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La venganza puede ser un plato verde

Publicado por Sole el 24 Sep 2009 en Uncategorized


Tratamos el planeta como si fuera indestructible, como si fuera un pozo sin fondo donde podemos echar todas nuestras miserias y chatarras, nuestras bolsas y residuos. Mutilamos, excavamos y envenenamos el suelo que pisamos, como si tuviéramos alas que nos sostuvieran en el aire si en algún momento y por fin, a la tierra se le acabara la paciencia con nosotros y cual padre harto de tener al hijo espabilado en el dormitorio infantil, pese a tener 30 años, nos mandara a tomar por saco definitivamente a todos.

Por eso me ha encantado ver lo que la naturaleza en una pequeña venganza le hace a ésta presa. Imagino a los obreros día a día a machetazo partido peleando contra el efecto Macondo de éstos árboles que sin pedir permiso y seguramente sin ponerse de acuerdo, de repente dijeron:-¿Cómo que me asfaltas? ¿Cómo que entubas el río que me calma la sed y me cubres de cemento la tierra que me nutre?

Si uno pasa por allí hoy, ve que hay hierba recién cortada siempre, no se puede tardar mas de unos días, porque sino los senderos se borran.
Mires a donde mires ves la lucha que se desarrolla de verde-versus gris o marrón hierro.
Para llegar hay que subsistir a un camino (ex carretera) destrozado por el curso natural de las aguas que hartas de quedar relegadas a túneles se saltan piedras y vallas y veloces y enérgicas rompen y abren su paso dejando profundas huellas para que quien pase por allí sepa de su voz que clama y vea de su paso que marca territorio.
Pero la imagen que mas me impactó fue la de miles de raíces que han brotado entre el asfalto, lo han destrozado y lo cubren cual red de vida mostrando a los cuatro vientos que de vez en cuando la naturaleza vence.

Devorados por hiedras y ramas, se ven restos de edificios, construcciones, piscinas…
Y aun cuando un equilibrado muro contiene las aguas del Tambre, la naturaleza se desborda sobre las aguas, besándolas, susurrándoles casi y cubriendo de musgos los ladrillos para que el río bata sus aguas entre la cama verde y no entre la arcilla industrial que le es hostil.
Sentarse allí, sobre el puente de hierro y ver que le brotan hojas y flores hace que a uno le venga una carcajada de dentro, un inadecuado corte de mangas al progreso y un ole tus ovarios a la madre tierra que sigue resistiendo nuestros esquizoides embates.

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