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Despistes.

Publicado por Sole el 27 Ene 2018 en Diario

Como elefante en una cacharrería o de como la Sole se viene arriba con facilidad.
Por cuestiones mas que nada de trabajo, este año no he tenido tiempo de ir a las rebajas en esos días de colas descomunales, así que ya había olvidado la sensación de abarrotamiento de algunos sitios.
Colas eternas para pagar, cajeras que alimentan al señordueñodelsuper, y conversaciones que demuestran el nivel de frustración, cansancio o estrés que tiene cada pareja que espera.(¿Por qué al hiper hay que ir en pareja si es sábado?)
Me maravilla siempre el momento en que la cola se detiene para que la cajera ponga la recaudación en unos tubos de plástico transparente, los cierre con una extraña tapa y los introduzca luego en un tubo que emite un sonido aspirado extraño. Imagino entonces una cabeza hídrica, con una boca llena de dientes verdes en forma de triángulo, carcajadas sibilantes y ojos brillantes del señordueñodelsuper, engordando sus caudales con nuestra generosa aportación.
Estaba por comenzar con uno de mis deportes matemáticos, que consiste en hacer un promedio de lo que pagará cada persona y multiplicarlo por cuantos pasan durante un período de tiempo X; malsana curiosidad que me deja entrever cuantos euros entran por minuto en la cuenta corriente de ciertos señores, actividad que me ha llevado incluso a calcular lo que pagan de IVA, por empleados, alquileres y demás, en una extraña e inútil (para una artista) virtud de calcular cifras a una buena velocidad. Pero ésta vez no llegué muy lejos en mis cálculos, ya que una pareja atrajo mi atención.
Y sobre que los vi, noté que no eran los únicos, es más, se podía decir que la única que no estaba en el complot de ese día, era yo. La consigna , resonaba por los altavoces en plan sentencia. “Lleve solo hoy su TV de plasma, por 499. Su supermercado, le hace feliz”
A mi alrededor, decenas de cajas enormes.
¡La invasión de las imágenes tamaño ventana!
Ventana grande!
La señora de la pareja que me llamó la atención primero, miraba hacia la caja de cartón, con una desolación que contrastaba con la felicidad infantil de su cónyuge mientras comentaba:
-¡Pero “eso” no tiene espacio arriba para poner mis porcelanas!
Yo que no tengo ninguna, la entendí y hasta me preocupé, al hacer un cálculo mental de todas las porcelanas que hasta no hace mucho campeaban orondas en las tremendas cajas de los antiguos y queridos televisores de tubo, y que ahora que la reina de los hogares, se ponía a dieta y se modernizaba, dando paso a la pantalla plana, ¿dónde irían a parar
tantas bailarinas de puntillas, tantas golondrinas emprendiendo el vuelo, tantos delfines, cisnes, elefantes de la suerte?
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Mántaras

Publicado por Sole el 24 Ene 2018 en Diario, Galicia

Me gusta recorrer el mundo, leyendo en sus horizontes. Es maravilloso ver como la tierra guarda los registros, buenos y malos de los hombres y mujeres que la hemos caminado durante miles de años.
Cuando naces en un país, cuya historia oficial reconocida, no pasa de doscientos años (por suerte eso va cambiando) te embelesa cuando vives en otro lugar del mundo donde puedes ver las señales de vida o de muerte de varios siglos atrás.
Tengo particular devoción por petroglifos y mámoas. De petroglifos ya hablaremos otro día.
Pero las mámoas, las tumbas megalíticas que asoman entre el verde, dibujando otro paisaje en el paisaje natural, me fascinan.
Las hay violadas y saqueadas, las que les han plantado eucaliptos encima y las que permanecen mostrando su perfil en el territorio.
Por eso cuando el otro día nos acercamos a Mántara en Ferrol, para ver éstas que hoy les muestro volví encantada.
Para que el gusto fuera completo, hay una ermita románica preciosa. Y alrededor, las tumbas, y en medio del prado, cual límite entre el día y la noche, la muerte y la vida, un menhir por donde el sol marca su ritmo.
Me encanta el título que Gago puso al post “Mántaras: Alí onde se cruzan os mortos e o sol”
Acérquense por ahí un día. Vale la pena.

