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Idanha a Velha

Publicado por Sole el 6 Feb 2017 en Mis viajes, Portugal

La niebla de Monsanto se apaciguaba mientras nos dirigíamos a Idanha a Velha. Aparcamos al lado de una horrenda plaza de toros, un patio con barbacoas,sillas y baños públicos,limpios y empapados por la humedad, del piso al techo.
Atravesamos la calle y una muralla recia con su puerta, nos da la bienvenida.
Entre olivos y alcornoques comenzamos a deambular por la aldea.
Idanha a Velha es uno de los yacimientos arqueológicos más destacados de Portugal, se levanta sobre las ruinas romanas de Egitania,la capital de Civitas Igaeditanorum del siglo I A.C.

Pero Idanha también fue sede episcopal de dominio suevo y visigótico, ocupada por los musulmanes en el siglo VIII y cuando es reconquistada por los católicos en el XIII, fue donada a la Orden del temple.

Así que pasear por sus calles es comprar un billete para viajar en el tiempo de un siglo a otro, de una cultura a otra.


La Iglesia es un tapiz de construcciones, donde conviven estilos y se reciclan materiales anteriores.
Delante y detrás a salvo bajo cúpulas de vidrio hay dos Batisterios y dentro de la Sé, columnas de un antiguo templo romano forman la nave.

La colección epigráfica romana de Idanha-a-Velha, recogida a lo largo de las distintas intervenciones arqueológicas, es una de las colecciones más grandes del país, son metros y metros de frisos, cornisas, laudas, lápidas etc.

Cerca del Museo hay una suerte de pasillo mortuorio por donde se puede pasear entre las lápidas cuyas inscripciones no solo nos hablan de personas que vivieron y murieron en otros tiempos, sino que nos permite, entender costumbres y religiones de hombres y mujeres de la Península Ibérica. Nombres indígenas y romanos se mezclan en una constante intención de permanecer más allá del tiempo.

Hija de…madre de… amantísimo esposo y padre de… hermano de… amiga de…

Callejeamos y nos llama la atención una enorme casa que rompe las líneas de la Sé, una construcción del siglo XX de una acaudalada familia que intentó tener su palacete en medio de tanta historia. Hoy abandonada, espera que se concrete el proyecto de la Cámara de Idanha a Nova de construir el Hotel del Temple.

La memoria de la gente del pueblo, puso en pie el lagar de aceite, con las voces de los mayores, se dibujaron los planos y hoy en día podemos disfrutar, de las estructuras de una industria artesanal que usaba como prensa árboles enteros.

Casi jugando vamos identificando entre macetas y puertas, capiteles, columnas, inscrpciones romanas, “piedras bonitas” que a lo largo de los siglos los aldeanos dieron su justo valor colocándolas en sus casas, para sentarse, para comer, para vivir en ellas.

Tres abueletes en calma, conversan y se divierten a costa de los turistas que deambulamos, están al cobijo del Pelourinho del siglo XVI que es el centro de la Plaza. Antiguo espacio de justicia capital, es hoy un testigo mudo de las risas.


De la época Templaria es una recia torre que convive con bombonas de butano, gallineros y piletas de lavar la ropa de las casas vecinas. Estamos no Chao da Burrinha.

La Torre se levanta sobre un antiguo templo romano dedicado a Venus, tal como reza una lauda encontrada a 30 m en la casa del párroco :)


Sobre el río Ponsul están “as poldras do passagem” una hilera de pilares de época romana que se reflejan en el agua, si pueden continúen el paseo y se encontrarán con un puente de tres arcos, precioso. Le llaman romano, pero no lo es, aunque está construído por restos de época romana, seguramente trasladadas de la muralla y tiene en su cabecera una lápida funeraria romana. Por el mal tiempo nosotros dejamos ese punto sin visitar.

Salimos hacia la puerta norte, escuchando las ovejas, el tras tras de los que podan árboles, los tractores que regresan de la faena.

