Cando os Meus son un territorio sin muros.

Posted by Sole on Feb 7, 2017 in Diario |

Para la grabación del segundo programa, la cosa no empezaba con buen pie. Manuel y yo, habíamos hecho noche en Casal de Armán, con una buena cena y mejor vino de la casa. Sin embargo dado que nos levantaríamos a las siete, se nos dijo que no se nos podía dar desayunos, eso si, se nos descontaron cinco euros del precio de la habitación.
Entiendo perfectamente que no se abra una cocina por dos huéspedes, pero hemos estado en infinidad de casas rurales en Asturias o Cantabria, que si no estaba la cocina a la hora de levantarnos (es lo malo de hacer senderismo) nos dejaban una cafetera de éstas de cápsulas, magdalenas en una lata e incluso alguna vez, un bizcocho cubierto con un paño o una bolla de pan, y un bote de mermelada.
Una vez más nos prometimos no volver por casas rurales de Galicia, salvo las que conocemos desde hace años por su buen hacer. Son los pequeños gestos lo que hacen de una experiencia, algo para recordar u olvidar.

Rivadavia se levantaba luminosa en medio de las nubes remolonas, y frente al castillo nos tomamos un buen café y unos croissant calentitos. Con el cuerpo organizado nos fuimos hacia las tierras de Castrelo de Miño, mas concretamente a la aldea de As Bouzas.
La tarde anterior ya habíamos recorrido de un extremo a otro, toda la ladera, midiendo pendientes, previsualizando la foto, leyendo en el entorno.

No podía imaginar mejor localización. Amante como soy del vino y en particular del Ribeiro, contar la historia de Xaime iba a ser una delicia.

La viña estaba húmeda del rocío de la noche, las hojas nuevas pujaban entre los hilos y ya buscaban enlazarse. Siendo vísperas del Día das Letras Galegas, tenía en mi cabeza los versos de Manuel María al padre Miño que discurría al fondo.
A la derecha Pena Corneira, sierra de bosques y roca, era un tapiz en el horizonte.
Una leve bruma presagiaba que el sol saldría con fuerza. Si todo iba bien, los vecinos de la aldea tendrían la luz en un punto muy bueno.

Mientras el equipo de producción colocaba sillas para las personas mayores y se probaban micros, cámaras y revisaban escaletas, comenzamos a rodar recursos y Manuel a colocar las plicas para marcar los sitios de la foto.

¿Cómo contar en una foto, el sueño de un hombre que durante muchos años ha ido e irá por el mundo con la bandera de un país que sabe que con esfuerzo colectivo se puede hacer realidad?
Xaime, como tantos, vio como su aldea quedaba con menos gente en las casas, vio y vivió ese salir a buscar otros horizontes, pero supo que tenía que volver a sus raíces.
La tierra se iba subdividiendo en parcelas más pequeñas cada vez, las viñas allí sembradas no daban más que para un trabajo que pocos podían hacer.
Observo la ladera, hoy extensa y sin límites y trato de imaginarla subdividida en mil minifundios, con sus lindes y marcos de piedra y me resulta sencillo imaginar la ardua tarea, de convencer a los vecinos de que lo mejor era tener una tierra única, de todos.
Imagino la escena de ir borrando cada día líneas que dividían para dibujar un mapa nuevo, de todos.
No debe de haber sido siempre fácil. Mas allá de chistes, en un país donde la tierra ha sido por generaciones el bien más preciado, motivo de disputas y desavenencias, incluso en familias pequeñas, poner de acuerdo a toda una aldea, habla de la fuerza persuasiva del sueño de Xaime.

Éste hombre que llega nervioso, emocionado, tanto que el corazón le hace saltar el velcro del micro cada dos por tres. Paseamos juntos y le cuento que mi idea de foto, es que así como la viña está sembrada en espaldera, así pondremos a la gente, cogidos de la mano, los más fuertes siendo apoyo de los más frágiles, los más nuevos, siendo savia de los más viejos, al centro la promesa de futuro que será realidad con un niño que nacerá en As Bouzas, y por delante, cestos, jarras, barricas, queipos, sulfatadoras de años que simbolizan el trabajo de todos.

