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Memoria y esperanza

Publicado por Sole el 30 Sep 2004 en Mis libros

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Mario Benedetti quiere hablar con los jóvenes; un acercamiento, una palabra sabia. Más de 80 años de vida y su extraordinaria forma de expresar los sentimientos avalan sus intenciones. ‘Memoria y esperanza. Un mensaje a los jóvenes’ (Destino) es el último libro del poeta, escrito para pedirles que nunca dejen de luchar por sus sueños. ‘Memoria y esperanza’ es lo que el octogenario pone al servicio de la lectura joven, de los adolescentes y las nuevas generaciones que quieran escuchar sus consejos.

Y lo que no consiga el tiempo, que lo hagan las palabras. Así se propone Benedetti convencer de que es preciso salvar la utopía de los bombardeos publicitarios, la globalización y la riqueza. En un libro que combina poesía y reflexiones, el poeta se pregunta “qué les queda por probar a los jóvenes en este mundo de rutina y ruina”, mientras pone su propia experiencia como ejemplo de una vida que no ha perdido los valores.

Si este mundo “de paciencia y asco” está sólo gobernado por adultos, quizás sea preciso dejar ya paso a los jóvenes: “Soy un poeta viejo y un viejo poeta, que en lugar de pensar –como muchos de los de mi generación- que los viejos somos sabios, me pregunto, cada día que pasa, si el mundo no estará así porque no les dejamos lugar a los jóvenes”. Algo que demuestra la idea del autor de que se debe escuchar más, y mejor, lo que los jóvenes tienen que decir.

En su análisis sobre la situación actual de los jóvenes, Mario Benedetti recorre varios espacios importantes: la relevancia de la infancia, la relación con los padres, el sexo, la conciencia, las drogas, etcétera. Y para eso, el autor no renuncia a su condición de poeta, introduciendo varios poemas propios, pero también los de otros autores célebres que, en alguna ocasión, se han referido a la juventud, como Miguel Hernández: “Mi sien, florido balcón/ de mis edades tempranas,/ negra está, y mi corazón,/ y mi corazón con canas”.

Las drogas

Un tema de actualidad y preocupación continua es, sin duda, el consumo de drogas entre los jóvenes. Benedetti no se mantiene ajeno a un problema que, asegura, ha sido un legado de la cultura estadounidense: “En el nutrido nivel de jóvenes pobres la droga los impulsa a la delincuencia, y en la juventud que proviene de familias pudientes, llega a provocar cadenas de catástrofes, como las que tienen lugar en la llamada Ruta del bakalao, ese tramo de carretera que media entre Valencia y Barcelona. (…) En este confuso y tramposo presente, defender a los jóvenes de los daños casi siempre irreversibles de la droga, es una tarea sobrehumana”.

El sexo

¿Y cómo ve Benedetti el sexo en los tiempos modernos? “Y está por fin el sexo. En la pubertad es una revelación. La masturbación inaugural, el orgasmo de estreno, no sólo revelan posibilidades corporales hasta ese momento sin estrenar, sino también una ampliación de la vida interior. Con el sexo, con el erotismo, cambian el ritmo y la calidad de los sentimientos”.

La conciencia

Asegura el autor que la mayoría de los adultos quieren enterrar en el olvido la conciencia, mientras que en los jóvenes todavía está muy despierta: “La conciencia es ubicua/ la siento a veces en el pecho/ pero también está en las manos/ en la garganta en las pupilas/ en las rodillas en los pulmones/ pero la conciencia más conciencia/ es la que se instala en el cerebro/ y allí ordena prohíbe festeja/ y hasta recorre interminablemente/ los archipiélagos del alma (…)”.

El compromiso

“Entre el joven y el mundo que lo envuelve o asedia, siempre ha existido una relación móvil, cuando no errática. No obstante, y a pesar de balanceos y estremecimientos varios, si se examinan con atención uno o varios fragmentos de siglo, es posible detectar cadencias aproximadamente cíclicas que van desde la prescindencia al compromiso, o también desde el arraigo o la evasión, con sendas viceversas”.

