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Arroz de pato

Publicado por Sole el 30 Jul 2015 en Diario, Epicúrea


Estuvimos hace unos días en Porto y tratamos de degustar algunos de los platos típicos del norte de Portugal. Uno de ellos fue éste arroz de pato. Estaba bien, pero teníamos casi la certeza, de que hecho en casa, tenía que estar de vicio.

Y así ha sido.

Ingredientes para 4 raciones abundantes de arroz.

Un magret de pato de 400 g
1 cebolla
1 pimiento
1 apio
1 zanahoria
250 gr de tomate triturado
2 chorizos
Aceitunas negras
Azafrán
300g de arroz
sal, pimienta a gusto
Queso para gratinar

Encontré varias recetas y en algunas el pato estaba desmenuzado en hilos y en otras cortado. Como me gusta encontrarme con la carne, decidí hacer la segunda opción.

Se corta el pato en rodajas finas, con la grasa que trae.
Se fríe un poco y se retira. Usar un recipiente hondo (yo usé el wok)
En la manteca que se forma, se agrega la cebolla y el pimiento picados muy pequeñitos.
Si hace falta se agrega un chorro de aceite de oliva.
Se agrega el tomate triturado.
Se deja cocer a fuego fuerte un par de minutos y se agrega el chorizo en rodajas y el pato.
Se revuelve para que no se pegue durante otro par de minutos y se agrega 1 litro y medio de agua.
Se corta el apio y la zanahoria en trozos grandes.
Se espolvorea el azafrán y se salpimenta a gusto.
Se tapa y se deja hervir a fuego suave, 30 m.

En una cazuela de barro o fuente para horno de unos 8 cm de alto, se vuelca el contenido de la sartén, retirando los trozos de apio y zanahoria que los incorporamos para dar sabor al caldo.
Se espolvorea el arroz y las olivas y se mete al horno (180º) durante 20 minutos.

Cuando el arroz está casi listo, se cubre con queso de gratinar y se coloca la cazuela otros 5 minutos.
Se retira del horno y se deja reposar, hasta que el queso forme una pequeña costra.
En casa había prisas, así que no esperamos mucho, pero al día siguiente la mitad que quedaba estaba de muerte!
Un vino del Douro y a disfrutar!!

 
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Tarta red velvet. Un terciopelo rojo de amor.

Publicado por Sole el 27 Jul 2015 en Diario, Epicúrea

Casaban unos amigos y la idea era hacer una fiesta sorpresa. A la hora de pensar en la tarta, se me vino a la cabeza ésta que tradicionalmente se hace por San Valentin, pero que a mi personalmente me gusta comer en cualquier ocasión especial.
Además la fiesta era en una casa que no había nevera, así que ganaba puntos a la hora de no necesitar mucho frío ya que el frosting o crema de queso con que la rellenas y decora, aguanta lo que le eches.
Y tanto! Que misteriosamente la tarta se cayó sola de la mesa y hubo que emparcharla. Así y todo, estaba deliciosa!
Fácil, resultona, vistosa y súper rica.
Aqui la receta

Para la tarta
120 ml de aceite suave
320 g de azúcar blanco
2 huevos medianos
2 cdas de cacao en polvo Valor o similar
1 cdta de colorante en pasta rojo (uso el wilton en pasta, nunca el líquido)
3 cdtas de vainilla
250 ml de leche entera
2 cdas de zumo de limón (Si consigues butter milk olvida ésto)
300 g de harina
1 cdta de bicarbonato

Para la crema de queso o frosting :
Para la crema de queso (frosting):
300 gr. queso crema (tipo Philadelphia®)
150 gr. azúcar glas
300 ml. nata para montar de 35%

A por ella!
Precalentamos el horno a 180ºC con calor arriba y abajo. Enmantecamos y enharinamos un molde alto de 24 cm.
Si has conseguido Butter Milk en el supermercado, empieza con la receta, sino, coloca la leche entera en una jarra y agrégale el limón y deja reposar hasta que tenga un aspecto como de leche cortada.
Tamizamos la harina con el cacao, reservamos.
Batimos el aceite, el azúcar y los huevos hasta obtener una crema amarillo clara y homogénea.
Batiendo a velocidad baja, agregamos la harina con el cacao, alternándola con la leche.
Agregamos el colorante rojo y la vainilla y mezclamos bien.
Y por último, el bicarbonato. Es muy importante hacer este paso al final, porque en el momento en que el bicarbonato entra en contacto con la masa húmeda, comienza a hacer su trabajo y si lo dejamos reposar sin colocar en el horno, perdemos el efecto que hace en la tarta, que es el de hacer que nos quede esponjosa.
Repartimos la masa en el molde y horneamos durante 25-30 minutos o hasta que los bordes del bizcocho se hayan separado levemente de las paredes del molde y al introducir un palillo, éste salga limpio. Dejamos reposar el bizcocho sobre una rejilla y desmoldamos cuando se haya templado.
Dejamos enfriar por completo.

Para preparar la crema de queso

Tamizamos el azúcar glas y lo batimos junto con el queso.
Agregamos la nata y batimos hasta que esté totalmente integrado.
La textura de la crema es firme, las varillas de la batidora quedan en pie dentro de la crema, ese es el punto. Pero para eso hay que cuidar que los ingredientes estén muy frios.
Para montar la tarta cortamos el bizcocho en tres partes.
Comenzamos a montar la tarta poniendo el primer trozo sobre la bandeja que presentaremos la Red Velvet y le ponemos dos o tres cucharadas generosas de la crema. Cubrimos con el segundo trozo y repetimos y luego de poner el tercero decoramos como más nos guste.
Si pueden hacerla un día antes de ser degustada, estará perfecta, con todos los sabores conseguidos y con una masa esponjosa y húmeda.

