0

Feliz Año Nuevo

Publicado por Sole el 31 Dic 2008 en Diario

Galeano habla siempre de “Ventanas”. Ventana sobre las palabras, sobre la vida, sobre el amor, sobre la utopía, sobre los sueños, sobre la esperanza.
2008 ha sido un año de ventanas. De miradas a cerca y a lejos. De sueños planeados, aparcados, concretados.
Un año de aprender (cuando no?) de enseñar, de compartir.
Los amigos y los afectos han estado ahí.Y dan señales de seguir estando.
No soy de grandes metas, pero si de grandes retos. Principalmente los que tienen que ver conmigo, con mi caracter y mi formación.
De esos retos, me quedan huellas. Preguntas, respuestas.
Pero por sobre todas las cosas, me quedo y me deseo y les deseo a todos una ventana enorme al corazón.
Una ventana donde asomarse a escuchar las palabras necesarias, una ventana donde aniden canciones y flores. Una ventana con alféizar donde dejar reposar un pastel oloroso, donde acodarse a besar al amado.
Una ventana de critales que reflejen el sol y las gotas plateadas de lluvia. Donde las estrellas encuentren un espejo y donde nuestro aliento encuentre un lienzo donde escribir mensajes secretos.
Una ventana que se abra para recibir nuevos aires y que se cierre para proteger de malos vientos.
Porque siempre creemos que los caminos parten de una puerta, pero los mejores son los que trazan un camino en el cielo que pinta una ventana.
La mía, seguirá abierta para todos, aqui os espero en el 2009 para seguir tejiendo esta cortina-red de colores infinitos, que es La Caja de los Hilos. Feliz Año Nuevo!!!

 
0

La sal de Gonzalo y un menú frustrado de Navidad

Publicado por Sole el 28 Dic 2008 en Diario, Epicúrea


Cuando conocí a Gonzalo Gonzalo, me atropelló a proyectos, ideas y nombres de vinos que debía probar.
Venía de distribuir poesía y mariquitas por su viñedo, donde suele, cada año realizar un festival de vinos, buena música y mejores amigos.
En su bar favorito de la Guardia, untaba tostadas con mermelada de nueces y de violetas, mientras, me urgía a descubrir un color, un aroma, una nota diferente en cada copa.
Fue asi la primera vez, y es asi cada vez que lo encuentro.
No para.
Esta sal, me la dejó en una de sus pasadas por Santiago, está aun en fase de prueba, aunque ya en breve estará en mercado.
Toño, el chef del restaurante Caminante de Logroño y Gonzalo, enólogo, han unido sus pasiones para realizar estos cristales de vino que dejan un sabor increíble en la carne.
La habíamos probado con una ternera gallega, e iba bien, pero con la carne de avestruz, ha quedado sencillamente genial.

Ahora lo del título. He pasado la Navidad en cama, con fiebres, toses y catarros. Lo mas fuerte que me he tomado ha sido, un antibiótico y lo mas chispeante una couldina. Asi que mi menú de Navidad se ha quedado guardadito. O mejor dicho redistribuído a lo largo de los días.
Normalmente soy amante de las especias, pero llevo una temporada investigando por las sales. Obviamente la puerta la abrió la Maldon, pero luego de que todo el mundo la use hasta en la sopa, prefiero explorar. De éste año las que mas me han gustado, una de gusanos que probé en lo de Pía Lago (picantita y sabrosa) la de Guerande que me traje de Bretaña y sin dudarlo la de Gonzalo.

Asi que mi menú de Navidad queda publicado en mis Fogones.Espero que os guste y que yo me recupere para verlo. Hay platos vegetarianos y carnívoros. Para todos los gustos. Aunque mi favorita es la crema de castañas. Ideal para el invierno.

 
0

¡Feliz Navidad!

Publicado por Sole el 24 Dic 2008 en Diario, Mis viajes


Untitled from Sole Felloza on Vimeo.

