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Herta Müller, el dolor no es una metáfora

Publicado por Sole el 30 Jun 2010 en Uncategorized

Madrid duerme. El taxi que cojo en Princesa me lleva través de las calles de Moncloa, mostrándome unas aceras que no hace mucho eran un hormiguero.
Madrid duerme como duerme el soldado que vela armas.

Mañana será otro día de huelga de metro y las personas pasaremos a ser gladiadores del transporte público que intentan vivir la extraordinaria odisea de ir a trabajar.

Suena Mecano en la radio, y mientras, mando un mensaje botella esperando una voz amable en la madrugada que me acompañe a solucionar  el pozo que ahueca mi alma

He visto-oído-sentido a Herta Müller hoy a la tarde y su mundo de soledad y escarnio me ha abofeteado el sol que recogí por los jardines.

Juan Cruz intenta ser poeta y le habla de metáforas, ella desde sus labios rojos, dice que el dolor , es dolor, que no es poesía, ni texto vano. El dolor es esa orden de un dictador de no vender anticonceptivos y prohibir el aborto para que cada mujer tenga cinco hijos o más. El dolor es saber que esas mujeres mueren de hambre antes de ver crecer sus niños, el dolor es saber que esos niños irán a orfanatos donde serán cruelmente adoctrinados.

Es el campo de concentración, donde la mínima cosa es tu cuerpo que debes poner a resguardo. Es la patata caliente que se vuelve cama, la mano que se vuelve almohada.

Herta cree que escribir es horroroso, es vivir en un constante martirio hasta que el libro se acaba, es estar poseída. Es prometer que nunca más te harás eso, sin embargo los años pasan y allí sigues.

No tiene idea de porque escribe, ni para que, solo sabe que una novela es algo que se lee una vez y “se tira”, mientras que la poesía perdura y se lee y relee, hasta ser memoria.

Memoria que se apodera del lenguaje y se hace cierto. Escribir desde el silencio. Escribir porque el lenguaje hace soportable el dolor.

El lenguaje da un marco legal que calma a la hora de escribir.

Purifica, vivifica.

Aunque todo rumano aprende a vivir con la huellas del miedo.

Miro a mi alrededor y allí están, en la butaca 95 en la 76 en la 43.

No tienen cascos con voz de traductora, tienen manos, rostros, huellas del dolor de campos forzados de trabajo. No lloran, tiene esa mirada digna del que sabe que el dolor no es poesía.

Poesía es Herta Müller diciendo “Todo lo que tengo lo llevo conmigo”

 
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Noche mágica de San Juan

Publicado por Sole el 25 Jun 2010 en Uncategorized


Desde el comienzo de los tiempos, el fuego ha sido purificador. Ha sido luz, calor y esperanza. Ha sido eso tan especial que hace que nos quedemos hipnotizados en las lenguas de colores que suben hacia el cielo.
En la noche de San Juan, uno quiere sentir que una vez mas hay oportunidad de empezar.
La Asociación de amigos de Castrolandín ha recuperado desde hace unos años, una tradición hermosa.
Cuano los habitantes de los castros bajaron a habitar las actuales aldeas y pueblos, mantuvieron durante siglos, la costumbre de en la noche de San Juan volver al lugar de orígen y alli realizar una gran fogata y alrededor, por encima de la muralla o de la croa, encender los fachos, una suerte de ramas secas de las que cuelgan piñas. Al oscurecer, se encendían, formando asi un anillo mágico de fuego que convocaba a los tiempos de cosecha, para ser buenos y productivos, para espantar las cosas malas y esperar del estío buenas nuevas.
No hay palabras para describir lo que alli vivimos.
No se cuantas personas seríamos, unos cientos, pero cuando se apagaron las pocas luces que iluminaban las parrillas de sardinas y bollos preñaos, la música nos embargó atodos.El cielo se hizo mas alto y todos nos volvimos parte del ritual.
La gente que hasta hacía un momento andaba por las casas del castro, se instalaron en la hierba, en las murallas y desde alli, embrujados, nos volvimos primigenios. Era imposible no llorar de emoción al ver como paso apaso, abuelos, hijos, nietos se acercaban al fuego para llevar en voz baja hasta su facho un deseo.
La historia del castro se multiplicaba mientras mayores contaban a pequeños lo que alli se estaba haciendo.
Hasta la luna sintió que no era la reina, porque se escndió tras una nube, mientras el fuego se hacía rey de la oscuridad.
Miré a mi alrededor y en medio de la negritud de los árboles, tuve la sensación de que estaba en el mismo sitio que alguien había estado hacía mas de 2000 años y estaba viendo lo mismo que había visto, estrellas, un cielo profundo y el calor de una llama.
Todo lo demás sobraba.
Tan elemental, tan simple, tan insustituible como la memoria viva.

