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Que la Inocencia te valga

Publicado por Sole el 28 Dic 2014 en Diario


Ilustración de Cristiana Cerretti
Éramos una barra (pandilla) de lo mas variopinta. Edades, gustos, familias, culturas, ideas políticas ( que con esos pocos años ya las teníamos), sin embargo nos unía algo que aún perdura en nuestras memorias. El “campito”. Ese terreno de varias hectáreas que había sido el jardín y la huerta de una casa colonial de las afueras de Paysandú, pero que los años y el crecimiento de la ciudad había dejado en pleno barrio INVE. La Casona, le llamábamos, allí tuve mi primer escenario, montada encima de la tapa del sótano que sobresalía un metro del suelo y creaba el proscenio ideal. Allí vivía Patricia, la que me dejó huérfana de hermana cuando la carretera se la llevó, alli nació MOPI, mi primer trabajo solidario y cuna de mi primer cuento, allí transcurrian nuestras tardes.
Y nuestros días, en verano.
El 28 de diciembre nos pillaba en unas recién estrenadas vacaciones, lejos quedaban las túnicas, los cuadernos,los horarios.
Ya había pasado la desilución de que el recién conocido y foráneo Papá Noel nos dejara solo unas medias o cintas para el pelo. La revancha vendría en Reyes. O eso queríamos creer.
Desde la noche anterior, teníamos pequeños debates sobre cual sería la broma del día.
Pero mas allá de “brillantes” ideas, ni en nuestras mas optimistas tramas hubiéramos esperado encontrar en la calle la genialidad que nos daría “él día”.
Ya no recuerdo si fue Favio o Sergio, el que llegó primero a casa, corriendo, sin aire. Pasamos por lo de Alicia y nos quedamos de boca abierta cuando vimos entre las hierbas de la vereda, una víbora descomunal. Gorda, brillante, blandita.Algún camión de los que estaban construyendo la avenida la había matado, pero casi ni se le notaban las ruedas. Morbosidad infantil.
Las manzanas ocupadas por La Casona, estaban rodeadas de veredas de baldosas rojas, pero casi todos los vecinos habíamos trazado caminos de través entre las hierbas que crecían altas y gloriosas. Gloriosas para nosotros, porque alli nos escondíamos por la nochecita a recoger grillos, bichos de luz, a contarnos secretos o a pensar en el “queseríamosdemayores” Pero ese día nos servirían de camouflaje. Nos apostamos a ambos lados del camino, con asco atamos una soga a la cabeza de la víbora. Alli esperamos a que cayera la primera victima. Las niñas que ese día tenían faldas, esperaban a la entrada del camino para dar el aviso. Los demas esperábamos al final para dar el remate a la tarea.
Ya no recuerdo cuantas personas recibieron el susto de ver zigzaguear una víbora delante de sus narices, si que recuerdo los saltos de metro, los gritos, las espantadas y finalmente las carcajadas cuando el grupo del final los recibía con un: -¡Qué la inocencia te valga! Coreado por risas y grititos nerviosos.

Despúes el vascolet y las galletas María, soda Kraker, para Alejandra que ya daba señales de finolis, y el raconto de las mejores expresiones de susto. Daba igual que el cuerpo nos ardiera de bichos colorados, el día había sido un éxito. Habíamos hecho inocentes a muchos.
Los años pasaron y la vida nos ha ido haciendo gamberradas que nos han ido quitando la inocencia a nosotros, ya no se que es de la vida de muchos de lo que por alli corrimos, sin embargo, se que hoy seguramente todos estaremos recordando esa tarde y lo hermosamente ingenuos que todavía eramos. Y seguramente la telaraña invisible de nuestras risas nos unirá durante un minuto.

 
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A veces…

Publicado por Sole el 22 Dic 2014 en Diario

Aldo camina por Estrasburgo, yo camino por Compostela.
Los aquí y los allá en un poema.

