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Verona

Publicado por Sole el 30 Abr 2012 en Diario, Italia, Mis viajes

Si llegas a una ciudad y te encuentras con ésta estampa ya sabes que estas en la tierra de los eternos amantes.
Es inevitable darse de bruces con señales que ubican la historia por cada rincón o por cada callejuela.
Una carretera franqueada por hermosas fincas y viñedos, te lleva hasta Verona;mientras los camiones cargados de mercancía hablan de la prosperidad del noroeste de Italia.

Inicialmente no era de las ciudades que en éste viaje me llamaba la atención, hordas de adolescentes y de parejas, llegando para tributar su amor delante de los amantes Shakesperianos o para agiornar el rito y atar un candado al mejor estilo Moccia en alguno de los puentes, no era exactamente mi idea de abril en los lagos.
Pero al atravesar los arcos de las antiguas murallas, la ciudad te conquista y logras olvidar la ingente cantidad de corazones rojos.
No así, el rosso de Verona, que cubre las fachadas de los hermosos palacios que asoman por cada callejuela.
Al desembocar en la plaza de Brá, el Anfiteatro se muestra imponente.
Alguna vez en la vida quisiera llegar a uno que no tenga algún concierto, obra o congreso que cubra sus muros con carteles o altavoces. Luego de escapar de algunos romanos de símil piel, comienzas a perderte por plazas y puentes.
Y esa es la Verona que no hay que perderse. Hermosa.


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This Is Where We Live

Publicado por Sole el 25 Abr 2012 en Diario

This Is Where We Live from 4th Estate on Vimeo.

 
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Aleteando

Publicado por Sole el 19 Abr 2012 en Diario


Ilustración:Beatriz Carbón

Me encanta por ésta época del año, sacar a relucir en las bibliotecas, para los niños mas pequeños, un precioso libro de Eric Carlé, La oruga glotona. Tengo una versión en pop-up que genera siempre un largo suspiro al llegar a la última página y ver la hermosa mariposa que abre sus alas y hecha a volar.

Da igual que recuerden el cuento, todos reciben felices ese final que augura un vuelo cada año.
Algo atávico debe de haber detrás de ese gesto de alegría ante la fuerza de lo que renace en cada primavera. Tal vez la oportunidad de transformarte, de dejar de ser una pequeña oruga y poder abrir tus alas. No se.
Todos necesitamos cada día un pequeño vuelo, una alegría que nos haga mirar con ojos de primavera. Es abril, así debe ser.

Por distintos caminos estos días me llegan pequeñas-grandes oportunidades de volar y hoy a la mañana, tuve una de esas que puedes recordar incluso de vieja.
Estaba en el teatro de As Torres, por Oleiros, contando cuentos, los Maravillosos cuentos de Tim Bowley. Llevo poco tiempo con ellos, solo dos funciones precedían a las de hoy.
Sin embargo desde el primer instante, todo fue como la seda. A los sesenta minutos de un silencio adorable, de ojos como platos, de exclamaciones contenidas, de movimientos de manos cerca de la cabeza, se escuchó el “fueron felices…”
Y sucedió el regalo, los niños se pusieron de pie para aplaudir.
Es normal, o sabido, que los adultos en el teatro si les ha gustado mucho, aplauden de pie, atesoro unas cuantas funciones así, por suerte, pero en niños, eso no me había pasado.
Siete y ocho años.
Verles saltar de las butacas, y mirarles las caritas con una sonrisa de oreja a oreja y sus manitas que batían como alas por la platea, fue vivir uno de los momentos mas felices de carrera.
No lo pude evitar, se me cayeron unos cuantos lagrimones.
Para éste espectáculo elegí un vestido que me encanta, que tiene la falda llena de mariposas, y fue un presagio de los buenos. Me lo puse porque así me sentía por la mañana y soy de escuchar mi corazón. Y mi corazón ha regresado con alas. Volando. Canturreando.
Sintiendo que vale la pena trabajar en lo que amas.
Niños del Colegio Parga Pondal, gracias, gracias