La aldea avanza por el camino hacia donde estamos, vienen todos de blanco, como les pedimos. Las señoras mayores, cogidas del brazo ya son una estampa maravillosa, son un “aquí estamos Xaime para o que faga falta”

Bromeamos sobre como y cuanto saben ellas y ellos de esas viñas, sobre o traballiño que dan.
Y mientras Manuel les ayuda a colocarse en su sitio, noto desde mi lugar, apoyada en mi trípode, que todos y todas, cuando pasan al lado de una planta, le quitan alguna hojita de las que no conviene dejar crecer, le entrelazan los zarcillos febles a los cordones, desmenuzan algún terrón alrededor del tronco.
Me recuerdan a esa madre que incluso estando tu, ya en la puerta de casa, te arreglan el cuello del abrigo para que no te entre frío.

El sol brilla en el cielo, cuando Pablo el pequeño se cuelga el pipote al cuello y me mira con cara de “bueno,¿qué?”, Samanta acuna su barriga y las manos de todos se elevan.

La bruma se ha levantado del Miño y semeja reposar sobre las viñas de Solaina Minei.
Dicen las leyendas que al pie de Pena Corneira hay un cofre con monedas, creo que el mejor tesoro, está en As Bouzas, entre ésta gente que te cuenta como estaba aquello y como está.
Las horas, los días, los años que van ahí metidos. Hay quien protesta que a ver cuando se verán los resultados, que por ahora solo es meter “cartos” en la Bodega, pero una de las señoras le responde que no imagina mejor lugar para poner su dinero que en la tierra por donde caminarán sus nietos.
Los más mayores, los que ya andan cerca del siglo, se lamentan del único trozo que no es de todos, esas “sobreiras” que alguno entre bromas (o no tanto) dice que habría que quitar con un tractor de una buena vez, pero, me cuenta uno de ellos con la mirada azul del cielo que pasa, “enténdese que a muller non quera, morreulle o home nunha moto , morreulle o fillo, unha medra ainda, que foi ao río e alí quedou. Vino eu, ainda o vexo, quietiño no fondo. Nas sobreiras xogaba sempre o rapáz, enténdese oh”

Hablo con unos y otros, cada uno tiene una palabra sobre Xaime, emociona ver el cariño, el respeto y la valoración que le tienen. Me cuentan de las casas que se están restaurando, de como era aquello cuando los niños corrían y jugaban.
Mirando esas más de treinta hás sin frontera, creo que todos visualizamos un futuro brincando entre cepas.
Nos vamos al centro comunal, allí entre todos han preparado la comida, y las rosquillas!! que son deliciosas, pero lo mejor es el plop! del descorchar del vino, un vino de la tierra donde estamos, un vino de todos.
Y bebemos y brindamos y reímos.
Me emociona ver que Xaime está en todos los sitios, atento. No es de grandes palabras, sino de gestos pequeños, de esos que te dan la pauta clara de como es una persona. Su Rita también anda por ahí, sus ojos grandes se humedecen cuando le mira y un poco de lo que a ella le brilla se replica en la gente de Xaime, sus “Meus” que le quieren y le siguen.
“O verdadeiro heroísmo está en transformar os desexos en realidades e as ideas en feitos” Dice la etiqueta del vino. Y ésta frase de Castelao es una declaración de intenciones de toda una aldea.
Marchamos con la sensación de haber recibido un regalo, una historia grande, en un sitio pequeño, una historia poderosa en manos de personas que han entendido que si no queremos que el campo muera, si queremos que las aldeas vuelvan a tener tejados y chimeneas humeantes, el camino, es la unión y la lucha por un objetivo común.
Y en tiempos en que algunos solo piensan en muros, el camino está en derribarlos.
Moitas grazas Xaime, moitas grazas xentes de As Bouzas, ei de voltar a tomar un viño ollando o solpor sobre o Miño

Aquí pueden ver la historia de los Meus de Xaime. Que la disfruten!

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