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El paraíso está en Des Chevrets

Publicado por Sole el 30 Ago 2008 en Diario, Mis viajes

Dedicamos un día a disfrutar del paraíso que es nuestro camping.
Y lo quiero contar, no para que mi amiga Salomé me entre al chat, sino para que puedan disfrutar de lo mismo, si alguna vez van por allí.
Normalmente tenemos suerte y vamos a camping muy buenos, pero este año, además de baratos, han sido preciosos.
El primero, en el Golfo de Morbihan, Saint Jaques, con rocas desbordantes de ostras y una playa amplia a 13 euros el dia, tienda, coche, electricidad y todas las comodidades.
Y el de la foto,Des Chevrets, en Saint Columbus, en la Isla Bernard, una isla que ahora esta unida a tierra por unas impresionantes dunas y que te regala playas a un lado y otro, hasta donde tu vista abarque y con tres isletas en frente que puedes visitar cuando la marea de manera increíble, baja casi 300 m, regalándonos a los bañistas con marisco en abundancia, pozas repletas de peces y un paseo precioso.
Pero si además tienes suerte o la previsión de reservar las plazas comprendidas entre el 544 al 555 disfrutaras de estos atardeceres en primera fila.
Para completar el marco idílico los conejos saltan en el prado que baja hasta la playa y todo a 23 euros al día.
Así que me lleve a la playa la edición completa de las Cronicas de Narnia algo ligero, principalmente por el peso,Viaje a la Alcarria de don Camilo (una deuda pendiente), Bone, para tortura de Manuel y completé el día con una fuente de ostras que por Bretaña están a precios excepcionales.
Mañana dejaremos esta tierra que nos ha enamorado. No sin antes cumplir con una cita ineludible en Burdeos, La Tupina y L’Intendant.
¡Y ese será el último post de Bretaña! Lo prometo

 
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Damiselas en Fougères

Publicado por Sole el 30 Ago 2008 en Diario, Mis viajes

El país de los helechos. Tal sería la traducción del nombre de esta ciudad que reposa en las margenes del río Nançon.La villa medieval es un conglomerado de casas con entramados y voladizos. Para poder disfrutar del pueblo donde vivían las hermanas de Chateubriand y Victor Hugo paseaba con su amante, conviene pasear por los jardines de la Place aux Arbres, un paseo muy agradable que permite ver el valle y un hermoso perfil de las trece torres del Château de Fougères (siglo XI)
Es fácil imaginar contiendas de caballeros por hermosas damas que se asomaban a la muralla de muros de mas de 3 metros.
Los helechos, que muestran variedad de especies en cada rincón son mudos testigos de parejas que se besan en la umbría.

 
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Mont Saint Michel, la Maravilla

Publicado por Sole el 28 Ago 2008 en Diario, Mis viajes


Asi le llaman a su Abadía y es verdad. Las palabras sobran. Jugar con la luz por sus rincones, es una gozada y cada sala esconde una exclamación de admiración. Es dificil abstraerse de las miles de personas que te rodean. Pero lo logras nada mas entrar.

Desde las escaleras ya se comprueba que es verdad que las agujas de la Abadía, miden lo mismo que el monte.

El cielo aparece recortado por mil formas,mires a donde mires

Las ventanas son perfectos iluminadores de hermosos frisos.

El ábside es un caleidoscopio de formas y colores.


Enormes columnas separan la nave central de las capillas.


El claustro es bellísimo e imposible de fotografíar, hordas humanas lo pisotean y le trepan por las bellas arcadas

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Como palmeras misteriosas brotan del suelo las ramas donde la luz juega.

Estas fotos van en especial para Andrea, Catherine y Briggite

 
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Peripecias para una foto imborrable

Publicado por Sole el 28 Ago 2008 en Diario, Miradas, Mis viajes

Luego de visitar Saint Michel, teníamos claro que volveríamos por la noche, asi que marchamos hacia Fougères y Combourg para entretener la tarde y por eso del “culo inquieto” que nos hace descansar viendo mil cosas.
Sabíamos que la marea comenzaría a subir a las 8.
Cuando llegamos, aun faltaba mucho y había luz. La foto soñada era otra. Asi que fuimos a comer a La Fermé Saint Michel, un restaurante de “terroir” que tenía en su menú el buscado “cordero pré salé”. Una deliciosa carne, pre salada y no por espolvoradeos externos, sino porque son los corderos que pastan en la zona de hierbas que a ciertas horas es cubierta por la marea. El sitio es precioso y pese a estar al lado de Saint Michel, tiene unos precios fantásticos, en nuestro caso, ostras, ensaladas, cordero a la polenta (delicioso) muscadet y postre a 26 euros por cabeza.