 
0

Cuando un niño no lee, su imaginación desaparece

Publicado por Sole el 18 Dic 2008 en Diario, Mis libros

Estoy preparando para La Biblioteca de los Elefantes, una selección de los mejores albumes infantiles de este año y me encuentro éste video que ilustra la campaña de recolección de libros de cuentos para niños de la Fundación para la alfabetización de Canadá.
Cenicientas con suero, enanitos avejentados, Hansel con andador y una Caperucita en coma. Y éstos que son los mas internacionales, pero imaginen el estado de tantos personajes típicos solo de una región, de una aldea, de una sierra. Tantos trasnos, ogros, hadas y seres de mitología marginal. Indudablemente seres fantásticos que mueren si nadie lee sobre ellos.
Estas Navidades son una buena época para recuperarlos.

 
0

Melodías de las calles de París

Publicado por Sole el 16 Dic 2008 en Diario, Mis viajes

Hice fotos en color, pero no se porqué, si por la niebla, la lluvia o …
que prefiero invitarles a un paseo en blanco y negro.


París en blanco y negro from Sole Felloza on Vimeo.

 
0

Sabores por las calles

Publicado por Sole el 12 Dic 2008 en Diario, Mis viajes

Antes de salir hacia París, leía en un blog un párrafo sobre los olores de ésta ciudad. Y por supuesto allá me fui de “nariz abierta” a descubrirlos.
La lluvia los aplacaba , pero no los llegaba a esconder. Había estaciones de metro con olor a croissant, otras a periódicos, a especias, algunas olían a río y muchas a perfumes y cremas. También estaban las que olían aun a grafittis y a humanidad que duerme poco y mal.

Pero lo mejor eran los sabores, los que te podías encontrar en cada esquina. Un vaso de vino caliente en medio del viento de las Tullerías, fue un renacer del alma con clavo y canela. Un mensaje de Marcelo nos alejó unas calles de donde paseábamos (ventajas de que la gente viera por donde andábamos en París) y nos embelezamos con el pan de aceituna negra y los canellets de Poujauran en el 20 de la Rue Jean-Nicot.

Los mediodías nos regalaban sabores que encontrábamos en las tiendas de comidas, quichés, pasteles, patés y delicatessen varias que deborábamos de pie con la vista en algo que siempre estaba en el horizonte y hacia donde había que ir.


Gracias a Xosé Manuel dimos con nuestros cansados pasos en un mercado poco visitado por los turistas, Le Marché D’Aligre, lleno de carniceros halal, tiendas de vino, de quesos, verduras frescas regionales y del mundo, especias, plantas y libros.
Y entre medio de galerías de arte por Saint Germain, un pequeño paraíso del chocolate “Pascal Caffet” Campeón del mundo y mejor obrador de Francia.

Dificil elección, una porque los precios son terribles y otra porque cada pastel, cada bombón (nos regalaron unos de chocolate y mango maravillosos) eran una obra de arte de color y sabor.
Y asi, a veces caminábamos con un pan cortado en rodajas crujientes por la maquinita que deberían importar nuestras panaderas, o con dulces turcos, o con tozos de queso.


Aun se me confunden, pero es indudable que cuando cierro los ojos e intento recordar los paseos que dimos, muchos de ellos me vienen asociados a un sabor. A una calle con sabor.

 
0

Los camareros del Jules Vernes son “caralludos”

Publicado por Sole el 9 Dic 2008 en Diario, Mis viajes

El segundo día estaba destinado al “experimento Gago” y a subir a la Torre Eiffel, ver el Louvre, lo que hubiera entre estos dos edificios (tela marinera) y cena en Joel Robouchon.
Pero no podía ser todo tan sencillo.
Amén de la lluvia torrencial y el frio congelante, nunca en mi vida viera a Gago con gorra, guantes y bufanda, jersey y abrigo, algo mas tenía que pasar.
Habíamos decidido, por vistas, fotos y ahorro, subir los escalones de la Torre, nada de pagar ascensor, salvo el obligado tramo final, que no te deja alternativa, pero los primeros 349, a patitas. Y asi fue. Ver por dentro esta obra de arte de hierro es algo que sobrecoge, es como ir metiéndote dentro de las arterias de un corazón y comprender asi como late.

Al llegar a la primera explanada, lógico y agradable paseo por todo el contorno. París a nuestros pies se difuma en una nube de bruma y lluvia.


