Ao Pé do Lar la historia de 12.500

Posted by Sole on May 11, 2010 in Diario |


Un momento de “Comer la Vida” cuando emocionados los presentes pasaban las páginas del primer libro de cocina del chef Marcelo Tejedor. Un poco la filosofía de la expo, compartir lo que se descubre y enamora

Cuando Gonzalo cerró la puerta del Museo, sonriendo como tantos días que nos despedíamos al final de la jornada, como hace desde hace tantos años, me fui calle abajo, mirando los reflejos dorados de las farolas en las piedras. Las chiribitas de mis ojos hacían juego con ellos.
Como en alguna de aquellas películas de los 50 en que el protagonista después de besar a la chica se iba dando saltos por la calle, así se iba mi corazón.
En un minuto pasaron frente a mis retinas, decenas y decenas de recuerdos hermosos.
Niños y adolescentes que por las mañanas llenaron las salas, adultos que por la noche se reunían alrededor de nuestra lareira a escuchar cuentos, historias y música.
En las paredes, más de cincuenta imágenes, pero detrás de cada una de ellas, una cadena de historias, de momentos de risas y lágrimas, de compartir lo más íntimo y sagrado de una casa, la cocina.
Cada foto tiene olor y sabor a humo, a leña, a hojas secas, a piñas, a castañas, a chorizos, empanadas y licores.
Mi mano tiene aun huellas de tantas horas de Nikon a cuestas, y mi espalda el recuerdo de tantos km, pero todo eso queda atrás ante tanta generosidad.
Si reducimos todo a cifras, nos podríamos quedar con los 12.500 visitantes que la Exposición tuvo en 40 días, en las centenas de raciones de las recetas puestas en valor, en las 20,000 recetas que se repartieron, en los 1000 catálogos, en los casi 800 niños que descubrieron que “eso que hay en casa de la abuela” es algo de mucho valor, en los 200 adultos que se calentaron a base de sopa de ajo y licor café en las noches de cuentos, en los más de 150 que se vincularon al trabajo de buscar por todos los rincones ( y que podían haber sido mas, porque en ésta Expo está quien quiso estar) , en los 50 que fuimos testigos y tuvimos la suerte de “comer la vida” de un gran chef, en los siete grandes chef de Compostela que abrieron sus fogones para locales y visitantes pudiéramos degustar lo que en la expo se mostraba, en los 300 que fuimos ala inauguración, etc, etc
Pero detrás de cada número hay algo más grande, la generosidad infinita de dejar de lado egos y protagonismos, para pasar a ser un engranaje más de un sueño que se hizo realidad.
Alguien preguntó un día que quería decir la última foto, la de varias chimeneas de Santiago, la que está llena de nombres. Es una metáfora de todo el trabajo realizado durante meses. Un trabajo de hormigas, a ras de suelo, a nivel de las llamas que arden en las lareiras, pero que las chimeneas suben al cielo.
Quienes hemos trabajado en Ao Pé do Lar, hemos sido eso, un grupo de personas que apoyados por muchas, muchas más, nos hemos metido en vericuetos de maíz que se desgrana, ollas que huelen a caldo, bancos que tienen huellas del tiempo. Y nada de eso hubiera sido posible sin quienes elevaron nuestro trabajo de calle y lo enseñaron a los cuatro vientos.
Hablo no solo de los patrocinadores, de la apuesta por mostrar que la gastronomía es cultura, del Fórum Gastronómico, del tesón luchador inagotable de la gente de Turismo de Santiago (Tono que haríamnos sin ti) , de Galicia Calidade, que creyó que esto era algo que debía ser visto. Hablo de los que cogieron el teléfono mil veces para dar datos, lugares, llaves. Hablo de los que abrieron sus bibliotecas y cajones para dar folletos antiguos, artículos, tesis doctorales, fotografías. Hablo de los que recorrieron su barrio, aldea, comarca. De los que desarrollaron, al igual que nosotros la extraña propensión a mirar cada chimenea con la pregunta de “cómo será la lareira que hay debajo”
Hablo de los grandes cocineros de los restaurantes de Santiago que durante un mes, algunos más (Garum y Abastos teneis un trofeo), pusieron a disposición de compostelanos y visitantes, la posibilidad de hacer realidad, lo que veían en la Expo.

Receta interpretada de las tradicionales papas gallegas, ese plato que casi toda la gente que pasó por la expo, recordó y contó la versión de su casa