 
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Joyas medievales de la Llanada Alavesa- Iglesia de San Martín de Tours en Gazeo

Publicado por Sole el 22 Ene 2018 en Diario, Mis viajes, Navarra

Llegamos a Gazeo, aparcamos al lado de una fuente de la que sale una agua helada. Detrás tiene un grafiti inmenso de una mujer trabajando. (cuando no?)

Caminamos hacia la iglesia, que data del siglo XIII y que conserva un ábside románico, arcos y una ventanilla preciosa atrapada en el alero de la construcción.
La iglesia está en pleno transito del Camino de Santiago Vía de Bayona, un camino que más adelante se une con el que viene de Roncesvalles.

Pero lo destacable de ésta iglesia es lo que se descubrió hace ya años detrás del retablo. Retablo que se conserva en trozos, decorando el interior.

Lo que sorprende es la cúpula interior.
Los frescos que la cubren son impresionantes.
Pensados para una época donde pocos sabían leer, si recorres de un lado al otro el espacio.Aprenderás con claridad todo el catecismo.

Por lo menos lo que tiene que ver con lo que hay que hacer para ser buen o mal cristiano.

Así vemos a Cristo reinante, con una corona que por error el restaurador le puso en la cabeza, ya que hoy se sabe que es la paloma del espíritu santo.

Vemos la procesión de pecadores camino de un impresionante Leviatán.
La caldera de Pedro Botero, echando humo literalmente.

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Joyas Medievales de la Llanada Alavesa- Iglesia de Santa María de la Asunción de Alaitza

Publicado por Sole el 21 Ene 2018 en Diario, Mis viajes, Navarra

Cuando llegamos a la iglesia que motivó el viaje, comienza a nevar.
Ésta iglesia del siglo XIII, por fuera, no anticipa nada de lo que te encuentras dentro.
Al entrar, se nos abre la boca, inevitablemente-
Manuel y yo, sin haberlo hablado, teníamos la certeza, no se si por las fotos vistas en prensa, de que las pinturas estarían elevadas, a una distancia muy superior.
Sin embargo, están casi que al alcance.

De la mano, que no de la comprensión.

Se han realizado encuentros de especialistas, se ha escrito mucho, pero lo cierto es que éstas pinturas, tienes mas conjeturas que certezas.

Yo no soy experta, así que mientras Gago y Ander, intercambian teorías, datos, y curiosidades, yo saco mi 105 y empiezo a disfrutar como una enana.

Las pinturas en su conjunto, narran de forma sorprendente una serie de hechos que poco o nada tienen que ver con los habituales símbolos o estampas religiosas de las iglesias.

Verdaderas batallas , saqueos, duelos, sitios…

Al centro, una mota, de libro, con sus arqueros y ballesteros. Cada soldado interactúa o dispara a un soldado que le responde desde fuera.
Es vibrante la acción, casi se puede escuchar el fragor de la batalla.


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Joyas Medievales de la Llanada Alavesa- Iglesia de la Natividad de Nuestra señora de Añua

Publicado por Sole el 21 Ene 2018 en Mis viajes, Navarra


Hace unos meses, vimos un reportaje sobre ellas y decidimos que teníamos que ver esa maravilla con nuestros ojos.
Siguiendo las instrucciones de la web, solicitamos la visita guiada, la mejor forma de descubrir las llamadas joyas medievales de la Llanada Alavesa.
Son tres iglesias pequeñas, escondidas en aldeas a juego, que sorprenden con lo que esconden en su interior.
La visita comienza en Añua a las 10,30 en la Iglesia de la Natividad de Nuestra señora de Añua.
Llueve y pese a eso, no me resisto fotografiar la iglesia desde el puente por el que se accede.
Nuestro regalo de Reyes, es 6 de enero , comienza cuando llega Ander Gondra de Álava Medieval.
Nos cuenta, fotografías en mano, como la iglesia tuvo anexos, hoy retirados, que se usaron como casa, escuela, rectoral etc.
Me encanta ver la huella que la época de la escuela dejó en los muros. Pequeñas cazoletas y grafittis que los niños hicieron con sus canicas.
Antes de entrar al edificio rodeamos las iglesia para observar el magnífico ábside ochavado de cinco paños que ejemplifica a la perfección el paso del estilo románico al gótico.

