Pa’ lo que guste mandar

Posted by Sole on Ene 26, 2010 in Diario, Mis barrios |

Me encantan los recuerdos que asaltan sin ton ni son. Me gusta ver un trozo de tela en medio del gentío y sentir el clic de mi cerebro.
Da igual si la historia sucedió en la misma calle o en mundos diferentes, los recuerdos tienen un hilo invisible que los ata a otra circunstancia en cualquier lugar del mundo. Algunos le llaman azar, los peripatéticos, destino, los sin suerte, esperanza.
Cierta vez que el dolor me destrozó el hígado y tuve que llorar mas de lo que creía, encaucé mis penas, como suelo hacerlo, escribiendo.
En mis 15 años latinoaméricanos no había correos electrónicos (ni computadoras) solo un anuncio de revista semanal que brindaba una “Alianza para los amigos”.
Alli dejé mi botella en el mar, mis letras llenas de dolor que contaban la injusta muerte de mi amiga del alma en un estúpido accidente de tráfico.
A poco el cartero comenzó a dejar en mi puerta, decenas de sobres, casi todos chicos y chicas de mi edad, algunos mormones, un novelista y un misterio.
Con algunos de esos chicos me escribí durante años y con uno de ellos mantengo amistad, aun hoy, a los mormones ni les contesté y con el novelista me perdí en los laberintos de sus textos oscuros y siniestros. Tenía un estilo morosoliano, angustiante, solo escribía a mano y sus sobres eran gordos, repletos de hojas de cuaderno, llenos de letra menuda de lápiz negro. Escuchaba mis sugerencias, reescribía y me volvía a mandar una y otra vez historias tremendas, suelo contar una de ellas en las sesiones de adolescentes descreídos a la hora del miedo y los dejo en silencio.
El final de ésta historia ya lo contaré en su día.
Porque la que me vino a la cabeza, fue la que comenzó el día que me llegó un sobre alargado, de papel grueso y caligrafía contundente.
Dentro, hoja de las de carta, nada de cuadernos recortados o folios de oficina. Margen rojo. Fecha a la derecha, encabezado a la izquierda:
“Mi querida amiga (parece que aun leo) aunque soy algunos años mayor que usted, las circunstancias que atraviesa, me son totalmente conocidas. Leer su mensaje en la revista y querer ser de entre sus preciados el primero, ha sido todo uno.
Veo que es usted del signo de escorpio y siendo yo de acuario, el cruce de nuestros caminos solo puede estar protegido por buenas estrellas”

