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Berenjenas en conserva

Publicado por Sole el 13 Sep 2018 en Diario, Epicúrea, Italia

En Cerdeña me enamoré de todo, pero en particular de las mil variantes de comer las verduras.
Así que éste verano que hay berenjenas y calabacines hasta decir basta, toca conservar.

Ingredientes

2 Kilos de berenjenas
1 Cabeza de ajo
Orégano fresco y sino del seco tampoco pasa nada.
Hojas de laurel
Pimienta negra en grano
1 litro de agua
1 litro de vinagre blanco
Aceite necesario para cubrir (poco más de medio litro-varia según lo apretadas que estén las berenjenas)
Sal gruesa

El primer paso es pelar las berenjenas y cortarlas a la mitad y luego en tiras de 1cm de ancho más o menos. Las colocamos en una bandeja honda y les ponemos sal para que empiecen a deshidratarse.

Se dejan toda la noche en la nevera, con un peso encima para que escurra el líquido.

Por la mañana se extrae todo el jugo que han soltado y se colocan en una olla con una medida de agua y otra de vinagre de vino blanco o manzana.

Lo colocamos sobre fuego medio y revolvemos de forma suave para que las berenjenas absorban el sabor.
Cuando el líquido burbujea, apagamos ya que no queremos una cocción completa y escurrimos

Cogemos botes limpios, yo usé dos grandes porque las berenjenas dieron trozos grandes y no los quería romper. Va en gusto.

Ponemos capas de berenjena, un diente ajo, orégano, pimienta y albahaca y así hasta completar.
Si se quiere se pone al final una guindilla o dos y una hoja de laurel.
Se rellena de aceite de oliva.
Se espera un rato a que el aceite complete todos los huecos y si hace falta se vuelve a echar aceite ya que las berenjenas deben quedar cubiertas por completo.

Cerramos bien, etiquetamos y lo guardamos tres meses en un armario que dentro esté oscuro y fresco.

Solo un detalle, a la semana hay que abrir los frascos para que salga el vapor del vinagre y si hay burbujas eliminarlas, colocando más aceite.

Que aproveche!!!

