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Cosecha

Publicado por Sole el 11 Nov 2015 en Diario

Busco los rincones donde anidan los últimos rayos de sol, los atesoro, los guardo en mi pecho, para iluminar con ellos las tardes oscuras que siempre acechan.
Como en el cuento de Frederick, yo elijo cosechar para el invierno, aquello que me entibie el alma.
Historias, susurros, versos, bellas capturas de momentos únicos.
Solo así resisto tanta lluvia y frio.

 
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Almejas lambe-lambe con boletus

Publicado por Sole el 9 Nov 2015 en Epicúrea

Está siendo una temporada magnifica de boletus en mi bosque, así que las voy preparando de mil maneras, para no estar siempre con el revuelto o la plancha.
Esta receta es muy sencilla y rápida.

Para dos personas

1/2 k de almejas
250 g de boletus
aceite de oliva
pimentón
1 cebolla pequeña o chalota
1 diente de ajo
1 cucharada de tomate triturado
1 vaso de vino blanco
cilantro

Básicamente son unas almejas lambe-lambe o a la marinera. Aunque yo siempre adaptando recetas, la hago a mi modo.

En una sartén, colocamos un chorro abundante de aceite y sofreímos levemente los boletus cortados en taquitos.
Retiramos y comprobamos cuanto aceite nos queda, si alcanza para el sofrito, perfecto, sino agregamos un chorrito mas. La idea es hacer el sofrito en un aceite que sabe a boletus.
Cortamos la cebolla y el ajo muy pequeñitos y freímos.
Cuando esté doradito agregamos el tomate triturado y el pimentón. En ese orden porque sino el aceite estará muy caliente y quemará el pimentón dejando un gusto amargo.
Cuando ligue la salsa, agregamos el vaso de vino blanco (yo usé un ribeiro) dejamos hervir un par de minutos y agregamos las almejas (hay quien las hierve aparte, yo prefiero que absorban el aroma del vino y el sofrito)
Agregamos también los boletus.
Cuando todas las almejas hayan abierto, espolvoreamos cilantro picadito.
Tapamos la sarten un minuto y llevamos a mesa.
El aroma atraerá a todo el mundo.
Preparen bastante pan, porque lo que quede en el plato es lambe-lambe

 
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Memoria verde

Publicado por Sole el 8 Nov 2015 en Diario, Galicia

Seguir un sendero pequeño y encontrarte con la memoria cubierta de verde. Solo queda hueco para las preguntas sin respuestas…
Senté en un banco de musgo, cerré los ojos y poco a poco el aire se llenó de voces, de saludos, de querer saber que tal la vida, la cosecha, el hijo que fue a Brasil, la nieta que echó ya un diente, el cura que fue a hablar con el obispo, la vaca que esconde la leche. La casa grande cerrada, la aldea cada día mas vacía. La ley de vida que no debiera ser. Un suspiro, otro, otro y luego solo silencio…verde, verde silencio

 
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Haciendo un cuenta cuentos

Publicado por Sole el 6 Nov 2015 en Diario

Por lo que tengo hablado con muchos colegas, esta peripecia personal que aquí relato, se repite de un tiempo a esta parte con mucha frecuencia.

Con variaciones, matices o agregados varios, muchos de los que ejercemos el hermoso oficio de las palabras ambulantes, al llegar a una Biblioteca, Centro Social o Teatro, nos encontramos con un amable anfitrión que con una amplia sonrisa nos pregunta: “¿Eres tu la chica que viene hacer un cuentacuentos?”.

Esta pregunta se puede enriquecer con otras, en plan: “¿Tienes que disfrazarte?, ¿No traes nada?, ¿Las maletas y algo más? -si es sesión en Biblioteca-, ¿Vas a maquillar a los niños ten cuidado con…?”

Al principio explicaba con parsimonia que sí, que yo era la narradora que haría la sesión de cuentos, la función, la que contaría durante una hora una serie de historias, etc. Pero cada día que pasa me inclino más por seguir otros caminos a la hora de responder.

