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Y tu abuela que hace: Es trapecista!

Publicado por Sole el 31 Jul 2010 en Uncategorized

Cuando la palabra Internacional era la más grande de mi vocabulario visual, la usaba con gusto, cada vez que me preguntaban por mi abuela.
Y no mentía cuando lo decía. Tal vez si un poquito, al decir que era mi abuela. Ya que no era solo mía. Era de todo el barrio.
Pero quienes más estábamos en su casa éramos nosotras. Mi madre y yo. A veces mi padre para repararle algo que no funcionaba.
Nada de lo que se cocinaba en casa dejaba de tener un aparte para la abuela Rosa.
Redonda, toda ella. Cara y cuerpo. Blanca, muy blanca, de ojos azules tan claros que a veces se perdían en sus pestañas. Siempre riendo.
Adoraba meternos entre sus pechos y sumergirnos allí en un vaivén de reencuentro, que olía a naftalina y a flor ajada.
Saltaba a la comba con los chiquillos del barrio, pese a las amenazas de mi madre, de que no la cuidaría si se rompía un hueso.
Nunca estaba con las vecinas en sus tertulias de escoba o de mate dulce a la tarde. Ella siempre estaba con los niños. Transformaba trozos de tela en mares por donde navegaban historias de amor extrañas o hijos que no volvían. Pero lo que más me gustaba era cuando jugábamos al Circo. Allí uníamos varios trozos de sedas de colores, que colgábamos de la lámpara o de la escalera y allí debajo, se levantaba el circo más maravilloso del mundo.
Ella había sido trapecista. Famosa. Decenas de carteles decoraban su sala. Tenía cajones llenos de programas de mano y álbumes de fotos inmensos, negros con papel de seda por encima donde aparecía ella delgada y con unos trajes que a mi madre escandalizaban y a mí me atraían como el oro.
Corregía mis posturas de presentadora, mis voces de anuncio, mis giros torpes, mis puntillas enclenques.
Mis peluches se transformaban en indómitos leones, la colcha en improvisada pista, las muñecas en entusiasta público.
Los brazos regordetes de la abuela Rosa mutaban en sierpes que se torneaban en sogas, para explicarme como subir, trepar y colgar con gracia y sin peligro.
Como había tenido un amor tragafuegos, me enseño los rudimentos para no quemarme. Y también los tiros de dagas, sin dañarte pese a llevar los ojos vendados ya que bastaba con concentrarte y sentir el aire como zumbaba a tu lado para salir indemne.
No tuvimos suerte con el equilibrio, solo pudimos colgar una soga de árbol a árbol del parque que se caía por el medio. No éramos capaces de lograr la tensión adecuada.
Así que me entrenaba en lo alto de los muros. Por allí y a dos metros del suelo, el mundo era un abismo por donde yo caminaba, un pie delante y el otro con la punta perfectamente alineada detrás.
Papel crepé, de cigarrillo o celofán completaban los atuendos de los ensayos.
Pero el día de la presentación, llegaba a tocar un sueño.
Una vez cada cierto tiempo, no sabría precisar cuánto, aun tenía los pocos años que miden los segundos en eternidades, íbamos a una habitación que estaba “arriba”. Por una escalera empinada subíamos a buscar cosas en el baúl.
Un arcón de madera, rústico, sin grandes correajes ni detalles de lujo, madera descolorida y maltratada por los rincones. Un gran candado, colgaba cerrado de una de las anillas, pendía inútil ya que no cerraba nada.
La abuela abría el baúl y dentro flotaban los tules de sus trajes, a mi me quedaban grandes y a ella pequeños. Pero ambas suspirábamos por ellos.
Con cuidado elegía alguna capa corta o apliques de plumas y lentejuelas y colocaba en mi cabeza un halo de escenario.
Uno era un tulipán azul, de tul y seda verde, con hojas bordadas que dormían sobre la breve falda, otro era de sol y luna, según de qué lado le miraras. Los había rojos como el fuego o blancos como la espuma. Cada uno de ellos era de un número olvidado ya por el ´público.
Así que los repetía con sus dedos, en el aire, para que yo fuera la memoria de ellos.
Durante años me persiguió el recuerdo de sus lágrimas en la vereda cuando nos fuimos de la capital.
Un año más tarde, mis padres se fueron durante tres días. No volvieron solos, traían el baúl.
La abuela Rosa, quiso que yo lo tuviera. Entre las bolsas de tela, reposaban todos sus trajes, unos cuantos carteles y un álbum que debíamos entregar a su hijo. Un hijo que no apareció ni en el entierro ni en el funeral.
Años más tarde, le busqué. Me dijo que su madre había sido lavandera, que se había ido del pueblo tras un carromato. ¿Trapecista? No, la-van-de-ra.
Ante su “que quiere”, le di el aviso. Quise contarle de sus años sola, de sus viajes, de sus éxitos. Pero su silencio incrédulo, fue una barrera infranqueable.
Me despedí, dejándole el álbum donde su madre brillaba bajo los focos, con luz propia.
Gesto del que me arrepiento siempre.
Con los años, los trajes fueron siguiendo derroteros extraños, hoy solo queda el baúl, que mi madre utiliza para guardar las mantas y edredones de cuando “viene gente”.
Mirando “Carnivale” la recordé inmediatamente. La abuela Rosa, mi abuela trapecista. Mi abuela cuna, refugio, sueño al vuelo. Mi abuela de las bambalinas, las tazas de arroz con leche, las galletas María de bolsillo, las zapatillas bordadas, los rizos blancos, las manos fuertes, las risa largas, las palabras olvidadas, la que fue tras un sueño, la que me puso una red para volar en calma.
Aun me queda contar de mi abuela india, de mi abuela la que no fue y de mi abuela verdadera. Pero eso, en otra madrugada de insomnio.