La música

“Esa canción de hoy, habitual y pegadiza con sus trovas y salmodias, con sus cantinelas y boleros, con sus tangos y sus coplas, con su samba y particularmente con su rock, puede desarrollar como motivo efusiones de amor, destellos de alegría, clamores de protesta, pero también puede simplemente difundir un estribillo monótono, estéril y pueril, que nada dice y sólo sirve para aletargar al oyente o para enloquecerlo con el estrépito de un ritmo ensordecedor”.

 
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Otras orillas

Publicado por Sole el 28 Sep 2004 en Diario

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Mi amiga Chus, ha ido de vacaciones a mi pais. Y eso me da una emoción!
Que alguien que año a año escoge sitios exóticos, lejanos, haya elegido mi tierra, me da mucha alegria.
Claro, bien mirado para ella es un sitio lejano. Para mis pies que pisaron esa tierra o jugaron en esos ríos y mares, es como ir de vacaciones al patio trasero de mi casa. Mis amigos la esperan, me verá desde otros ojos, verá las cosas de las que tanto le hablé y las reconocerá, o no. Todo depende de la carga de recuerdos que cada sitio tiene.Beberá mi vino, comerá mis sabores.
Bienvenida amiga, a mi otro territorio

 
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Sin la sombra de las torres.

Publicado por Sole el 24 Sep 2004 en Mis libros

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Por que sale 29 euros?!!!!
Porque es Spiegelman
Ya caerá el mes que viene, pero por veinte minutos la Fnac me lo prestó. Me costó, pero volví

 
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Corriendo

Publicado por Sole el 24 Sep 2004 en Diario

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Estaba en casa de una amiga, ya que hoy tocaba comida de chicas. Llegó su novio y de lo mas entusiasmado nos contó la nueva tendencia, lo “cull”. El “pokia”, que consiste en poner el pirripiche del manos libres conectado al tubo de un teléfono de los ultra viejos, y llevarlo colgando del bolsillo. O sea, te suena un móvil de última generación y atiendes con un tubo de hace 30 años.
No tengo nada contra las tendencias, al contrario, se que muchas veces he generado o formo parte de una de ellas. El problema es el estrés, que esto conlleva. Es decir, hoy es esto, mañana, aquello y traspasado algo que olvidaremos a la siguiente semana, pero el tema es que sea nuevo, aunque lo nuevo sea llevar algo viejo.Yo que nací en un país donde los zapatos los usaban los tres hermanos y la radio era la que se usaba hasta que durara, a veces me siento mal en esta vorágine de consumismo. Al fin y al cabo se reduce a eso. A comprar. A aburrirme de lo que compre ayer, para buscar otra cosa mañana.Sin embargo no oxigenamos nuestras cabezas, yo por lo menos, con la misma frecuencia con que nos subimos a una moda. Ya se que muchos me dirán, es cuestión de no seguir la corriente, pero es que,hasta hay una tendencia que es la de no hacer lo que hacen los demás si quieres pasar de los colores de este invierno y te quedas con el negro, serás “gótica” y si te alegras el cuerpo con flores “pradiana” y si eres sencilla, “minimalista” y si te caricaturizas a ti misma “wartholiana”. O sea que no hay manera.
O si, correr por la vida tras tu sonrisa verdadera, la auténtica, la que te salió por reflejo cuando sentiste el olor de la teta de tu madre. La de aquella época que decían las viejas, sonreías porque estabas jugando con los angelitos. No se si será la mejor tendencia, pero seguramente es la única que nos instala en la sorpresa de un camino nuevo. A propósito, eso se llama “New Age”…

