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Mi madre si que sabía ordenar…

Publicado por Sole el 22 Ene 2019 en Diario

Porque en los tiempos de mi madre no había Netflix, que la Marie Kondo ésta queda para la risa al lado del sistema de orden de mi progenitora.
Mujer que al igual que muchas cuando entraba en el cuarto de los hijos iba arramblando con cualquier cosa que le pareciera mugre. Léase restos de comida, papeles con corazones o ropa.
Me río yo de las siete categorías de la chica ésta, mi madre te dividía en decente o indecente según el grado de limpieza que demostrabas en tu ropa y aspecto personal, ya ni te digo en el de los armarios.
¿Qué cómo me sé lo de las categorías? pues porque me vi un capítulo, que no es cosa de criticar sin fundamento.
No sé que me pone más de los nervios, si la eterna paz que manifiesta o que se despida de cada camiseta.
Porque además ya os digo yo, que su método, claro que te deja todo ordenado, tirando, así cualquiera!
Dejando solo treinta libros. Ilusa!! Tengo sobre mi mesa de noche 38 pendientes.
Lo mejor es como llora la gente al pensar con los ojos cerrados sobre “qué es su casa”.
Que de verdad nos merecemos la extinción si para darnos cuenta que la casa es más que un lugar donde dormir, comer o hacer lo que quiera que haga cada uno en su morada, tiene que haber un programa de TV que nos ilumine.
Vivimos tan locos con hipotecas, horarios, trabajos que muchas veces no nos hacen felices (si lo tenemos) que no somos capaces de ver que el desorden no es solo cosa de la casa, tiene que ver con el “des-orden” de nuestras vidas.
Es cierto que ha quien acumula por demás, pero yo que soy de las de tener un abrigo que me dura años, faldas y blusas antológicas, ese sistema de solo tener en el armario la ropa de la temporada, no me va. Básicamente porque hay años que igual no compro nada. Que solo cojo lo que necesito.
Le doy la razón con lo de quedarte con esa ropa que te hace feliz. Por cómoda, porque te la tejió alguien que quieres, porque te recuerda un día especial.
Pero el resto del método…quien lo compre para estar a buenas consigo mismo, que me lo cuente!
Yo creo que tenía razón mi abuela cuando decía:- el que anda cagado, ahí donde vaya se lleva la mierda.
Que tener los armarios y la sala impecable para luego no hablar con tu gente y conectarte al televisor para aprender a como ser feliz, me parece a mi, una tontería de las buenas.
Que se venga a mi casa, que ya no tiene muro libre de tantos libros, que se venga a ver lo que es mi colección de entradas a Museos del mundo, de carteles de obras donde he actuado, los cacharros llenos de piedras de los caminos por donde voy pisando, las fotos, la colección de cajas, los caramelos, las velas, la tabla de planchar, Cloe y sus pelos y Gago y yo estomballaos en el sofá muertos de risa.
A ver como le explica eso la traductora.
Ilustra Katjee Vermeire

 
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El año que Baltasar vivió en mi casa

Publicado por Sole el 6 Ene 2019 en Cuentos, Diario

Llegaron los Reyes, llegaron los Reyes! gritamos mi hermana y yo, corriendo por la casa, con el cuerpo lleno de emoción.
Habíamos mirado debajo del árbol y allí, sobre nuestros zapatos recién lustrados, teníamos un regalo para cada una.
Aún no eran las nueve pero el sol ya alborotaba las cigarras y el pasillo era una senda de líneas doradas que se enredaba en nuestras piernas.
Por experiencia ya sabíamos que en días así, mis padres estarían bajo la sombra del paraíso, tomando mate.
Fuimos a buscarlos para poder abrir los regalos juntos.
Adoraba la sensación de salir del túnel en penumbras que era la casa, al estallido de luz del patio en esos eneros calurosos del norte del país.
Me detuve en ese segundo de ceguera. Y ahí comenzó uno de los mejores años de mi vida.
Mi hermana lo vio primero y yo me di contra su espalda al retomar mi carrera.
Mis padres no estaban solos, con ellos, tomando mate y comiendo pan dulce estaba…Baltasar!
Nos miramos dudando. Pero seguía allí.
Era tal y como yo lo había imaginado, era tal como mi hermana lo había dibujado en la carta.
Negro, muy negro, negro azul!
Su lengua era roja.
Y sus ojos parecían dos caramelos de miel en un tazón de nata.
Lo miramos hipnotizadas, sin saber que decir.
Llevaba una camisa azul cielo y un pantalón arremangado en la pierna derecha hasta la rodilla.
Su cabeza estaba rodeada de una mata de pelo ensortijado negro y plateado.
Ante nuestra asombro, mi padre preguntó riendo:
-¿Les comió la lengua un ratón? Saluden a Baltasar. Tuvo un accidente anoche al repartir los regalos y ya iba el pobre tan dolorido que le hemos dicho que se quede unos días aquí que seguramente ustedes lo van a cuidar muy bien.
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