Castro Candaz se pone de moda

Posted by Sole on Ene 23, 2017 in Diario, Galicia |

Cuando fui por primera vez en el año 2010, las aguas impedían el paso, Castro Candaz era una isla mágica rodeada de viñedos, piedra y cielo.
Ocho meses mas tarde, regresamos, cuando las aguas habían bajado lo suficiente como para permitir el acceso al recinto.
Gago andaba investigando para su proyecto de “República de Homes Libres”. un trabajo sobre castillos altomedievales y medievales gallegos que le había llevado a patear cuanto pedrolo en lo alto de un monte había y a la Biblioteca Nacional.
Un documento le remitió a ésta joya y allí anduvimos embelezados, en silencio, intentando comprender, cada muro, cada escalera de piedra, molinos, dinteles, agujeros en portales, etc.
Luego, desde enfrente, mientras disfrutaba de los sabores únicos de un pan y un chorizo casero, cerré los ojos y casi pude sentir el tiempo en suspenso. Un aire delicado me traía voces sin época. Susurros, prisas, manos callosas en esos mismos socalcos. Cantigas, conversaciones, miedos y risas.

Esa fascinación por las Atlántidas, por esas islas que surgen de cuando en vez me envolvió entera.

Y lamenté mucho que un sitio tan maravilloso, no fuera más conocido.

No sabía yo, que unos años después igual podía lamentar ese anhelo.

Por una extraña razón, últimamente se ha puesto de moda una suerte de tontería turística. Un coleccionable de sitios. Un yo estuve, no me enteré de que iba el asunto, pero me hice la foto.
Da igual que sea una playa, un banco o ahora un castro.
De repente un medio masivo lo saca a la luz. Y al fin de semana siguiente, decenas, cientos de coches inundan un espacio pequeño.
Los vecinos contemplan atónitos como sus caminos de trabajo se cierran con vehículos y personas.
Una suerte de romería se instala donde hace nada todo era luz y silencio.
Al principio todo es alegría y celebración e incluso la oportunidad de hacer negocio en la zona.
Pero igual toca reflexionar si ese es el turismo que queremos, el de langosta hambrienta que arrasa los campos y se va a otro sitio nuevo.
Se que hay gente que va a estos lugares con respeto y cuidado.Así debe ser.
Pero también, y vi las fotos y videos, hay gente que va a saltar de muro en muro, sin saber no solo que se está cargando siglos de historia, sino que pone a riesgo su salud, vi gente haciendo los famosos monolitos de piedras, selfies en lo más alto de la torre, saltos en el aire para simular caer al vacío, etc etc.

Quiero que todo el mundo disfrute de éste país, tanto como yo disfruto, que se ponga en valor el increíble patrimonio cultural e histórico que hay, pero también quiero, y creo que no pido mucho, que vayamos a estos sitios, con la misma delicadeza que cogemos el álbum de fotos que la abuela guarda en un baúl. Cada página-camino, cada foto-piedra que tocamos son frágiles como el papel de seda que el tiempo pone sobre ellas.

Se que a todos nos ha tomado de sorpresa (oficinas de Turismo, Patrimonio, Concello etc) pero sería bueno hacer un pequeño folleto de buenas maneras, un documento sencillo, para explicar a la gente, que está entrando en un trozo de historia que queremos se preserve. Creo firmemente que cuando conocemos, apreciamos y preservamos las cosas en su justo valor.
No hay que olvidar que las aguas subirán (algún día ha de volver la benéfica lluvia) y esos muros y piedras que ahora movemos de sitio de tanto ir y venir, se verán desprotegidos y las fuerzas del agua, que no pudieron llevar durante tantos años, finalmente cerrarán su ciclo de erosión y un verano iremos por la orilla del río, viendo madurar las uvas y castro Candaz será también una leyenda, como lo son ahora sus antiguos habitantes.

Estamos a tiempo de que ésta historia tenga no solo un final feliz, sino también un constante buen narrar. Un regalo que emerja cada año.
A todos los que vayan por Castro Candaz o por la Playa de las catedrales, o por el banco de Lobio, les pido que en estos sitios, solo hay que dejar huellas (suaves y mínimas), solo hay que llevarse fotografías, no hace falta firmar en ningún muro para pasar a formar parte de la historia del lugar, solo es necesario aprender a respirar con el ritmo del tiempo.

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