 
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Ayuno para iluminar mentes

Publicado por Sole el 27 Mar 2018 en Diario, Italia, Lo dije en Facebook

Desde hace un tiempo ronda en mi cabeza la historia de Viterbo, así que en ésta semana tan significativa que algunos organismos públicos ponen la bandera a media asta, os la voy a contar.
Corria el año 1271, tres años antes el papa Clemente IV había muerto en el Duomo de la pequeña ciudad de Viterbo y tal como mandaban las leyes, allí mismo se había reunido la plana mayor eclesiástica para nombrar la nueva autoridad.
Cada cardenal, con su séquito, sus sirvientes, curas, doctores etc, inundaron la localidad siendo mantenidos a cuerpo de rey por los feligreses, que inicialmente solo pensaron en lo importante que sería eso para su historia, pero al ver que los días pasaban, comenzaron a preocuparse.
Lo cierto es que el asunto iba para largo y el único humo que salía de las chimeneas, era el negro del no acuerdo, o el de las deliciosas viandas que los prelados disfrutaban entre conversaciones y debates.
La situación estaba en punto muerto, nadie se ponía de acuerdo en un nombre, ni mucho menos en la senda que transitaría el nuevo período.
Los prelados estaban radicalmente divididos entre güelfos y gibelinos (los primeros partidarios del papado para gobernar los territorios italianos y los segundos del Sacro Imperio Romano Germánico)
Y para liar aun más el asunto de Viterbo, también estaban irreconciliablemente divididos entre una facción francesa y otra italiana lo que no quería decir dos nombres y dos rumbos, sino que todo se reducía a que cada quien tenía su candidato, su línea de pensamiento y por supuesto la quería imponer sobre los demás como la correcta.
Los galos trataban de favorecer los intereses de Carlos de Anjou, rey de Sicilia y hermano de Luis IX de Francia, que trataba de consolidar su imperio mediterráneo (finalmente desbaratado por su gran enemigo geoestratégico, el Reino de Aragón). Conseguir colocar a un partidario en Roma era un claro punto a favor, y por eso se les conocía bajo el epígrafe Pars caroli (Partido carolino).
Los otros cardenales se oponían radicalmente formando el Pars Imperii (Partido del Imperio), porque preferían quedar bajo la influencia del Sacro Imperio, de manera que se identificaba también con los gibelinos. Así, se fueron sucediendo propuestas de unos que tumbaban los otros y viceversa.
Mientras tanto los habitantes de Viterbo y la región, veían como diezmaban sus cosechas, sus arcas y su paciencia.
Necesitaban una solución porque muchos de ellos tenían que volver a trabajar sus tierras, pero ya no sabían cual sería el régimen en el que tocaría vivir, ergo tributar.
Hartos tomaron una solución inaudita. Ya que nadie parecía hacer caso de sus protestas, por iniciativa popular dirigida por el prefecto local, llevaron a la curia al palacio episcopal -que había sido reconvertido en palacio papal- y la dejaron “clausi cum clave” (es decir, encerrada bajo llave), alimentada sólo con pan y agua hasta que tomaran una decisión. Y para ayudarles a aclarar las ideas, les quitaron el techo y las camas, les redujeron los sirvientes y les suspendieron los sueldos y les explicaron amablemente que o dialogaban y llegaban a una solución o de ahí no salía ni Cristo (esto lo digo yo ya imaginando el cansancio de los viterbenses que 34 meses son muchos meses de dios)
Y aunque al principio protestaron y se acusaron mutuamente, las inclemencias del tiempo y el magro alimento, que los campesinos conocían tan bien pero ellos no, hizo mella.
Solo así se explica que eligieran a Teobaldo Visconti, que ni siquiera era cura, y que en esa época estaba más interesado en sus conversaciones con Marco Polo y sus tíos que iban camino de Asia que en los líos de franceses y romanos.
Teobaldo pasó a llamarse Gregorio X y en los pocos años que estuvo, soltó buenas perlas.
Es el responsable de que Alfonso X el Sabio no llegara al trono imperial, de una de las Cruzadas más desgraciadas, y del sistema “Ubi periculum maius” que consiste en disminuir la ración de comida de los participantes en el cónclave para que las decisiones sean rápidas y pensadas para el bienestar de los fieles.
Así que mis señores, mis señoras, aqui la menda se va a tomar unos días de ayuno informativo que para el otro, seguirá el ejemplo de aquel cura del Ulla que solo comía lo que salía del río.
Patos, lacones, cabritos, terneras, salmones, merluzas, bicas y tinto de ribeiro que su ama arrojaba de madrugada y pescaba al romper el día.
Sed felices que de dar la tabarra siempre hay alguien que se encarga.

 
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Costrata de higos

Publicado por Sole el 10 Oct 2014 en Epicúrea, Italia

Descubrí ésta maravillosa tarta, en la Toscana.
Ese verano al volver inundé la casa de panzanellas, crostinis, pizzas fritas y alguna prueba de crostata.Dea cada una de ellas fui dejando constancia, sin embargo grande fue mi sorpresa, cuando cargada de higos de la Ribeira Sacra, fui a preparar la tarta y vi que no había dejado la receta en el blog.
Asiq eu para que no me vuelva a pasar,aqui se queda.

Vale decir que es una tarta que se puede hacer con casi cualquier fruta de carozo, pero que mi debilidad es ésta.

La receta que sigo aproximadamente es la de Jamie Oliver, una receta que aparece en un libro que nos sirvió para recorrer muchas regiones de Italia, buscando los platos que el cocinero realizó en un viaje que hizo en furgoneta por toda la bota.

Ingredientes
15 higos enteros, 30gr de azúcar, 2 cucharadas de agua, ralladura de naranja

Pasta Brisa

125 gr de mantequilla, 100 gr de azúcar, pizca de sal, 255 gr de harina, vainilla, ralladura de limón, 2 yemas de huevo, 2 cucharadas de leche fría.

Frangipane

250 gr de almendras molidas, 50 gr de harina, 250gr de mantequilla, 250 gr de azúcar, 2 huevos grandes, vainilla, 1 cucharada de grappa.

Lo primero que haremos es una pasta brisa, algo muy sencillo, básico en pastelería.
Mezclamos la mantequilla, el azúcar, la sal,la harina, la vainilla,la ralladura de limón y las yemas de huevo.
Si quieres lo puedes hacer con batidora, pero a mi me gusta meter las manos.
Cuando tengas en el cuenco una masa con aspecto de pan rallado grueso, añadimos la leche fría.
Amasamos suavemente, pero sin trabajar demasiado, sino la masa se vuelve chiclosa.
Envolvemos con film de cocina y metemos a la nevera una hora, como mínimo.
Sacamos la masa de la nevera, la extendemos, forramos el molde que hemos enmantecado previamente y la volvemos a colocar en la nevera, otra hora.