Cuando notamos que el sol bajaba. Corrimos hacia la bahía. Cual no sería nuestra sorpresa al encontrarnos con cientos de personas que iban a ver el mismo espectáculo que nosotros.Pensábamos que sería como en Venecia y tantos otros sitios de masas turísticas que a la noche quedan vacíos. Supongo que el precio mas que razonable (por no decir barato) de las habitaciones (las vimos desde 30 euros en gîtes) y la posibilidad de contemplar un fenómeno tan increíble invitan a quedarse.


La marea ya estaba cubriendo la parte de abajo de la calle, el sitio que yo sabía, era el ideal para mi foto. Desesperada, disparé, casi sin colocar el trípode. A mi alrededor la gente corría huyendo del mar, que sube a una velocidad de 30km por hora.
Yo terca, alli seguía, mientras Manuel me avisaba, “mas atrás Sole, mas atrás”
Corrías 5 metros, preparabas todo y ya el agua estaba alli, 10 y lo mismo!!!

Algunos pagaban la osadía con mojaduras.
Me trepé a una ladera, por el paseo que hace unos minutos caminaban las personas a mi alrededor solo había agua y otro friki como yo. Ahora todo el mundo estaba en la calle disparando con diminutas cámaras y miles de flashes que cambiaban la medición de la luz constantemente.
Estaba en algo mas de metro y medio, con una inclinación de unos 35º.
Equilibrar el típode era una odisea. Pero lo peor era que las exposiciones tenían que ser tan largas, que siempre había un imperceptible movimiento de la cámara por parte del viento o de mis nervios.Primeras fotos, la cúpula cortada. (PALABROTAS)
Asi que puse el disparador automático y me encomendé a San Miguel (al fin y al cabo era su territorio)
Frente a mi estaba lo que quería contar, pero había mil contras y pocos minutos antes de que el reflejo mágico desapareciera.


Ayyyyyys, el condenado trípode se torcía hacia el costado!!!!!
Las fotos estaban inclinadas!! Eso pasa por comprar trípodes baratos, ya dije, el próximo será el del Nathional Geografic!!
Contra reloj medí otra vez, enderezé el trípode, apreté el cabezal con todas mis fuerzas, cuidando de no tirar la cámara, no resbalar al agua e ignorar a los curiosos que a mis espaldas un par de metros mas arriba, a salvo en la calle, miraban hacia la pantalla y gritaban .-Beatiful photo!!! Tres jolie!!!!
A mi alrededor había una juerga!!! Y yo solo quería recordar lo aprendido en los últimos meses.
Finalmente, allí estaba, y no fue la única, hasta había tenido la suerte de captar una cuando el cielo aun tenía rastros del sol y otras a noche cerrada.

Marchamos lento, fui volviendo la cabeza una y otra vez para confirmar que era real y alli seguía, mirándome, embrujándome, no se si el santo,o los antiguos druidas que mucho antes que la Abadía habían tenido sus noches de ritual y palabras en lo alto del monte, pero alli estaban.
Estas fotos quedan aqui para todos y en mi cabeza se queda para siempre una foto imborrable.
Y ninguna tiene ni pizca de photoshop.

 
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Para disfrutar la Maravilla

Publicado por Sole el 28 Ago 2008 en Diario, Mis viajes


Temprano, hay que ir temprano. Asi lo recomiendan los que saben, y es verdad. Lo que también hay que avisar es que para ir a Saint Michel, hay que ver como andan las mareas. Ya que de puro milagro coincidió que ese día la marea estaba fuera de la zona de aparcamiento, pero al día siguiente todo ese lugar estaba cubierto de agua. Y entonces, puedes pasar a la fortaleza pero volviéndote loco para aparcar en el pueblo a unos 5 km.
Otra cosa que nadie te dice es que subir por la Grand Rue (un eufemismo) puede llegar a ser una tortura y mucho mas bajar. Vivimos un angustiante momento atasco a mediodía, luego de la visita, donde miles y miles de personas ni subíamos, ni bajábamos.
En esos casos conviene coger las escaleras que suben a la muralla y desplazarse por arriba, ya que las vistas son mejores y por la calle central solo te pierdes los comercios de souvenirs y bocadillos.

