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Mermelada Olalla

Publicado por Sole el 14 Ago 2012 en Cuentos, Epicúrea

Como cada año, por éstas fechas, recojo, compro, recibo, acopio, todo tipo de frutas para preparar las mermeladas que en casa y los amigos, disfrutamos todo el año.
Desde siempre, cuando quiero agasajar a quienes quiero, prefiero amasar, cocinar, invertir tiempo e imaginación en preparar algo que no signifique solo el momento de abrir el regalo, sino el tiempo del disfrute, de saborear, de compartir incluso con otras personas que desconozco y agrandar así de forma casi mágica los círculos de alegría que tanta fala nos hacen.

Vengo de una familia de mujeres que me inculcó que nada vale mas que lo que han hecho tus manos. Y de fondo siempre me resuenan las historias contadas mil veces, mientras revolvíamos dulce de leche, de zapallo o de higos en aquellas ollas casi mas grandes que yo, a las que llegaba con un taburete y que remexías, con una larga pala de madera de ibirapitá.

Así cuando voy por el campo, y veo frutales en casas abandonadas, no siento ningún pudor en llenar bolsas, con peras, manzanas o cerezas.

Hace poco fuimos a casa de unos amigos, una casa restaurada poco a poco por las manos de Benito, un hombre de leyes al que se le nota una buena ley de vida. Un hombre que leía a la sombra de las parras cuando llegamos.
La casa, de piedra, fue restaurada poco a poco por él. Cada rincón tiene una historia, habla de días, de miradas, de búsquedas.
Por una ventana en lo alto, asomó la risa brillante de Olalla. Me gusta la gente que te recibe con un abrazo. Y alos dos minutos uno se estaba riendo con las chispas de ésta diminuta mujer que no para.
Su vestido de florecitas, dibujaba estelas por la casa, el patio, los escalones…

Inundó la mesa de hierbaluisa y rosas. Y al descubrir mi gusto por las plantas, no dudó en mostrarme su pequeño reino.

Mientras los chicos se perdían en vericuetos pétreos de la historia galaica, Benito y Olalla nos fuimos a coger ciruelas.

El árbol semejaba una dama de fiesta, llena de dorados adornos. Una maravilla.
Intercambios de recetas, de trucos, en medio de la hierba fresca que me rozaba los pies.
A un lado el unicornio de laurel, era testigo de unas buenas risas.

Con ellas de fondo, abro al medio las ciruelas, ahora ya en casa.Y mientras rezuma la fruta entre mis dedos que relamo con avaricia, recuerdo los buenos momentos y se que ésta mermelada será especial. Porque tiene el mejor ingrediente que se pueda agregar, el de un rato de alegría.
Las dejo toda la noche en una cacerola cubiertas de azúcar y hierbaluisa.(2k de ciruelas-1/2 k de azúcar)
Por la mañana, a hervir a fuego lento. (1h)
Ahora, en botes limpios, guardo al vacío.

Muy simple, muy básico, imprescindible para la vida.
La receta por supuesto se llama Mermelada Olalla.

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