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Perdido

Publicado por Sole el 29 Dic 2004 en Diario

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En el patio de mi casa, vivian dos “pedreses”, un día desaparecieron y desde entonces los busco por cada esquina, solo para decirles, que si tienen hambre o frio en el patio sigue estando su hueco-casa. Creo que les gustará saberlo

 
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Buscando orillas

Publicado por Sole el 29 Dic 2004 en Mis libros

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El día o la noche que por fin lleguemos
habrá que quemar las naves
pero antes habremos metido en ellas
nuestra arrogancia masoquista
nuestros escrúpulos blandengues
nuestros menosprecios por sutiles que sean
nuestra capacidad de ser menospreciados
nuestra falsa modestia y la dulce homilía
de la autoconmiseración
y no solo esos
también habrá que quemar
hipopótamos de wall street
pingüinos de la otan
cocodrilos del vaticano
cisnes de buckingham palace
murciélagos del pardo
y otros materiales inflamables
el día o la noche
en que por fin lleguemos
habrá sin dudas que quemar las naves
asi nadie tendrá riesgo ni tentación de volver
es bueno que se sepa desde ahora
que no habrá posibilidad de remar nocturnamente
hasta la otra orilla que no sea la nuestra
ya que será abolida para siempre
la libertad de preferir lo injusto
y en ese solo aspecto
seremos mas sectarios que dios padre
no obstante nadie podrá negar que aquel mundo arduamente derrotado
tuvo alguna vez razgos dignos de mención
por no decir notables
habrá de todos modos un museo de nostalgias
donde se mostrará a las nuevas generaciones
como eran
la soledad
la injusticia
el hambre
la barbarie
y la tristeza
Paris
el whisky
el tabaco
y Claudia Cardinale
Mario Benedetti

 
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Navidad

Publicado por Sole el 27 Dic 2004 en Diario

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Todos los años me pasa igual. El día después me deja sabor a noseque…
Siempre me digo que no debo poner tanta espectativa, pero siempre lo hago y finalmente no se si valio la pena.
A mi, en condiciones normales, me encanta la Navida, el comprar regalos, el decorar la casa, el cantar, el reir, el imaginar la cara de los demas a la hora del encuentro.
Pero es como si solo en mi cabeza sonaran las campanas. Para los demas casi que es un día mas. Con un poco mas de follón, pero igual. Solo comer, meter prisa por cumplir con los rituales y ya está. No se, debo pensar mejor, para que esto salga mas claro. Ni yo lo entiendo. Solo se que me llené la cabeza de villancicos, que nadie escuchó.

 
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Mi adorno

Publicado por Sole el 21 Dic 2004 en Diario

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A 9546 km, han colgado este adorno por mi, en el árbol de Navidad de mi casa.
Espero que mire con atención y me cuente todo, pero todo, todo.

 
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Atraso

Publicado por Sole el 21 Dic 2004 en Diario

No me había fijado, pero hacía ya diez días que no dejaba algun hilo en la Caja!
Es que me he liado mas que madeja en patas de gato. Tenía y tengo mucho para contar, pero se me fue el santo al cielo. Estuve unos días por Lietor, ya os contaré y luego montando mi primer cuento en gallego, y luego una amiga muy querida cortó su historia de amor y luego me quedé flufli. Es que a mi, esto de que dos que quieres ya no esten juntos me deprime. Me hace cuestionarme y preguntarme y tratar de solucionar y finalmente soy la única que sale mal parada porque los demas continuan su vida como si nada.
Debo ser una tonta sentimental.