 
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De ediciones perdidas

Publicado por Sole el 26 Jul 2010 en Uncategorized

De un naufragio, aun con señales, conservo un libro de una editorial que supo regalarme joyas. Colihue, colección Los Fileteados.
Historia de amor en 25 sonetos, de Mauricio Rosencof.
Durante años he ido desgranando de memoria éstos versos que un día salieron de una cárcel uruguaya en los dobladillos de las camisas que se iban a lavar.
Fueron escritos en papel de liar cigarrillos.
Y asi hay que leerlos, como un beso robado en el filo de la hora prudente. Susurrando, con cosquillas en la punta de los dedos y urgencia en la mirada.
Escenario:-atardecer de un barrio de casitas bajas, jardines perfumados, portales en penumbras y vecinas escondidas tras las persianas.

Mística
Los domingos de mañana me embriagaba
contemplando su místico ritual.
Iba a misa con su tía, muy puntual,
cuando el tañir de “Tierra Santa” las llamaba.

Bajo la mantilla su rostro irradiaba
la mas pura beatitud angelical,
contrastando el movimiento sensual
que al Adams de menta lánguida le daba.

Antes que anocheciera solíamos pasear
en un clima muy ceremonioso;
y casi casi me costaba tutear

aquel ser santificado y misterioso
que por la mañana iba a rezar
y por la tarde, me volvía religioso

 
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Fuegos del Apóstol 2010

Publicado por Sole el 25 Jul 2010 en Uncategorized


La Catedral al llegar sobre 21,30.

Por cuestiones del trabajo, tenemos la suerte de poder ver los fuegos desde enfrente. Algo que algunos años hacemos, ya que poder estar en las ventanas con los fuegos estallando delante de tus ojos es algo realmente hermoso de ver.Pero éste año, había algo diferente en el aire. Y nunca mejor dicho, ya que revoloteaba un helicóptero, se multiplicaban los guardias y todas las calles de Santiago estaban colapsadas por vehículos antidisturbios. Es que por ser año Santo, el Rey y la Reina estaban en Santiago ayer (bueno, aun andan)
El que mas el que menos, desde el bedel, al camarero, desde diputados, a empresarios, desde curas a obispos, todos entrábamos a Raxoi, por un pasillito flanqueado de fotógrafos, cámaras y controles de invitación.
A los lados las señoras mirándo hacia nuestras caras para detectar famosos y criticar modelitos. A Gago, que iba guapísimo con su camisa de lino blanca y su pantalón haciendo juego en azul, le increparon las del público por la chaqueta. Y eso que yo iba divina de la muerte con mi modelito de Adolfo Domínguez (coja, pero guapa) Al entrar, la cosa se dividía. Nosotros cogimos hacia nuestra izquierda. Aun el catering no había empezado asi que corrimos a buscar mi ubicación favorita. Los ventanales que dan a la cornisa. Desde alli, la vista es fantástica y me permite sentarme cómodamente sobre el mar de cabezas que llenan la plaza.
Los mas entusiasta cantaban y bailaban canciones religiosas con ritmo de samba y los mas “monárquicos” llamaban a Juan Carlos para que saliera al balcón.

