a usar el ordenador.
Siempre me había parecido un aparatito infernal, pero desde que se fue mi nieta a Londres, la extraño tanto, que he decidido hacerme un mail y hasta un perfil de facebook.
Usted dice que va por mercadillos buscando cosas viejas de otros, yo voy ahora por el ciberespacio, buscando amigos y familia que perdí en los años de la guerra.
De esos tiempos solo tengo una copia de una foto que me hicieron de pequeña, y estas cosas de las tecnologías que pones una imagen y te busca similares, me encontré una madrugada con cientos y cientos de niñas.
Las miré una a una. Los viejos dormimos poco. En una semana me encontré. Y digo me encontré, porque la foto que usted pone en su blog, es una copia de la que yo tengo.
Costumbres de mi madre que cada foto que hacía regalaba copias a sus hermanas. Bendita sea.
No anda usted muy desencaminada con lo que dice, más o menos las cosas eran así, antes de la guerra. Picnics, risas, la familia reunida, las vendimias, las navidades.
Luego llegó el paso de los alemanes por la Línea Maginot y nada fue igual.
Nuestra preciosa casa fue entregada a un alemán “para servicios”, eso incluía los vinos.
Los malos como decía mi madre que se encargó de enterrar las buenas botellas. Hasta hace unos años mi sobrino nieto que ahora sigue la tradición familiar encontraba por el jardín o entre las vides alguna “joya”
De cómo tuvimos los niños que dejar Burdeos e ir zona de segura, le he de contar en otro correo.
Pero hoy le escribo para darle las gracias por haber dedicado su tiempo a una familia que no conoce de nada y a la que sin embargo ha tratado con tanto cariño.
Es tan bonito lo que dice de nosotros que creo que voy a olvidar porque estaba enfurruñada el día del fotógrafo del Mercado de Alligre y me quedaré con su versión.
Aunque si quiere también le cuento eso, y sobre Marc, el hermano del marido de mi tía, el chico de mono oscuro.
Debe de haber una foto de su novia también! Aunque usted no lo menciona, tal vez esa foto se perdió, como tantas…
Bueno, pero que me lio de nuevo, que yo lo que me atrevo a pedirle es que me escanee las demás fotos y me las deje ver, o incluso, si su generosidad aun fuera mayor, que me vendiera el álbum.
Sería el mejor regalo de Navidad que alguien me podría hacer, recuperar fotos d emi madre, en aquellos años, de mis tías, de los que ya no están. Sería hacerlos vivir conmigo nuevamente.
Esperando su pronta respuesta.
Su amiga en la distancia
Gilda.

Y aquí voy hacia Aigues Mortes, un bello pueblo medieval donde estuve hace años cuando descubrí la Provenza. Puede parecer una locura, estaba actuando en el País Vasco y en vez de volver a casa haré 1400 km mas solo para entregar en mano éste álbum.
Que ya sé que lo podía escanear, pero no es lo mismo, y bien sé que yo lo compré en un mercadillo de Paris como recuerdo entrañable de un viaje, pero forma parte de la historia de esa niñita de la foto, que hoy a través de la ventana grande de internet, ha encontrado como cerrar su historia y yo siento que debo ir.
Seré una voyeur de los sentimientos, pero quiero tocar sus manos mientras pase las páginas, y verle los ojos mientras se vea y escuchar de su boca el resto de la historia.
Y si tal ya se las cuento.
No imagino mejor manera de pasar la Navidad.

Contenido publicado originalmente en la Revista Participando de Uruguay.
Primera parte de ésta historia

 
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Sin título

Publicado por Sole el 9 Dic 2011 en Uncategorized

Hay días en que uno necesita que le dejen la calle frente a tu ventana así y hasta si me apuran, de que te hagan un nido cálido bajo un cielo claro.
Hay días así.

 
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Nicanor Parra-Premio Cervantes 2011

Publicado por Sole el 2 Dic 2011 en Uncategorized


Sinfonía de cuna
Una vez andando
por un parque inglés
con un angelórum
sin querer me hallé.

Buenos días, dijo,
yo le contesté,
él en castellano,
pero yo en francés.

Dites moi, don ángel,
Comment va monsieur.

Él me dio la mano,
yo le tomé el pie:
¡hay que ver, señores,
cómo un ángel es!

Fatuo como el cisne,
frío como un riel,
gordo como un pavo,
feo como usted.

Susto me dio un poco
pero no arranqué.

Le busqué las plumas,
plumas encontré,
duras como el duro
cascarón de un pez.

¡Buenas con que hubiera
sido Lucifer!

Se enojó conmigo,
me tiró un revés
con su espada de oro,
yo me le agaché.

Ángel más absurdo
non volveré a ver.

