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Instantes congelados-1ª parte

Publicado por Sole el 31 Mar 2011 en Cuentos, Mis viajes


Tal vez porque en mi familia no han sido de guardar cosas viejas, es que voy por los mercadillos buscando la de otros.
No suelo comprar, pero sé que un día empezaré a coger cajitas de plata vieja, de madera oscura, algún anillo, un alhajero con una patita rota, un guante sin pareja, una sombrilla de encaje.
Sin embargo ha habido un par de cosas a las que no me pude resistir.
Un misal con portada de nácar blanco (que perdí el mismo día que compré en Barcelona) y un álbum de fotos de antes de la guerra, que compré en Paris.

El misal, porque recuerdo que mi madre, se lamentó siempre de que el día de mi comunión no tuviera uno “bueno” y el álbum, porque me poseyó sobre que miré en él.
Conocí Paris, bajo lluvia, con frío, y así entre paraguas y gotas llegué al mercado de Aligre, entre puestos de frutas, ropas y baratijas, varios de libros y antigüedades. En una caja, fotos antiguas y dos álbumes, uno grande, prohibitivo y otro pequeño a 10 euros.
Quedé con él en la mano y revisé libros, periódicos de la segunda guerra, revistas, di vueltas y finalmente me lo traje a casa.
No sé muy bien explicar la extraña sensación de tristeza y melancolía que me embarga al mirarlo.
Comienza con una foto alegre, un picnic, de los de película, con cesta, mantel en la hierba y mujeres riendo. Es un jardín, todas llevan manga corta.
Luego en otra foto, hay dos niñas, Gilda y Violeta, dice en letra clara de tinta azul. Tendrán unos cinco años, se abrazan en una escalera.

En la tercera foto, alrededor de una mesa, están la Tata Yolanda, Violeta, el Tonton Conrad, Gilda, Vava y la Tata Jeanne. Tres niñas en el regazo de tres adultos, cinco mujeres un hombre. La quinta y la sexta, son una mujer sola delante de una ventana y una niña seria delante de un muro de piedra.
En la número siete los mismos de la número tres, pero en vertical y con las niñas de pie delante de los adultos en sillas. Luego está la foto de un joven, vestido de mono oscuro.
A partir de ahí se suceden las fotos de mujeres solas y huecos.

Hay una foto enmarcada en cartoné, de estudio, no como las otras, hay una niña vestida de fiesta, me parece que es Gilda, un enorme lazo le corona la cabeza, en la mano lleva un cartapacio, la foto fue tomada por E.Chapuis en el número 1 de la Rue de Compiègne.
La foto fue fraguada en el picnic del verano anterior. Seguro, puedes imaginar cómo mientras los vasos se llenaban de limonadas y vino fresco, las niñas correteaban, cantaban rondas y reían. A Gilda le faltaba un diente, así que la madre no quería fotos sonriendo, mejor seria, dijo.
-No me gusta éste vestido, me queda corto.
-No haber crecido dijo la tía, acabamos de hacerte un vestido cuando ya te va pequeño.
-En invierno, con el frío crecerás menos dijo la Tata.
Y en invierno, con el abrigo nuevo y las medias abrigadas hasta la rodilla, caminaron madre e hija hasta la casa de fotos. Desde el barrio D’Aligre son 12 minutos, un paseo en la fría mañana.
Huele a las primeras castañas, a pan tibio, a sopa, a lo lejos se escucha la actividad frenética de la estación del Norte.
No solo que no ha salido el nuevo diente, sino que ha caído el de al lado.
No rías dice la madre.
Algo innecesario, porque Gilda, desde que el Tonton Conrad no está en casa, no ríe.
Se pregunta donde estará ese frente, ese frente que no es el de la acera, ni el de la casa de las vecinas, ni el de la plaza, ni el de más allá.
Si frente es delante, delante no hay nada más que un señor que con una cámara enorme y una luz que marea, que dice, quieta niña, muy quieta.
-Ahora ya eres una niña que va al colegio, debes saber comportarte, y nada de llorar, le dicen en casa
-¿Volveremos a reír como el verano pasado?
-Claro, claro que si, la guerra pasará pronto, en nada estaremos todos juntos, los primos, los tíos.
Y tomaremos mas fotos y llenaremos el álbum.