El momento fue la llegada de un francotirador que avisó que no nos podríamos sentar en la ventanas (como siempre) porque si la gente de abajo nos veía se iban a preocupar pensando que habrían francotiradores en los techos (sic) Luego de pedir una vez mas la documentación marchó. :)

No han sido los mejores fuegos que tengo visto. Es mas el despliegue de imágenes proyectadas hablan a las claras de un desconocimiento bastante grande de cuales son los verdaderos símbolos de Galicia. Es triste reducirlo solo a vieiras, pulpo (si, apareció un pulpo gigante proyectado sobre la fachada) a los símbolos del zodíaco y a decenas y decenas de santos.
Hubo momentos bonitos, que emocionaron principalmente a los peregrinos que abarrotaban la plaza. Una compostela completa, el mapa del camino, bosques, riachuelos, claustros reconocibles. Pero entender que unas mujeres vestidas con el traje típico y unos gaiteros que asomaron por las ventanas de la catedral era ya Galicia, me parece caer siempre en clichés. Daba la sensación, con tanta proyección de manuscritos y símbolos copernicianos que la proyección estaba elavorada por el autor del Código da Vinci o un fans de Paulo Coelho. Cierto es que después de los errores del año pasado, no era nada fácil pensar que hacer éste año. Esta vez no hubo problemas técnicos, pero para mi, falló la narración.
Como tuve la suerte de estar ahí dejo aqui algunas fotos, como son muchas el resto irán a un álbum en flickr y en facebook. Quien quiera ver. Que pase por ahí.

 
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Para abrir las ventanas

Publicado por Sole el 23 Jul 2010 en Diario

Y dormir sintiendo el fresco de la noche que enfría la piel. Y mirar al trasluz los dibujos que hacen los poros jugando con la luna. Y respirar no muy fuerte, para que las estrellas no titilen y dejar que entre despacito el olor de las lilas en flor.
Y sentir que sueñas viajando, viajas soñando.
Y pasar la mano por esas leves arruguitas que aparecen donde no quieres y sentir que está tibia, mientras te da un pequeño escalofrío y entonces, esa colcha que empujaste en revoltijo a tus pies, es cobijo y solo dejas fuera, porque te gusta, porque aun se ve bonito, la curva del hombro. Y mientras te despides de esa imágen te adormilas. Y por la mañana, eres nuevo.

 
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Ben Harper en Santiago

Publicado por Sole el 19 Jul 2010 en Diario, Hilos sonoros

Ben Harper se ve normal, sobre el escenario. Pepe Solla que le conoció, dice que super sencillo. Yo lo vi como un apasionado de su trabajo, que se dio el lujo de tocar en los bises un par de temas, con su mirada particular, él solito y la plaza de la Quintana viajando al son de sus acordes.
Hasta hace poco más de un año su trabajo ha sido un constante coqueteo con diferentes bandas, para grabar distintos trabajos, aunque siempre volviendo a su original compañía de The Innocent Criminals. Sin embargo en el 2009 se unió a sus actuales compañeros en esta gira: los Relentless 7.
Su música tiene influencias muy diversas, y sus letras suelen ser todas de corte reivindicativo, ya sea político, medioambiental, religioso o social.
Basta leer en su biografía que tuvo una abuela negra, medio india, y padres músicos de diferentes estilos para entender que en su discografía, pueda pasar del blues de Jimi Hendrix a influencias de bandas del jam como los Blues Traveler o Hootie & The Blowfish. Fue alumno de los cantautores negros de los años 1970 Bill Withers y Curtis Mayfield. Ha publicado trabajos orientados hacia el blues y el folk alternativo, pero puede sorprender con giras acústicas o eléctricas con la fuerza de los grupos que fue telonero como REM, Pearl Jam, Metallica etc Entre las influencias de este estadounidense nacido hace 41 años en Claremount, también aparece el country, el rap y el hip-hop,el gospel sureño…
A mí me deslumbra este multinstrumentista (Harper toca la guitarra, el piano y la percusión, entre otros) que explora los misterios de la música negra, con un estilo muy propio y reconocible entre mil, gracias, entre otras sutilezas, al sonido inconfundible de su inseparable Weissenborn (guitarra hawaiana que el músico toca sentado). Alguien delante de mí suspiraba por el conocimiento profundo que Harper demostraba de los sonidos de su instrumento.

En 2009 Ben Harper dejó aparcada su banda The Innocent Criminals con la que tocaba desde hacia años para sacar a la luz su décimo álbum, White lies for dark times, junto con la banda Relentless 7. Compuesto por otros once temas, el primer sencillo fue «Shimmer and Shine».

