Camanzo-Segunda parte

Posted by Sole on Jun 25, 2017 in Diario |

Por lo calendarios del románico que hacemos con O Sorriso de Daniel, se que hay siempre una ardua tarea en la procura de permisos y del alma caritativa que guarda las llaves de las distintas iglesias de éste rural gallego, cada vez más envejecido y despoblado. Visitar Camanzo ahora que Flora, ya no vive ahí, se planteaba desafío. Luego de varias llamadas, me informaron que en el Concello de Vila de Cruces, había alguien que sabía donde estaba la llave. Ley de Murphy, esa persona estos días no estaba, por suerte su compañera, diligentemente me consiguió el número de una señora a la que conté mi intención de ir con un grupo del Ateneo, de fotografiar, conocer la zona, etc etc.
Luego de un rato de amena charla, la señora me dijo que me daría el teléfono del cura y del sacristán, pero que primero pidiera permiso al cura, que ella le llamaba “Alegandro” porque tenía un nombre de fuera. En la página del Arzobispado, dice “Edwin” pero yo decidí callar y tomar nota.
El sacerdote amablemente me autorizó y dio las indicaciones para ir a casa del sacristán a recoger las llaves.
Llamé al sacristán y una voz femenina, muy mayor, me dijo que estaba “encamado” que de llaves nada.
Vuelta al cura, vuelta a la casa del sacristán….
Sale la excursión.

Indicación clara, “detrás de la iglesia, cementerio, detrás, primera carreterita a la izquierda, a unos 100 m”
Rápidamente en destino, golpeamos en la primera casa a los 100m, silencio, segunda casa, un perro, tercera casa, se mueven cortinas, y no sale nadie,cuarta casa, abandonada.
Será por el otro lado?, vuelta al camino, vuelta a empezar. Por el otro lado nada. Se ve una casa entre los árboles y allá vamos y una señora con todos los años del mundo, se pelea con el perro que no deja de ladrar, con su sordera y con su memoria. “Collede cara Reboreda, cala can, cando cheguedes a parada dos nenos da escola, cala can, a dereita, cala can, diante da casa pon taberna, xa non é, pero a casa si, cala can, alí é, nada a un km non máis, cala can!!”
Allá que vamos, mientras la siesta aplasta la parroquia. Llegamos a Reboreda (mas de 4 km) , sin ver nada, nos metemos en cada aldea, nada.
Vuelta atrás.
Frente a Camanzo, un señor, le preguntamos, nos manda en otra dirección,” na casa da porta de ferro, na taberna de Reboreda vivía o sacristán dos tempos da miña avoa”
En la casa de puerta de hierro, hablamos muro mediante con una señora que sostiene o se sostiene en una columna inmensa de castaño. Deja unos minutos la mirada en suspenso, rebusca en su delantal un pañuelo, se seca los ojos y nos indica claramente en dirección a la rectoral, nos manda a lo de Flora.
En medio de éste periplo, llamadas al sacerdote, que explica lo de siempre pero en otra dirección, llamadas al sacristán, “encamado”.
Finalmente el cura accede a llamar el al sacristán, nos pide que le demos una propina.
Nos sentamos a la sombre en una casa frente a San Salvador de Camanzo, esperamos. Esperamos. Esperamos.
Por delante de la iglesia un hombre menudo nos echa la bronca, que a ver cuanto le haremos esperar que tiene que ir “a cortar herba”
-Pero usted por donde vino?
-Por aqui diante!
-De nós?
-De vos!
-E porque non dixo nada?
-Sodes vos o que tíñades que estar diante da igrexia non ao lado!

Entramos a la penumbra fresca de la iglesia. Las caras de los que iban por primera vez, un poema.
En medio de indicaciones, de controlar balance de blancos, ISOS y aperturas, le pregunto a Manolo por Flora.
Ya no protesta, igual la propina de Moncho ayuda, y que no hayamos ido a las diez de la noche como los del día anterior también ( a la gente ya le vale)
Manolo rie pensando en Flora.
-Flora está mellor que ti, eu e todos nós xuntos!!! Dende que moreu o irmán, herdou e foi para Santiago!
-Vive sola?
-Claro, toda unha vida coidando de outros, ahora quere vivir a vida. Xa lle toca. E moito herdou que ao de Hacienda pagoulles dez millóns! A sobriña mira por ela, pero está ben, oh. Mellor que o irmán! Ha ha ha.

Pasamos al patio y la parra de caíño sigue allí. Entramos a la bodega.
Ofrece vino a los hombres, le pido y riendo me ofrece.
No veo rastro de l gabardina que envolvía los santos y tiemblo pensando que se cumplieron nuestros miedos. Ya no están.
Vuelvo sobre mis pasos por el camino y ahora que mis alumnos deambulan por el claustro, tengo el altar para mi. Y allí están.
Uno a cada lado del pattocrator. Con flores frescas.

Vuelvo al lagar y ahora si que brindo. Por Flora, por las monjas que dejaron su extraña bendición-maldición en la puerta del convento, por las memorias mezcladas de los vecinos que me han llevado de recorrido por los sacristanes que cada uno recuerda.

Por Manolo que recoge las enormes llaves de siempre y se va silbando bajito.

He de volver, a probar el vino de éste año, a conversar con pausas, a descubrir si además del cariño y preocupación por la iglesia, que Manolo tiene, hay alguna de las historias que Flora contaba, u otras. Al fin y al cabo la memoria se compone de las voces de todos y todas.
El problema está en ver quien tiene la llave, quien la cuida y quien abre la puerta. (La de la memoria claro)


Puerta-Palomar

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