Seguimos hacia el segundo tramo, otros 355 escalones, pero cual no sería nuestra sorpresa cuando luego de subirlos, de sentir los vientos en nuestra cara, un ligero calor en el pecho, y cierto tironcito en la pantorrilla, vemos que la puerta de acceso a la segunda explanada, está con llave!!!
Se que era un día infame, pero en todo el trayecto solo nos encontramos con cuatro turistas, en la primera parte de la ascención, en la segunda, NADIE. Glorias de ir de turista en temporada baja y mal tiempo. La Torre era nuestra. Tan nuestra que estábamos atrapados alli arriba con la única alternativa de bajar y coger el ascensor, que eso si veíamos que funcionaba.
Pero entonces, hicieron aparición ELLOS. Los camareros del Jules Vernes. Este mítico restaurante, de comidas a 200 euros, que domina la segunda planta y que te ofrece manjares “estrellados” con Paris a tu alrededor, éste restaurante que tiene listas de espera y por el que hay tortas para comerte un brunch alli. Sin embargo alli estaban los camareros que al vernos tan desolados ante la idea de hacer nuestro camino a la inversa, que comenzaron a mover llaves, palancas y pasadores, sin lograr su objetivo, pero que ni cortos ni perezosos, nos cogieron de las manos y nos ayudaron a trepar la reja. Entre risas y jadeos, llegamos a nuestra meta. Ellos se despidieron con una gran sonrisa y la promesa de avisar a alguien. Nosotros nos internamos en la nube de niebla que envolvía la segunda plataforma y desechamos la idea de subir al ascensor ya que si alli nada se veía mucho menos mas arriba.
Con la pequeña batallita al hombro, de habernos “colado” en la Torre Eiffel con ayuda del personal de uno de los restaurantes mas fashion del mundo, bajamos los 704 escalones, para dirigirnos a nuestra mañana parisina.

 
0

París y los pies planos

Publicado por Sole el 8 Dic 2008 en Diario, Mis viajes

A poco de dar mis primeros pasos, mi padre se dedicó con ahínco a lograr que mis pies tuvieran ese gracioso hueco en la planta, que casi todos los mortales traen, pero que a mi la naturaleza me negó. Asi que en sucesivos veranos caminé sobre ( esa era mi sensación) toda la arena ardiente de todas las playas, areneros y hasta cajón casero que en el camino se me puso. No conforme con eso, al atardecer o cuando me le ponía a tiro, me hacía pisar sobre una botella o un pequeño trozo de palo de escoba que había lijado con cuidado para no hacerme daño. Todos esos ejercicios mandados por un pediatra mas viejo que el tiempo y que durante toda mi niñez siempre me recordó a Scrugger, que sugirió que la única manera de corregir mis pies planos era de esa manera.
¿Que por qué se me viene a la cabeza el recuerdo de aquellas tardes, mientras camino por el Quai D’Orsay después de subir y bajar 704 escalones de la Tour Eiffel?
Porque la sensación que tengo luego de horas y horas caminando por el Louvre, es la de que mis pies otra vez son planos, que he gastado la curva leve que con tanto esfuerzo mi padre logró, de tanto patear París.
Pero es inevitable, por mas que te dices, PARA aqui, siéntate allá, hay en cada rincón, calle, cúpula, esquina, una imagen que llevas toda la vida esperando ver en directo y sacas fuerzas de no sabes donde y caminas. Es lo bueno y lo malo de las grandes ciudades del mundo, son como esa vecina que llevas viendo muchos años, que le sabes de memoria, como camina, donde compra y a que cine va, pero ignoras que compra, hacia donde camina y que película ve.
Recorrer una ciudad asi, es abrir capas y capas de cebolla, para conocer el interior, que tiene otro interior y otro interior.
Y cada uno de ellos, tiene un olor, un color, una luz.
Pero ésto sucedió el segundo día y se repitió los demas, ya que caminamos tanto que tengo la sensación de haber revisado todos los adoquines de la Ville Lumiére.