Una aclaración para freaks: parece que Harper lleva siempre consigo una weissenborn estilo 4 , una estilo 2, una teardrop, una Kona y una David Dart similar a una teardrop. Usa cuerdas D’Addario phosphor bronze lights en sus guitarras. Sus afinaciones incluyen low G (D G D G B D) y varias afinaciones secretas que usa para cada tipo de instrumento. Su afinación favorita, DADDAD.

De este párrafo solo pillo cuatro palabras, pero busque información para entender lo particular de su sonido y me encontré con un grupo de amantes de las Weissenborn que me desasnaron.

Ben Harper en Santiago from Sole Felloza on Vimeo.


Y aparte. No me pregunten porque, pero una de las ventanas del convento que da a la Plaza de la Quintana permanecio iluminada hasta tarde. Creo que Harper, tenia embrujada a una monja ;)

 
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Gran cata de los Blogastrónomos Gallegos

Publicado por Sole el 16 Jul 2010 en Diario

Hoy es el gran día. Los Blogastrónomos Gallegos, nos reunimos para catar esos vinos que por precio o porque nunca hay una ocasión lo suficientemente buena, vamos dejando pasar.
Hay algún clásico que se caía por su peso, pero hasta que no se prueba, no se sabe y hay descubrimientos.
Guiados por Xavi y su Viña y Esteban y la Distribuidora Redoma, viviremos una jornada especial.
Ahora me voy a preparar, porque iré coja, pero guapa.
Comenzamos con La bota de manzanilla pasada
Continuamos con champagne: André Clouet 1911. Llamado así porque solo hay 1911 botellas -Luego probamos La Coulée de Serrant, vino biodinámico de Nicolas Joly (Loira)
La Coulée de Serrant
Domaine Morey Coffinet 2006 Chassagne Montrachet
Dr. Burklin-Wolf – Pechstein 2001
Un gran Riesling (no se cual)
Pasamos a Vega Sicilia Único.
Tocamos El Nido.
Disfrutamos con un Ordóñez nº4.
Y rematamos con una selección de wiskies

Si en la madrugada se cruzan con un grupo alegre que canta a viva voz, somos nosotros que aun tendremos buenos efectos

 
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Para lavar la cara

Publicado por Sole el 14 Jul 2010 en Uncategorized

Desde hace meses hay rumores, sobre la instalación de cierta cadena de muebles nórdicos,Ikea, en Galicia.
Finalmente el día 20 se inaugura. Y desde hace días, se organizan amigos, amigas, familias enteras para ir a llenar los carros con esos muebles que solo mirábamos en catálogos o descubríamos en la casa de amigos de la capital o Portugal.
Yo misma hace unos años me acerque a una de estas tiendas, pensando encontrarme las gangas de la vida, para amueblar mi casa.
Pero el tema del que quiero hablar, no tiene que ver con los muebles o cristalerías que allí se venden, sino con el video que veo hoy a l mañana que sirve de publicidad para la inauguración.
Algo así sobre la revolución que le llega a la abuela Maruxa, con la llegada de Ikea A Coruña.

Me llama la atención el mensaje que hay detrás.
Una de las cosas que más me apeno cuando estuve hace unos meses buscando lareiras y cocinas tradicionales, era la frase “Tuvimos, pero alguien la tiro abajo” “Había, pero se cambio por esta más moderna”
Que conste que creo en la necesidad de dotar a las casas antiguas con todas las comodidades de la modernidad. Pero eso no está reñido con la conservación y preservación de los espacios que nos identifican. De los muebles que se hicieron a mano por carpinteros que creaban según las necesidades de las casas de labranza. Muebles grandes, con espacio para loza, jarrones y mantelería hecha a mano. Muebles que se heredaban. Muebles que pueden convivir con neveras, hornos , lavadoras, sin crear ni un conflicto. Muy por el contrario, siendo parte de esa historia que hay que contar.
Ese menosprecio hacia lo de la aldea, fue lo que hizo que se tiraran, centenas, miles de casas tradicionales, que se suplantaron por las piedras importadas, incomparables con la piedra de la zona. Ese menosprecio hacia los muebles de los antepasados, es el responsable de que luego andemos como parias de la memoria, recorriendo casas de antigüedades, intentando comprarnos recuerdos.
Esa actitud es la que hace que pasados los años nos rasguemos las vestiduras, aunque sea por afán económico, cuando vemos que se pone de moda aquello que denostamos y destruimos un día.
No valorar las cosas pequeñas de cada día, hace que tampoco valoremos ni la lengua, ni la tierra que pisamos, ni la memoria de los que nos precedieron.
Escuchaba a Drexler que cantaba hoy “La historia pesa tanto que hay que descargarla poco a poco en cada uno de los que escucha, para mantenerla viva”
Alguien pensara, y todo por unos muebles viejos. Pues sí, porque la identidad tiene pilares tan frágiles como una cadeira, un escano, un chineiro.
Voy a entrar a Facebook, al grupo de la abuela Maruxa y le diré como vestir de cara nueva su casa, con mas tapetes blancos como ese que luce debajo de una cesta de mimbre que nunca uso para tricotar (esas cosas se notan), que compre en la mueblería sueca, alfombras, cortinas, luces o cualquier cosa que necesite para cuando vienen todos sus hijos y nietos, pero que guarde como oro en polvo esos platos, ese armario y vete a saber cuántas más cosas que andan por su casa y les cuente, de donde vienen y la historia que tienen. Porque como ella misma dice, esa casa es de las de toda la vida. No hay que matarla.
Hay que lavarle la cara, no borrarla.