 
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Otoño

Publicado por Sole el 23 Sep 2004 en Diario

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Desde las 18.30 de ayer estamos en otoño. A partir de ahora las hojas doradas llenaran los parques y las plazas. El eterno rito de la madre tironeando de la mano al niño que quiere seguir pisándolas, se repetirá en cada acera.
Tengo con el otoño una relación amor-odio. Por un lado me gusta la caricia primera de la lana que esta guardada en baúles y valijas. Ese roce casi de dedos amados que se produce en el hueco del cuello.Me gusta la presión de la primera media con las botas. La gama de rojos, ocres y naranjas. El viento danzando en remolinos. El instante en que una hoja se desprende y cae en otra vida.
Pero no me gusta saber que estos días son los primeros de muchos que iran perdiendo calor y color, para dormir en un absurdo gris. No me gusta el cristal empañado, la niebla que no me deja ver el monte, la hoja aplastada, húmeda y marrón que nadie mira.

En el barrio cuando eramos pequeños armábamos cuadrillas con bolsas para recoger las hojas y quemarlas en un descampado. Las vecinas nos pagaban, un peso por montón. Medida un poco arbitraria, si los que decidían lo que era un montón tenian mas años. El ruido de las hojas al caer en las fogatas hasta hoy me acompaña. Pero una vez, una niña de esas que solo estan una temporada en el barrio (por trabajo de los padres o vaya uno a saber porque) o sea una de las que no te sabes el nombre, pero que hacen algo que te llena de horror varias noches, hizo algo que me marcó.
Era la época de las “Rayito de sol” unas muñecas regordetas, de rubias cabelleras y muy caras. Pocos Reyes habían podido dejarlas en los zapatos. La mayoría tenía las de pástico barato, sin pelos y ojos fijos. Estas no, sus pestañeas parpadeaban con coquetería sobre unos ojos verdes. A Alicia la habían operado una vez mas de las piernas, sus feas cicatrices estaban a la vista porque de tanto correr con las bolsas de hojas, se le habían caído las medias. Ella no soltaba su muñeca, su “Rayito”, con una mano sola enlentecía la fogata, dijo esta niña. “Deja la muñeca y usa las dos!” Pero Alicia negó con la cabeza gacha. Tal vez porque el fuego nos embrujaba, aunque decían las viejas que el que jugaba con fuego por la noche mojaba la cama, no vimos lo que pasaba, hasta que fue tarde. La niña esta cogió la muñeca y la tiró al fuego. Justo en el momento en que los lenguetazos crecían por una ráfaga de viento sur.Horrorizados vimos como la muñeca ardía, primero el pelo, luego los brazos que se estiraban y deformaban, la barriga comenzó a hincharse y a producir una especie de sonido sibilino. Pero lo peor eran los ojos, bailoteaban en una burbuja de goma, como pidiendo, como implorando que la sacaramos de alli.
Hubo un momento en que no aguanté, no aguantamos, y sali, salimos corriendo.
Desde mi hueco en la madreselva, escuché a las mujeres como se gritaban, como lloraba Alicia, como se llenaba de olor a goma quemada, la calle.
Durante días soñé con el ojo inflado y verde. Y aun hoy, cuando siento el olor de las hojas de otoño, no puedo evitar sentir el de la muñeca. Ese día con ella, se quemó la primera parte de mi inocencia. Ese fue el primer día que estuve cerca de la envidia.
De todas maneras, prefiero creer, que al igual que las hojas caen, para renovar el árbol, los humanos dejamos atras nuestros malos días, nos recogemos una temporada al calor de los amados y florecemos un día de nuevo.

 
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Gabriela

Publicado por Sole el 23 Sep 2004 en Diario

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Gabriela tenía un sueño. Que sus ojos vieran dos veces, que sus pies caminaran el doble, que su risa llegara mas allá de la esquina.
La vida le decía siempre que no. A veces le susurraba negativas y a veces se las gritaba y la hacía gritar en una sala de hospital lejano.
Pero la noria giró y la vida le trajo a Juanjo con tres niños que no tenían madre y su casa como sus brazos, se abrió. Y entonces su vientre dijo si, y llegó Faustino. Con un sol en la cabeza y un tornado en los pies. Y para mayo, Gabriela florecerá otra vez. Sus ojos veran por cinco, sus pies caminarán por cinco y su risa, cruza el océano y se instala en mi ventana.