 
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El monte era una fiesta…hasta que dijiste chau Gustavo Roldán

Publicado por Sole el 8 Abr 2012 en Cuentos, Diario

Cuando empecé a contar cuentos allá por el paisito,tenía una pléyade de niños que me pedían una y otra vez ciertas historias.
Contar a los pequeños era fácil, contar a los de quinto y sexto grado (once, doce y algún rezagado de catorce años) era otro cantar, sin embargo había un autor que se llevaba la palma a la hora de apostar a caballo ganador. Sacabas a relucir sus historias y no volaba una mosca, bueno si, alguna de las amigas del Tatú.
Las aventuras de un sapo en Buenos Aires, ese punto entre sardónico y burlón del que se supone es “medio bobo” porque llega del pueblo a la gran ciudad y resulta ser el realmente vivo (inteligente) era un lenguaje con el que mis niños de una pequeña localidad del interior del país se sentían cómodos, identificados, el reírse del de la capital desde la mirada del que tiene tiempo.
“(Los animales piden al sapo que les cuente que les gusta a los de Buenos Aires)
…¿Les gusta el olor de la tierra mojada?
- Son raros, no tienen tierra a mano, los pobres.
- ¿Cómo?
- ¿Qué no tienen tierra?
- ¡No puede ser, don Sapo!
- No nos haga bromas, don Sapo ¡Cómo no van a tener tierra!
- Ya les explico. Tienen que pensar que allá las cosas son diferentes.
- Sí, pero no puedo creer que no tengan tierra
- Y sin embargo es así. Todo es como una piedra muy grande y chata.
- ¿Una piedra muy grande?
- Sí. Tapa todo el suelo
- ¿Tienen el suelo forrado?
- Sí, pero en fondo se ve que la tierra les gusta, porque vuelta a vuelta la rompen y hacen grandes pozos y ahí, debajo de la piedra, tienen tierra

Así llegaron a mis manos todos los Pajaritos Remendados, los Libros del Malabarista, Los Morochitos, Los Fileteados,los Libros del Monigote, todos de Ediciones Colihue.
Esas colecciones estaban dirigidas por el genial Gustavo Roldán.
Laura Devetach y su increíble Monigote en la arena, sus Cuentos de pan y manteca, Graciela Montes, Javier Villafañe, Adela Basch, Silvia Shujer y por supuesto los cuentos de Gustavo.
El Monte era una Fiesta, Prohibido el elefante, Cuentos de la hormiga, El hombre que pisó su sombra, Cómo si el ruido pudiera molestar…decenas de títulos hasta llegar a mas de sesenta libros.
Mi memoria era un rosario de cuentas de hermosas palabras, gracias a éstos cuentos.

Con los años comencé a frecuentar festivales y ferias del otro lado del charco y de los primeros que me encontré fue con Roldán.
Escucharle hablar en las presentaciones de sus libros o en mesas de debate por la Feria de Buenos Aires, era sinónimo de aprender. Participaba en cientos de talleres por todo el país, bibliotecas, escuelas, siempre alegre, siempre cercano, siempre ilusionado y contagiando alegría.
“Hay demasiados educadores –los padres, la policía, la escuela y las iglesias–; la función de la literatura es cualquier cosa menos esa. Que de paso también educa, sí, pero esa no es su función” Decía y remarcaba una y otra vez.
Éste profesor y carpintero del Chaco, que se vino a Buenos Aires para trabajar, escuchaba cuentos en su tierra, cuentos sin etiqueta, allí no había cuentos para chicos y para grandes, había cuentos. Y así escribía, así contaba. Moldeando las palabras como quien talla maderas.

“Aspiro a escribir textos donde la cantidad de años que tenga el lector no sea más que un accidente como el verano o la lluvia o el frío”

Supo tarde que aquellos cuentos de oreja a boca eran llamados populares, para él simplemente era el mundo pidiendo la palabra.