Idanha a Velha, una sorpresa casi en medio de la nada, que os invito a visitar.

 
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Monsanto- la aldea mas portuguesa de Portugal

Publicado por Sole el 18 Ene 2017 en Diario, Mis viajes, Portugal

Imaginad un gigante cabreado que empieza a tirar piedras enormes ladera abajo. Algo así es Monsanto, un pueblo portugués, en la zona de Idanha a Nova.
Había mirado fotos en flickr y llevaba tarjetas extras en la cámara. Pero aunque el refrán dice que la mujer dispone y el diablo sopla. Ese día el demonio se quedó quietito en su cueva (y calentito) porque en Monsanto y desde varios km antes, la niebla espesa y el frío intenso fueron el denominador común.

Mi gozo en un pozo, yo que soñaba con fotografías de colores intensos, no veía ni siquiera unos metros más adelante.

Pero como Gago es de optimismo glorioso, me convenció de mirar de otra manera y allá que me puse a tratar de vislumbrar entre la bruma, lo que se ocultaba.

El pueblo se ubica a un lado y otro de unas callecitas estrechas, empedradas. Literalmente, porque enormes rocas, sustentan muros, trepan a tejados, angostan pasillos, se asoman por sitios imposibles.

Merodeamos embelezados por el musgo verde que casi semeja fluorescente.

Jardines, árboles, restos de comidas veraniegas en forma de barbacoas cerradas.

La aldea tiene un recorrido claramente trazado, pero cuando en esta familia alguien ve un letrero que dice “yacimiento arqueológico” puede estar delante la Torre Eiffel abrazada con la estatua de la Libertad que nosotros las ignoramos.
Así que nos metemos por un patio y salimos a un camino que se entronca con una ruta de gran recorrido.

Gago corre delante de mi, saltando entre las Piedras Juntas y otras formaciones rocosas. Está en su salsa entre tanto granito y yo en la mía tratando de desentrañar las formas que aparecen entre las rocas.

Una piedra muy plana enorme, me llena de alegría, mis adoradas cazoletas, están ahí, en número mágico de trece. La piedra de las Treze Lages o Tigelihnas da Fidalga.
Leo sorprendida en el cartel explicativo que “hay quien cree en su orígen antrópico, pero seguramente se trate de una formación geológica”
No soy arqueóloga pero por mi experiencia de años, me jugaría la cabellera a que son pías de alguna especie de rito o santuario.Petroglifos, vamos.
Un lugar sagrado como tantos que aparecen en los montes.
La leyenda dice que una dama noble alimentaba a los pobres en éstas cazoletas y eso me suena más verosímil que la teoría química de quien hizo los carteles.


A nuestro alrededor, muros artificiales que cierran paredes naturales.


Y en medio de la niebla una torre exenta, la Torre del Peón y una capilla románica, la capilla de San Miguel, entre ambas construcciones, varios sarcófagos antropomorfos.

Trepamos hacia la cumbre, donde los Templarios que llegaron huyendo de sus enemigos, camuflados como la Orden de los caballeros de Cristo, levantaron sobre el antiguo castro su castillo y su capilla. El rey Luis Henriques les donó la aldea de Monsanto y allí permanecieron a 750 m de altura. Su labor transformó al poblado en un importante centro de la región.

Siglos más tarde las diferentes guerras territoriales y el despoblamiento rural, le quitó poderío.