 
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Neuronas

Publicado por Sole el 21 Sep 2004 en Diario

A veces tengo la sensación de que mis neuronas, son mis enemigas.Abiertamente declaradas, del bando contrario, sea este cual sea.
Justo cuando uno las necesita, cuando debe ponerlas en plena actividad, ellas deciden andar por los aires o por las tierras o quien sabe por donde.
No hay manera de concentrar la vista en una línea del libro, ni del periódico, ni de nada.
Una indesición malsana me lleva a deambular por la casa, comenzando varias cosas a la vez, pero sin terminar ninguna.
A medio hacer esta la cama, la sala, la cocina, una receta de la pag 132 y la revisión de las facturas.
Tampoco avanza el libreto y salir a hacer compra es algo heroico.
Y por encima, sobrevuela la culpa,al decir de Maitena, la única y fiel amiga, esa que mañana me hará correr por la vida para ponerme al día, pero que hoy, solo pide tarta de queixo y chocolate.

 
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Resumen

Publicado por Sole el 20 Sep 2004 en Diario

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Barcelona, Valencia, Hellin, Caspe y Ebro. O sea cuatro comunidades en cinco días.Cuatro mil doscientos km. No esta mal.
Como siempre, públicos para todos los gustos,niños entusiastas, señoras tímidas, señores escépticos, jóvenes ávidos.
Pero la palma esta semana se la llevan los del Cine Parroquial de Fuentes de Ebro, Zaragoza.
Despues de misa, cena rápida y al teatro que se integra al Circuito.
La sala es pequeña, pero acogedora. Sus butacas verdes, se distribuyen en dos sectores. La acústica excelente. En la platea había variedad de edades y de razas. Lo que me alegró, eso habla muy bien del pueblo, ya que aunque por todos los sitios los inmigrantes estan, rara vez participan de las actividades culturales. Las risas y los aplausos acompañaron toda la velada. Y también la emoción. La que hizo que algunas parejas se acercaran a enseñarme su globo azul. O que en la plaza, rumbo al restaurante, rondas de mesas me llamaran para reir al recordar o para “reclamar” en mi presencia, “al tonto del haba este que no quiso ir y lo que se perdió”…y que vuelva. Pues claro que si, me senti en mi casa y a la casa uno siempre vuelve. Aunque demore. Se vuelve.

 
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A infrigir, que no hay castigo

Publicado por Sole el 20 Sep 2004 en Diario

Salir desde Santiago, en bus, a Barcelona, 16 horas!!!!!
Fue mi culpa, dejé para último momento la compra de billetes y eso la madre Iberia te lo hace pagar caro.
Aprovisionada con libros y música me preparaba para la travesía. No contaba con dos individuos, que también se habían aprovisionado, diferencia, lo de ellos era tabaco y “María” ademas de diversas incursiones al baño y sonoros brindis de birra. No valieron las quejas, el chofer no podía hacer nada. La “poli”, que apareció en una de las paradas a peticion de varios viajeros, solo podía actuar si hacíamos una denuncia formal, con la consecuencia de quedarse en Ponferrada toda la noche. Conclusión, “fumamos” todos, aunque por ley, en todas las ventanillas un pegotin real lo prohíbe

 
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La casa encendida II

Publicado por Sole el 9 Sep 2004 en Diario

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Observen como al final, las posturas han cambiado, hasta hay quien a subido la pierna sobre la butaca. Yo también estaba feliz. Recuerdo el trayecto al hotel, por ronda de Valencia, menos feo, con el aire que me acariciaba la barriga por debajo de la camiseta. La mochila no pesaba en mi espalda. Fue de las pocas noches que no me costó cenar sola en una taberna. Una canción, siento ser obvia, de Sabina me acompañaba mientras cruzaba la Gran Vía. A la mañana, mi globo azul llegaba.

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