“Creo que los chicos entienden todo y quieren saber de todo. Desconfiar de su capacidad es desconfiar de la inteligencia, de la sensibilidad del otro. Y desconfiar de la capacidad de la palabra es, en última instancia, desconfiar de nosotros mismos. Podemos desconfiar de nosotros mismos pero, si jugamos en serio, las palabras siempre van a alcanzar.”

Y tanto habló de las palabras que un día a pedido de sus hijos empezó a escribir, y no paró.
Escuchó el llamdo del mundo que quería hablar y le prestó su mano, su lápiz y su papel.

Decía que ” la literatura para chicos es literatura a secas”, se molestaba cuando la querían (quieren) reducir a una literatura menor.

Sus libros son una prueba palpable de que la buena literatura no conoce de edades.
De pequeño se sintió atraído por los magos, cierta vez que un circo llegó a su Fortín natal, y siempre soñó con ser uno de esos prestidigitadores, pasados los años, ya medio viejo como solía decir, se metió en la Escuela de magia de Buenos Aires y realizó su primer truco.
Sin embargo, para los que andamos por el mundo con sus cuentos a cuestas, lo teníamos por mago desde mucho antes, nadie como él para lograr el silencio enamorado, cuando sonaban sus historias, nadie como él para levantar carcajadas y lagrimones.

El monte debe de haberse ido enterito para la capital estos días y como en tu cuento Gustavo, se deben de haber acercado todos los bichos a recordar andanzas, batallitas y aventuras.
Seguro que al igual que el piojo, muchos no quieren aceptar lo que ha sucedido…

Fue como si el viento hubiera comenzado a traer las penas. Y de repente todos los animales se enteraron de la noticia. Abrieron muy grandes los ojos y la boca, y se quedaron con la boca abierta, sin saber qué decir.
Es que no había nada que decir.
Las nubes que trajo el viento taparon el sol. Y el viento se quedó quieto, dejó de ser viento y fue un murmullo entre las hojas, dejó de ser murmullo y apenas fue una palabra que corrió de boca en boca hasta que se perdió en la distancia.
Ahora todos lo sabían: el viejo tatú estaba a punto de morir.
Por eso los animales lo rodeaban, cuidándolo, pero sin saber qué hacer.
—Es que no hay nada que hacer —dijo el tatú con una voz que apenas se oía—. Además, me parece que ya era hora.
Muchos hijos y muchísimos nietos tatucitos miraban con una tristeza larga en los ojos.
—¡Pero, don tatú, no puede ser! —dijo el piojo—, si hasta ayer nomás nos contaba todas las cosas que le hizo al tigre.
—¿Se acuerda de las veces que lo embromó al zorro?
—¿Y de las aventuras que tuvo con don sapo?
—¡Y cómo se reía con las mentiras del sapo!
Varios quirquinchos, corzuelas y monos muy chicos, que no habían oído hablar de la muerte, miraban sin entender.
—¡Eh, don sapo! —dijo en voz baja un monito—. ¿Qué le pasa a don tatú? ¿Por qué mi papá dice que se va a morir?
—Vamos, chicos —dijo el sapo—, vamos hasta el río, yo les voy a contar.
Y un montón de quirquinchos, corzuelas y monitos lo sigueron hasta la orilla del río, para que el sapo les dijera qué era eso de la muerte.
Y les contó que todos los animales viven y mueren. Que eso pasaba siempre, y que la muerte, cuando llega a su debido tiempo, no era una cosa mala.
—Pero don sapo —preguntó una corzuela—, ¿entonces no vamos a jugar más con don tatú?
—No. No vamos a jugar más.
—¿Y él no está triste?
—Para nada. ¿Y saben por qué?
—No, don sapo, no sabemos…
—No está triste porque jugó mucho, porque jugó todos los juegos. Por eso se va contento.
—Claro —dijo el piojo—. ¡Cómo jugaba!
—¡Pero tampoco va a pelear más con el tigre!
—No, pero ya peleó todo lo que podía. Nunca lo dejó descansar tranquilo al tigre. También por eso se va contento.
—¡Cierto! —dijo el piojo—. ¡Cómo peleaba!
—Y además, siempre anduvo enamorado. También es muy importante querer mucho.
—¡Él sí que se divertía con sus cuentos, don sapo! —dijo la iguana.
—¡Como para que no! Si más de una historia la inventamos juntos, y por eso se va contento, porque le gustaba divertirse y se divirtió mucho.
—Cierto —dijo el piojo—. ¡Cómo se divertía!
—Pero nosotros vamos a quedar tristes, don sapo.
—Un poquito sí, pero… —la voz le quedó en la garganta y los ojos se le mojaron al sapo —. Bueno, mejor vamos a saludarlo por última vez.
—¿Qué está pasando que hay tanto silencio? —preguntó el tatú con esa voz que apenas se oía—. Creo que ya se me acabó la cuerda. ¿Me ayudan a meterme en la cueva?
Al piojo, que estaba en la cabeza del ñandú, se le cayó una lágrima, pero era tan chiquita que nadie se dio cuenta.
El tatú miró para todos lados, después bajó la cabeza, cerró los ojos, y murió.
Muchos ojos se mojaron, muchos dientes se apretaron, por muchos cuerpos pasó un escalofrío.
Todos sintieron que los oprimía una piedra muy grande.
Nadie dijo nada.
Sin hacer ruido, como si el ruido pudiera molestar, los animales se fueron alejando.
El viento sopló y sopló, y comenzó a llevarse las penas. Sopló y sopló, y las nubes se abrieron para que el sol se pusiera a pintar las flores. El viento hizo ruido con las hojas de los árboles y silbó entre los pastos secos.
—¿Se acuerdan —dijo el sapo— cuando hizo el trato con el zorro para sembar maíz?