 
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Té de amigas

Publicado por Sole el 23 Jul 2015 en Diario

Llega el cartero y entrega un paquete atado con cordel y con una etiqueta que comienza “Ilustríssima Senhora”. El nombre que aparece como remitente, me hace sonreír. Es Luisa, la Luisa de Lisboa. La conocí en Guadalajara hace unos años, integraba un grupo de portuguesas entusiastas del Maratón. Sus cabellos tan blancos, sus ojos claros y su andar ágil atraían la mirada. Años más tarde quedé a dormir en su casa, en Estoril. Recorrí encantada sus porcelanas, sus copitas de oporto, sus libros en distintos idiomas, sus obras de arte. Éste año al volver a Terra Incognita, volví a dormir allí. Noche a noche zigzagueamos a velocidad increíble por las calles olissiponas. Me despertaba por las mañanas con música clásica y una mesa, con fruta, tarta de pollo, queso fresco y conversación pausada. Despacio comenzamos a transitar por los caminos de la otra, amores, maridos, viajes. Delante de mis ojos pasaron casas grandes, aldeas, continentes. Sus ojos solo se empañaron recordando a esa hija que marchó antes de tiempo. Cuando le conté que buscaba un té que me gustaba mucho, no dudó en parar en cada tienda que pillábamos de camino al centro. Increíblemente, no conocía el té de hierba mate tostada.
Cuando hice las fotos para el libro de Gastronomía Conventual, me encontré en el convento de Monforte una serie de extraños cacharros, al preguntar, me dijeron que eran del tiempo en que las monjas tostaban hierba mate para vender en Portugal. Meses después en una tienda cerca del elevador de Santa Justa, enocntré el mentado té y me traje un buen paquete. Acabadas las existencias, me prometí que en este viaje reponía existencias. Sin embargo, no dimos con él. Había sitios en que ni le conocían. Ya de regreso, andando por la huerta, atando tomates y recortando flores amarillas, sonó el teléfono, del otro lado la alegre voz de Luisa, que había puesto en movimiento su curiosidad y luego de marcharme se había ido de tiendas hasta que dio con mi “chá” Me avisó que tardaría unos días, porque sus jóvenes 76 años se iban a Alentejo al festival de jazz que organiza su hijo (temblé visualizandola con su coche a la velocidad-Luisa).
Ahora, aqui a mi lado, tengo mi taza favorita entre las manos, cierro los ojos y me dejo inundar por el aroma que me lleva de viaje desde una sala de convento, a una tienda repleta de latas con etiquetas blancas, al balcón de Estoril que se asoma al Atlántico, ese mar que me deposita entera en el recuerdo de una cocina de leña donde ardía la olla en que mi abuela preparaba el mate cocido de las tardes de verano. Querida Luisa, me has regalado horas de viajes por el mundo de los recuerdos mas dulces. Y eso es impagable. No sabes el abrazo que estoy ensayando, para cuando te vea.

Luisa en un Consultorio de cuentos. Fotografia de Antonio Flor

 
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Chinchero

Publicado por Sole el 21 Jul 2015 en Mis viajes

Llegamos con una luz oblicua espectacular. Traía la mirada llena de la majestuosidad de Ollantaytambo
Sin embargo Chinchero me dejó en silencio.

La voz del guía casí que me molestaba, pero me obligué a prestar atención.

“Esta población se fundó en 1480, con la finalidad de servir de lugar de descanso al inca Túpac Yupanqui. Allí ordenó erigir adoratorios, baños, andenes y el gran palacio real.

Cuentan que el Inca murió en circunstancias muy extrañas . Algunos creen que fue envenenado por su princesa favorita, Chiqui Ocllo, aunque también pudo ser la propia coya Mama Ocllo, quien resintió la preferencia del inca por el hijo de su concubina. En la lucha por el poder fueron exterminados todos los partidarios de Chiqui Ocllo, incluyendo a la princesa.”

Caminamos por callejuelas empedradas y de repente llegamos a plaza del pueblo. Un conjunto espectacular con dos niveles: el más alto que corresponde al atrio de la iglesia y el inferior a la plaza propiamente dicha. El desnivel presenta un muro de contención decorado por doce grandes hornacinas.
Frente a ellas una estampa hermosa.
Primero fue el ruxe-ruxe, luego una explosión de color, potenciada por la blanca fachada de una iglesia que aun conserva la policromía del tiempo de la colonización.

Toda la plaza está llena de mujeres sentadas en el suelo, en medio de sus maravilloso trabajos.
Mi amiga Cucha me había dicho que les comprara a ellas, ya que trabajan en cooperativa, no como en la mayoría de los sitios donde las mujeres malvenden sus productos a empresas extranjeras que inflan los precios para el turista, dejando muy poquito para las verdaderas artesanas.

La mujer chincherina ha heredado el arte del hilado y aun conserva su vestimenta tradicional, no solo para los días de feria, sino de diario.
Caminas por las calles y las ves tiñendo lanas, haciendo la comida, vendiendo choclo hervido con mantequilla (que delicia), trenzando sus cabellos…


Converso un rato con ellas, deambulo por las calles, me meto por patios y rincones, compro una manta, algunos jerseys y un broche.

Hora de regresar a Cuzco, ahora las sombras se alargan entre el yacimeinto y las montañas lucen una inmensa policromía de verdes, dorados, azules…
Acaricio la lana y acercando el oído escucho el susurrar de mis dedos y tal vez imaginación mía o no, palabras en quichua, que seguramente quedaron prendidas en tantas hebras tejidas a la lumbre de las palabras.

 
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Rincón

Publicado por Sole el 13 Jul 2015 en Buenas noches, Diario

A buscar un viaje azul, para ésta noche.
Buenos sueños
Ilustra Sungwon

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