Si se va con niños, hay aparcamiento de cochecitos.

Y lo imperdible es volver a la noche para ver como la marea sube y hacer unas fotos geniales.

 
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De piratas a organilleros

Publicado por Sole el 25 Ago 2008 en Diario, Mis viajes

Para abrir el apetito nos vamos por la mañana a Saint Maló. La ciudad cuna de los mas grandes corsarios y filibusteros de todos los tiempos, fue destrozada durante la guerra y reconstruída con esmero, pero perdiendo el esplendor de las forjas y las piedras antiguas.

La acordonan las murallas por donde paseamos y desde donde vemos el puerto, las isla donde fue enterrado Chateaubriand, y los enormes troncos que resguardan los muros de las fuertes olas.

Por la tarde nos acercamos a Dinan, una ciudad para enmarcar. Preciosa. Con calles repletas de visitantes y tiendas de caramelos de mantequilla.
Al lado del teatro un organillero hace las delicias del público. Es de los que ya no quedan. Con las melodías impresas en libros de cartón que cada día se hacen mas difíciles de conseguir.
Hace años compartí cartel en un festival con Jean Marie Olivier, un organillero a estilo. Sombrero chevalier, camisa y pantalón blanco, chaleco rojo con rayas doradas en la delantera, bigotito recortado y todas las melodías que Edith Piaf o Charles Aznavour pasearon por el mundo. Pero éste señor estaba en las antípodas. Una de sus manos, solo cobraba vida cuando cogía la manivela, su cabeza era un caleidoscopio de gestos imposibles de fotografíar. Vivía cada canción y nos hacía palpitar a todos los que nos deteníamos.
He aqui un trozo de las calles de Dinan, cantando al amor que no está.


O organista de Dinan from manuel gago on Vimeo.

 
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Roellinger, en Cancale

Publicado por Sole el 24 Ago 2008 en Diario, Epicúrea, Mis viajes

No he estado físicamente, nunca, en Salvador de Bahía. Lo sueño, lo anhelo. Pero hasta ahora, al Pelourinho, a Itapúa, al Senhor de Bomfim, a Itaparica solo ha ido mi corazón siguiendo el rastro escrito por Jorge Amado en tantos libros suyos devorados con fruición por mí, en tardes largas de invierno uruguayo.
No he sido nunca pirata, pero con Emilo Salgari fui la Capitana Roja, El Corsario Negro, Los Filibusteros, subí a barcos increíbles, saqueé puertos y ciudades y en cortes inmensas hice entrega de barriles de especias, aceites, cofres con joyas y rollos infinitos de sedas.
No entendía muy bien porqué, cuando estaba sentada a la mesa en Le Maison de Bricourt, pinceladas de estas sensaciones me venían a la cabeza.
No lo entendí hasta ayer que buscando bibliografía sobre el chef, Roellinger, me encontré con que entre algunos de sus libros de cabeceras, esta Bahía de todos los Santos, La vagabunda del mar,Seda o El perfume y que uno de sus ídolos de la infancia fue Surcouf.
Entonces cada plato, cobró mas significado.
Se que todo esto mucha gente lo hubiera investigado antes de ir a conocer a uno de los más importantes Tres Estrellas de Francia, pero a mi me gusta enamorarme sin líneas de base, sin preconceptos, me gusta descubrir, leer en cada sabor para desentrañar. Prefiero ir inocente
A Roellinger le llaman el corsario de la cocina, él mismo en su carta invita a conocer desde el mar, a buscar, a apropiarse de sabores llegados desde mil puntos.
La Maison, te hace sentir al llegar que estas por entrar a la casa de alguien muy acogedor, las hiedras rojas cubren casi la totalidad de la fachada y una puerta se abre para que Jane, la esposa del Chef, te dé la bienvenida. La mesa está ubicada en un punto inmejorable, al lado del jardín, del estanque, de los árboles.
En la mesa ya el sello de la casa, un cuenco con anís estrellado.
Como cada vez que vamos a un sitio al que seguramente no volveremos en años o tal vez nunca, nos decantamos por el menú degustación. Hay dos opciones, además de la carta por supuesto, “Une expression de la Bretagne” tentador, e “Image du Pays Malouin” puro e hipnótico mar, que fue por el que optamos.