Hablo de quienes nos regalaron su memoria, su sentir, su vivir a través de vídeos y palabras que quedaron escritas en los libros del Museo y en nuestro corazón.
Hablo de los que quedaban frente a cada lareira retratada y se sumergían en laberintos de la memoria familiar, para después emocionados acercarse y contarte.
Nada es equiparable a esas miradas, a los pasos lentos frente a la señora Otilia, a los “mira, como la de casa” a los “qué pena que la nuestra ya no esté” a los “ gracias por esto”, a los momentos hipnóticos frente a la mirada de la señora María, o de la mano de Fina o de la estampa del Hermano Nacho.
Mañana una parte de Ao Pé do Lar, comienza su andadura por Galicia. La Fundación Caixa Galicia de Pontevedra, acoge algunas de esas historias que hemos recopilado.
Pero la cosa no queda ahí, ya sabemos que luego irá por otras geografías gallegas, nacionales y allende los mares.
Pero mientras eso sucede, yo me quedo con una gratitud inmensa hacia todas las personas que son parte de Ao Pé do Lar.
Por naturaleza, todos los humanos, cuando vemos un fuego, nos acercamos a él y extendemos las manos, cuando las tenemos tibias, solemos llevarlas a las rodillas, a las mejillas. Nos guardamos ese calor para nuestro cuerpo y nuestra alma.
Pero cuando tenemos a nuestro lado, alguien querido o algo que nos importa, ese calor se comparte y tus manos van a las manos del otro y el calor circula. Y el fuego no se pierde. Se multiplica, ilumina, calienta.
Y eso ha pasado en Ao Pé do Lar que la generosidad de unos cientos, ha hecho que miles hoy miren de otra manera un recuncho que algunos quieren que dejemos enfriar.
Y no lo podemos permitir. Porque cuando se enfrían los calderos, se enfrían las palabras y la memoria se pierde, o queda perdida en ensayos sesusos, que solo son la evidencia de que algo desaparece. Pero cuando la memoria se publica en folletos de aldea que hacen cocineras que mantienen la memoria, por Palas de Rey, como María (gracias por esa costrada que sumamos a la de Erundina-que hoy es de todas las señoras que en la calle me dicen,”la he probado”) a los Carlos perdidos en Los Ancares que ponen de fiesta botelos y corzos, a las Marujitas que mantienen manteles a cuadros con recetas aprendidas en la memoria del calor que da en la tripa que se acerca al fogón, en los manteles blancos que sobre mesas largas reúnen familias los domingos. La memoria late en señoras como Lola que sacan su vino y su jamón y convoca a los muertos a que cuenten. O en la bendición del pan que removió la artesa que hacen por Noente, Meixide o Cambre.
Cuando la memoria se publica en la mirada, los ojos miran al futuro en la mejor llama, la que mas alumbra, la llama de la historia que no se olvida.
A todos, gracias, gracias.

Quise resumir en Esperanza, la generosidad de todas las personas que abrieron su casa, ella, hasta sus armarios, cajones y alacenas para que Ao Pé do Lar, luciera

En nombre del equipo, quiero agradecer especialmente al personal del Museo do Pobo Galego; ellos vistieron de gala y mimaron con esmero nuestro trabajo, estamos seguros que han marcado el camino para todos los que acojan después, esta llama de memoria viva.

6 Comments


[...] puedo esperar después de leer el post de Sole Felloza sobre este asunto. Más emoción imposible concentrarla en pocas [...]


 
el pingue
May 11, 2010 at 2:02 pm

¡Qué grande y cuánto me alegro!
Beostes!


 
Mercedes
May 11, 2010 at 2:50 pm

Felicidades Sole, os lo merecéis. La exposición es estupenda. Un besote


 

[...] La caja de los hilos » Blog Archive » Ao Pé do Lar la historia de 12.500 soledadfelloza.com/la-caja/?p=2707 – view page – cached Un momento de “Comer la Vida” cuando emocionados los presentes pasaban las páginas del primer libro de cocina del chef Marcelo Tejedor. Un poco la filosofía de la expo, compartir lo que se descubre y enamora Cuando Gonzalo cerró la puerta del Museo, sonriendo como tantos días que nos despedíamos al final de la jornada, como hace desde hace tantos años, me fui calle abajo, mirando los… Read moreUn momento de “Comer la Vida” cuando emocionados los presentes pasaban las páginas del primer libro de cocina del chef Marcelo Tejedor. Un poco la filosofía de la expo, compartir lo que se descubre y enamora Cuando Gonzalo cerró la puerta del Museo, sonriendo como tantos días que nos despedíamos al final de la jornada, como hace desde hace tantos años, me fui calle abajo, mirando los reflejos dorados de las farolas en las piedras. Las chiribitas de mis ojos hacían juego con ellos. View page Tweets about this link Topsy.Data.Twitter.User['santiagoturismo'] = {“photo”:”http://a3.twimg.com/profile_images/840190505/estrella-640-trans_normal.png”,”url”:”http://twitter.com/santiagoturismo”,”nick”:”santiagoturismo”}; santiagoturismo: “RT @Colineta: IMPRESCINDIBLE. Una historia impresionante: Ao pé do lar, la historia de 12.500, por Soledad Felloza http://bit.ly/cKYMjK ” 26 minutes ago view tweet retweet Topsy.Data.Twitter.User['colineta'] = {“photo”:”http://a3.twimg.com/profile_images/774743667/mv_normal.jpg”,”url”:”http://twitter.com/colineta”,”nick”:”colineta”}; colineta: “IMPRESCINDIBLE. Una historia impresionante: Ao pé do lar, la historia de 12.500, por Soledad Felloza http://bit.ly/cKYMjK ” 2 hours ago view tweet retweet Filter tweets [...]


 

[...] o marabilloso texto que escribiu Sole hoxe sobre a nova vida itinerante da exposición: Ao pé do lar: a historia de 12.500, que expresa emocionalmente o que sentimos e o que aprendimos coa realización deste proxecto. Unha [...]


 
dedoenlasopa
May 11, 2010 at 11:54 pm

Noraboa! adiante toda!!


 

Reply

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