 
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Un lugar

Publicado por Sole el 13 Jul 2010 en Diario


Creo que una de las razones para que la “escondida” o juego del escondite aun funcione con los niños, es esa necesidad casi atávica que todos tenemos de escondernos y ser descubiertos.
Aun creo recordar el corazón palpitándo en la boca, cuando creías estar en el mejor escondite del mundo, cuando oías como el que “tapaba” gritaba puntoycomaelquenoestaseembroma,puntoyrayaelquenoestásecalla!
Aprendías a domesticar el oído, a respirar en silencio (o eso era lo que creías) a ver en la oscuridad, a adivinar por el sonido de los pasos si el que buscaba estaba cerca o lejos, a contener el impulso de salir antes de tiempo, para asi llegar y dar el “salve por todos mis compañeros”.
Aprendías a domesticar el miedo a que no te encontraran nunca, algo tan terrible como ser encontrada antes de tiempo.
Era buena para esconderme, no porque tuviera muchos lugares impenetrables, sino porque tenía un sitio, del que solo salía cuando se cansaban de buscarme.
Para llegar a ese lugar había que pasar por mi dormitorio, asi que nunca nadie descubrió, que en realidad, siempre me metía entre las madreselvas.
Desde que leí “Mi Planta de naranja lima”, un relax profundo llegó a mi cabeza. No estaba loca, una planta podía ser un mundo.
Mi madreselva lo era. Se podía entrar por el jardín o por la reja de mi ventana, mientras fui escuchimizada.
Acunada por el aroma dulzón de las flores en verano y la tibieza de la cama que hacían las ramas secas en invierno, aquel rincón era mi mundo.
Hacia alli arrastré mi mantita de cuando era bebé, una que era verde de un lado y blanca del otro con los dibujos de ponys en los colores contrarios, la tenía dentro de una bolsa de plástico de la tienda Soler, en otras bolsas de la panadería Pesce y la Marpan, coloqué mis libros, esos con los que podía morir si no los tenía. Tom Sawyer, Hombrecitos, El Corsario Negro, Los Mares del Sur, Moby Dick y Robinson Crusoe, no recuerdo si alguno mas. Luego por supuesto por alli pasaron todos los que iba sacando de la biblioteca, mas los que me prestaban, mas los que tenía la suerte de comprar, pero que aunque me gustaban, no tenía problema de dejarles en la estantería de la habitación, después de haberlos leído en mi rincón.
Nunca me supieron mejor las naranjas, los panes con manteca o las tortas fritas, que dentro de aquel casi capullo de plantas en donde me escondía casi a gatas a viajar por el mundo.
Una rama era una vela, un trabuco o la pluma que salvaba el mundo. Acostada alli dentro, miraba las tramas de las hojas y volaba lejos. Tan lejos como para no escuchar a mi madre, tan lejos como para no sentir el dolor por la muerte, tan lejos como para no ser vista por el viejo que desde detrás de los pinos de la Casona te llamaba con galletas María.
Tan cerca como para soñar con el rey de los mendigos razgando la guitarra imaginaria, en la esquina, tan cerca como para ver madurar los higos, tan cerca como para imaginar que ese olor dulzón que me subía de las piernas no era mío, sino de las flores que se abrían. Como posesa sorbía los pistilos. Años mas tarde llegué a pagar por eso mismo. Y pensar que allí chupaba néctar libremente, hasta sentir que me mareaba y las historias que leía se materializaban a mi alrededor.
Cierto es que los vecinos, me veían en la horqueta del níspero, pero eso solo era, cuando las frutas estaban maduras y a tiro de mano. Cuando les tenía tan pillado el punto, que sin mirar, para no perder línea, estiraba la mano y solo acariciando esa piel aterciopelada, ya sabía si estaba listo, pasado o verde. Si había dudas, bastaba con oler las yemas de los dedos. Inconfundible aroma que aun me llega si cierro los ojos.
Un verano fue perfecto ese níspero, la madreselva le envolvió por completo. La fruta sabía a gloria. Pero mi madre decidió cortarla. En su ordenada teoría del jardín y la huerta, no entraba la mezcolanza promiscua de unas flores en medio de la fruta.
Mi escondrijo, quedó obsoleto el año que me dieron un beso que no esperaba y corrí a llorar. Por mas que lo intenté, la entrada a mi jardín secreto, no me dio paso. Se había vuelto pequeña de la noche a la mañana. O yo grande.
Y desde entonces huérfana de algo, voy por el mundo olisqueando madreselvas. En horas muertas de aeropuerto, me sumerjo en frascos y mas frascos buscando aquel aroma, y no lo encuentro.
A veces pasa a mi lado alguien y le sigo, pero no me atrevo a preguntarle que perfume lleva. No por vergüenza, sino por esa sensación complice de que ella también se está escondiendo.
Y me vuelvo, y revuelvo, sintiendo en la raíz de mi vientre, el ardor de un sitio seguro, perdido.

