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Comienzos

Publicado por Sole el 30 Abr 2015 en Diario

En la rotonda de mi casa, hacía malabares una pareja. Venían con un somier, de una de éstas tiendas que liquidan colchones. Reían tastabillando con el plástico de la envoltura, con las patas de la futura cama, con los pies del otro. En el semáforo en rojo el chico le dio el beso mas profundo que tengo visto fuera de una pantalla, ella rió mientras trataba de levantar su trozo de nueva vida en común. Se perdieron avenida arriba, saboreando un comienzo. Recordé otra tarde de meter un colchón prestado en un coche azul. Quise ir mas allá en mi memoria, pero el semáforo ya estaba en verde y el conductor que tenía detrás tenía prisa. Tanta que ni se enteró que delante de sus narices, el amor tuvo una pequeña fiesta.

Estos adorables ratones se consiguen en ésta tienda

 
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Bola de nata de A Capela, un dulce primigenio

Publicado por Sole el 27 Abr 2015 en Epicúrea

Cuando le comenté a Miguel Vila que iba a actuar en A Capela, inmediatamente me dijo que pasara por la panadería Vilar de Mouros y trajera una bola de nata.
“Encárgala el día anterior”, me recomendó. Y yo que en materia de ir descubriendo éste maravilloso país a través de sus sabores soy una bien mandada, allá que llamé y la pedi:
“-Tamaño?
-Para cuatro (somos dos en casa).
-Ah,unha pequena”

Ésto promete me dije a mi misma, típico de Galicia, hacer comida a “fartar”
Al llegar a la biblioteca de A Capela, comenté con Maribel, que cruzaría a coger mi pedido, y como suele suceder en toda esta tierra cuando se habla de algo de comer, aparecieron los expertos, “cógela al terminar la actuación que igual se humedece en el coche y no queda bien”, “con café está estupenda-dice una madre”, ” con licor café, mejor, tercia otra ”

“Pero pide también una bola de Neda, solo se hace en fin de semana, aprovecha, está de muerte, la pones en la boca y es suave, no como la de nata que al comer, hace bola, está rica, per…”
Airadas voces retrucaron en defensa del dulce local, ante el “de fuera” (Neda está a menos de 20 km)
Que si uno que si otro, al llegar al mostrador, y ver la pinta que tenían, decidí mandar al diablo la dieta y traer las dos.

Al preguntar por su origen me contaron que la bola de nata o de azúcar como le llaman en A Capela es un dulce típico de la zona norte de la provincia de Coruña, desde Pontedeume hacia arriba. El dueño, Javier, nació en una aldea que da nombre a la panadería “Vilar de Mouros” y cuenta que de toda la vida, se hizo la bola de nata. Me encanta esa medida, me parece tremendamente fiable algo que se hizo desde que la memoria se ilumina. En tiempos en que la pobreza ponía el azúcar al nivel del lujo, ésta bola era un regalo especial en casas de aldeas alejadas de pastelerías y panaderías.
Según las casas, el pan se hacía cada semana o cada 15 días, entonces se apartaba un trozo de masa, se extendía, se le hacía un repulgue y dentro se le agregaba la nata gorda, la que se quitaba de la leche, una nata amarilla, con buen porcentaje de grasa. Por encima se espolvoreaba el azúcar y al horno.
El aspecto es sencillo, no sabes si estás delante de una pizza dulce o de que…al cortarla descubres una miga, esponjosa y el sabor es increíblemente dulce.
El contraste con la masa salada me retrotrae a las tardes de pan untado de “gordura”* y miel, que nos daba mi tía Mirta.

La otra bola, la de Neda, o como me dijeron en la panadería, la de Padrón, es otra cosa.
Ante semejante baile de nombres fui junto a la madre que me recomendara comprarla y me confirmó que esa era la de Neda (una incognita para resolver en otro viaje) Aunque me huele que algo tiene que ver el hecho de que el pan de Neda y la bolla de huevo de Neda, tienen un registro de calidad y ya se sabe como va todo el tema de los etiquetados.
Esponjosa, húmeda, delicada por dentro, y preciosa en ese envoltorio de papel anudado en las esquinas.
Lo cierto es que si tuviera que elegir, volvería a traerme las dos.
Son completamente distintas y ambas deliciosas.

*Gordura llamábamos en Uruguay a la nata que iba quedando encima de la leche fresa.

 
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Si yo fuera un libro

Publicado por Sole el 23 Abr 2015 en Diario

Querría poder decir cosas así. Hermosos. Feliz día del libro!!!

 
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Día del Libro

Publicado por Sole el 23 Abr 2015 en Cuentos, Diario

Entraron con los ojos grandes mirando todo en la Biblioteca. Se sentaron en silencio, expectantes. La profe me explicó que era la primera salida del colegio del grupo de 3 años. Y pensaron que lo mejor era que fuera a escuchar mis cuentos. Se me quedó el corazón enorme, sentí en el pecho una responsabilidad inmensa.
Les pregunté como se sentían, uno de ellos dijo que “emocionado”.
Respiré hondo y me concentré para que el había una vez, fuera para siempre.
Me traigo la cara llena de besos y de risas mojaditas. Imposible tener mejor regalo en éste día.