 
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Invierno

Publicado por Sole el 21 Dic 2004 en Diario

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Segun el calendario, a las 13 horas de hoy, comenzó el invierno. Y yo me he puesto a juego con él. Tengo todos los catarros y resfriados de cien demonios.
Estoy harta de toser. La cabeza esta tan embotada que lo único que puedo pensar es en ser chiquitina y que venga mi abuela con todas aquellas tizanas caseras. Quemadillos de “huaco”, “nispero” o “anacahüita”. En la casa había un hierro “griposo”, si, en un jarro de esmaltado se quemaba el azúcar con ese hierro que primero se había puesto en las brazas de la chimenea, luego se le agregaban rodajas de limón y se seguía quemando, luego las hojas y finalmente el agua. El vapor ruidoso que manaba del jarro desparramaba por toda la casa un aroma delicioso. Pijama de franela, “zoquetes” de mil colores y con una pila de “Patoruzitos”, “Isidoritos” y “Batman”, marchaba a la cama a curarme.
Hoy, ya nadie hace remedios de esos, es mas, cuando menciono alguna de estas hierbas, por lo menos por aqui, nadie sabe de que hablo. Aspirina santa, reina y si es posible esfervecente, que es mas rápido. Es que hoy en día ni tiempo para enfermarnos tenemos. Claro que hablo de esas nanas, que se curan pronto, de esas que se pasan mas rápido, con mantita, libro y mimitos.De esas que te dejan a lado de la ventana mirando como el amigo árbol se queda desnudito.

 
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Carta Intima a Montevideo

Publicado por Sole el 10 Dic 2004 en Diario

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Querida Montevideo:

Ayer hablé por teléfono con Galeano y me contó que el tiempo está muy
inestable por ahí. El invierno empieza a mostrar su cara de palo y los
plátanos de sombra ya están arreglando sus cosas antes de echarse a
dormir.

Cuando nos vimos las caras por primera vez, Montevideo, verdeabas por
los cuatros puntos cardinales y las muchachas se desparramaban
adormiladas en los pastos del Parque Rodó, robándole el brillo al sol
del mediodía para llevárselo puesto. Era noviembre de 1969. Aquel año
fue el primero de mi vida que tuvo dos primaveras.

Viajé desde Buenos Aires con Edmundo Rivero, el de las manos como
capazos y la voz de trueno; con él compartía cartel en el Parador del
Cerro. Vine por un par de días, con urgencias, como siempre, y, nada
mas llegar, después de atender un par de periodistas, tan convencidos
como yo de lo efímero del éxito, en especial el mío, salí del hotel con
la intención de bajar al puerto a cumplir con una antigua promesa:
encontrar la sombra perdida del Graf Spee. De niños, el Tito y yo,
conmovidos por el heroísmo de aquellos marineros, rubios como la
cerveza, que hacían de buenos en la película, nos juramentamos, al
salir del cine, que, en cuanto fuésemos mayores, iríamos a Montevideo a
echarles una mano a aquellos desventurados tipos, aunque fuesen
alemanes; así que, aprovechando la ocasión, aun a sabiendas de que era
demasiado tarde para hacer nada por ellos, eche a andar con moderado
entusiasmo al encuentro de mis fantasmas infantiles. De cualquier modo,
aunque no sacase nada en claro del Graf Spee, siempre me quedaba el
Tito quien, en nuestra anual conversación en el Bar Juanito, escucharía
generoso el relato ampliado y aderezado de este rescate de recuerdos.
Pero tu querías llamar mi atención con otras cosas, Montevideo.

Querías que te viera, que me fijara en ti, que me dejara de pavadas de
Graf Speeses y marineritos heroicos y que me enredase en tus redes. Por
eso abriste para mi la cajita de los asombros y, justo al salir del
hotel, aprovechando mi torpeza habitual, me hiciste pisar una bosta de
caballo. En plena Plaza Independencia. En 1969. Una rotunda bosta de
caballo en la puerta del Hotel Victoria Plaza, antes de Moon. Yo , que
había salido a buscar perfumes de niñez me di de morros con ella. Que
admirable y que insólito se veía en el asfalto aquel trofeo verde y
oro. No por el hecho en si, claro, no por el lugar elegido por el
animal para cagar, sino porque aun rondas en caballos por el centro.