Precalentamos el horno a 180º y cocemos la base durante 12 minutos.

Para hacer el frangipane, batimos la mantequilla con el azúcar y los huevos, hasta lograr una mezcla cremosa.
Agregamos suavemente la vainilla, la almendra, la harina y la grappa (no tenía y le puse pisco que también es un aguardiente de uva o valdría orujo blanco)
Llevamos la mezcla a la nevera, por media hora.
Cortamos los tallos a los higos y les hacemos un corte en cruz en la parte superior.

Sobre la pasta brisa volcamos el frangipane y le distribuimos por todo el molde,cada tres o cuatro cm, agregamos los higos, presionando con el dedo en el centro para que se abran.
Se hace un almibar con las dos cucharadas de agua, de azúcar y la ralladura de naranja y se bañan los higos.
Jamie Oliver le agrega tomillo fresco picado por encima.
Yo no la probé así, y como tampoco tenía tomillo fresco, no quise hacer experimentos.
Se hornea la tarta por 40 m o hasta que el frangipane se vea dorado por fuera sin endurecer por dentro.
Se sirve frío con mascarpone o nata.

 
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Verona

Publicado por Sole el 30 Abr 2012 en Diario, Italia, Mis viajes

Si llegas a una ciudad y te encuentras con ésta estampa ya sabes que estas en la tierra de los eternos amantes.
Es inevitable darse de bruces con señales que ubican la historia por cada rincón o por cada callejuela.
Una carretera franqueada por hermosas fincas y viñedos, te lleva hasta Verona;mientras los camiones cargados de mercancía hablan de la prosperidad del noroeste de Italia.

Inicialmente no era de las ciudades que en éste viaje me llamaba la atención, hordas de adolescentes y de parejas, llegando para tributar su amor delante de los amantes Shakesperianos o para agiornar el rito y atar un candado al mejor estilo Moccia en alguno de los puentes, no era exactamente mi idea de abril en los lagos.
Pero al atravesar los arcos de las antiguas murallas, la ciudad te conquista y logras olvidar la ingente cantidad de corazones rojos.
No así, el rosso de Verona, que cubre las fachadas de los hermosos palacios que asoman por cada callejuela.
Al desembocar en la plaza de Brá, el Anfiteatro se muestra imponente.
Alguna vez en la vida quisiera llegar a uno que no tenga algún concierto, obra o congreso que cubra sus muros con carteles o altavoces. Luego de escapar de algunos romanos de símil piel, comienzas a perderte por plazas y puentes.
Y esa es la Verona que no hay que perderse. Hermosa.


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Módena, Bolonia y Mantua un viaje de abril

Publicado por Sole el 7 Abr 2012 en Diario, Italia, Mis viajes

Hace un año, llegábamos al aeropuerto de Bérgamo, la idea era pasar unos pocos días por la zona de los lagos, conocer Bolonia y comer en Módena en lo de Máximo Botura.
Una breve aproximación a Lombardía y a Emilia Romaña

Luego de pasar la noche a las afueras de Bérgamo y de una ardua lucha para habituarse a los mandos automáticos de BMW que nos dieron en lugar del Fiat que había alquilado online, salimos dirección Bolonia.

Por la ciudad aun quedan vestigios de la feria del Libro Infantil,así que asalto una librería mientras Gago se pierde por las calles universitarias.
La Biblioteca pública, tiene unos espacios increíbles. No se si siempre serán así ya que estaban decorados con una exposición de libros de autores participantes del evento, pero la sola distribución de las salas, los colores, el hermoso techo, me dejan embobada un rato.

Pasear por la ciudad es sinónimo de constatar que la vida cultural es activa, conciertos y lecturas en las calles. Las plazas como punto de conversación, el teatro con una pancarta reivindicativa, los muros llenos de invitaciones a eventos…

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Merodeando los Alpes

Publicado por Sole el 12 Feb 2012 en Diario, Italia, Mis viajes


Castel Toblino

Día 7

Nos dirigimos hacia Madona di Campiglio en el Val Rendena.
Al girar en una carretera una visión de cuentos nos hace buscar un cambio de sentido y retroceder. Aparcamos en un recodo donde un vendedor de manzanas ofrece sus productos, en un desvencijado camión verde.
Una veintena de ocas merodean la orilla del lago. Sobre una pequeña península el Castillo de Toblino.