De los tiempos de guerra queda una leyenda que aun hoy se celebra. La leyenda de la Santa Cruz
Una de esas leyendas con orígenes paganos, vinculadas a las celebraciones de cambio de estación que con el tiempo fue cristianizada.
Hay quien la ubica en tiempos de los ataques moriscos, quien en las guerras contra Castilla, lo cierto es que la ciudad llevaba siete años sitiada, y cuando ya los enemigos veían cerca la derrota de Monsanto, una mujer que estaba dentro de las murallas, propuso coger la única ternera que les quedaba, el único saco de trigo y alimentar al animal con el mismo.
Luego haciendo alarde de abundancia, arrojaron al animal al otro lado de la muralla.
Los sitiadores vieron con asombro como el animal se despedazaba entre las piedras y de su vientre, salía el grano.
Suponiendo una abundancia que les permitiría una larga resistencia, abandonaron el lugar, derrotados.
Éste hecho sucedió un 3 de mayo, día de la Santa Cruz y desde entonces las mujeres del poblado, se ponen su mejores galas y preparan unas muñecas en forma de cruz, llamadas “marafonas”.
Sobre sus cabezas cargan unos calderos de cerámica pintados de blanco y entre música y bailes, suben a lo alto de la muralla, desde allí arrojan los calderos, simulando el gesto de arrojar la ternera.
Otra versión de la leyenda, dice que los soldados cogieron “marafonas” y las hicieron bailar en lo alto, y al ver los enemigos tanta algarabía, y tan buen ánimo, abandonaron el sitio.
Como sea, el 3 de mayo es un día para ver Monsanto de gala.

El hecho de haber ganado en el año 1938 el Gallo de Plata por ser la aldea más portuguesa de Portugal, le brindó un renacimiento a la zona.

Gracias a ello hoy podemos caminar entre murallas medievales, puertas y restos antiguos restaurados.

Al bajar nos encontramos con algo tremendamente curioso, unas cortes para los cerdos llamados “furdas”, construcciones en piedra, con puertas, ventanas y comederos tallados en la roca y tejados cubiertos de hierba, que semejan la aldea de los Hobbits.
Hacemos una alto en una taberna para tomarnos una cerveza de miel y nos deleitamos contemplando fotos antiguas del lugar

 
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Centum Cellas- Portugal 2017

Publicado por Sole el 9 Ene 2017 en Mis viajes, Portugal

Intentamos empezar cada año aprendiendo, conociendo, descubriendo lugares, sabores o historias. Sitios que están a pocas horas de casa y sin embargo, cuando llegas, tienes la sensación de haber viajado en el tiempo. Cómo otros años, quedará en el blog todo el recorrido, con los datos más importantes por si les apetece un día visitar estos rincones tan maravillosos.
Tomamos como base Viseu y recorrimos la zona con calma y deleite.
Hubo sitios preciosos, pero hubo uno que quedará en mi memoria por mucho tiempo.
Llevábamos todo el día de un sitio al otro y dejamos para el final Centum Cellas, una torre de dos mil años de antigüedad.
El día había estado cubierto de nieblas bajas, gris, opaco, sin embargo cuando cogimos para Belmonte, algo increíble sucedió. El viento sopló rápido y la niebla dio paso a un atardecer de leyenda. Gago hacía cálculos de hora, buscábamos en el GPS la ruta más rápida mientras como un mantra le pedía al sol que se iba acostando a mi izquierda que esperara un momento. Faltaban diez, 8, 6 minutos para llegar y el sol se perdió detrás de una colina. Sin embargo al coger la curva que nos levaba a destino, el monte quedó en otro sitio y el sol danzaba en el horizonte, justo detrás de la Torre.
Aparqué de mala manera le di las llaves a Gago y cogiendo la cámara eché a correr entre ruinas cubiertas de musgo. Fui disparando mientras me acercaba, cambiando la exposición a cada movimiento del sol. De repente nos miramos, frente a frente. Ella me desafió a descubrir su piel llena de ojos, yo solo pude enamorarme y decirle lo hermosa que era.
Así giré a su alrededor, entré en ella y sentí como los rayos últimos del día, se despedían acariciando la piedra y mi rostro.
Recién en ese momento me di cuenta que alrededor había casas, coches de trabajadores que volvían a casa con prisas, arados, viñas. Hasta ese momento no había existido nada más que ella y yo metidas en un viaje sin edad.