Aviso, son muchas fotos, pero no sabía cual quitar.
El año que viene, si pueden, acérquense a Castrolandin y disfruten de una noche mágica de verdad.

 
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XII Xantanza, hacia Vigo

Publicado por Sole el 19 Jun 2010 en Epicúrea

Suena Marlango, huele a ducha, a desayuno, a ropa guapa.
De todas direcciones del mapa los Blogastrónomos ponemos una vez mas, rumbo a un encuentro alrededor de una buena mesa.
Invitados y la ausencia de los queridos Xesus y Ana, que a último momento se quedan, pero para celebrar uno de los momentos mas bonitos de una familia.
Brindaremos por ellos, habrá con qué en la sesión de cócteles de después!
Antonio y Xosé, los anfitriones en el Croque del Museo del Mar.
Allá vamos!

 
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Celeste corazón

Publicado por Sole el 17 Jun 2010 en Uncategorized

Gago es la única persona que conozco que se durmió en la Bombonera de Buenos Aires, en medio de un partido Boca-River. No se ofendan los hinchas, también lo hizo en un partido de la Liga de baloncesto en Nueva York.
Se ve que las masas aullando le acunan. En fin.
Pero yo que aprendí a leer en un libro que se llamaba Maracaná gloria de un pueblo, aunque lo intento, aunque disimule. Cuando veo una pelota, me emociono. Y cuando veo a la celeste, palpito.
Aunque ayer ambos miramos hacia el campo de juego, el suyo, el mío

 
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Mujer fea

Publicado por Sole el 16 Jun 2010 en Diario, Mis libros

Era una mujer muy fea, muy fea, muy fea, pero que cuando sonreía, iluminaba la cocina y el salón.

Pilar Roca

 
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De como un libro que cuesta entregar, te puede hacer viajar a un calado francés o a un patio de Montevideo

Publicado por Sole el 13 Jun 2010 en Uncategorized


Ilustración de Tara Hardy

Decía mi madre que mi padre tenía un pié como para morir “parao”, yo solo sabía que eran perfectos para bailar.
Siendo ella la negativa absoluta a sus intenciones de girar por la sala, la agraciada de turno era yo.
Él solía llegar los domingos a la mañana de su paseo por “la feria” y ponía en su tocadiscos alguna de aquellas joyas negras, brillantes, con redondeles rojos o naranjas en el centro. Luego las notas se arrastraban por los rincones. Su risa blanca, brillaba en su oscura cara, al son de un baiao
Mi madre se ofendía y esquivaba la cintura, mientras un paño blanco le secaba las manos.
Susurraba, algo de “niñas” y desaparecía dejándole en el medio de la sala, solo y con el cuerpo listo para el movimiento. En el borde de la alfombra, mis ansias de ser la elegida me empinaban en las puntas de los zapatos, casi un palmo.
Ya me había visto, claro, pero jugueteaba con mi necesidad casi dolorosa de girar al son de la música que ya hacía florecer las cortinas de la sala que flotaban hacia el patio.
Eran tales mis ganas que no podía verbalizar un yobailocontigopapá, pero la agonía se acababa si sonaba Solitude.
Sus manos se perdían en los lazos de mi vestido de domingo y mis zapatitos de charol blanco se alojaban en sus negros zapatos y allí le garabateábamos a la sala los gorjeos de la diva. Subida a sus pies, siguiendo su danzar, yo podía volar lejos…
…tan lejos como una calle de Guadalajara.

