Bola de nata de A Capela, un dulce primigenio

Posted by Sole on Abr 27, 2015 in Epicúrea |

Cuando le comenté a Miguel Vila que iba a actuar en A Capela, inmediatamente me dijo que pasara por la panadería Vilar de Mouros y trajera una bola de nata.
“Encárgala el día anterior”, me recomendó. Y yo que en materia de ir descubriendo éste maravilloso país a través de sus sabores soy una bien mandada, allá que llamé y la pedi:
“-Tamaño?
-Para cuatro (somos dos en casa).
-Ah,unha pequena”

Ésto promete me dije a mi misma, típico de Galicia, hacer comida a “fartar”
Al llegar a la biblioteca de A Capela, comenté con Maribel, que cruzaría a coger mi pedido, y como suele suceder en toda esta tierra cuando se habla de algo de comer, aparecieron los expertos, “cógela al terminar la actuación que igual se humedece en el coche y no queda bien”, “con café está estupenda-dice una madre”, ” con licor café, mejor, tercia otra ”

“Pero pide también una bola de Neda, solo se hace en fin de semana, aprovecha, está de muerte, la pones en la boca y es suave, no como la de nata que al comer, hace bola, está rica, per…”
Airadas voces retrucaron en defensa del dulce local, ante el “de fuera” (Neda está a menos de 20 km)
Que si uno que si otro, al llegar al mostrador, y ver la pinta que tenían, decidí mandar al diablo la dieta y traer las dos.

Al preguntar por su origen me contaron que la bola de nata o de azúcar como le llaman en A Capela es un dulce típico de la zona norte de la provincia de Coruña, desde Pontedeume hacia arriba. El dueño, Javier, nació en una aldea que da nombre a la panadería “Vilar de Mouros” y cuenta que de toda la vida, se hizo la bola de nata. Me encanta esa medida, me parece tremendamente fiable algo que se hizo desde que la memoria se ilumina. En tiempos en que la pobreza ponía el azúcar al nivel del lujo, ésta bola era un regalo especial en casas de aldeas alejadas de pastelerías y panaderías.
Según las casas, el pan se hacía cada semana o cada 15 días, entonces se apartaba un trozo de masa, se extendía, se le hacía un repulgue y dentro se le agregaba la nata gorda, la que se quitaba de la leche, una nata amarilla, con buen porcentaje de grasa. Por encima se espolvoreaba el azúcar y al horno.
El aspecto es sencillo, no sabes si estás delante de una pizza dulce o de que…al cortarla descubres una miga, esponjosa y el sabor es increíblemente dulce.
El contraste con la masa salada me retrotrae a las tardes de pan untado de “gordura”* y miel, que nos daba mi tía Mirta.

La otra bola, la de Neda, o como me dijeron en la panadería, la de Padrón, es otra cosa.
Ante semejante baile de nombres fui junto a la madre que me recomendara comprarla y me confirmó que esa era la de Neda (una incognita para resolver en otro viaje) Aunque me huele que algo tiene que ver el hecho de que el pan de Neda y la bolla de huevo de Neda, tienen un registro de calidad y ya se sabe como va todo el tema de los etiquetados.
Esponjosa, húmeda, delicada por dentro, y preciosa en ese envoltorio de papel anudado en las esquinas.
Lo cierto es que si tuviera que elegir, volvería a traerme las dos.
Son completamente distintas y ambas deliciosas.

*Gordura llamábamos en Uruguay a la nata que iba quedando encima de la leche fresa.

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