La otra mnirada

 
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La Ferreirinha

Publicado por Sole el 13 Jul 2014 en Diario, Portugal


Camino de Regua, vimos en la carretera una edificación enorme, que nos llamó la atención, el primer día la dejamos pasar, pero el segundo, nos detuvimos, bajamos y por una puerta entreabierta, nos metimos en una enorme bodega y una gran casa, abandonadas.
En las rejas del parque de enfrente, se leía un nombre.

Buscando información, me encontré con la historia de una mujer increíble.
Antonia Adelaide Ferreira, conocida como la Ferreirinha, ha sido considerada, aun hoy, 200 años después, como la reina del Duero.
Como suele pasar en éstos casos, luego de ver su nombre, se me apareció por todos los sitios. Hay colecciones de vinos que llevan su nombre y en muchos de ellos, aparece el retrato de una mujer adusta, siempre vestida de oscuro.

Una mujer de carácter, que logró imponerse en el duro mundo del vino, un mundo netamente masculino hoy, ni hablar hace mas de dos siglos.

La historia de los Ferreira, se pone interesante desde el momento que el abuelo de Antonia, Bernardo Ferreira, propietario en el Douro, fue obligado por el Marqués de Pombal, bajo pena de prisión, sino lo hacía, a cultivar una tierras en los Montes de Rodo, transformándolos en unas hermosas quintas. Unas maneras muy curiosas, las de Pombal, de obligar a los bodegueros y agricultores, a aumentar el trabajo en los campos. Bernardo, fue asesinado por las tropas de Napoleón, que creyeron que era un desertor, cuando les habló en un excelente francés. Tuvo tres hijos José, Antonio e Francisco. José es el padre de Antonia que casó con un hijo de Antonio, es decir entre primos, algo bastante frecuente en otras épocas. Tuvo tres hijos, pero queda viuda muy joven. Al quedar sola al frente de las bodegas, no duda en dirigir y tomar decisiones, que para la época eran impensables. Moderniza los trabajos, se preocupa por los trabajadores, invierte en comprar mas tierras, mas vides, mas bodegas y por sobre todo desarrolla una manera de hacer el vino, que muchos al principio critican, pero luego imitan.
Su poder es tal que el Duque de Saldanha, uno de los hombres con mas poder en el Portugal de la época, quiere casar a su hijo con María d`Assunção, la hija de Antonia. Pero María tiene 11 años y la madre se opone tajantemente al matrimonio. El duque da orden de secuestrar a la niña y la Ferreirinha, disfrazada de campesina junto con su hija, huye a Vigo y desde allí en barco a Londres, donde desde hacía un tiempo mantenía una amplia red comercial. Desde el extranjero, no solo aumenta su fortuna, sino que es quien salva de la ruina a cientos de productores del Douro, cuando por exceso de vino en la zona los precios caen de forma alarmante. Ella compra y da orden a su colaborador en Douro, Joaquim Monteiro Maia, de almacenar en sus cuantiosas propiedades, todo el vino, a la espera de que los precios cambien.
Poco después llega una peste a la vides que acaba con casi todas las cepas de la región. En ese momento logra colocar en Londres, todo el vino de Oporto que tiene guardado, salvando y aumentando su fortuna y salvando de la ruina absoluta a muchos productores de Regua.
Concurre a la Exposición Mundial en París y sus Oportos ganan una medalla de oro que puso los ojos de los grandes importadores del mundo en el Douro.
Estando en Londres se casa con Francisco José da Silva Torres otro colaborador, y poco después estando prometida su hija con el hijo del Conde de Asambuja, regresa a Portugal.
La gente de la zona, la ve como su salvadora, no solo en los negocios, sino también por la enorme cantidad de obras de caridad que realiza.
A diferencia de otros productores de la región, salvo su obligado exilio en Inglaterra, no suele viajar por el mundo, ni siquiera va mucho por Lisboa, su reino es el Douro, y allí en su propiedad mas querida, la Quinta do Vesuvio, debajo de una palmera que aun hoy existe, recibía a los hombres mas importantes del mundo del vino.
