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Preservar la mirada

Publicado por Sole el 15 Jul 2016 en Diario

Éramos unos pipiolos con nuestro primer coche comprado en cómodas cuotas.
La L de novatos, aun andaba por el maletero, pero eso no fue impedimento para coger una tienda de campaña, sacos de dormir, camping gas, platos de plástico y poner rumbo a un país que soñábamos patear en calma. En perchas, una chaqueta, una camisa y un vestido mono, en las mochilas la ropa de monte y bañadores. Un enorme mapa de papel y un GPS Garmin, que ocupaba media guantera.
Cuando atravesamos los Pirineos, nos sentimos mínimos deambulando por una carretera a la que nunca más otro GPS nos llevó. Unos días en Cape D’Adge y luego el vértigo de conducir por unas carreteras que nos sonaban conocidas de tantas y tantas películas de persecuciones de espías en la Costa Azul. Nuestro Renault no era un Ferrari pero como si. Una noche, tocaba celebrar nuestro aniversario, nuestros vecinos de camping, un lord y una lady inglesa (o por lo menos lo parecían en su bungalow de verano, ya os contaré) nos prestaron una plancha.
Nos pusimos elegantes y fuimos a vivir aquello que Lanchester llama “mi primera experiencia con el mantel”. Entramos al Negresco, como quien entra a una catedral, giramos debajo de la lámpara donde la Bella Otero había deslumbrado a jeques y príncipes, nos reflejamos guapos, en mil espejos y luego se nos abrieron las puertas al reino de Maximen. Un ballet de camareros, platos, vinos, cristal, se desarrolló delante de nuestros deslumbrados ojos y paladares.
En un momento varios camareros se dirigieron a los enormes cortinados y nos invitaron a disfrutar del espectáculo. Toda la bahía estalló en fuegos artificiales, era el aniversario de la Liberación de Niza.
Gago dijo que lo había preparado para mi. Brindamos por nuestro amor.
Siempre he creído que esa estampa quedaría en mi memoria, indeleble.
Años más tarde en ese mismo paseo, pude abrazar a una amiga con la que compartía y comparto tanto, pese a los km.
Hoy a la mañana despierto con la sensación de haber sido agredida, despojada de mis memorias. La fotografía de mis recuerdos es azul y dorada y huele a lavanda y tal vez sea demasiado perfecta para ser real, pero es cierta en mis alegrías guardadas. Hoy se desdibuja detrás de las lágrimas, de la impotencia, de las preguntas.
Hoy me resulta difícil mantener azul la mirada

 
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Arroz de boletus, pato y de postre Galletas de plátano, chocolate y ron

Publicado por Sole el 13 Jul 2016 en Epicúrea

Una vez más he dejado las llaves donde no debo, ésta vez en el coche de mi chico. Cómo por la mañana se lo tuvo que llevar, aquí me he quedado yo, encerradita en casa :)
Luego de un buen rato de estudiar libretos, preparar facturas y dossieres, pasar la plancha y regar las plantas, me fui a la cocina.

Aun me quedaban en la nevera unos boletus de los que recogí el pasado otroño (fue buena idea confitar y congelar) y con ellos y una pechuga de pato que tenía al vacío hice mi ya conocido arroz de pato (sin foie ésta vez y sin queso, pero estupendo igual
Receta rápida: sofrito de cebolla, cuando está pochada se le agrega el pato en rodajas finas, los boletus descongelados (con el aceite donde estaban guardados) y se deja hasta que todo está bien doradito. Se agrega medio litro de vino blanco, perejil, laurel, orégano, una pizca de nuez moscada y se baja el calor del fuego.
Finalmente taza y media de arroz bomba de ser posible.
Se deja reposar 15 m y se sirve.


Y con la fruta que quedaba e la cesta, decidií, hacer una tarta, pero no me quedaban mas que dos huevos, así que improvisé unas galletas de plátano, chocolate y ron.

4 plátanos maduros, hechos puré con el tenedor.
120 g de mantequilla blanda
200g de azúcar
2 huevos
400 g de harina
2 cucharadas de maizena
1 cucharada mediada de polvo Royal
chorro abundante de ron añejo
150 gr de chocolate en pepitas o trocitos

Se bate la mantequilla con el azúcar, se agregan los huevos y poco a poco el harina, la maizena y el polvo Royal.
Se forma una mezcla húmeda, que no llega a unirse.
Luego se agrega el ron y el puré de plátano.
Por último el chocolate.
Como no tenía pepitas, corté a cuchillo trocitos pequeños. Se agregan y se mezclan de forma envolvente, obteniendo una masa húmeda, con textura firme.

Con una cuchara de postre se hacen bollitos sobre la bandeja forrada con papal y se llevan a horno precalentado a 180º durante 12 a 15 minutos.