Asesorados por el sumiller, pedimos el que ha sido para mi, uno de los mejores, sino el mejor vino de mi vida, un Château Bel Air-Marquis d’Aligre Margaux, un Grand Crú exceptionnel de 1986. Su precio también lo fue, pero aprendimos, que en Francia, NUNCA (salvo que estés dispuesto a pagar) se debe decir un vino de “algunos años”, ya que si aquí eso significa cinco o seis años allí significa más de veinte.

Cuando el menú comenzó a llegar me obligué a perder la vergüenza y saqué la cámara, esperando a mi alrededor un estallido u algo. Al contrario, desde el camarero que nos hizo fotos, a las parejas de nuestro alrededor que respiraron aliviadas y sacaron sus cámaras, todo fue de una normalidad y calidez destacable.


Una suave mayonesa, con piel de naranja, jenjibre y un lejano aroma a cacahuete, unas chips de maiz con un relleno de verduras marinadas en vinagreta de sidra y trocitos de pescado con chutney de tomate, cardamomo y clavo.


Sobre sal de Guerande, caracoles, ostra y una especie de zamburiña, con pequeñas y suaves salsas


Mantequillas con diferentes especias,un aliño filibustero para el aguacate y la araña de mar, este aliño lleva coriandro, comino, anís verde, cardamomo, pimienta y flor de sal, San Pedro con una salsa de yogur de oveja y nuez moscada y lo que el camarero presentó como uno de los platos estrellas de la casa, un consomé frío que intenta llevar a la mesa el mar, con parte de sus habitantes, algas, un suave ondear, logrado por una película de gelatina y de manera increíble un fondo de “arena” que al introducir la cuchara forma espirales, igual que cuando juegas en la playa, es ligeramente salado y a la misma temperatura del mar frente a Cancale.


Un timbal de marisco.


Un caldo de los misterio del Tonkin. Un homenje al golfo donde el chef presenta una de sus premisas, que la cocina sea capaz de reflejar toda la vida que hay en el hueco de una roca del mar. Mariscos conocidos y habituales en un caldo marinero y, para estos gallegos, la extraña presencia de una lapa, un poco dura para mi gusto, aunque sabrosa, con lo cual a partir de ahora no las desdeñaré cuando las vea por la costa.


Bogavante con salsa de jerez y cacao. Alucinante combinación. Delicioso.


Barbada con cáscaras de cítricos y Talauma, los granitos que espolvorean el pescado provienen de una variedad de la magnolia, su sabor es parecido al de las semillas de amapola.Junto con el bogavante los mejores platos del menú.

Cordero con ajowan (Ajwain) y chutney de Bahia. Una mezcla de lo local, el tradicional cordero pré salé de los pastos de Saint Michel, corderos que pastan en hierbas que estan muchas horas bajo el mar, de ahí su denominación de presalado y salsas de Salvador de Bahía, una afrutada y la otra con reminiscencias del acarajé bahiano y el vatapá, con especias de la India.


Luego del cordero, llegó el momento en que a Gago los ojos se le volvieron chiribitas, el carro de los quesos que habilmente, pese a su tamaño y carga, manipulaba Valentine, quesos tierno, ácidos, suaves, cremosos, secos, picantes, añejos. Todo preparado con galletas de sésamo, chutneys, mermeladas y licores. Aqui hubiera venido muy bien la tableta con los nombres de los quesos que siempre entrega Carme Ruscalleda. El viaje lácteo fue supremo.

Y llegaron los postres

Frambuesas con azúcar de oro, flores de sauco, gelatina de agua de rosas y albahaca del Siam. Bonito y delicioso por donde lo miraras.

Sorbete de melocotón « azucar salvaje, limon verde » y su crema de curry corsario.


Y llegó el momento de cantar cogiendo fuerte el timón. Ron tibio con sidra y especies.

La lluvia, que se había hecho presente de manera intermitente a lo largo de la comida, estaba dando un respiro a los camareros que montaban y desmontaban los cojines de las mesas del exterior, asi que aprovechamos para tomar los cafés al lado del estanque.

Una vista del jardín desde nuestra mesa, robada cuando los comensales, que tenían el mejor rincón, marcharon.

Junto con el café, la mesa se llenó de madera perfumada, azúcares y especias, eran el lecho de petit fours de chocolate, gelatina de cardamomo, cítricos, galletas bretonas etc.
Los patos se disputaban las flores del estanque

Y si no fuera porque la lluvia volvió hubieramos seguido de conversación lenta durante un rato mas

Como casi todo el mundo, pasamos por la tienda de especias y aceites que hay al lado del restaurante. El baúl de la entrada es el sueño de todo cocinero.