Uno de sus visitantes, es el protagonista de una leyenda que aun hoy se cuenta.
El escocés Joseph James Forrester, al igual que tantos ingleses, adoraba la vida en el Douro, y por sobre todas las cosas éste barón tenía debilidad por el río. Se hizo construir un fastuoso rabelo, la embarcación de trasporte de vino, típica de la zona. Cuentan que el barco, estaba construído con las mejores maderas y con comodidades nunca vistas, cocina, dormitorios y hasta baños. Una mesa enorme, fue testigo de decenas de comidas, servidas por una tripulación uniformada con esmero.
Forrester recorrió cada metro del río, cartografiando todos sus rincones, llegando incluso a navegar (?) por sus cascadas. Dibujó un mapa de 3 metros de largo por 68 cm, que no se comercializaba, pero que era compartido con todo aquel que se lo pidiera, fuera de la condición social que fuera. Fue tan importante su trabajo cartográfico que el gobierno portugués, le concedió el título de barón.
Cuando Forrester llegó a la Quinta, el número de visitantes, ya de por si alto, aumentó. La Ferreirinha, era una mujer que atendía sus asuntos, pero que gustaba mas de tranquilidad, así que comenzó a dar muestras de hastío. Cuentan que quien mas le angustiaba era un juez de la zona, que era particularmente insistente, no se sabe si por amor al vino de oporto, a la quinta o a la Ferreirinha. Lo cierto es que anunció de improviso que marchaba al día siguiente para Regua, con su hija y su yerno. El viaje sería pesado por tierra, así que el barón al saber que Antonia tenía su barco en Regua, ofrece llevarla en el suyo.
Para eso, tenía que recorrer 56 km, y atravesar la garganta mas temible del río o Cachão da Valeira. Esta zona del río hasta el siglo XVIII no había sido navegable, ya que tenía una catarata formidable, sin embargo una serie de obras lo habían vuelto navegable, aunque peligroso.
Al llegar a la garganta, los remeros no pudieron controlar la embarcación y el barco se hundió.
Las estrambóticas faldas de balón, que usaban las señoras, fueron su salvación, ya que salieron a flote, otra suerte corrieron los hombres, ya que la mayoría desaparecieron. Algunos cuerpos fueron encontrados días después en Regua, río abajo. Incluso un cofre de plata que llevaba la Ferreirinha, apareció en una finca, atrapado en una rueda de molino.
El Barón desapareció y nunca se encontró su cuerpo.
Éste solía llevar un cinto de cuero con faltriqueras, lleno de libras oro, y cuentan que el día del naufragio llevaba también unas botas altas, por encima de la rodilla, llenas de plata y oro. Seguramente el peso, hizo que se hundiera mas rápido.
Lo cierto es que aun hoy, se cuenta como en ciertas noches, se ve en el fondo del río, los restos del tesoro que llevaba Forrester consigo. Hay quien incluso ha buceado buscando ese tesoro, a pesar de que se dice que es un tesoro que hunde en la desgracia a aquel que lo encuentre.

La vida de la Fereirinha está llena de anécdotas, pero destaca siempre su tesón y su lucha por una región que amaba. No dudó en enfrentarse con sus gobernantes que se preocupaban mas por comprar el vino en España, que por el propio. Modernizó no solo los métodos de trabajo, sino que impuso sus criterio a los diseños, preocupada siempre por la calidad. Compró y sembró vides en zonas con mas radiación solar, cambiando las graduaciones y estilos. Investigó sobre como combatir la filoxera y otras plagas, ya que pese a tener un gran imperio vitivinícola, seguía sembrando almendros, olivos y cereales.
A su funeral, se dice que concurrieron 300.000 personas que acompañaron el cortejo desde Quinta das Nogueiras a Régua.
Aun hoy los mayores de los pueblos, cuentan anécdotas que alguien de la familia vivió con la Ferreirinha

Hoy casi todas las propiedades, pertenecen al grupo Sogrape, pero un tataranieto ha reflotado la única quinta que construyó la Ferreirinha, Quinta do Vale Meão.

