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Instantes congelados III

Publicado por Sole el 8 Nov 2014 en Diario


Cada vez es mas sencillo caminar por el campo y encontrar aldeas enteras abandonadas.
En muchos casos, basta abrir una puerta entornada, para irrumpir de lleno en los últimos momentos de vida de esa casa.
Suelo entrar con cuidado, ya no solo por el peligro de entrar a una ruina, sino porque tengo la sensación de que hasta el momento en que yo entré, el suelo aun conservaba el surco tibio del paso de la última persona que vivió en esa casa.
Un silencio respetuoso, me lleva a recorrer esos espacios.
Una mesa a veces puesta. Un plato, un tenedor, un cuchillo… Una radio que tal vez quedó encendida mientras hubo electricidad o pilas.
Un recordatorio de la empresa del gas que volverá otro día (fechado veinte años atrás)
Una caja de puros que tiene semillas de adormidera.
Una postal que avisa que al día siguiente el remitente marcha para Suiza desde algún lugar de Francia.
El polvo cubre todo.
Los espejos están opacos, los colchones se pudren con la humedad que se cuela por las ventanas de cristales rotos.
A veces en los armarios hay ropa colgada.

Abres los cajones y descubres visitas al médico, recortes de prensa sobre el político de turno.
Una tarjeta de boda, otras, muchas más, de entierros.
Fotos manchadas, historias sin voz.
Preguntas sin respuesta.
¿Por qué hay una gramática italiana en medio de una aldea de Ourense? ¿Un calendario en francés? ¿Un traje con etiqueta de Madrid?
¿Viajaron los de la casa? ¿Un padre? ¿Un hermano? ¿Un marido?
Esas letras que ahora se deshacen, esas fotos que ahora mueren de olvido, ¿cuantos km habrán recorrido?
¿Qué anhelo llevaban cuando fueron puestas en un sobre que atravesó el mundo?

Camino por la cocina, y veo un armario con cacerolas grandes, de tiempos de mucha gente en esa casa.
En la lareira aun quedan montones de leña sin usar. Y una olla de hierro aguarda.
Sobre una silla, el tiempo se mezcla con una lamparilla moderna, una foto en sepia y un papel higiénico que el aire de la puerta entreabierta ha ido enredando en las patas.
No es dificil imaginar a alguien allí sentado, sentada, con esa foto en la mano, mirando al horizonte, esperando un regreso o recordando una marcha.

 
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Mirarnos con ojos de niños

Publicado por Sole el 6 Nov 2014 en Diario

Día a día recibimos estímulos, sugerencias y hasta presiones, para cambiar nuestro cuerpo.
Una cosa es el cuidado por salud, otra, ese eterno no aceptar y vivir con alegría el ser que somos.
Por internet andan cientos de videos al respecto, y cadenas y power points, pero en éste, lo que me gusta es la invitación a mirar nuestro cuerpo con los mismos ojos inocentes con que lo mirábamos antes de que llegaran la publicidad, el compañero dueño de la burla idiota, nuestras inseguridades…

De todos los pedidos sin duda, yo me quedo con las alas.

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