Aquella bosta le dio una vuelta de tuerca al destino. Me devolvió a los
cuarteles de invierno de los anos idos. Encendió mi curiosidad
empujándome a buscar debajo de tu vestido. Me llamaste y yo atendí y me
deje llevar. Olvide el asunto del Graf Spee y a Tito. Olvide el
programa previsto. Incluso olvide una visita concertada al Estadio
Centenario -por cuyas tripas, si uno le pone atención, al atardecer, se
escucha el tintineo metálico de los tacos- y camine a donde quisieron
llevarme mis zapatos. Como un gurí por la murga, me dejé llevar por
calles engalanadas de forchelas; calles en las que aun estaba caliente
el recuerdo de Xirgú y donde los diarios voceaban nombres desconocidos
que iban a tardar poco en serme cotidianos; calles que aguardaban todo
el año la vuelta del Carnaval, agotadas sus existencias de longanizas
para atar perros ; veredas por las que los hinchas de Nacional
caminaban agrandados con títulos libertadores e intercontinentales bajo
el brazo como quien se exhibe con el termo para cocer el mate de la
gloria.

El termo. ¿Quien dijo termo…? El termo y el hombre. El termo y la
cancha. El termo y Dios. Que insólito espectáculo, querida, para unos
ojos profanos, contemplar a unos ciudadanos comunes, en su mayoría
tipos respetables, yendo y viniendo de sus quehaceres cotidianos con
ese artefacto que uno cree reservado a situaciones de emergencia, con
la mayor de las naturalidades, enganchados a el como un yanqui a la
heroína. Aun reconociendo el aporte tecnológico que el termo representa
para la cultura de la yerba (mate), no deja de ser chocante para unos
ojos profanos, repito.

Aquel día, camine tus calles como nunca he vuelto a caminarlas mientras
tu, Montevideo, hacías todo lo posible por deslumbrarme. Unas veces de
frente y otras por sorpresa. Me llevaste a comer achuras al Mercado del
Puerto, nos tumbamos en la tarde de Pocitos y juntos amanecimos en el
Cerro. Me trajiste a Alfredo y a Daniel y al loco del Sabalero y a la
dulce Vera y yo te llevé conmigo al Este, a comernos las noches con
Nana, con Manolo, con la Camerata.

Me gustaste desde el primer momento, Montevideo, pero fue mas tarde
cuando me enamoré de ti. Fue cuando te exiliaron y te viniste a mi casa
con lo puesto. Ahí, mirada triste, sueños torcidos, carnes torturadas;
ahí te conocí, Montevideo; ahí te sentí como algo mío, y ahí nos
juramos amor eterno. J.M.

(extraido de LA GOTA 36)

 
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Amarre

Publicado por Sole el 10 Dic 2004 en Diario

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Todos creíamos que estaba loco. Que ni en remotas fantasías podía suceder. Pero él, insistia. Frente a un café, a un escaparate o en un banco de plaza. Despues de suspirar tres veces. Mirando hacia arriba decía: – Quiero dejar mi vida anclada una temporada, quiero bajarme del tren. Quiero quedarme a la deriva, viendo como todos pasan. Pero no como quien ve pasar, no, no, sino, viendo pasar en serio. Contemplar sin mas.
El cansancio de sueños perdidos le estaba dibujando en la cara surcos y manchas. Las manos se retorcían nerviosas. Su voz poco a poco se transformaba en susurro. Tardaba eternidades en recorrer una calle. Examinaba cada trozo de suelo con la posibilidad cierta de meterse dentro.
Algunos de nosotros, desde nuestra superioridad de lógica superviviente, le llamabamos cobarde, poco comprometido, débil.
Una noche dijo que el siguiente era el día. Que nosotros (todos) teníamos un ritmo al caminar que él no podía seguir.
No lo vimos mas.
Hace unos días, navegando en las fragancias del bosque, metiendo entre mis manos hojas, bayas y castañas, los vi.
Al principio pensé que estaba equivocada. Pero eran ellos. Sin duda.
Sus zapatos.Desquiciada los había mirado muchas veces esperando que su dueño los moviera.Asi que los conocía muy bien.
Aparcados a los pies del árbol. Uno al lado del otro. Con el orden preciso de lo que se deja en su sitio.
La humedad les había despegado algo la suela. Mi instinto negativo me llevó a mirar a las aguas. Para hacerlo me apoyé en el árbol.
Y entonces mis dedos reconocieron la tibieza. Las arrugas. Y el susurro de su voz que me decía que alli estaba donde quería estar.
Perdidoencontrado en un sendero de historias sin fin. Lentas y pausadas como el pasar del río.Incomprensible para los que no tenemos tiempo. Impensable para los que no sabemos detenernos.
Recomendable para los que aun esperamos.
Lo que me contó de lo que ve… aun me entibia el oído.
Tal vez otra noche cuente esos cuentos.

