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Valencia

Publicado por Sole el 29 Feb 2004 en Diario

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A partir de ahora, queda inaugurada una vengativa modalidad, que por lo bajo siempre los actores hemos soñado. Criticar al público.
Esta semana: los nominados son! …los estoicos asistentes al Cafe del Duende de Valencia y los mas aguerridos de Lliria, que venciendo frios polares y lluvias copiosas se apersonaron en la contada. La verdad que ambos públicos realizaron increibles esfuerzos para llevarse el galardón de público de la semana. La verdad que tanto aplauso y participacion activa me entro a generar alguna desconfianza que el amasado ego olvido rápidamente.
A todos gracias y hasta la vuelta!

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primer testamento

Publicado por Sole el 23 Feb 2004 en Diario

Manuel, Nacho y yo salimos de carnaval por las rutas, una vez mas.Dirección Monasterio de Sobrado. A la entrada bajo una arcada se aloja una costumbre, para mi ,extraña de este pais. Cuando muere alguien se cuelgan esquelas por la ciudad. La madera tenia una sola esquela. pero lo que hizo que se me erizaran los pelos de la nuca, fueron las miles de grapas que tenía.
Algunas oxidadas, otras nuevecitas. Algunas onduladas, otras rectas.Algunas completamente incrustadas otras a medio salir, como si quien tuviera la triste tarea de anunciar la muerte, con la intensidad del grapeo, de alguna manera la frenara. Si, me imagine que las muy clavadas, ocultaban la rabiade ver partir un trozo de alma. Y que las muy sueltas, habian sido colocadas por la mano de alguien que soñaba que tal vez, si el fatidico papel se volaba, una brisa podia retornar al perdido.
Fuera como fuera, cada grapa era un recordatorio, un dedo que señalaba en el fondo de mi iris, el reflejo de una esquela, que algun dia llevaria mi nombre. pero la mia que no la grapen, que la enrollen y la metan en el hueco de una ceiba, para no oxidarme. Para florecer en rojo cada primavera

 
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Domingo raro

Publicado por Sole el 23 Feb 2004 en Diario

El domingo fue un día para el olvido.
Uno de esos días en los que uno tiene pensamientos extraños, sensaciones asfixiantes, ideas peregrinas.
El frío de fuera helando por dentro.
Mirar películas malas, adaptadas de peores libros, con actuaciones olvidables.
Y comer tanto chocolate que el paladar se vuelve lento y la lengua se desquicia de sobredosis.
Y para colmo las pocas neuronas que te quedan, no alcanzan para descifrar anuncios herméticos.
¿Alguien entiende el anuncio del coche en que dos vecinos se llaman iguales, Paúl y sin embargo uno de ellos se asombra porque su mujer lo llama por su nombre?
¿Y el del otro coche, ese donde una familia se clava cuchillos, vidrios o se quema, sin sentir nada mientras la otra familia se va bailando funkie? ¿Están muertos los que están dentro y por eso no sienten nada, nada tan maravilloso como ese coche? ¿O los de fuera se van para que no les pase lo que a los otros si se quedan un fin de semana con los crios dentro?
Como dice otro anuncio “¡Tanta historia pa’ vender un coshe!”

 
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Caducidades

Publicado por Sole el 23 Feb 2004 en Diario

Luego de una función en La Almunia, María La Bola (tal el nombre que debo dar al indagar por ella en mi regreso) me preguntó por que no me casaba con uno de sus hijos.
“Tengo dos-me dijo-que mueren por las de tu tierra, y yo tengo fecha de caducidad para el 2010, quiero ver un par de nietos mulatos de ojos azules”

Hace dos tardes, vi “Mi vida sin mí”, en casa, porque con las películas de llorar yo tomo precauciones y las veo solo desde el sofá, para gimotear a gusto. La protagonista hacia una lista de “cosas para hacer antes de morir”.
Desde entonces me da vueltas por la cabeza una larga lista de cosas que me prometo hacer y nunca hago. La de veces que dejo para el ultimo segundo, ese del estrés extremo, que te exprime las neuronas y te hace sentir idiota una vez mas cuando comprendes que solo era cosa de ponerse y el resultado aparece.
¿Será que al igual que mi futura ex suegra de La Almunia, debemos saber nuestra fecha de caducidad para hacer de verdad verdadera lo que queremos?

 
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Origen

Publicado por Sole el 23 Feb 2004 en Diario

Cuando era pequeña, en casa de mi madre, había un costurero, era verde y blanco, tenia forma de cesta alargada y se abria al medio, hacia los lados. Cuando estaba completamente abierto uno creia ver un galeón y cada cajita que componia el artefacto, era depositaria de una serie de tesoros, perfectamente organizados por mi madre. Léase, botones del mismo tamaño, agujas de menor a mayor, ganchos, pega-pega, cierres, hilos, alfileres y en el fondo, en el espacio mas largo, la cinta de medir y las tijeras.
Durante horas navegábamos por el mar de baldosas arrastrando el cargamento de tesoros, desembarcando en cada puerto-puerta-esquina, la valiosa carga.
Lo de medir me encantaba, el cuarto de la plancha, media dos veces el 150 de la cinta, la puerta se quedaba en el 82, para arriba no lo habia podido comprobar, pero yo suponía que el largo no me daría, que debería andar por 150 mas un 40 o asi.
Las tijeras solo me interesaban para cortarle el pelo a mi hermana, asi que en represalia ella corto la cinta en el 27, asi que la habitación ahora media 11 veces la cinta y cuatro dedos.
Cuando al morir mi padre desapareció el cuarto de la plancha, el de jugar, mi dormitorio, Montevideo y el Vascolet dio paso a la cocoa del almacén que venia en puñaditos de papel de “estraza”… también se hundió el galeón.
Ahora teníamos una caja de galletitas Anselmi, donde mi madre guardaba los hilos y con mucha frecuencia los sacaba ya que según su decir eraincreiblelacantidaddeagujerosqueestascriaturaspuedencoleccionar, y ahí me enamore de ellos, de los hilos, de su cambiante apariencia, de los dibujos que se formaban en los carretes al ir desmadejándose, de lo delgados pero fuertes que eran, de lo largo que podían ser y de lo pequeños que se quedaban. Intente medir alguno, con la cinta de 27, pero ni modo, eso me dio la certeza, de que había algo en lo que todavía éramos ricos, en hilos.Y en tierra, el patio de la casa de Paysandú, tenia tanta, que por mas que me salteaba paraísos, retamas y madreselvas me hartaba de contar 27 y nunca llegaba al final, porque siempre me perdía.
Al tiempo recorría 531 veces 27 para ir a comprar el pan, poco después 4286 para la escuela, y hoy que estoy a 28500 millones de 27 de mi patio , abro una vez mas la caja de los hilos, para poner en fila de menor a mayor y de claros a oscuros, todos los botones de mi memoria, todas las agujas, las finitas y las gruesas, los imperdibles, los cierres y los carretes de hilo, los que tienen mucho y los que ya me están mostrando el hueso. Jala y como siempre me encuentre con algún componente que no conozco o que tenia olvidado.

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