Cuentan las leyendas que antiguamente era una isla pequeña en medio del lago, habitada por las hadas, pero con el correr del tiempo el lugar se unió a la tierra y así llegaron y la conquistaron militares y religiosos.
Hacia el siglo XVI, un obispo, se instaló en el castillo, con su amante. Tuvieron varios hijos. Cierto día un par de ellos, ya mozalbetes, daban paseos por el lago en una barca, cuando desde el cielo llegó el “castigo divino” y los jóvenes perecieron ahogados.
Nunca he comprendido muy bien éstos castigos que caen en los inocentes en vez de los responsables verdaderos, pero claro, siempre la mitra tiene protección extra.
El asunto es que desde entonces por las noches en el lago deambulan los fantasmas de los pobres chicos.
Pese a los sesgos de las leyendas, el lugar es luminoso y bello. Sede de un restaurante de fama y de un salón de bodas espectacular

A pocos km de Pinzolo una completa oficina de turismo nos informa de cosas para hacer por la zona, además de visitar las Cascadas de Nardis.
Subir en funicular y ver todo el valle nos parece buena idea.
Al llegar a Carisolo cogemos a la izquierda por el Val de Génova. Desde la Vedretta di Nardis a 3500 m baja el agua para crear la cascada.
Hay que dejar el coche en aparcamientos de pago (3 euros) pero lo mejor es aparcar unos poco metros antes en una zona donde no se paga (claro que no lo avisan), así que si van por allí, despacito y atentos a las señales :)

Hay anuncios de que si quieres ir en coche hasta la cascada, puedes, previo pago de 8 euros y sino tienes la posibilidad de ir andando por el bosque.
Lo mas recomendable, ya que es un paseo por un camino tremendamente trillado que se hace fácil y solo es un km.
Sorprende, a mi al menos, la cantidad de gente. Debo ser bicho huraño, porque me gustan mas los bosques y las cascadas menos concurridas.
Eso de hacer cola para poder hacerte la foto delante de la cascada, me pone muy nerviosa.
Hay un restaurante al otro lado del puente, pero hay tanta gente que proseguimos camino.


A partir de aquí, el paisaje es espectacular. Parece que tienes delante de ti, todas las casas de Heidi, sus prados, sus montañas, inevitablemente haces el tonto gritando “abuelitooo, nunca yo de ti me alejaré”


Comemos en una trattoria en Mavignola. Está todo tan impecable que uno siente la necesidad de recoger los platos y llevarlos a cocina.
En funicular subimos a Passo Grosté (2444) 16 euros cada billete, unos 25 m de subida.
Entre los pinos cientos de senderistas, mucha gente sube en funicular y baja andando, pero para eso hay que venir por la mañana.
El paseo vale la pena.
En Grosté nos damos un paseo hasta las faldas frente a Cima Brenta (3150 m)
Sin palabras.
Todo es blanco, de piedra y de restos de nieve (y eso que es agosto) Así son las Dolomitas.
Bajamos al atardecer para desarmar tienda y ver para donde dormimos en Croacia al día siguiente.

 
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Pirámides de Segonzano

Publicado por Sole el 21 Nov 2011 en Diario, Italia, Mis viajes

Día 6
Decidimos recorrer la zona, estamos en el Valle de Cembra y me apetece ver las pirámides de Segonzano.
A los lados de la carretera, las vides y las manzanas cubren cada hueco fértil.
A la izquierda se ven las montañas de Brenta (3150m) a la derecha los Alpes Cermis (2494m) y al frente y al fondo los Alpes de Siusi (3002m).
Las Pirámides están en Cembra a unos 6 km al este. Son pilares de unos 30 m coronados por una piedra. Son el resultado de la erosión de la lluvia sobre los picos. Se dividen en tres grupos a los que se accede por tres sendas muy sombreadas y perfectamente adecuadas.
No puedo evitar pensar en las Médulas. Mucho mas espectaculares y sin tener tanta trascendencia.
Es bueno llevar una merienda y hacer un picnic en lo alto.
El merendero al pie de los senderos nos cobró 16 euros por dos cervezas y unas patatas fritas pequeñas.
Volvemos a comer a la tienda, siesta de dos horas! y al lago. Al atardecer lo bordeamos paseando por un sendero ajardinado.
Tomamos unas pizzas en el Restaurante al lado del lago.
Del Club Náutico parten decenas de barquitas. Y los traineros al son destemplado de una tambora.

