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Vivian Maier, cerrando un círculo.

Publicado por Sole el 8 Jul 2013 en Diario, Miradas

Miradas secretas

Creo que ya alguna vez he hablado de mi pasión por comprar álbumes y fotografías antiguas en cualquier mercado del mundo. Nada de gran valor monetario, esas quedan fuera de mi alcance…
Siempre con la ilusión y la esperanza de encontrar pequeños tesoros, como así ha sido alguna vez. Pero si anhelos guardaba, ahora los redoblo luego de tener noticias de un increíble hallazgo.
Un joven estudiante de arte, rebuscaba por subastas de barrio, negativos y fotos viejas para un proyecto artístico. Un viejo guardamuebles, remataba todas las existencias de objetos guardados durante años, por personas que pagan una módica cantidad para guardar objetos de los que no se quieren desprender, pero para los que carecen de espacio, esperando el día que la suerte o el destino les depare una casa mas grande.
Así fue como John Maloof se llevó a casa por 300 dólares 100.000 negativos. A poco de observar vio que el material no valía para el libro que quería hacer sobre su barrio y para desquitar un poco la inversión, comenzó a revelar y vender en Ebay algunas imágenes. Rápidamente le llegó el correo de un conocido coleccionista de arte intrigado por el altísimo nivel de las fotografías y preguntando si tenía mas.
Así comienza una historia de cuento, tanto es así que a la protagonista la llaman la Mary Poppins de la fotografía.
Vivian Maier, nació en Francia y en los años 30 al marchar su padre, pasa con su madre a vivir a en casa de una de las pioneras de la fotografía Jeanne J. Bertrand.
A los 25 años emigra a Chicago y aquí comienza la leyenda. Niños a quienes cuidó como niñera, la recuerdan como una mujer de ideas claras, socialista, feminista, vestida con chaquetas y grandes sombreros y eternamente con la cámara Rolleiflex al cuello.
No se llevaba bien con los adultos, solo con los niños, de ahí el mote que le han puesto.
Recorría las calles captando la vida casi invisible, borrachos, niñeras, vendedores, obreros, estampas únicas, de una luz increíble y de una narrativa tan clara que aun hoy pasados casi 50 años, uno tiene la sensación de viajar en el tiempo y de que a su lado va a llegar el vendedor del hielo, o el lechero y sus botellas de cristal.

También vivió en Nueva York y la historia se repite, llega incluso a grabar películas en 8mm, mientras crea una serie de autorretratos fascinantes.
¿Qué es lo que mas me llama la atención de ésta mujer? Que de los mas de 100.000 negativos que hay, han aparecido un par de cajas mas en alguna casa donde trabajó, Vivian no vio jamás el resultado de ninguno de sus cientos de carretes. Nunca tuvo dinero suficiente para revelar. Así que antes que dejar de fotografiar, prefirió archivar todo el material , exhaustivamente organizado y etiquetado, en espera de ese golpe de fortuna que le permitiera saber como eran sus retratos.
Los críticos de arte, enloquecen, las grandes galerías del mundo quieren exponer su obra y ella como tantos otros, murió, no solo pobre, sino además sin ver el universo que registró.
Miro lentamente sus imágenes y me enamoro de su mirada, de esa manera de saber captar luz, emoción, fuerza, ternura, soledad, abandono, rabia…
Imagino sus horas de soledad, en la habitación con llave a la que no renunció en ninguna casa donde trabajó, la veo mirando, acariciando tantos y tantos carretes, palpando, intentando leer en el celuloide, lo que sus ojos guardaron.
Cómo fotógrafa intento aprender cada día observando mi trabajo, desmenuzando, analizando encuadres, luces, texturas…
Vivian hizo todo ese proceso en su memoria y ahí radica la maravilla y el secreto, en que nada cambia, nada se convierte, nada se perfecciona, evoluciona o crece, si el proceso no sucede en nuestra mente. Si solo es una forma de mirar que no traspasa el horizonte de la pupila.
Llegar a la sencilla y radical idea de que no somos el ombligo del mundo sino que “Tenemos que dejar sitio a los demás. Esto es una rueda, te subes y llegas al final, alguien más tiene tu misma oportunidad y ocupa tu lugar, hasta el final, una vez más, siempre igual. Nada nuevo bajo el sol.”

Vivian lo llevó hasta el extremo de desaparecer detrás de la historia de los otros, tal vez no haga falta tanto, tal vez solo alcance con que nos demos cuenta, que al contar la historia de otros contamos la nuestra mas verdadera.

Desde hace un tiempo, dos o tres años, no recuerdo muy bien cuando empezó, escribo todos los meses para “Participando” la revista del MPP de Uruguay. Escribo sobre mis idas y venidas, cosas o gentes que descubro y que me apetece mostrar.
Hace un par de meses alucinada por la historia de una fotógrafa descubierta de manera increíble, escribí “Miradas Secretas”.
Hace poco, con motivo de ir por Madrid y Segovia, a uno por trabajo al otro a visitar a mi hermana gemela, me acerqué a Valladolid a la exposición que por primera vez en Europa, se presentaba en la Sala Municipal de San Benito.

Primera sopresa al llegar, la entrada era libre y gratuita. Luego una segunda,tercera y así hasta perder la cuenta.
Tener delante mi, sus carretes, sus sobres con letra menuda y diligente y esas imágenes, algunas conocidas, otras no, me dejaron deambulando en silencio por la galería en un mar de ideas que iban y venían. Aquí un velo, allí unos zapatos, aquí una sonrisa, allí un espejo, un reflejo…

Poder ver, casi tocar sus fotografías significó mucho, tanto como esas pocas veces en la vida en que un círculo se puede cerrar con un broche de oro.
Mas fotografías : http://www.vivianmaier.com/

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