Cuando llueve, la gente corre. Nunca lo he entendido. Al fin y el cabo te mojas igual y por encima las gotas golpean mas fuerte.
Pero bajo un paraguas grande, se puede caminar pausado. Demorando el placer de las sensaciones vividas en un par de días.
Tantos abrazos de amigos (uno en particular desde el retorno) tantas risas, recuerdos, historias, sueños, bromas. Horas robadas al sueño. Eso es ir al maratón.
Poner en modo resistencia al cansancio.
No es dificil si te rodean amigos, si las palabras tejen un manto que acuna y tibieza en una chaqueta que te prestan para pasar la madrugada.
Si la cerveza, deja paso a los sandwiches, las fresas, un albaricoque que huele a patio de infancia.
Me gusta caminar lento en días de prisas, más, cuando vas a comprar libros.
Bajo las galerías, en el jardín del palacio, se han instalados los “Cuensultorios”, la tetería, la venta ambulante de poesía y los libreros.
Desde el primer día la mirada de José me había atrapado. Te miraba como analizando, no, que libro te querías comprar, sino cual era el que necesitabas.
Librero entendido, de los que pocos quedan. De los que “venden” un viaje en cada página.
Frente a mis “ya lo tengo”, “lo conosco”,”me encanta” su sonrisa se ampliaba.
Estaba a prueba su capacidad de seducir a través de páginas impresas por otros.
Pero él, guardaba la joya de la corona.
Tal vez visualizó que cuando camino lento, es porque voy danzando desde siempre sobre los pies de un hombre grande. Tal vez vió que tenía día de mariposas azules en el estómago, porque desde debajo de cajas y bolsas, lo sacó.
Hojas color papel estraza, el flash del recuerdo de una librería de Argentina, y esa sensación de anticipo en la mano, esa urgencia de damelo ya!.
No hizo falta mirar mucho, era para mi. Nació para mi ese libro.
Pero él sentía lo mismo, no tuvo reparos en decir que era su favorito.
Y mientras me mostraba otros, sus dedos se cerraban sobre el lomo, sin entregármelo, y yo que en los momentos que mas deseo algo, no se decirlo con palabras, me vi otra vez en un borde de alfombra, o mesa de libros, a un palmo del suelo, elevada por el ansia.
Sus dedos morenos, me llevaron a un calado francés.
Amboise, se leía a la entrada de la pequeña ciudad. El río serpenteaba al lado de los carteles que anunciaban la presencia de los productores de vino de la zona en los túneles del Castillo. Entramos con la previsión escasa de los amantes de las sopresas. Con las copas en la mano fuimos paladeando la región.
Frente a un puesto, quedamos enganchados por la mirada de un hombre viejo de años y tareas duras. Sus manos limpias pero con las huellas oscuras de los cortes y rozaduras de la herramientas, acariciaban su vino como si fuera oro en botella (y lo era). Pese a que ya habíamos pagado, no las entregaba . Su voz inquieta inquiría sobre la cantidad de km por las que andarían, su posición, a la temperatura que las tendríamos.
Cual madre entregando su hijo al primer campamento de verano, con la mezcla de orgullo del “se va lejos” y la congoja del “como me lo tratarán” deslizó por última vez sus dedos por el cuello de sus Les Scilles du Pin. Aun hoy recuerdo la mirada de Guy Ruchard.
Era la misma de José Durán, el librero. Tal vez la misma del que bajo la lluvia se despide en la madrugada, de algo anhelado que hay que dejar marchar.

Ya en el tren, camino al aeropuerto. Pasee lento por las páginas, y la historia, se me desplegó por completo.
La historia de un hombre que andaba por la vida con una nube de lluvia sobre la cabeza. Un piano en las manos. Un menú incompleto, una guerra, una memoria tan llena de dolores que se extravía y que solo se encuentra en la música, la única huella de identidad que no pierde.
La única que le muestra el camino cierto. La manera de recordar hasta lo que no has vivido.
La receta del dolor sigue siendo simple, vino, música y un buen libro.

 
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Paseo por la Fortaleza de Tovar

Publicado por Sole el 7 Jun 2010 en Uncategorized


El olor a humedad y a madera antigua que se muere, nos inunda por completo cuando entramos a la Fortaleza de Tovar, en silencio recorremos habitación tras habitación.
O lo que queda de ellas. Me impacta siempre ver que dejamos atrás cuando abandonamos una casa y siempre son zapatos.
Es como si al partir queremos pisar de otra manera.
No se.
Gago ha colgado muchas de éstas fotos en su blog, con el color original conque fueron tomadas, para mi la mejor manera de verlas es en blanco y negro.
O por lo menos eso es lo que me pedía el espacio.
Imaginen que traspasan la puerta y retroceden en el tiempo.

 
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Premio a la mejor sala

Publicado por Sole el 2 Jun 2010 en Uncategorized

El fin de semana nos pilló por Ribadeo, al norte de Galicia, casi saliendo del mapa. Cuando anunciamos que íbamos por la zona, rápidamente llegó la invitación. A fabas, pollo casero y día de calma:- De pueblo lugués. Vermouth, tapas, comida con entrante, principal, postre, cafés, chupitos y sobremesa larga.
Necesitados como estamos de un día en cámara lenta, nos dejamos guiar.
Entre el vermouth y la comida, un adelanto del postre. Mejor dicho, dos.

Una fortaleza de cuento y unas fresas de novela, recogidas en casa de la vecina.
Mientras se ultima la comida, ponemos la mesa al sol, con el valle a nuestros pies.
Probamos chícharos recién recogidos de la huerta que saben a cielo y a tierra.
El caviar de la Ruscalleda se abre en nuestras manos.
El sol templa los huesos y el vino cobija el alma, las risas son la brisa que refresca, los sueños las alas que hacen falta.
No imagino mejor sala que la que tuvimos, ni mejor menú.
Un sitio que tiene estrella, y castros, y un castillo y vecinas que hacen pasteles para que te lleves de desayuno y licor de guindas y fotos de comunión y de cuando eras como ya no eres.
Un sitio para volver. Amigos, gracias por ese día.

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