Ojalá todos tengamos a mano un sapo, para que nos explique los caminos por los que ahora andas.
Gustavo Roldán, en nombre de tantos miles de gurisitos,chavales, rapaces, chamos, pelones, chamacos y mocosos a los que regalé tus cuentos, gracias, gracias, gracias.
Seguro que andarás por ahí con tu mirada franca, observando y en cualquier momento nos sorprendes con otro cuento.


Ilustración de Gustavo Roldán (hijo)
Textos citados-”Sapo en Buenos Aires”,”Como si el ruido pudiera molestar”

 
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Módena, Bolonia y Mantua un viaje de abril

Publicado por Sole el 7 Abr 2012 en Diario, Italia, Mis viajes

Hace un año, llegábamos al aeropuerto de Bérgamo, la idea era pasar unos pocos días por la zona de los lagos, conocer Bolonia y comer en Módena en lo de Máximo Botura.
Una breve aproximación a Lombardía y a Emilia Romaña

Luego de pasar la noche a las afueras de Bérgamo y de una ardua lucha para habituarse a los mandos automáticos de BMW que nos dieron en lugar del Fiat que había alquilado online, salimos dirección Bolonia.

Por la ciudad aun quedan vestigios de la feria del Libro Infantil,así que asalto una librería mientras Gago se pierde por las calles universitarias.
La Biblioteca pública, tiene unos espacios increíbles. No se si siempre serán así ya que estaban decorados con una exposición de libros de autores participantes del evento, pero la sola distribución de las salas, los colores, el hermoso techo, me dejan embobada un rato.

Pasear por la ciudad es sinónimo de constatar que la vida cultural es activa, conciertos y lecturas en las calles. Las plazas como punto de conversación, el teatro con una pancarta reivindicativa, los muros llenos de invitaciones a eventos…

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Canje

Publicado por Sole el 2 Abr 2012 en Diario

Tengo miles de palabras dándome vueltas, pero cuando tengo un dolor, cuando la incomprensión me rodea, cuando no logro que mis manos se pongan a la par de mis latidos, de mis sentires mas profundos, solo puedo llorar y soñar conque ya pasará.
Y eso es tal vez lo que mas duele, saber que pasará y que en el camino se queda algo valioso.
O que por lo menos para mi lo es.

Así que paseo por el monte, lo observo sacar agua de donde no hay, para celebrar una primavera extrañamente seca.
A la tierra le duelen las raíces, a mí, me duelen las flores que debo cortar.

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