Muerto de la risa
dije good bye sir,
siga su camino,
que le vaya bien,
que la pise el auto,
que la mate el tren.

Ya se acabó el cuento,

uno, dos y tres.

 
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Feliz Día de las Librerías

Publicado por Sole el 25 Nov 2011 en Uncategorized

Normalmente el 25 de noviembre en La Caja hacemos un post para celebrar un día triste, el de la NO Violencia de Género, pero éste año se suma un día que tal vez si sonara mas fuerte, ayudaría a tener que borrar de los calendarios al primero. Si leyéramos mas, seguro que algo de esa lacra nos quitábamos.
Hoy quiero dar gracias a mi librería de cabecera y a las que visito compulsivamente en mis viajes.
Gracias por llenar nuestras bibliotecas y permitirnos desarrollar un viaje cada vez que abrimos un libro cómodamente instalados en nuestro salón.
Supe ser librera en algún tiempo, años ha y se que quien es librero, celebra con alegría cada libro que sale de su puerta, no solo por la venta, sino por la fantasía que regala.

 
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De remanso por los Lagos

Publicado por Sole el 5 Nov 2011 en Uncategorized

Día 4
Por la mañana, desayunamos mirando en internet, un camping por la zona de Trentino.
Queremos quedar unos días por ahí antes de seguir camino. Necesitamos un poco de calma.
No se puede reservar plaza con antelación (en Italia generalmente es así) pero conviene saber en cuales hay sitios libres y llegar temprano.
Finalmente luego de investigar un poco cogemos hacia Pergine, al lado de Trento.
Pasamos por Milán, km y km de polígono industrial.
Luego poco apoco el paisaje se “naturaliza” y aparecen los viñedos, los castillos y torres, las grandes casas de campo y las iglesias de estilo tirolés.
En abril hicimos ésta carretera, desde Bérgamo a Módena y me doy cuenta que aun no tuve tiempo de contar ese viaje.
Desde la carretera vemos el Castillo de Avio, el horrible Osario del Castillo del Dante en Roveretto y de las impresionantes murallas del Castillo Beseno.


De fondo aparecen los picos calizos de los dolomitas y mas atrás los Alpes.
Llegamos al camping Punta Indiani a orillas del lago Caldonazzo.


Lleno de austríacos, holandeses y alemanes, todo es silencio y calma.
Montamos la tienda, cocinamos. Bebemos nuestro primer blanco de la tierra y nos vamos a leer a orillas del lago. Cena y fin de un día en paz.

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Eso creía yo! En pocos minutos se levantó una buena tormenta de rayos y truenos.
La tienda resiste perfectamente. La cena se traslada a “la sala”, a través de las ventanas vemos el agua que cae a chorros.

 
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El Olmo del Cáucaso

Publicado por Sole el 2 Nov 2011 en Uncategorized

“Los brotes cambiaban de aspecto cada día. El color verde claro,como aplicado con un pincel chino de pelo blando, iba oscureciéndose y el follaje también iba ganando espesura. Cada vez que soplaba el viento entre sus ramas, las hojas brillaban con innumerables puntos luminosos reflejando la clara luz del sol. Las hojas tiernas parecían crecer rápidamente”

Jiro Taniguchi realiza trazos de líneas finas, depuradas y elegantes. Sus ilustraciones sorprenden en éstos tiempos de colores estridentes o negros totales, con una atmósfera personal, única, en blancos y grises y ocasionales negros.
Cada rostro es claro, definido en el gesto, se los ve alegres o tristes, rabiosos o enamorados. Personas perdedoras, solas, abandonadas, que encuentran la paz y el sosiego en gestos mínimos.
Por sus mangas podemos ver el Japón que imaginamos, el antiguo y el moderno. Y entre todo eso se cuelan éstas historias que escribió Ryuichiro Utsumi, historias que sorprenden por lo descarnadas y a la vez sensibles. Sonrisas que aparecen entre las manchas de humedad de una pared de museo, parques que esconden un camino para sanar el dolor de una mudanza, paraguas que cobijan una vida, caballitos de madera que balancean los miedos.
Mientras uno lee cada historia, siente las flores del álamo del Cáucaso sobrevolar por encima de las páginas, y la sensación increíble; que ya me llamara la atención en El Gourmet solitario, de que pese a ser en blanco y negro, uno tiene la sensación de ver los colores. Inevitablemente a cada historia le puse de fondo la melodía de El Verano de Kikujiro, le viene como anillo al dedo.
Un cómic que me traje de la Biblioteca, pero que haré mio en cuanto pueda, es para leer una y otra vez.

El Olmo del Cáucaso
Taniguche&Utsumi
Ponent Mon

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