Capítulo aparte merecen los canecillos de Añua: una cabeza cubierta por una piel de león con las fauces abiertas, un león con la garra levantada y una bola bajo ella, una cabeza de toro, un juglar con sombrero picudo, un mascarón con grandes ojos y lengua colgante, una dama con tocado en actitud exhibicionista, un hombre que también está mostrando su desnudez, un cantero con pico, un monstruo con dientes afilados. Una enciclopedia de códigos moralizantes de la época, pensados para aleccionar a los feligreses y a los peregrinos que usaban esta ruta que más adelante se junta con el camino francés que baja desde Roncesvalles.
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Mantita

Publicado por Sole el 19 Ene 2018 en Diario

Como muchos de ustedes, de pequeña, tuve una mantita de esas que se desvanecieron en el tiempo de tanto usarla.
La mía era de aquellas que el dibujo estaba de un lado y del otro. Era un caballito que galopaba entre nubes, de un lado fondo verde y caballo blanco , de un modo incomprensible para mí, exactamente a la inversa del otro.
En una esquina, mi nombre bordado.
Sin saber que sonaba lorquiano, cuando estaba de rabieta me envolvía con el caballo verde galopando contra el mundo exterior y dentro de mi burbuja de lana, me escapaba entre esas nubes peludas y me escabullía del mundo.
Cuando estaba asustada, dejaba por fuera el caballo blanco, dándole a la manta superpoderes de invisibilidad ante los truenos o los disparos que en la noche solo quería significar que estaban persiguiendo a alguien por pensar distinto, aunque eso yo aún no lo sabía. Era miedo y punto.
Me la requisó mi madre un día que muerta de vergüenza supo que la llevaba a la escuela.
Desgastada como estaba, seguía siendo mi escudo en las batallas y escaramuzas de la niñez.
Años mas tarde descubrí que no era verdad que se perdiera, porque mi madre la tenía para planchar la ropa.
Aunque luego de pasar la mano por ella, me di cuenta, al mirar que entre mis dedos dormía un hilo, que ella me había sido fiel y que si estaba deshilachada, era porque cada vez que alguno de mis vestidos o pantalones fueron planchados ella puso un trocito de sí para ir conmigo por el mundo.
Con los años y por mi oficio, he visto mi nombre muchas veces impreso, pero tenerlo otra vez para poder pasar la mano por él, sintiendo el tacto tibio, no solo de la tela, sino del tiempo que alguien dedicó para dejarlo allí bordado, no me había vuelto a pasar.
Fatima, no solo ha hecho una toalla para mi, sino que también hizo una para Martín, para Antonio y para Mara.
Creo que ella no sabe, que cada minuto que usó para hacernos este regalo, se ha transformado en un mimo protector que nos acompañará muchos años.