 
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Para hacer el retrato de un pájaro

Publicado por Sole el 30 Mar 2011 en Cuentos, Para emocionar

Me encantan las casualidades.
Ayer dejaba en la Biblioteca de los Elefantes, un libro precioso de Kalandraka, Para hacer el retrato de un pájaro, de Jacques Prévert e ilustrado por Mórdica Gerstein y sin haberlo hablado, veo en el muro de facebook de un amigo, este corto de animación inspirado en el poema.
Por la tarde en la Biblioteca de Oleiros, uno de los niños que estaba en la sesión, de esos que no falta nunca desde hace años, llegó con el libro bajo el brazo, lo había visto su madre en el blog y allá que se habían ido a buscarlo.
Y hoy a la mañana, una compañera de tai-chi, me comenta lo que le había gustado el libro.
Se ve que la primavera nos está pidiendo a todos que cantemos.

 
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Primavera, al fin

Publicado por Sole el 21 Mar 2011 en Diario

Ya se que hay que esperar a Semana Santa para celebrarla, ya se que aun no me puedo poner brazos al aire y escote al viento, pero mirar el calendario y ver que ya está aquí. Alegra.

O será que éste año me es mas necesaria que nunca.

Se me ha hecho largo el invierno.

Mejor dicho, el último mes del invierno me ha dado unos buenos bandazos, de esos que ponen a prueba cualquier árbol del bosque, aunque sea grande, robusto y aparentemente fuerte.

Cuando las nevadas te pillan en ramas desnudas, con el corazón casi sin corteza, a una le brotan unas grietas, por donde el frío pasa como perico por su casa. Y ese frío se instala y navega por dentro asomando agua helada en los ojos. Y que rabia!

No porque no sea de llorar, que soy facilona de moco y agüilla, sino porque de alegría,de deseo, de celebración, es bueno sentir que las mejillas se empapan y se vuelven cascada de lo que desborda por dentro porque ya no cabe.

Pero como a todos, lo de empañar el horizonte, porque quienes te importan, sufren, o se ponen al borde del precipicio a bailar en cornisas, sin red allá abajo…ah! que dolor atávico, tan de soneto sin verso correcto, te retuerce el bajo vientre, mientras te estrujas las manos en gesto impotente.

Pero como decía mi abuela, “esto también pasará”;y pasó.

En medio, dos estrenos, miles de km, abrazos de amigos, risas, brindis, bajar, subir, sentir, vivir.

A mi alrededor de repente un bosque infranqueable de manos que dijeron,invierno, ya está bien!

Y bajo ese cobijo, sentir que el frío dejaba mi corazón y bum-bum, ahí que va volviendo.

Ya huele a primavera.

Ya siento mi sangre gorgotear trémula de anticipos.

Para corona una luna llena, anoche sobre los campos.

Me gusta la carretera por la noche, de fondo Alondra Bentley, la oscuridad delineando los montes sobre un azul cobalto lleno de estrellas y una luna redonda y amarilla en lo alto, que se colaba en el espejo mirándome cara a cara. Y la primavera en puntillas por entre los almendros y los cerezos.

Cómo en aquel cuento de hadas que la dama de la noche recogía a la dama de las flores y juntas con sus largos cabellos flotaban entre las cosas dormidas y les susurraban al oído: “levanta, ya marcha el frío, ponte bello y sal a pasear.”

Así siento yo la necesidad de sentir sobre mis rodillas el borde de una falda suave que el viento levante sin pudor para alegría de los abueletes que se sientan en las plazas.

Volver a sentir esa brisa entre los dedos y el pelo.

 
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8 de marzo, Día de la Mujer Trabajadora, un homenaje a una gran mujer