Los encuentros
A veces va una por la calle, triste,
pidiendo que el canario no se muera
y apenas se da cuenta de que existe
un semáforo, el pan, la primavera.
A veces va una por la calle, sola,
—ay, no queriendo averiguar si espera—
y el ruido de algún rostro que se inmola
nos pone a sollozar de otra manera.
A veces por la calle, entretenida,
va una sin permiso de la vida,
con un hambre de todo casi fiera.
A veces va una así, desamparada,
como pudiendo enamorar la nada,
y el milagro aparece en una acera.

Carilda Oliver

 
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Galletas red velvet

Publicado por Sole el 17 Dic 2014 en Epicúrea

Como cada año me voy a contar cuentos de Navidad al Teatro de As Torres de Santa Cruz de Oleiros. Y como siempre quiero llevarles a los niños, unas galletas.
Durante el concurso de Santiago Etapas, un local presentó una tarta Red Velvet y eso me dio la idea de hacer unas galletas rojas. Más navideño imposible!
Así que me puse a buscar por la red y me encontré con centenas de recetas.
Me decanté por una que tenía unas fotos preciosas, aunque las proporciones me sonaron muy raras, me parecía demasiado azúcar y mantequilla para tan poca harina, pero como nunca las había hecho, decidí (cosa rara en mí) seguir a pie juntillas los pasos, medidas e ingredientes. El resultado, una masa viscosa en la bandeja.
Así que me puse a buscar en blogs británicos (reino por excelencia de lo red velvet y realicé una mezcla de las dos recetas que me parecieron mas sensatas)
Así quedó.
Galletas Red Velvet con chocolate.
Ingredientes

200 g de azúcar moreno
100 g de mantequilla
2 huevos
50 g de chocolate para repostería
180 g de harina
1 cucharaditas de polvo Royal
25 g de cacao en polvo Valor
1 cucharadita de extracto de vainilla
1 cucharadas de colorante rojo en pasta (el líquido no funciona, no solo por la poca fuerza del color sino por la reacción que hace en la masa que va a horno)
100g de azúcar glacé para rebozar las galletas
En la receta original había pepitas de chocolate o chocolate triturado para ponerle chispas a las galletas, pero como estas las he preparado para niños muy pequeños, me parecía demasiado.

Mezclamos la mantequilla a temperatura ambiente junto con el azúcar, hasta lograr una crema homogénea, de color marrón claro
Agregamos los dos huevos y batimos con la batidora, hasta que quede una pasta muy cremosa y de un marrón mas claro que la primera etapa.
Derretimos el chocolate a baño María cuidando que no se queme, para que no amargue y agregamos a la mezcla.
En otro cuenco, tamizamos la harina, con el polvo Royal y el cacao en polvo. Yo uso Valor, porque me gusta el toque amargo, pero se puede usar uno mas dulce.
Lo mismo con el chocolate de repostería, usé uno de 70% pero puede ser de más o menos segun el punto que queramos dar a las galletas.
Incorporamos la harina a la mezcla de mantequilla, azúcar y huevo y mezclamos suavemente.
Agregamos el colorante y notaremos como poco a poco la mezcla pasa de un tono amarronado a un rojo vivo.
La intensidad del rojo variará segun el colorante que compremos; en la tienda había de dos tipos, uno más suave, apto para fondant y éste llamado Red Extra.
Llevamos la masa a la nevera envuelta en papel film.
Dejamos una hora.
Precalentamos el horno a 180ºC.
Con una cuchara, preparamos bolitas. Yo las hice de unos 3 cm y me salieron 32.
Las rebozamos en el azúcar glacé y ponemos sobre papel de hornear, en la bandeja del horno.
En éste paso debemos ser generosas con el azúcar, cuanto mas blanco, más bonito será el contraste.
Las puse en dos tandas de 16 porque aunque la bolita sea pequeña, luego se expanden mucho
Horneamos durante 12 minutos, notaremos que se hacen grietas en la galleta. Los bordes se ven secos y crujientes y los centros blandos. En ese momento se retiran.
Se dejan enfriar.
Y a disfrutar.
Son una explosión de sabor en la boca.

 
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El mejor premio

Publicado por Sole el 17 Dic 2014 en Diario

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