Alguien puede pensar que me lo tomo muy a pecho, pero si te encuentras con un teatro de Centro Social de pueblo, donde un señor llena de sillas y micros el escenario bajo la batuta de una señora que cuando te ve se presenta como la Concejal de Cultura (atentos que esto no es un dato menor) y que cuando tú le dices que eres la persona que hará el espectáculo y que no necesitas todo eso, la señora te contesta: “¿Pero… y lo de los cuentos no es cómo un monólogo? ”

Y tú, ahorrándote peroratas discursivas, le dices que más o menos, que sí, pero que sobran las sillas y los micros, y pese a eso, a quedar claro que es algo así como un monólogo lo que vas a hacer, ella contesta brazos en jarra: “Y entonces ¿dónde están los demás, cómo vas a hacer tú solita un monólogo, cuentacuentos o como sea?

No es que sea una gota que desborda, ¡es un manantial que fluye!

Dado que siento mi oficio con pasión, solo puedo contestar en el tono de mis otras pasiones, es decir sexo o gastronomía. En el caso que narro, no lo hice, pero en las horas de coche que me devolvieron a casa dejé preparada la respuesta que pienso dar la próxima vez que alguien me venga con la preguntita de marras.

Si me da el puntito erótico:

“Sí señora, o… señor, vengo a hacer el cuentacuentos, ¿donde quiere que lo haga?

En el suelo se me da bien, aunque preferiría alfombra y si hay cojines, ya ni le digo!

En la silla es más complicado, soy de moverme mucho y una caída en según qué circunstancias, además de dejarme fuera de juego una temporada, me haría poner tan en ridículo que no sé si volvería por aquí y en la medida de lo posible, me gusta repetir con los que ya conozco.

¿Disfrazarme? No, prefiero al natural, guapa, especial para la ocasión, pero yo mismita, ni orejitas, ni plumitas, ni látex de los chinos.

¿Luz? No es la más adecuada, preferiría una más intimista, pero lo importante es que se vea, que se vea bien, que aquí se viene a disfrutar.

Si cerramos las cortinas de las ventanas, mejor, no es que sea pudorosa, pero hay que estar a lo que hay que estar, no hay que perder concentración.

¿Que cuánto dura? Pues usted decide, si quiere uno rapidito le puedo dar en dos opciones, directo y sin introducciones, o retorcidillo pero que deja durante días algo dando vueltas.

Aunque reconozco que se me dan mejor los de una hora y si puedo meter unos cuantos cuentos, me quedo muy a gusto. Variaditos, ligeritos, profundos, alegres, melancólicos, susurrados, con onomatopeyas…

También me puedo extender, si el interlocutor responde bien, una maratón me sale sin pensarlo, eso sí, tal vez necesite pedir ayuda de otros colegas, sino le importa.

¿Que de qué tema? Pues soy de improvisar, de intentar percibir lo que quiere el otro y dárselo; también me gusta sorprender y dar algo que no se espera: a veces algo de miedo, otras veces algo de buen humor y, en según qué casos, me gusta que las cosas no se entiendan del todo; eso sí, siempre quiero que se disfrute y que, quien vino, sienta que se va diferente. Cuando lo consigues, ese día sabes que estuviste para un diez.

¿Cuántos al día? Con uno ya firmaba, de fiesta los días de tres, lo resisto bien, pero estamos en temporada baja y si consigues uno por semana, ¡ya celebras!

¿Cobrar? Sé que cada vez se apuesta más por lo baratito resultón, o que por lo menos cumpla con el trámite, pero si lo prueba con una profesional, no va a querer cambiar, sabemos bien cómo hacerlo. Podemos negociar, pero hay unos mínimos, que aunque el oficio sea el mas antiguo del mundo, hay una dignidad que mantener.