Publicado por Sole el 8 Mar 2011 en Diario

No soy muy consciente de que en qué momento apareció en mi vida, solo se que un día, la eché en falta y a partir de ahí busqué siempre su presencia en la platea.
Eran tiempos en que el teatro era una ventanita al cielo por donde nos asomábamos desesperados en busca de bocanadas de libertad.
Tiempos de pintar latas de aceite de negro para armar con ellas los focos, de acarrear butacas de un viejo cine para construir una sala en el patio de una casa grande del puerto, de vender entradas, pegar carteles, hacer trajes, robar horas al sueño y a la fiesta, para subirse a un escenario.
Tiempos de mirar hacia La Habana, París o Buenos Aires, buscando nuevas-viejas maneras de gritar que allí estábamos.
Y con nosotros imberbes actores guiados por el genio de Diva Merello y el vozarrón de Ostuni, estaba el público.
Ese que arrastraba a otros a venir a “apoyar”
Amigos que son mis hermanos del alma llegaron en esos años.
Pero había alguien que me marcó particularmente.
De edad indefinible para mi, que nunca miré a mis amigos, por si tenían o no mis años, sino por los regalos de sabiduría que me hacían, era Nyl. La que dejó un día de ser “la profe” y pasó a ser la amiga.
En cada loco proyecto que me embarqué, allí estaba ella, para sumar a sus amigas a ir a escuchar a “la que contaba cuentos”
Noches de Centro Bar, Alianza Francesa, Aras, restaurantes o colegios, bibliotecas y casas de amigos.
Pero mientras por las noches me seguía y acompañaba cuanto acto cultural había en la ciudad de todos los grupos de teatro, danza, o lo que fuera, por el día batallaba con su CEUPA, movilizando a los/las que se negaban a ser la tercera edad y se transformaban en los de segunda juventud que llenaban las aulas de la Casa de la Universidad.
Pero Nyl también era militante, de las de base, de las que andaba por los barrios hablando con las mujeres, como quien no quiere la cosa, sobre la igualdad, la solidaridad, el sueño de un paisito mas grande.
Y también era abuela, y así apareció un día con su Panchito y otro día con Ana y con los demás.
Los bautizaba con cuentos.
Cuando emprendimos la locura de la librería, allá que fue la primera y la última clienta.
No hubo velada poética, presentación de libro o actividad en la que no estuviera.
Cuando miro fotos de esos años, en todas aparece.
Incansable, con su cochecito para arriba y para abajo o andando. No la detenía nada.
Su cabeza era un constante bullir, preguntar, cuestionar.
“Soledad, por lo sueños no se espera, me decía, hay que ir a buscarlos, estén cerca o lejos”
Y cuando llegó el momento de hacer las maletas, fue de las que me ayudó a hacerlas.
Me regaló en aquella despedida que ella llamó un “voy y vuelvo” un precioso libro de Neruda, lleno de acuarelas y de anotaciones de su puño y letra.
Cada cierto tiempo en los últimos años, me contó por correo como iban las cosas, me alentó, se alegró y celebró conmigo cada paso y me consoló en los yerros.
En cada regreso tuvimos un rato para el abrazo, para el conversar lento, ya fuera con un asado, un mate o un café.
La última vez la vi mayor, casi empecé a pensar que tal vez tenía más años de los que su energía decía.
Se quejó de que el motor ya no era el mismo, el del coche y el de ella.
Sin embargo y como siempre, quedamos para el siguiente regreso.
El 23 de diciembre, leo en el blog de Margara
347.
El pescador giró la cabeza cuando escuchó el auto acercándose al muelle. Era temprano. Recién habían abierto los portones del puerto. El ruido del motor que aceleraba llenó la mañana gris del domingo. El pescador vio al auto trazar una comba en el aire y estrellarse contra la superficie del agua para luego hundirse en el medio del río.

Un estremecimiento inexplicable, premonitorio, me atravesó el estómago, pero sin reconocer el origen, no le di importancia.
A los pocos días un mensaje, Nyl había dejado de preguntar. Había decidido que por lo menos en mi, su recuerdo fuera en travelling rápido, ágil, con música de fiesta, con los labios rojos y sus pañuelos de colores al cuello.
Con sus ojos grandes atentos, su risa, su siempre preguntarme al acabar algo, que era lo siguiente.
Seguro que donde ande, hoy, Día de la Mujer Trabajadora, estará organizando algún acto y seguro que a su lado, estarán Diva y Elsa.
Con mujeres como Nyl Gonzáles Chans, el mundo se hace grande, se llena de búsquedas, de hallazgos, de caminos.
Ahí quedan, toca seguirlos.
Chau Nyl, como vos decías, esto es un voy y vuelvo. Seguro.

Nota: Lo que aquí escribo no refleja en nada lo que mi corazón siente al pensar en ella, pero llevo dos meses con algo aquí atascado y ahora que la emoción me va dejando resquicios, creo de justicia,por todo lo que le debo, dejar su manojito de hebras de colores aquí en La Caja, en éste día.

 
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Skhizein

Publicado por Sole el 2 Mar 2011 en Cuentos

Primera parte

Al fin y al cabo solo se trata de saber cuantos centímetros nos hemos desplazado, para que los demás sepan donde estamos. Un corto de Jérémy Clapin

Segunda parte

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