Buñuelos de acelga. Rompiendo manías

Posted by Sole on Jul 3, 2010 in Diario, Epicúrea |

Conocí la economía sumergida, antes de saber que asi se llamaba.
La practicaba mi madre de manera extraordinaria, después de que muriera mi padre y nos dejara como dirían por mi tierra, con una mano atrás y otra delante. O como diría ella, con las cosas sin hacer.
Después de quedar solas, Beatricita se dedicó a sembrar cada rincón del jardín y de la huerta. Todo era comestible. Lechugas, zanahorias, patatas, cebollas, boniatos, calabazas (muchas calabazas) repollos, habas, arvejas. Y las gallinas, dios!, las gallinas comenzaron a multiplicarse. Era mas importante que un pollito recién nacido viviese a que mi hermana o yo necesitáramos algo.
Mas de una noche dormimos con una caja de zapatos al lado de la cama, con la lamparilla de noche encendida para dar calor a unos pollitos que no paraban de piar dentro de camisetas y calcetines viejos. Semejante derroche (el de dejar la luz encendida) solo se justificaba con la vida de una posible ponedora de huevos.
Ahora la nueva cocina alardea de productos de temporada, bah, eso lo supe yo desde los diez años, cuando nos hartábamos de cebollas, o de zanahorias, o de remolchas o de tomates, día si y otro también, según la época del año.
Mirábamos con cariño hacia los canteros colindantes, esperado que otra planta diera sus frutos para poder variar, de verde a rojo, de naranja a marrón.
Pero si algo me sublebaba de aquella dieta de calendario estricta, era la temporada de acelgas. No es que no me gustara, pero generaba en mi una mezcla de quiero y no, que aun hoy no puedo superar. No tengo problema en una ración, pero varias…
La pascualina, esa receta italiana adaptaba al Río de la Plata, le salía de miedo a mi madre, y los buñuelos también.
Pero a éstos últimos llegué a odiarlos, mas baratos que la tarta y mucho mas rápidos, eran la sal de cada día.
Ahora me doy cuenta del esfuerzo que tenía que ser para ella llegar cansada, después de horas de trabajo, a cortar, a veces ya oscurecido, un atado de acelgas, darle un susto de agua hirviendo, y luego picar pequeñito para mezclar con un par de huevos, sal, agua y harina, para luego cucharada tras cucharada volcarlos en una sartén de manteca de vaca.
Mi hermana y yo veíamos como se inflaban y navegaban dorados por la sartén y se perdían luego en el plato grande con papel estraza.
En días de fiesta, mi madre les agregaba queso rallado y nuez moscada. A veces cebolla de verdeo (cebollinos) perejil u orégano fresco.
Una taza de leche, buñuelos y a dormir. A veces solo buñuelos y mate.

Hace unos días paseaba por la finca, viendo como la lluvia fina abrillantaba las hojas de las acelgas y sin pensarlo mucho preparé un atado. Ya en casa lo herví y metí a la nevera. Por un extraño resquicio de la memoria, me llegó el perfume de los buñuelos y hoy a la mañana, me puse a ellos.
Coger la acelga fría entre los dedos, me hizo reír, en contraposición a las veces que los sabañones de pequeña me hicieron llorar. Estrujé con ganas, para ver escurrir el jugo verde. Piqué pequeñito todo. No quise hacer la conseción del queso o la nuez.
Quería ver como sabían hoy a la distancia. En medio de un menú variado.
Y saben a gloria.
Mientras preparaba me parecía oír mi madre que decía, bate, bate, incorpora aire a la masa y asi quedará esponjosa y sequita.
Un plato lleno adorna la sala. Gago y yo le vamos haciendo los honores.
Y en la infancia se me queda una manía.

3 Comments

Crispurrusalda
Jul 3, 2010 at 9:40 pm

Que lindas se leen las palabras en tu espacio y que ganas de comer unos buñuelos jeje sobre todo ahora que vivo en un pueblo que estas cosas se me hacen cercanas y cotidianas. besos


 
delokos
Jul 5, 2010 at 6:10 pm

Estos los pruebo… ya he visto la receta en los fogones :-D

Ya te contaré…


 
guisandomelavida
Jul 9, 2010 at 12:01 am

No rompen manías tus buñuelos de acelga, Sole.
Rompen recuerdos y trozos de vida.
Los mismos que con mezcla de nostálgica alegría evocarás cuando los vuelvas a oler en tu cocina.
En la cocina de tu vida.

Siempre me han gustado las acelgas, por ignoradas, por despreciadas y por desconocidas.


 

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