 
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Teatro Bibiena, Mantua

Publicado por Sole el 9 Nov 2011 en Diario, Italia, Mis viajes

Los compañeros de AEDA han sacado el primer número de su revista El Aedo, en portada y dentro hay alguna de mis fotos. Pero la de portada, es una a la que le tengo particular cariño. Ahora que estoy contando el viaje del verano, me doy cuenta que la visita anterior por esa región, aun está pendiente.
Al llegar a la bella Mantua (Mantova) ciudad que llevará un post ella sola, quedé enamorada de éste teatro.El Teatro Científico, edificio de Antonio Bibbiena del 1769, una joya en su género con platea y palco a cuatro plantas, todavía en estado original.
Por fuera no da pistas de lo que te vas a encontrar. Pero en esa suerte de deformación profesional, suelo entrar a cuanto teatro del mundo me cruzo. Dentro quedas sin palabras, abraiada.
El Teatro Bibiena como también se le conoce fue construído por uno de los integrantes de la famosa familia de constructores de teatros. Durante casi 100 años, desde 1690 hasta 1787, Bibiena era sinónimo de diseño escénico en toda Europa. Tres generaciones, los siete miembros de la familia Bibiena fueron arquitectos y diseñadores de escenarios.

El estilo Bibienas se caracteriza por tres innovaciones: el uso del arte barroco en el diseño del espacio escénico, la vasta escala y elaborada ornamentación del entorno, y el uso de la perspectiva de ángulo. La perspectiva de ángulo utiliza varios puntos de fuga en lugar de un único punto, que era el utilizado desde el Renacimiento.Esto da complejidad a la escena y mas profundidad de la perspectiva, haciendo que el ojo se sienta atraído por muchos puntos, en distintas direcciones. El efecto es tal que uno tiene la sensación de que el proscenio se extiende mas allá de los arcos.
Lo puedo afirmar porque me subí al escenario.
Cómo casi todos los fotógrafos, no suelo salir en las imágenes, pero aquí no me pude resisitir y entregué la cámara para que me retrataran en el mismo escenario que Mozart había pisado durante aquel viaje hacia Roma, en el que con 14 años aprobó en media hora el examen que a los demás (todos mayores de 20) les llevó tres horas, para ingresar en la Academia Filarmónica de Bolonia.
Cuentan que en aquel viaje, Wolfgang Amadeus escuchó el Miserere de Gregorio Allegri, ésta obra tenía carácter secreto, pues sólo podía interpretarse en la Capilla Sixtina y su publicación estaba prohibida. Sin embargo al llegar a la posada escribió de memoria una versión muy aproximada de la partitura completa. El Papa Clemente XIV, admirado ante el talento del músico, le otorgó un título que parece no despertó mucho interés en el músico. No así el teatro de Mantua, donde el joven “deslumbrado” por el teatro recientemente inaugurado, hace un alto en su periplo y da un concierto.
¡Estaba en el teatro donde comenzó la “era moderna” de las escenografías intercambiables y eso me emocionaba!

 
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Trento

Publicado por Sole el 6 Nov 2011 en Diario, Italia, Mis viajes

Día 5
Amanece un día precioso. Desayunamos en calma y marchamos a recorrer Trento. La Tierra del Concilio.
La ciudad es preciosa. Las calles están flanqueadas por mansiones renacentistas.

El Duomo, que albergó reuniones del Concilio que intentó buscar un entendimiento entre católicos y protestantes, se construyó en el siglo XIII y pese a que se acabó de construir en 1515, se mantuvo el estilo románico, ignorando los estilos góticos y renacentista.
La plaza donde está fue usada por los romanos como foro y como mercado, hoy en día es el cruce obligado de todos los que van a su trabajo o a sus compras. La fuente del siglo XIII, recuerda al visitante el nombre latino de Trento, Tridentum, ya que el dios Neptuno y su tridente ocupan el motivo principal. Sentarse en sus terrazas a contemplar la luz, mientras te tomas un café helado es un placer.
Mientras Gago se va de exposiciones al Castillo del Buonconsiglio, yo me voy de librerías.
Comemos en Tres Garifiori-una tasca de 1275!
Pasta tradicional local y cordero al limón.
El jefe de sala nos recomienda una tienda de vinos y vamos a comprar. Tomamos unos helados de mango, chocolate, pistacho y nata, espectaculares.
Regresamos al camping para una buena siesta, leer y nadar.
He aquí un pequeño paseo por la ciudad