 
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Imperios de la Isla Terceira- Azores

Publicado por Sole el 5 Jul 2016 en Diario, Mis viajes

En Azores encontré una serie de pequeñas capillas, de maravillosos colores que aparecían por toda Terceira. Al preguntar me contó Ricardo que se llaman Imperios y se construyen en honra al Espíritu Santo.
Los vi por casi todos los pueblos y barrios por donde anduve. Adornados con blancas cortinas bordadas, cristales tallados, cientos de flores y la infaltable corona


Cuando entras a uno de ellos verás una sala donde está la o las coronas, el cetro y la bandera da pombinha que representa al Espíritu santo y una despensa o copeira, donde se guardan barricas de vino,y todo lo necesario para los banquetes y rituales. Un plato que no suele faltar es la sopa de carne de vaca y pan
La mayoría de estos edificios son del siglo XIX o de principios del XX, ya que muchos fueron levantados con donaciones de los emigrados en Brasil y California. Los Imperios do Espírito Santo son mantenidos por hermandades cuya misión principal es organizar las fiestas, que siguen un ritual cuya práctica se remonta al principio de la colonización, cuando los isleños adquirieron la costumbre de invocar al Espíritu Santo con ocasión de las catástrofes naturales.

Todavía hoy, con motivo de la fiesta, el pueblo elige un emperador, que es coronado por un sacerdote, y recibe los atributos, que son el cetro y la corona, ofrecidos en una bandeja de plata. A continuación el emperador es conducido al imperio y allí recibe las ofrendas para distribuir a los pobres y les invita a compartir con todo el pueblo el banquete; más tarde se celebra una tourada à corda.
Uno de los narradores del festival, Luís Cabral contó una historia que le dio el marco mítico que los Imperios y sus fiestas tienen en la población.
Es una suerte recorrer el mundo de la mano de amigos que te hacen sentir que las historias laten con fuerza.

 
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Memoria chiquita

Publicado por Sole el 2 Jul 2016 en Diario

Mi infancia tiene una imagen imborrable, una mesa larga, compuesta por muchas mesas traídas de distintos comedores. Cada una de ellas con su mantel y sus platos y sus cubiertos y sus vasos. Lo de las copas no era conocido por mi tierra aquellos años. Una mesa irregular que reunía decenas de tíos, tías, primos y allegados.
Recuerdo pasear mi mirada a todo lo largo, intentando entender cada conversación, risa, cuchicheo, entrelazamiento de manos, abrazos, coscorrones…
Luego tocaba fregar, en el piletón. Las ollas de agua caliente y la barra de jabón Bao que se afinaba en la infinidad de loza usada para la celebración.
Cada prima mayor era la encargada de ir apilando y clasificando platos y cubiertos para que cada quien se llevara lo suyo a casa.
Así hacíamos las fiestas, de cada pueblo un paisano, decía mi abuela.
De cada casa lo mejor diría yo.
Ayer a la mañana al sol, fui relavando los platos que en la madrugada del cumpleaños de Manuel, “enjuagaron” Avelino, Miguel y Elixio a golpe de manguera, risas y fairy.
Platos con flores, con figuras, rojos, blancos, azules, de borde liso o irregular.
Pero algo llamó mi atención, unos platos de pirex, naranja.
Alguien, creo que Eixil, me preguntó por ellos durante la cena.
Cuando compramos la casa, nos la encontramos tal y como la dejara el señor mayor que allí vivía y que había fallecido pocos meses antes. Algunos familiares, habían llevado nevera, televisor, calentador de agua y unas tuberías de cobre. Los cajones estaban revueltos, pero en los armarios, la ropa, las medicinas, las fotos, estaban ahí.
En la palleira las herramientas y en la cocina los platos, las ollas, el aceite, la sal, el azúcar. Un paquete de arroz mediado, un bote con garbanzos y unas galletas.
Nadie recogió lo que “no tenía valor”
No conocí al señor Elías, pero ahora levanto un sueño donde en algún momento él tuvo los suyos.
Cavo la huerta con sus herramientas y he mantenido sus fresas y sus parras.
Metí en bolsas su ropa, su colchón, sus libretas de pagos a la funeraria, en silencio. Y llevamos todo a un punto limpio, en silencio.
Guardé en un cajón, algunas fotos, un reloj sin pulsera y un pequeño rosario. Incluso una nota a lápiz en la pared, que reza, canal 32- Discovery
Y sus platos estos que ahora llamarían vintage, han estado de fiesta en la mesa larga que se armó el otro día para celebrar la vida de Gago.
A veces ando por la casa y tengo la sensación de que está a la sombra, con su bastón, dando el visto bueno al corte de la hierba, o al crecimiento de los tomates.
Nadie me cuenta mucho de él, parece que era un solitario, sin embargo al ver sus platos mezclados con los de Pilar, los míos, los de Tere, tuve la sensación de que ahora le gusta como se ve su casa.
Que disfruta viéndonos leer, cantar, sembrar, amasar
Debajo de una piedra, detrás de un cabecero de cama, un día encontré un puñado de viejas pesetas, su tesorito. Ahí sigue, como sigue, quiero creer su vida, un poco más. Vivimos mientras nos recuerdan, nos hablan, nos piensan.
Me gusta pensar que esa memoria chiquita que tenemos todos, en forma de cosas cotidianas que nos identifican, late, cuando dejo correr el agua fresca del manantial de la casa.
Esa agua que ha lavado todos los platos que compartimos con alegría hace unos días.

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