Primer día

Llueve mucho al llegar, la ciudad tiene espejos en cada calle, brillan sus aceras, sus casas, sus árboles.
El frío es polar, pero luego de dejar las maletas en el hotel, no nos resistimos a salir a recorrer el barrio. Estamos en Montmartre y el Sacre Coeur asoma entre las gotas de lluvia al final de las escaleras.
Frente a la plaza du Tertre aun quedan algunos pintores arriesgando sus libretas y pinceles en medio del temporal, leemos el menú de Mêre Catherine, el sitio que hizo famoso la palabra bistro, pero no hace honor a tanta historia. Cuentan que aqui venían los cosacos rusos a comer y que solían pedir su comida gritando ¡rápido! en ruso (bistro) pero nos resulta mas atractivo el mesón que hay a su lado. Dentro hay olor a cocina de abuela. Buen adelanto.
Viejos teatreros me habían contado una y mil veces, su aficción a tomar soupe d’ oignon durante sus épocas estudiantiles por las calles de París, y yo no quería ser menos.
En mi primera cena no podía ser mas tradicional, ya que de segundo pedí coq au vin y él pidió ternera guisada.
Se cuenta que en las madrugadas heladas del mercado de Les Halles, los trabajadores consumían cazuelas de sopa que compraban a las mujeres que se instalaban con grandes ollas, intentando encontrar calor para sus manos y su estómago. Los pintores e intelectuales de la época, ricos en ideas, pero de flacos bolsillos, encontraban en este plato una solución perfecta, barata y nutritiva.
Mientras fuera llovía, yo me deleitaba con la cebolla caramelizada, el caldo caliente, la rodaja gorda de pan y el gorgonzola derretido. Una maravilla.

Bajamos lentamente hacia el hotel, pasando por galerías,por el Moulin Rouge y de repente, entre las gotas de lluvia, a lo lejos, aparece una inexplicable Torre Eiffel azul. Con el correr de los días la encuentro bonita, pero esa primera noche, me fui a dormir con la sensación de que esa Torre imaginada tantas veces, dorada en el horizonte, por éste año, no sería posible.

 
0

A París

Publicado por Sole el 2 Dic 2008 en Diario, Mis viajes

Elena, su nombre, de apellido Américo.De pasión Francia. Durante tres años peleó a brazo partido con unos adolescentes que en ese momento se sentían ridículos diciendo “ho lalá” y tratando de imaginar como diablos era L’Ille de la Citê.
Merlino era su apellido, su nombre “Padre cura” su pasión la historia , la biología y su museo, su joya una catedral de Notre Dame construida en madera que tenía luces que se encendían a medida que asomabas la cabeza por los arbotantes.
Julio Elizalde, nombre inseparable de unas manos aladas de artesano, su voz profunda y sus innumerables diapositivas, transformaban las clases de Historia del Arte en un viaje anticipado.
No se por que extrañas filigranas, hemos ido recorriendo Francia, dejando la capital para un día especial. Ha llegado.
Las escaleras de Montmartre me verán pasear.Si logro una foto cercana a la mirada del Brassier que me enamoró de las luces bajas de ésta ciudad, ya tendré mi regalo de Navidad.
Manuel ha inventado un “asunto” para que nos podais ver pasear por París en tiempo real, las instrucciones aqui. Abrigarse y venir, estaría bonito pasear todos juntos. Los amigos de hoy y los que en el pasado me hicieron ver ésta ciudad a miles de km.