 
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Viaje al cielo

Publicado por Sole el 16 Abr 2015 en Cuentos, Diario

..ya está, ya estoy cogida de tu cintura. Ya no tengo miedo. Cabalguemos por el cielo en esta noche sin luna. Dancemos entre las nubes. Riamos de los que no se atreven a reírse de si mismos. Seamos ridículamente felices. Soñemos que no hay nada mas importante que el calor de tu espalda donde duerme mi mejilla. Viajemos a Mumpur.

Ilustra Nerina Canzi

 
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Tarta de zanahoria

Publicado por Sole el 6 Abr 2015 en Epicúrea


Fuimos hace unos días a conocer un nuevo restaurante en Compostela y de postre tomamos una tarta de zanahoria que me hizo acordar inevitablemente a mi tía Celina.
Mi tía Celina era una cocinera excepcional, ir a su casa en domingo era sinónimo de comer de maravillas. Y eso que su casa, la que recuerdo de mi infancia, era pequeña, un monoambiente en una callejuela de la Zona Vieja de Montevideo, una de aquellas casas que durante decenas de años, albergaron a los inmigrantes que llegaban de toda Europa y que transformaron las grandes casonas de otrora en “conventillos”, en laberintos de cuartos donde convivían lenguas diversas.

Recuerdo subir las escaleras intentando descrubrir entre los olores de caldo que salía de los cuartos de los gallegos, de tuco y ñoquis que venía de lado italiano, de asaditos uruguayos que se hacían en improvisadas parrillas en los patios de luces, el olor de los platos de mi tía.

Sus bizcochuelos, inundaban de limón el aire, sus raviolis de albahaca, sus niños envueltos de bacon y su tarta de zanahoria, teñia de naranja el día.

Era una de mis favoritas, después de la marmolada, pero era la que siempre le pedía mi tío Gladys.
Mi tío, tenía nombre de mujer y nunca nadie nos lo supo explicar, cosas de los tiempos en que se nombraba mirando los almanaques del Banco de Seguros.
Supe de mayor, que no era el marido verdadero de mi tía, el padre de su hija Mercedes,cosas de cuando no había divorcio y el corazón se liaba la manta, pero sin embargo, muchos años después, cuando ya mi tía tenía nuevo marido y casa grande por Punta Gorda, ella se sonrojaba de solo recordar sus bromas y coqueteos infantiles.

Ahora ya adulta, decodifico imágenes y entiendo.

Mi tía no era mi tía, pero fue para mi madre, más hermana que sus hermanas.
En tiempos en que una hija de familia numerosa de campesinos, llegaba a la capital, con una maleta pequeña, su ropa de domingo y la recomendación de hacer caso a la patrona, mi madre se encontró en una casa enorme, donde tenía que jugar y cuidar a los niños de la casa, y el campo verde de sus días, se volvía edificios altos.
La cocinera la encontró una noche en una escalera, lloriqueando, la sentó delante de una taza de leche y un trozo de bizcochuelo de doce huevos y con sus ojos pardos, le dijo que no valía de nada llorar, que se tenía que endurecer o la comerían viva.
A partir de ahí, cada tarde libre la pasaron juntas, mirando los escaparates de Tienda Soler y tomando algún refresco en las Ramblas.
Se contaron de miedos, amores y abandonos.
Se unieron con el lazo mas grave que hay, el de la melancolía que hay que disimular.
Y así fueron pasando los años y cuando llegamos los hijos, tuvimos en Celina a la tía perfecta.
Siempre vestida de colores, con pañuelos de seda que le regalaba la patrona, y con un bolso del que siempre asomaban tesoros.
Mi tía tenía un regazo ancho, para perderse en él.
Reía, reía mucho.
Y cuando mi tío Gladys hacía sus payasadas aun más.

El era un buscavidas, mientras mi madre se enamoraba de un militar y armaba un hogar, mi tía Celina se cruzaba con un hombre cuya gran habilidad era birlar de los bares todas las cucharillas largas de los cócteles, hacer gallinitas de papel con tubos de papel higiénico y hacerlas cacarear con un cordel engrasado, o jugar todas las semanas al 568 a la quiniela.
De cuando en vez desaparecía, como desaparecían algunas pulseras de mi tía y volvían misteriosamente, cuando él mas delgado y pálido volvía junto a ella.
Cuando le preguntábamos desde nuestra niñez por el sitio donde había estado, nos decía, a la sombra meninas, a la sombra.*
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Puertas

Publicado por Sole el 2 Abr 2015 en Diario

La puerta no está cerrada, solo avisa que detrás hay un cielo inmenso esperando.
Fotografía tomada en Lariño.Carnota-Galicia

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