¿Resultados? Normalmente hay que esperar un poco, pero salvo que no haya habido mimos, atenciones y cuidado, que ni siquiera se haya tenido en cuenta un nombre, una estimulación previa, una cantidad de público adecuada, suele salir muy bonito…

Normalmente queda en el recuerdo un aroma, una imagen, un color, una mano, un remanso de palabras que se entrecruzan con los pasos del que vino a escuchar.”

Mientras descargaba maletas, me di cuenta, que tal vez suena raro eso de “hacer un cuentacuentos”, pero lo que es innegable, es que cada vez que nuestro arte llega a un sitio, dejamos una semilla, que bien sembrada, puede germinar y florecer, aunque sea un ratito.

En el mejor de los casos, puede perdurar, o mejor aún, preparar la tierra para las semillas de otros compañeros.

La receta gastronómica de un cuentacuentos, para otro día. Buenos caminos.

 
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Jabalí, con alubias de Traba y boletus de mi bosque

Publicado por Sole el 5 Nov 2015 en Epicúrea, Galicia

En estos días de otoño avanzado, suelo disfrutar de todo tipo de platos de caza. Y si se pueden hacer en casa, mejor!
El domingo fuimos a comer a Casa Aurelio, en Santa Comba, un sitio al que peregrinamos siempre que podemos y recibimos de Aurelio un doble regalo, unos ajos de la zona, y unas alubias frescas de Traba.
Decidí prepararlas con jabalí y con unos boletus fantásticos, que tengo la suerte de encontrar en el bosque de casa.
Un plato dificil de fotografiar, pero de sabor contundente. De los que diría mi abuelo “para cabecear ladrillos”
He aquí la receta.

Para dos personas

Solomillo de jabalí 350 g
1/2 l de Vino tinto
Un bouquet de hierbas aromáticas (laurel, tomillo, orégano, romero) si no tienes frescas, valen las de bote.
Pimienta, una guindilla y un trocito de canela.
Aceite de oliva
1 cebolla
2 dientes de ajo
1 pimiento verde
300 gr de tomate
1/2 kg de alubias blancas
sal
200g de boletus edulis ( si no son de tu bosque, valen igual :) )

La noche anterior se pone a macerar la carne de jabali, cortada en trozos grandes, en un cuenco donde colocaremos el vino, las hierbas, la pimienta y la guindilla.
Si no tienes alubias frescas, también se ponen en remojo en otro cuenco, con agua, las alubias.

Al día siguiente en una cacerola de barro o de buen fondo, yo usé una cocotte, se coloca un chorro abundante de aceite, se fríe la cebolla, el ajo picadito y el pimiento.
Cuando la cebolla comienza a quedar transparente, se agrega la carne y se rehoga.
Se incorpora el tomate picadito y cuando comineza a soltar su jugo, se incorpora el líquido de maceración.
Dejamos cocer 10 minutos, hasta que el alcohol se haya evaporado y entonces cubrimos con agua, unos dos dedos por encima de la carne y salpimentamos.
Bajamos la temperatura a la mitad y dejamos estofar duramte media hora.
Agregamos las alubias y dejamos cocer otra media hora a fuego medio.
Agregamos los boletus edulis en trocitos y dejamos cocer otros 10 minutos.
Servimos.

 
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Visita

Publicado por Sole el 4 Nov 2015 en Cuentos, Diario

El camino estaba recién lavado de huellas. Las hojas se habían refugiado donde nadie pudiera encontrarlas. La puerta cerrada, las ventanas…el silencio. El cielo vacío de señales de hogar. Solo la mirada eterna de una vaca solitaria. Sería tarde? Toqué la puerta, cayó una gota fría en mi cara. Con dos dedos recogí su rastro.Sabía a viento. Del otro lado de la madera una voz me dio la bienvenida, empujé con fuerza. Sentada en el patio su sombra me dio la bienvenida. Has venido…solo eso importa. Ven charlemos aunque sea de nada.

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