Seguían una serie de frases sobre generalidades que no me permitían ubicar en ningun sitio a quien me escribía.Dos carillas de letra hermosa, de caligrafía de colegio bueno, hilaban una serie de frases de construcción perfecta y de información nula. El final de la carta era de cine: -A sus pies esperando respuesta. Baldomero Da Silveira.
Contesté rauda y a vuelta de correos, junto con una carta donde se hablaba del tiempo, la vida y sus quehaceres, preguntas sobre historia y literatura y deseos de bonanza para mi señora madre, venía un cheque del banco república por 100 pesos, para que no gastara en estampillas y le escribiera todas las veces que el corazón me sangrara. (Un sello salía 30 céntimos)
Aun hoy recuerdo la mezcla de emoción y miedo conque fui al banco a cobrar el primer cheque de mi vida.
Las cartas se sucedieron durante algunos meses.Intercambiamos títulos de libros, gustos musicales, de cine, de arte.
Elogiaba mis conocimientos, me hablaba de la importancia del estudio, del futuro,etc,etc.
Evidentemente mas de una vez intenté saber cuantos años tenía, pero jamás me dio respuesta.Para que me imaginara como era, me dijo que se parecía a Leslie Howard
Cierto día de primavera, estábamos en mi casa mi hermana y yo, limpiando y tonteando, cuando de repente llamaron a la puerta. Al abrir, quedé de piedra.
Frente a mi había una versión de Elliot Ness, aunque de era cuaternaria.
Traje negro a rayitas, sombrero, chaleco blanco hueso con una cadena de oro desde el bolsillo del pantalón al del chaleco.
Una cara sonrosada y dos ojos enormes, de un azul cielo, sobresalían, como huevos, mirando en distintas direcciones.
Detrás, en la calle recién asfaltada, un coche de museo.
Su brazo izquierdo se perdía detrás de una gabardina impecablemente plegada, su mano derecha se transformó en reverencia mientras sombrero y cabeza se me inclinaban y una voz saludaba:
-Baldomero da Silveira para lo que guste mandar!
Preguntó por mi madre, y cuando supo que estaba trabajando, preguntó por mi hermana, y solo cuando se cercioró de que no estaba sola en casa, accedió a sentarse en los sofás de nuestro salón.
No estaba bien que una señorita recibiera un hombre en casa, si estaba sola.
No pude evitar la risa, ese señor que yo tenía delante, para mi era cualquier cosa, menos un hombre.
Yo aun tenía la suerte de ser estupidamente jóven y sentía que cualquiera de mas de 25 era un viejo, asi que cuando a fuerza de insistir, logré saber que “los algunos años mas que usted” eran 65, me quedé helada, escuchando a éste señor que me prometía volvería a las tarde, cuando estuviera mi madre “porque todo lo que se venía era algo que debía ser tratado con seriedad”
Que me quedara tranquila, que ni bien nos casáramos, sus propiedades en el campo, sus casas en la ciudad y en la capital y demás bienes, estarían a mi nombre. Que no había de que preocuparse, porque tenía dos hermanas, una monja y otra ya fallecida, de la que había sobrinos con los que no había relación.
Evidentemente yo seguiría estudiando, y mi madre y mi hermana podrían irse a vivir con “nosotros”
Pero bueno, los detalles ya se hablarían.
Pidió permiso para besar mi mano y marchó.
Medio barrio corrió a mi casa.
Cuando mi madre llegó, intenté explicar lo que sucedía, pero el hombre estaría pastoreando su llegada, porque ni cinco minutos habían pasado que la `puerta sonó.
Detrás de un ramo de claveles, estaba él y su descabellada (para nosotras) propuesta.
Mi madre cerró la puerta y solo podíamos escuchar palabras como “viuda”, “respeto”, “tiempo”, “cuidados”, se mezclaban con planes de cambio de vida, seguridad, cariño.
Siempre me he preguntado por el orígen del extraño humor que tengo, pero al recordar la respuesta de mi madre, tengo atisbos:
-Usted quiere casar con mi hija? De ésta familia, con la única que iría mas o menos bien, es con la abuela!
Y le sacó con cajas destempladas.
A poco recibí una carta breve, en la que me decía con su sempiterna caligrafía, que era una pena que unos pocos años separaran a dos almas que tanto tenían que hablar. Me hizo prometer (algo que no cumplí) que si un día necesitaba algo le buscaría.
Muchos años después, cuando andaba con la selección uruguaya de futbol por el mundo (eso es otra historia), conocí a uno de sus sobrinos, célebre comentarista de radio, inevitablemente le conté la historia. Se rió mientras decía:-De mi tío Baldomero, espero cualquier cosa, pero si se puso a tus órdenes, ahí seguirá, porque no volvió a casarse.

No se que es de él hoy en día, si es que es.Solo que al dar la vuelta en una calle, me tropecé con un traje negro a rayas y el reflejo de una cadena de reloj y fue inevitable el recuerdo.
Aun hoy cuando vuelvo al barrio, alguan de las vecinas bromea, con el día “que pude salir de pobre y fui boba”. O lo que ellas creen, que al fin y al cabo, no importa.

2 Comments

carmen albo guisandomelavida
Ene 26, 2010 at 2:17 am

Que historia tan bonita, Sole.

Más que bonita, es otra de esas, pocas, historias de película. De esas que no hace falta ir al cine para verlas.

SI QUE COMPARTO QUE LA VIDA ES UNA CAJA DE HILOS…A VECES MÁS, A VECES MENOS, PERO SIEMPRE ENREDADOS…


 
reflexf4
Ene 27, 2010 at 12:08 am

Poucas veces supoño, que un cheque de cen pesos, mantuvo tanta curiosidade,
lastima que o destino chamase aquel dia a tua porta, e rompeu o encanto
da imaxinació..
Moi bonito o recordo, e ben narrado.


 

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