Dan ganas de cargar con todo, y de hecho es algo que nos pasa a todos, ya que cada uno sale con las respectivas bolsas.

Ya por las calles de Cancale fuimos pensando en la experiencia vivida y la sensación era extraña, todo había sido excelente, de primera calidad, el servicio, el entorno, la comida. Pero sin embargo, había faltado algo que hoy en día muchos que saben de cocina llaman “la emoción”. Había puntos mas altos, el bogavante, el pescado con cítricos, el ron con especias. Y ahi llega la pregunta. ¿Donde estaban las especias que aparecen largamente enumeradas? No dudo que estuvieran, de ninguna manera, pero creo que aparecían de una manera muy tímida. Entiendo que la concepión del término es diferente aqui que en Francia, pero yo esperaba un “asalto” un “abordaje” con mas osadía e impacto. Tuve la sensación de que el corsario, es hoy en día un impecable, elegantísimo y conciensudo señor que en recuerdo a sus pasadas aventuras me presenta hoy su extraordinario e ilimitado conocimiento en dosis muy medidas y contenidas. Todo era demasiado perfecto. Y como simple mortal esperaba poder llevarme en el corazón algo mas. No se qué, pero seguro que alli no estuvo.
Les Maisons de Bricourt
1, rue Duguesclin,
35260 CANCALE
Tél : 02 99 89 64 76
Fax : 02 99 89 88 47
GPS : N48 38 588 W 001 52 345

Menú:”Image du Pays Malouin” 172 euros mas IVA (19% en Francia)

 
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Comparaciones, odiosas comparaciones

Publicado por Sole el 24 Ago 2008 en Diario

Nos prometimos que no compararíamos con la otra experiencia de un Tres Estrellas Michelin de este año, Arzak, pero fue inevitable. Primero, porque como trabajadores que ahorramos y que hasta recortamos en otras cosas en los viajes, con tal de conocer y aprender mas de gastronomía, es inevitable comparar los precios. En Arzak a comienzo de año pagamos 150 euros por un menú mucho mas largo.Mientras que en Roellinger, lo dicho mas arriba.
Aun hoy, varios meses después, nos emocionamos cuando recordamos la salsa de arce, la de vermouth, la cebolla al bronce, el bogavante, el pato,elbombón de chocolate y espinaca, el…. y asi enumeramos casi todos los platos, mientras que de aqui, como algo que nos sorprendió, el ron, el bogavante con cacao y…los quesos. Y paramos de contar.
Puede sonar pretencioso, pero mientras paseábamos por Dinan, imaginábamos a mas de un cocinero gallego, por no decir un montón nacionales, perdidos en esos fogones con sus extraordinarias recetas, con ese entorno y ese montón de personal. Cuantas estrellas deberían llover por nuestra Galicia!

 
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Conjurando males

Publicado por Sole el 20 Ago 2008 en Diario, Mis viajes

Desmontamos la tienda temprano, el cielo es una masa gris que nos cubre. De un solo gris, ni matices ni nada que indique que por encima de esa masa inerte hay cielo, viento, sol.
De camino a Cancale, visitaremos una suerte de circuito protector, porque eso y belleza a raudales es lo que uno se encuentra al recorrer los “enclos paroissiaux”.
Alrededor del siglo XV, el Ankou y todos los males de la pérfida muerte asolaban los caminos, los viajeros que tenían que pasar la noche fuera de sus casas, sino tenían el cobijo de una posada buscaban la sombra protectora de un cruceiro. Pero no bastaba. Tal vez por la proximidad de la tierra de los bucaneros, o porque la malvada Malgyen, la Reina del Norte, lloraba desde las murallas de Ys, los ricos burgueses decidieron dedicar parte de sus enormes ganancias en el mundo de las velas de barcos a construir conjuntos parroquiales donde honrar a Dios y todos sus santos.
Surgen así una serie de enclaves que hoy en día se pueden visitar siguiendo tres rutas (de 50, 70 y 90 km cada una), cada uno de ellos compite en belleza y despliegue de riqueza, ya que llegado el punto a muchos artistas y artesanos y a quienes les pagaban, les importaba mas hacer algo superior en tamaño y estructuras que el pueblo vecino y no tanto en testimoniar su fe.
Cada conjunto se compone de osarios, calvarios, arcos de triunfo e iglesia con su correspondiente cementerio.
Nosotros, mezclamos las tres rutas y escogimos un poco de cada. Lo mejor es tomar como punto de partida Sizun, ya que allí comienzan los tres circuitos, pero lo importante es dejarse llevar por la extraña atmósfera que se crea entre conjunto y conjunto.
Aunque tal vez en mi, mas que el caballero de la muerte persiguiéndome, influyó mas la frustración de ver como la escasa luz mataba todas las fotos, y peor aun cuando la lluvia, dejaba paso a la querida Lumix resistente a todo, pero de mucho menos angular y tele. Perdón por alguna gota por allí perdida y por los cielos tan muertos, pero es lo que hay.
Con vosotros Sizun, St Guilleminau,Thogenen.