La televisión portuguesa, realizó una serie sobre la vida de ésta mujer. Se puede encontrar para ver online en internet.

He aquí las fotos de una de las bodegas, hoy abandonada.

 
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Siróptimo

Publicado por Sole el 8 Jul 2014 en Diario, Mis viajes, Portugal

La Quinta do Panascal, en el Douro, fue la primera bodega en abrir sus puertas a los visitantes, allá por los años 90. Es una bodega preciosa a la que se llega por una carretera estrecha, aparcas y comienzas a subir entre glicinias en flor. Los jardines son increíbles plenos de color y perfume y la terraza al sol, pedía degustar los vinos, fríos que allí se servían.

Además de sus famosos Oportos, la bodega vende un Fonseca Porto Siroco, un blanco extra seco, dulce, muy bueno como aperitivo.

Parece que está de moda el Portonic o Siróptimo como le llaman en la tienda a un cóctel con tónica, Siroco y una hoja de menta.

Entraba como dios, mientras escuchábamos la cata que se les hacía a unos guiris que recorrían las bodegas con una guía contratada solo para ellos.

De las vides llegaban parejas acaloradas ,ya era mediodía y el sol pegaba fuerte, la bodega ofrece la oportunidad de recorrerlas a tu aire con una audioguía.
La Bodega además ofrece servicios muy amplios, paseos por el río, salas para reuniones o catas, almuerzos temáticos con música o naradores de cuentos, etc, etc.

Mucho por aprender para nuestras zonas vitivinícolas!

 
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Recorriendo el Douro

Publicado por Sole el 8 Jul 2014 en Diario, Portugal


Aprovechando unos días de puente en mayo, nos fuimos al Douro. Siempre que podemos, nos escapamos por Portugal, es lo bueno de tenerlo al lado y alguna vez hicimos alguna excursión por la zona, pero esta vez, la cosa fue con calma. Y aunque quedó mucho por ver, el recorrido fue intenso.

Conseguimos, por un precio estupendo en Booking, alojamiento en Quinta da Ermida en Baiao. Es bueno saber que a veces solo con estar unos pocos km fuera del centro de una región tan turística aparecen oportunidades de ahorrar mucho.
La casa es preciosa, las comodidades muchas y esos desayunos con vista a los viñedos y al río, impagables. Va un post aparte con la casa.

El viaje empezó con una comida espléndida en el Ferrugem, un restaurante portugués, con identidad portuguesa y cocina de vanguardia. Allí todo es auténtico, nada de copiar restaurantes de estrellados de España.
Gago lo cuenta muy bien aquí

Luego de un desayuno estupendo (muchas casas rurales de Galicia deberían tomar nota) nos vamos a recorrer la zona.
Entramos a la zona mas turística atravesando Mesão Frío, las gradas da Serra do Marão, son espectaculares, cubiertas de viñedos. Hacemos un alto en un mirador al lado de vendedoras de cerezas. Por Galicia aun están pequeñas y verdes, aquí ya huelen a paraíso rojo.

Llegamos a, Peso da Régua, conocida como la capital del Vino de Douro. Peso y Régua eran dos pueblos que en el siglo XVIII se unieron para formar un importante cruce de carreteras y vías férreas. El Marqués de Pombal eligió la ciudad, como centro de la región productora de oporto. En la propia ciudad, se puede visitar el Museo del Vino, o hacer como nosotros e ir directamente a las bodegas. Por el río aun se pueden ver algunos de los barcos tradicionales, los rabelos, que durante tanto tiempo transportaron el vino.
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