 
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Anillo

Publicado por Sole el 16 Ene 2018 en Diario

Una de las cosas buenas de las limpiezas que uno hace a principio de año, es que te encuentras en rincones de cajones y cajas, o en bolsillos de bolsos o abrigos, cosas olvidadas que te traen recuerdos de historias increíbles.
Hace unos cuantos años estaba en Castellón por una actuación, mi iluminador tenía unos amigos allí y terminé la noche con ellos en un bar de “moteros”.
Había una fiesta, el motivo:-celebrar (con mucho retraso) el cumpleaños de uno de los fundadores del grupo, haciéndole entrega del obsequio que finalmente había llegado de EE.UU.
El problema era convencer a éste para que se quedara en el local hasta la hora en que su mujer salía de trabajar, así estaban todos para el gran momento.
Evidentemente el pretexto fui yo. Una neófita total en motos a la que él “debía” convencer para el gremio Harley.
Yo me debía resistir, algo que los amigos sabían era una tremenda provocación para él.
Pero había un problema, él estaba ofendido con sus amigos desde hacia dos meses, cuando ninguno le saludó por su cumpleaños.
Lo que ignoraba eran los desvelos que estos habían pasado para conseguir algo muy ansiado por él: un caño de escape original. Tres meses habían transcurrido desde el comienzo de la gestión. Llamadas y correos habían llenado de nervios y frustraciones a todos los que habían colaborado con el regalo. Hasta los vecinos, muy gustosos, todos, habían aportado dinero para que la famosa moto llegara de manera mas silenciosa al barrio, por las madrugadas.
La madre del homenajeado, también, había puesto su grano de arena.
Desde mi ignorancia pregunté cuanto salía el famoso caño, aluciné al mencionar la cantidad de ceros (aún eran pesetas).
En ese momento entendí la extraña presencia de las respetables señoras de falda y chaqueta, de alrededor de 70 años que había en el local, mezcladas con moteros de chupas de cuero, botas, cadenas, tatuajes, boinas y novias góticas.
Más de una vez el del cumpleaños intentó marchar así que finalmente para entretenerlo terminé contando cuentos.
Creo que los mas poéticos que he contado en mi vida.
La imagen todavía me vuelve fresca, me persigue, cuentos de amores prohibidos y de sueños cortados por dictaduras, de charcos inundados de palabras, de mujeres que vuelven de piedra a quien mira, historias para un público diferente a cualquiera.
Hasta me inventé un cuento de una caja que llegaba volando, con sueños largamente acariciados; mientras hablaba, la caja se materializó.
Triunfalmente entró en ese momento, al son de feliz cumpleaños el famoso regalo. Pocas veces he visto tantos adultos emocionados al lado de una saeta plateada.
Una de las chicas, me dio las gracias por ayudarlos a cumplir una promesa y me regaló algo que a día de hoy, casi había casi olvidado. Un anillo de plata con una piedra enorme de azabache.
Lo llevé mucho tiempo en el bolso, en un rincón, como recuerdo de lo que pueden hacer por nosotros, los que nos quieren bien, incluso sin que lo sepamos.
Algún día pasaré otra vez por el Arenas, o no; tal vez sea mejor dejar el recuerdo intacto, como está, con el mismo verde y rosa de las paredes y la misma música de fondo, todo reflejado en la piedra de mi anillo.

 
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Buñuelos

Publicado por Sole el 11 Ene 2018 en Diario, Epicúrea, Uncategorized

De pequeña era un poco ñanga para comer.
Solía inventar mil excusas para solo reclamar polenta con queso, milanesas, pastaflora o arroz con leche, que todo hay que decir, era la gloria bendita de mi casa.
Pero si había algo que me ponía creativa a la hora de inventar arrechuchos era con los buñuelos de acelga. O de pobre como les decía mi madre.
Bastaba con ver a Beatricita abrazada a un ramillete verde que ya me dolía un diente, me esperaba un marciano en el níspero o la abuela Rosa me estaba llamando con esa voz que solo yo escuchaba.
Lo cierto es que luego los comía bien, y hasta me gustaban, pero a priori y supongo que con ésta manía mía de oponerme porque sí a ciertas cosas, armaba un buen berrinche.
La técnica pedagógica infalible de mi madre se resumía en:
- No quieres caldo? dos tazas! Llevado a buñuelos.
Luego, cuando murió mi padre, no quedó otra que comerlos, la huerta en lo que más era pródiga era en acelgas y zanahorias, así que mi madre ideó mil formas de alimentarnos con su magro salario de limpiadora y lo que la tierra daba.
Si algo traumatizaba a la mujer, luego descubrí que a todas las madres, era lo del hierro, bueno y el calcio que de eso os cuento otro día.
Pero el hierro era algo que no podía faltar, así que dale acelgas…
Llegué a creer que me saldrían por las orejas!
En casa, a día de hoy, de vez en cuando las preparo en pascualina, aquel lujo que perdimos en mi infancia, cuando hubo que cuidar de apagar todas las luces y el queroseno de la cocina, así que el horno apagadito, salvo en domingo.
Sin embargo no se que necesidad proustiana, me llevó ayer a preparar buñuelos…de acelga.
Durante un instante la cocina se llenó del vaho del recuerdo. Y en la tibieza de la masa en la lengua, besé la simpleza, la inocencia, y que quieren que les diga, hasta noté el hierro corriendo por mis venas.
Que se prepare el nuevo año, ya tengo súper poderes!

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