 
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Drexler en Vigo

Publicado por Sole el 13 Jul 2010 en Diario

Veo en el facebook de mi amigo Marcelo, ésto y no lo puedo resistir.
El sábado a la misma hora él y yo estabámos sufriendo al lado de otro escenario, el mío.
Pero a Drexler en Vigo, le tocó subir antes que a mi en Pontevedra (Marin) y no se le ocurrió mejor manera que subir con el ordenador y trasmitir magistralmente el final del partido Uruguay-Alemania.
Para guardar por siempre!

 
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XII Xantanza. Una jornada junto al mar

Publicado por Sole el 12 Jul 2010 en Epicúrea

Me toca hacer el post ya!, mas que nada porque se junta con la gran Catanza que tenemos éste viernes.
Pero fue una jornada tan buena que aun hoy se recuerda con gusto.
El Viticólogo y Laconada fueron los anfitriones. Visita previa en el Museo del Mar de Vigo, veraniega comida en O Croque, fiesta coctelera en la terraza del restaurante y gintonic tardío en chiringuito de playa, guiados por nuestra invitada de lujo “Carmen Guisándome la Vida”.


La visita al Museo, fue muy amena e instructiva y contó con los especializados comentarios de los blogastrónomos en el acuario. Sargo, decía la guía, “que bueno con patatas” comentaba alguien, “mejor con salasa de…”, cabracho y todo el mundo visualizaba pasteles y mas de uno ya veía una caldeirada cuando la amiga raya se paseaba al lado del cristal, esperando ser fotografiada, inocente de los comentarios que generaba su exhibición.

Manhattans y Dry Martinis nos aguardaban en el restaurante. Un restaurante de vistas paradisíacas al mar.

Crocante de millo con tomate e sardiña

Ravioli de remolacha recheo de txangurro

Crema de chícharos frescos con cigala ó vapor e crocante de albahaca

Taco de pescada de Celeiro o vapor con menestra de verduras e flores

Laminas de lombo de Vaca con mollo de foie de parrulo e aceite de Melanosporum

Cremoso de Iogur ó limón con virutas de chocolate negro

Semifrío de froitos vermellos, laranxa e primaveiras

Los vinos conque acompañamos el menú, fueron Casal de Paula, en la primera parte, donde predominaron cocciones suaves y frescas, pero muy sabrosas y un VX de Gomariz, que maridó muy bien con el plato de carne, que a mi gusto fue de los mas rico del menú.
Mientras el sol acariciaba el mar, nos instalamos en la terraza.


Allí el maestro de los cócteles nos deleitó con su arte y con delicias como Mula Moscovita, Silver Fizz, Caipiroshka de fresa, Whisky sour. Yo me tomé de éstos últimos y estaban perfectos.

Foto de familia, tomada por Carmen Albo, nuestra sonriente y guapa invitada.

Mas miradas, Capítulo 0, Pantagruel Supongo

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