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La maldición de la tele- Dark Edges

Publicado por Sole el 5 Jun 2018 en Diario, Irlanda, Mis viajes


Leí hace poco que un alcalde de un pueblo precioso, andaba buscando desesperadamente un contacto con alguna de las productoras que facilitan localizaciones para series o películas.
Y me pregunto si se están midiendo las consecuencias de aparecer en una serie de éxito. Si estamos preparados para las consecuencias que acarrea.
En éste verano hemos sido testigos de lo que puede generar una aparición en alguna de éstas producciones.
En Gaztelugatxe han quedado sordos de tanto oír la campana que sin cesar tocaron los miles de turistas que fueron a ver el lugar donde Daenerys Targaryen por fin se encuentra con Jon.
Y si la alegría de la zona radicaba en que pondrían su nombre en el mapa mundial, menudo chasco al descubrir que istagram se ha llenado de fotos con el hastag “Rocadragón”.
Ahora están pensando habilitar un aparcamiento un km arriba, que la gente baje andando, limitar las visitas y el tradicional toque de campana que la leyenda dice hay que tocar al peregrinar hasta allí.
Otro tanto ha ocurrido con la playa de Muriola en Barrika, una playa poco frecuentada, refugio de nudistas que éste año se han visto desplazados por hordas de fanáticos cámara en mano.
Si quieren ver todas las localizaciones de Juego de Tronos en España, basta buscar en google. Eso si, al lado de los nombres aparecen alquileres de casas, pisos, hoteles etc, a precios que hace un tiempo ni de broma se hubiera cobrado en el lugar.
Y parece importar poco que el paraje, playa o castillo deje de llamarse por su nombre, muchos aspiran como salvación y gloria, mudar su histórico nombre por el inventado por algo que sale en la pantalla.
Un ejemplo es un maravilloso camino irlandés que descubrí hace unos años, gracias a un fotógrafo que durante semanas siguió el paso de la luz entre las ramas de sus árboles.
Pero el lugar, fue utilizado en Juego de Tronos y desde ese día, los vecinos contemplan horrorizados como autobuses, furgonetas, coches y motos les incordian la salida de su casa.
Esta hermosa avenida de hayas fue plantada por la familia Stuart en el siglo XVIII para impactar a los visitantes que llegaban a Gracehill House.
Pero ahora se le conoce como Camino del Rey y allá van en peregrinación los amantes de los siete reinos.
Ingenua de mi, llegué al lugar emocionada, en shock y sin saber que el camino había sido utilizado en la serie.
Emocionada, porque vería al fin esa danza de luces entre las ramas, en shock porque acababa de salir de la Calzada del Gigante (ya subiré esas fotos) y venía sobrepasada de gente.
Caía la tarde, pedí a Gago para aparcar en un camino cercano así entrábamos como a una catedral, en calma.
Mi gozo en un pozo.
No solo no había silencio, sino que pululaban decenas de personas que se abrazaban a los árboles, escribían su nombre, corrían.
Gago dice que soy maestra en lograr fotos sin gente en sitios abarrotados.
No siempre lo consigo.
Pero entre un grupo grande que abandonaba el lugar y un bus lleno de indios que llegaba, por un instante conseguí silencio y un lamento me envolvió.
Y aquí lo dejo.

 
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Lecho de rosas…o de camelias

Publicado por Sole el 4 Jun 2018 en Diario

Cuenta Séneca, que Mindirides, de la ciudad de Síbaris, paseaba un día de mucho calor cuando vio un obrero cavando, con la azada en alto.
Al verle, se quejó de sentirse cansado y le prohibió hacer el trabajo a su vista.
¿De dónde venía ese cansancio? Según Mindirides porque había dormido muy mal en un lecho de rosas porque uno de los pétalos se había doblado.
Nunca he dormido en un lecho de rosas, pero en éstos de camelias, podría echarme una siesta estupenda :)

 
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Avila, un viaje en el tiempo

Publicado por Sole el 2 Jun 2018 en Avila, Diario, Mis viajes

En América Latina, las tías, son una institución. Otro día os contaré de mi colección personal de hermanas y cuñadas de mi madre. Pero si en algo se caracterizan es en su preocupación constante, cuando estás creciendo, por tu persona. Unas por lo que comes, otras por lo que vistes, otras por con quien andas y siempre hay alguna que se preocupa por tu alma.
En mi caso, mi tía la soltera, venía por el camino de la amargura conmigo, porque yo ya apuntaba maneras de salir torcida. No le había gustado nada que saliera por la radio haciendo un personaje de radionovela, y aunque mi padre le aseguró que era un juego de niña, ella por si acaso, me regaló una tarde un librito que oscureció mi infancia.
Porque mi tía la soltera era de las de antes, las de vestir santos, no como las de ahora que desvisten todo lo que se les cruza y lo pasan pipa. Beata, de sonrisa escasa y coscorrón latente.
Vida y milagros del corazón de Santa Teresa de Jesús, era el librito verde que me hizo leer.
Yo que era de natural impresionable, que vivía todo lo que leía con absoluta entrega, desde un ataque pirata, a una vuelta al mundo en globo, lloré tardes enteras con aquella llaga que consumía de pena a la monjita. Me disgusté enormemente con esa serie de desdichas y no llegué a comprender nunca eso de que el dolor sublima al alma.

Así que cuando muchos años después, llegué a Ávila, para actuar en un sitio de culto, el café teatro Delicattesen, me prometí que pasearía toda la ciudad, pero que evitaría de cualquier manera todo contacto con Teresa de Jesús.
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