 
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Presencia de ausencia

Publicado por Sole el 3 Dic 2004 en Diario

Borges decía, que lo que se ignora, bien puede no existir. Tal vez por eso hago como si no está.Ignoro a fuerza de rutina su presencia. Se que va tras de mi a mi izquierda un poquito hacia atras. No lejos, se ha puesto en un sitio que si la miro de reojo la veo.
6.44 suena el despertador de mi cabeza, para no pensar recito las conjugaciones de los verbos ver y venir en gallego. Hay dos que son iguales, pero si pones el tilde uno es ves y el otro vas, o era al reves?
7.10, podría levantarme pero sobraría tiempo, ya que el reloj esta adelantado. Me pongo boca abajo. se que en esa postura respiro tan mal que solo me concentro en como el aire se cuela por entre rendijas y las neuronas laten en rojo.
7.20 ( que en realidad son y 10) suena el despertador.
Me levanto, sabiendo que cambiaré el jerseis que escogi anoche, por otro. Cojo los libros de clase y los que quiero devolver en la biblioteca.
Llaves, pañuelos, un poco de zumo de naranja para matar la acidez de la mañana y una línea azul bajo los ojos. Me gusta en mi ojo negro, la línea azul.
Bajar la cuesta, incorporarme al flujo de prisaspersonas que van hacia la zona vieja de la ciudad. Hay estrellas.Habrá sol.
En el centro de la Plaza Cervantes han instalado un coche, que según la publicidad, puede ser mi regalo de Navidad.
Asoma a mi cabeza la idea de cual sería mi regalo de verdad, pero la aplasto.
Clases, café, biblioteca, hoy no iré a Tai-chi.
Y al dar vuelta la esquina, aparece otra vez.Puedo fingir que no está, pero existe.
La necesidad de ponerle alas a mis pies, de correr al banco y mandar todo al diablo comprando un billete al fin del mundo.
Desaparecer, no seguir fingiendo que todo esta bien.
O lo que es peor, creer que esta mal, lo que esta bien.
Mi abuela diría: “buscan sarna pa’ rascarse”
Pero, por mas que trato de que todas las piezas encajen, esto de tener un pie de un lado del mundo y el otro del otro lado, me esta matando.
Ya se que nadie puede tener todo, pero cuanto se sueña…cuanto

 
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Ha vuelto

Publicado por Sole el 2 Dic 2004 en Diario

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Como una vieja amiga, que durante días no ves y de repente dobla la esquina. Asi volvió. Asi me abracé a ella y asi me dejo acompasar los pasos.
Juntas miramos nuestro reflejo en los cristales. Juntas dejamos mojar los pies por los arroyuelos de agua sucia de aceras que se forman rúa abajo.
Como un jersey que pica en el borde del cuello. Asi se me acomoda y me incomoda. Me llena de preguntas y de mal sabor en la boca. Es como si la lengua se me volviera mas espesa, cuando ella, mi vieja amiga, vuelve a rondarme.No quiero abrirle la puerta, pero alli esta golpenado otra vez… nostalgia.

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