 
0

Otra Penélope

Publicado por Sole el 1 Dic 2008 en Diario, Mis viajes

Creo que debe haber pocas sensaciones comparables a la descolocación alarmante que se te produce en el cuerpo, cuando el chófer de un autobus de largo recorrido, a traves de un infame micrófono, anuncia a los pasajeros que harán una parada de treinta minutos.
Da igual la hora que sea, si vienes dormido, un destello rojo te obliga a fruncir la cara tratando de proteger tus ojos y una lejana parte de ti trata de ubicar la estación donde estas, mientras tu cuerpo tirita frente al viento que se cuela por las puertas que repentinamente se abren.
Intentas revelarte y ese asiento que hasta hace un rato no tenía un acomodo para tu dolorida espalda, te parece el paraíso. Pero el chófer insiste en que no puede quedar nadie en el bus, asi que a regañadientes, con un pie dormido y un brazo que no acierta a meterse en la manga de tu abrigo, bajas en mitad de la noche, en éste caso a las 6 de la mañana, en un andén batido por todos los vientos y las lluvias heladas que soplan desde los Picos de Europa, nevados allá al fondo.
En ese momento uno no sabe que es peor, si el regusto extraño que te gira en la boca, la sequedad que tienes en la nariz de la calefacción a tope, el sabor del café barato que venden a precio de oro o el intentar entrar a unos baños que seguramente tendran ese olor extraño de mezcla del paso de cientos de personas, lejía y ambientador de pino.
El suelo es un camino de pequeños cráteres negros, chicles que el tiempo inmola en las baldosas, colillas y algun resto de papel de bocadillo.
En el baño hay un olor extraño, un olor que me llega de un recuerdo, llega del lado de los lavabos. Alli la veo, mas de setenta, seguro, cabello muy corto por la nuca con un bucle ralo por la frente, como la nieve es su pelo y también su cara. Sus ojos son de un verde antiguo.Un abrigo que le llega a los tobillos,morado a cuadritos rosa.Botones dorados, zapatillas de abrigo a cuadros.Sus manos pequeñas de un solo anillo, alisan y cortan de tamaño igual, trozos de papel higiénico. He visto decenas de mujeres en decenas de baños del mundo hacer lo mismo al lado del platito donde dejas la moneda para coger el trozo que necesitas usar.Pero siempre eran morenas o indígenas.Esta no cuadra.
Entro al baño, hay papel a espuertas en el rodillo, entiendo menos. Me sigue llegando ese olor conocido e inubicable en ese momento. Me retraso lavándome las manos en el agua helada del grifo. Intento mirar sin ser vista. Y alli está. Sobre la barra de cemento y azulejos del baño de la estación de autobuses de Oviedo o Gijón (aun no he visto un cartel que me lo desmienta), un lapiz de labios Revlon. Uno de aquellos lápices dorados, gordos, recubiertos de piedrecitas o pinturas nacaradas.Ya no tiene la punta que suele sobresalir orgullosa. Pero ella se empecina en meter el meñique y pasárselo con ganas por las mejillas, el mentón y la frente. No utiliza los grandes espejos, entre los dedos, tiene un espejito de no mas de tres centimetros por diez, alli se mira, ora un lado de la cara, ora el otro. De una caja cuadradita, también dorada, saca una sombra verde esmeralda y se traza una media luna en cada párpado.Frunce los labios pasándose de un lado al otro los restos de pintura. Saca un perfumador con flecos desflecados y se rocía la cabeza y el cuello. Veo por debajo del abrigo algo muy parecido a un camisón.
Tira en la papelera todos los papeles que ha manchado en su operación de acicalamiento y entonces con voz modulada me pregunta si ya ha llegado el autobus de Madrid.
Le digo que no lo sé, y su mirada se desvanece un momento, le digo que puedo averiguar y le renace el brillo.
Salgo sin saber muy bien hacia donde. Entro en la cafetería, leo en las pantallas y salgo. Le digo que 7 y media. Sonríe, estoy a tiempo dice, y se sienta con las dos manos sobre un bolsito azul donde seguramente tiene el lápiz de Revlon. El mismo que usaba mi abuela cuando me venía a visitar a la capital y que me dejaba su olor durante rato en la mejillaEl mismo que me prestó cuando salí a mi primer baile.
Aunque se que no me va a gustar, me pido un café y un bollo que podría ser de hace cinco minutos o mil años.Quema mis manos y mi garganta, pero hace mas daño a mi estómago. No soporto ese olor que se instala en la mitad de las tazas de café, entre el momento en que desaparece la espuma de la leche y te encuentras con el hilo amargo de la bebida. Me sabe a corteza.Y lo que es peor e un instante ya no huele a lo unico rico que tenía, el olor a café.
Ella sigue afuera. Mira hacia el portalón por donde entran los buses.
Por los altavoces anuncian que el autobus de la dársena 5 con destino Santiago de Compostela, saldrá en unos minutos.
Todos los que estábamos guareciéndonos por distintos rincones de la estación nos arracimamos alrededor de la puerta.
Me acerco a preguntarle si va a viajar, me mira y la veo como se desdibuja entre el vapor que sale de mi boca, no, me dice, yo no viajo, yo espero.
Mi asiento 25 me deja verla hasta el recodo de la carretera. Alli queda, otra Penélope.
Aqui voy, hacia quien me espera. Tengo suerte me digo, mucha suerte y me duermo acurrucada,mientras fuera comienzan a caer blancos y ligeros los copos de nieve.

Copyright © 2017 La Caja de los Hilos All rights reserved. Theme by Laptop Geek.