Conjunto parroquial de St Guimiliau


Cada uno de nuestros pecados aparece representado





Una esclava es castigada por robar para dar a su amante

Pero el bautismo siempre redime.


El gris del exterior cobra vida al pasar al atrio.




St Thegonnec


Su osario, aunque suene macabro es precioso


Al pie del calvario mas escenas para recordar por que caminos no había que transitar para estar a salvo.


Sizun y sus sirenas se quedaron mirando como subíamos hacia la peligrosa tierra de los piratas de St Maló y hacia la mesa estrellada de Roellinger en Cancale.

 
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Finisterre

Publicado por Sole el 14 Ago 2008 en Diario, Mis viajes

Estamos en Finisterre, en el Pays Bigouden y la cita obligada es ir hasta Point-Du-Raz. Con casi 80 m de altura el promontorio sobresale sobre el Atlántico en la punta del Cabo Sizún.
Las olas baten en una mañana que se ha iluminado ha medida que nos acercábamos a la costa, ya que en Quimper, las nubes no presagiaban nada bueno.
Cientos de personas recorren el cabo.
Al llegar nos llevamos la sorpresa de que hay que pagar 6 euros, por persona, para entrar.
No entendemos como algo que es de todos, como una maravillosa vista al mar, te la cobren lo mismo que para entrar a la Abadía de Saint Michel, teniendo en cuenta que no se puede comparar el nivel de mantenimiento de una con otra. Me explico, no me importa pagar, pero no entiendo, aquí la hierba no crece por los fuertes vientos, los caminos son naturales, no hay edificios que mantener, ya que los que están a la entrada son restaurantes y tiendas de souvenirs que supongo se mantendrán con las ganancias generadas. Es como que me cobren por subir a los Alpes o a Pena Trevinca.

Pero como ya estamos aquí, pagamos y nos reímos de caminar entre toxos y florecitas violetas. Esa estampa tan repetida en lo paseos por nuestra querida Galicia.
No sabemos si creer que allí somos tontos por no cobrar por tanta belleza, o conscientes de que ese paisaje no nos pertenece.
Una sospechosa línea de túmulos en el suelo presagian mamúas, similar situación que en la Estaca de Bares, pero el folleto explicativo solo habla de los hoteles y spas de la zona y una breve explicación del Cabo. Así que nos quedamos sin saber.
El paisaje es abrumador, comparte con “nuestro” Finisterre, el punto cardinal, el mar, la fuerza de las olas batiendo, las gaviotas, pero tiene mucho mas extensión para pasear y recorrer.

El faro de Ar Men enfrente y la pequeña pero habitada isla de Sein, le dan un toque humano que lo hace espectacular.
Mucha gente se ha llevado el picnic. Una costumbre francesa que siempre nos prometemos seguir pero que al final…

Partimos hacia Douarnenez, por la costa, el paseo es bellísimo y lleno de cruceiros y leyendas.
Douarnenez fue durante el siglo pasado el principal puerto de sardinas de Francia. Aun hoy se ve que es un pueblo pesquero, con casitas blancas con decorados azules y de colores y unas playas preciosas sobre el estuario de Pouldavid.
Comemos en una creperié frente al mar, la especialidad de la zona, obviamente con sardinas y mariscos.