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Pastafrola

Publicado por Sole el 6 Feb 2011 en Epicúrea, Italia

-Abuela me duele la panza.
-¿Te preparo un té de Marcela?
-Mejor una pastaflora
-Flora es tu tía, la torta es pas-ta-fro-la.
-Pues de esa, dos una para ahora y otra para llevarme a casa.
Luego venía el momento de coger tenedor y en un plato de peltre amarillo con cachones negros en un lado, entrar a pisar con fuerza el dulce de membrillo.
El agua tibia ayudaba, pero era inevitable algun goterón de dulce que se limpiaba rápido pasando el dedo por la mancha y el dedo por la lengua. No quedaban pruebas del delito.
Mientras mi abuela iba a por el tarro de mantequilla casera, los limones y la harina.
Esa mezcla de blancos y amarillos eran el complemento ideal para el rojo.
En un cuenco volvíamos migas la mantequilla. Aun hoy cuando quiero escribir y no me sale, me froto un dedo contra otro, imaginando la sensación aterciopelada de la harina abrazando la manteca dorada.
Esas bolitas blancas y tibias que como por arte de bilibirloque, se volvían una masa suave y aterciopelada.
Luego los bastoncitos de masa que había que estirar con maestría para que tuvieran el largo de la tartera.Todo un desafío, una muestra de control de fuerzas en la palma de la mano.
Finalmente hacer la rejilla de masa sobre el membrillo que ya dormía en la tartera.
Mi abuela hacía trencitas con las tiras y a veces cuando sobraba masa, o le hacía una flor en el medio o me hacía un bollito que metía en un lateral del horno y que por su tamaño se hacía antes y por ende, devoraba antes para apaciguar el ansia. Eso si, nada de agua fría después de comerlo, que sino, se te hacía una piedra en el estómago.
La tarta se pintaba con huevo y luego desaparecía en ese mágico invento de calor que daba vida a cualquier cosa que saliera de la cocina.
Cuando llegó el adelanto de un horno con cristal en la puerta, me sentaba enfrente para mirar como la masa que estaba escondida, emergía lentamente.
Pero mientras tuvimos horno a leña, con la puerta cerrada a cal y canto la espera pasaba por otros sentidos.
La información era mas verídica.
El aroma dibujaba en el aire mi ansia.
Primero era el azúcar que se derretía grano a grano, luego la masa que se llenaba de burbujas de aire que estallaban modestamente soltando burbujas de olor a pan caliente y finalmente, la sirena de “está listo” la daba el olor a membrillo caliente.
Sobre la pala de madera emergía el regalo, la curación para mi dolor de barriga.
Remedio que seguí usando incluso después de saber que todo era un cuento de mi tío Pocho, que adoraba la pastafrola y que usaba mi poder sobre la abuela, para tenerla a la tarde acompañando el mate.
Al pasear por Sicilia, me la encontré en varias pastelerías. Las probé todas. Estaban deliciosas. Pero como aquellas de aquel rincón de infancia…
Cómo soy de las que creo que uno se puede reencontrar con lo bueno de la vida, cuando me duele la tripa, me preparo una pastafrola y me la como a la salud de mi tío y a la memoria de mi abuela.

Receta.
4 huevos
200 g de mantequilla
1 taza de azúcar
1/2 k de harina y el restod el paquete para amasar.
leche tibia
polvo Royal
ralladura de limón
1/2 kg de dulce de membrillo

Se hace una corona con la harina, el azúcar, la ralladura de limón y el Royal, en el medio se pone la mantequilla a temperatura ambiente y se amasa con los dedos hasta lograr que se mezclen.
Tendrá una apariencia de granos de arroz.
Se vuelve a hacer una corona y en el centro se agregan los huevos y poco a poco la leche.
Se amasa hasta lograr una textura suave y ligera.
Se corta en dos.
Un trozo algo mayor, se estira en forma de círculo, dejando un borde que cubra la tartera.
Con el resto de la masa se cortan tiritas para hacer una rejilla.
El membrillo se hace puré con ayuda de una tenedor o batidora y se extiende sobre la masa.
Por encima se cruzan las tiras.
Se hace un repulgue y se pinta con huevo.
Al horno (180º) unos 40 m

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