En el estuario observamos la Isla de Tristán, que durante el siglo XVI fue la fortaleza de La Fontenelle un terrible bandido, pero que es mas famosa por haber sido el sitio donde se desarrolló la triste historia de Tristán e Isolda

Seguimos camino a Locronan, pueblo medieval famoso por sus apariciones cinematográficas y por una de las fiestas del “pardón” mas antiguas de la Bretaña, la Troménie.
Durante los siglos XV y XVII Locronan se enriqueció gracias al comercio y manufactura de la lona. Pero cuando les fue quitado el monopolio, por Luis XIV, la ciudad decayó y de ella solo quedaron sus callecitas y sus edificios renacentistas.
Bajando por la Rue Moal, se da un paseo bonito por los jardines de las casas y se llega a la fuente y a la preciosa Capilla Notre-Dame de Bonne-Nouvelle.

Bajamos por la D39 hacia Quimper, la antigua capital de Cornualles. Quimper en bretón es Kemper, que significa el lugar donde confluyen los ríos, en este caso el Steir y el Odet.
Su Vieux Quimper, es un barrio peatonal lleno de casas entramadas, mansiones pequeñas, tiendas de libros y música bretona. Quimper es famosa por su cerámica, la faïence, una delicada colección de platos, fuentes y jarras pintada a mano y en la que predominan los colores azul y amarillo.

Se acerca la noche y comenzamos a dudar, no sabemos si cenar por aquí, ya que tenemos nuestro hotel o si regresar por Audierne, otra vez hacia Poin du Raz, ya que a la mañana hicimos una parada en St-Tugen y vimos que se estaba organizando una fest-noz, tenemos muchas ganas de participar de una celebración tradicional, asi que evaporamos el cansancio y nos disponemos a otros cuarenta minutos de carretera.
Y fue una suerte haber ido. Al principio, sorprendía un poco el silencio y la calma con que se movían unos cientos de personas. Algo muy raro si se compara con nuestras estruendosas fiestas. La música de fondo era jazz y muy baja. Todo el mundo degustaba sus mejillones, salchichas, postres de la zona, muscadet o sidra. Pero todo en un suave tono de conversación. Si a eso se sumaba, algo que en Galicia es bastante frecuente pero para esta uruguaya no, el hecho de que las mesas estaban en el patio de la capilla con el cementerio , pues, como que no sabía muy bien que hacer, ni como encajar ahí.
Pero todo cambió cuando empezó la música, subieron primero al estrado los Forzh Penaos, que pusieron en el centro del espacio a varias mujeres que rápidamente se organizaron y comenzaron a bailar unas danzas que evidentemente traían unos pasos desde el fondo de los tiempos. Era mágico, niños y abuelos, padres y madres, se cogían de los brazos, manos o meñiques, según lo pautara el movimiento y saltaban con pasitos breves, o más vivos, o más largos, según las melodías.
Nadie integraba un grupo de danza folclórica, todo el mundo, como una huella genética sabía que resorte interno se le accionaba en cada compas.
Las danzas, en círculo casi todas, te hacían pertenecer, o no, a algo, a alguien, a una historia a un decir, a una identidad.
Y el momento más bonito llegó con los hermanos Morvan. Dos campesinos de camisa a cuadros, que a capela nos tuvieron a todos al borde de las lágrimas.

Su música era más vieja que el viento y traía reminiscencias de las notas que necesita nuestro cuerpo para tareas que casi tenemos olvidadas, sembrar, regar, cocina, lavar, a mano, con nuestros pies, abriendo los oídos a los ritmos de la naturaleza. Si uno cerraba los ojos, la música podía ser bretona, o indígena o china o africana, era de raíz, era de dentro.
Una pareja de bretones que nos había reconocido como “gallegos” (venían de estar por aquí unos días) nos explicaron que los Morvan eran cinco hermanos, de los cuales, han muerto a tres, que llevan cincuenta años cantando para que no se pierdan las canciones que a ellos les enseñaron sus padres. No son profesionales, durante la semana siguen siendo campesinos, pero eso no les quita tiempo para seguir dando vida a palabras que están amenazadas.
Se larga a llover, como en cualquier romería gallega y corremos al campo de maíz donde dejamos el coche, la melodía se nos ha quedado dentro y tarareamos.
Ha sido un día de druidas, leyendas de magas y caballeros, korrigans (duendes), y canciones antiguas. Vamos a dormir con una sensación muy tibia en el corazón.
Hemos estado en el Finisterre, e igual que en el de Galicia, hemos ido hasta el final de camino y hemos vuelto renovados.
Mañana subiremos hacia Cancale, nos acercamos a Saint Michel, pero por supuesto las paradas, serán otro cuento.


Os irmáns Morvan from manuel gago on Vimeo.

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